El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Guerra de la Triple Alianza Historia del Paraguay

La Batalla de Curupayty, hace 150 años

Al día siguiente de los 150 Años de Conmemoración de la Batalla de Curupayty, escribimos una breve semblanza sobre la vida del Gral. José E. Díaz, el hombre a quien le cupo la defensa de la posición paraguaya en esa victoria, la más gloriosa de nuestras armas.

Los datos que extraemos a continuación, son del primer biógrafo del Gral. José E. Díaz, nada más y nada menos que Don Natalicio Talavera, Jefe Editorial de «El Semanario» en los años 1864-1867 (bajo dirección del Mariscal López) y uno de los primeros literatos de nuestro país.

EL BENEMÉRITO BRIGADIER, CIUDADANO JOSÉ E. DÍAZ.

«La Ley inflexible y severa de la Naturaleza se ha cumplido en uno de los más ilustres guerreros, que más alto alzara la bandera de la Patria, en medio de las turbas de enemigos que la combaten. El ilustre brigadier general José E. Díaz, ha sido herido por el rayo de la guerra, en medio del esplendor de sus triunfos, y sus preciosos restos son aquellos que han venido a demandarnos una tumba como toda la recompensa que nos pedía, por sus sacrificios inmensos por la Patria».

«Muere en lo más florido de su juventud, en el medio de su existencia, cuando el ardor del corazón y la robustez de la fe, ostentaban el mayor vigor en su grande y sensible alma». (…).

Bombardeo de la Marina del Brasil sobre el Fuerte de Curupayty. Pintura de Cándido López.

«El Brigadier Don José Díaz, nació en el distrito de Pirayu el 17 de Octubre de 1833, siendo sus padres Don Juan Andrés Díaz Barboza y Doña Dolores Vera. Murió su padre cuando contaba aún muy pocos años, y tuvo que atravesar la edad delicada de su vida bajo la sola tutela de su madre, que queriendo cultivar la inteligencia del niño, lo envió a comenzar su educación en la escuela del lugar más inmediato a su morada, en Pirayu».

«Era de 19 años de edad cuando sentó plaza de soldado el 12 de Mayo de 1852, en el batallón que en aquella sazón instruía en el Cuartel de la Palma el Cap. Venancio López» (…).

«El perfecto empeño de su comisión, le valió un galón de Capitán, y siguió en su puesto siempre apreciado de sus soldados, y de la población, hasta que estallando la guerra, y tomando proporciones graves, impulsado por el ardor marcial con que siempre lo hemos visto, y poco contento con el pacífico, si bien honorífico, empleo que ejercía, pidió por gracia al Excelentísimo Señor Presidente de la República que se le diera un destino más conforme a su genio y a la robustez de su juventud».

Candido Lopez – Batalla de Curupayty

«El Mariscal López, que conoció sus disposiciones y que quería dar expansión al alma de aquel ardoroso oficial, le encargó la formación e instrucción del Batallón 40, en que se distinguió notablemente, poniendo su cuerpo en estado de entrar en campaña en el menor tiempo en que ningún instructor había todavía alcanzado». (…)

«En el Paso de Patria es donde el comandante Díaz ha puesto en prueba su habilidad, patriotismo y dedicación al servicio, en la época de la pestilencia y del consiguiente decaimiento de las fuerzas, en que los hombres se hallaban, al mismo tiempo que en la corrección de los viciosos hábitos adquiridos en una campaña sin orden y mal dirigida, como había sido la de Corrientes. En el Paso de Patria recibió cargo de Inspector Inmediato de todos los cuerpos de infantería, y allí es donde lo hemos visto trabajar sin descanso, día y noche, con recomendable inteligencia y celo». (…).

Participó, según Natalicio Talavera, en todas las grandes batallas hasta la de Curupayty, su máximo logro. Y el Mariscal López, quien sabía premiar a los valientes patriotas de verdadero mérito, le confirió el grado de Brigadier General del Ejército el 25 de Mayo de 1866.

Sobre su muerte, nos cuenta Natalicio Talavera:

«Sin temor al peligro, y fijo en él el mejor desempeño de su puesto, no estaba contento sin que él mismo viése y observase al enemigo, y así es que muchísimas veces se le veía en los puestos avanzados, donde la bala enemiga no dejaba de perseguirle. En una de esas arriesgadas excursiones es donde lo ha encontrado la bala fatal que debía quitarle la vida. Notando cierto cambio de posición en la escuadra, quiso cerciorarse de él por sus propios ojos e inspeccionar la corriente del río, para aumentar los obstáculos del pasaje; tomó entonces el 26 de Enero (de 1867) una débil canoa, y sin más compañía que dos de sus ayudantes y los que bogaban, bajó el río hasta el punto donde podía ver la disposición y número de buques enemigos. Lo vieron, y el buque de la vanguardia descargó un cañonazo sobre aquella canoa; él mismo advirtió el tiro a sus compañeros, y por una de esas grandes casualidades, el proyectil que venía de rebote estalló sobre la misma canoa, matando a dos de los que le acompañaban e hiriéndolo a él en la pierna uno de los cascos…».

Finalmente, nos dice Talavera que él mismo pidió que fuera amputada su pierna, y luego se disculpó con el Mariscal López (quien personalmente lo visitaba con su médico), diciendo: «No temo morir, solamente deploro no poder ser útil a mi Patria, y ver concluida mi existencia antes de tiempo».

Falleció el 7 de Febrero a las 1645 horas, y sentidos homenajes se le rindieron en sus honras fúnebres.

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