El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Paraguay

La Legión Paraguaya y los Vende-patria

En Paraguay, existe una palabra que define a todo aquel que es capaz de traicionar a su propia Patria por sus intereses políticos, económicos o personales. Se le llama popularmente «legionario», es el summum de todo lo que es negación de la identidad nacional, aquel que busca anular las grandezas y glorias del Paraguay por acción, omisión o falsificación histórica.

Pero ¿cómo se originan los legionarios?

1. LEYENDA NEGRA

El espíritu de la traición proviene de los tiempos de la decadencia del Imperio Español. A inicios del siglo XVIII, especialmente al ingresar la Dinastía Borbón en España, empezó una campaña interna de rechazo y negación a todo lo que pertenecía a la tradición histórica, cultura e identidad hispánica, construida por los Reyes Católicos y por 150 años de hegemonía mundial de la Casa de Habsburgo.

Los «afrancesados» ingresaron en España y unieron sus voces a las antiguas habladurías anti-historicas de la Leyenda Negra, difundidas por los eternos enemigos del Imperio Español, que perdían las batallas en el campo pero siempre se encargaban de manchar en el papel que «lo aguanta todo».

El espíritu «afrancesado» y la «Leyenda Negra» llegaron a América y todo lo español clásico era visto como «inferior, retrógrado, medieval». Sí a esto se suma la actividad de las sociedades secretas y cofradías de la francmasonería, al servicio de Inglaterra, se tiene el caldo de cultivo para liquidar al Imperio Español en América.


2. NO SOMOS TRAIDORES

Cuando estalló la Insurrección de Mayo en Buenos Aires, todas las provincias del Virreinato del Paraguay y Río de la Plata se plegaron (tarde o temprano) a la rebelión contra el Rey de España. Pero hubo una sola excepción: Paraguay.

Los paraguayos, que enviaron cerca de 2.000 de sus hijos para la defensa de Buenos Aires y Montevideo contra las invasiones inglesas que fueron derrotadas por el Gobernador de las Misiones Guaraníes y Vice Gobernador del Paraguay, Conde Santiago de Liniers, no querían plegarse a los «revolucionarios porteños» y su «cábala de traidores alevosos».

Aunque hubo paraguayos como el Abg. Pedro Somellera, que puede considerarse el «ancestro» de los legionarios, la gran mayoría de los compatriotas prefirió jurar lealtad al Rey de España y defender la tradición y la identidad nacional contra los insurrectos. El mismo Dr. José Gaspar de Francia se declara leal servidor del Rey Fernando VII y en su famoso «discurso de las pistolas» del 24 de Julio de 1810, declara que no se debía discutir quién era el monarca español sino cómo aplastar las ambiciones de Brasil y Buenos Aires contra Paraguay.

Los paraguayos sabían que los porteños sólo utilizaban pretextos para granjearse apoyo popular al decir que eran favorables a Fernando VII. No les creían media palabra y luego de derrotar la invasión del Gral. Manuel Belgrano en 1810-1811, permanecieron leales a la Corona Española y nombraron un triunvirato con el Gobernador Bernardo de Velasco a la cabeza.

Fueron los propios errores de Velasco los que le llevaron a perder su puesto. Intentó negociar con los portugueses para la creación de una especie de «protectorado» en Paraguay. Los guaraníes, que tenían enemistades ancestrales con los bandeirantes del Brasil, no iban a tolerar esa traición.

Cuando ya no había otra opción, movido por las circunstancias más que por convicciones personales, el Dr. Francia establece una «tercera posición» en el Gobierno de Paraguay: ni con la Corona Española (que de facto no existía), ni con los insurrectos porteños. Paraguay seguiría su propio camino, manteniendo sus antiguas instituciones pero con impronta nacional y soberana.

3. NACEN LOS LEGIONARIOS

Los del «Partido de Somellera» y los «Falsos Españolistas» no querían aceptar el genio del Dr. Francia y su visionaria disposición. Pero el «Patriarca» paraguayo tenía el apoyo de los «verdaderos españolistas» y los «patriotas», que eran inmensa mayoría.

Allí nacen los primeros «legionarios», que buscaron por todos los medios que Paraguay fuera «liberado» por quién sea. Se lo pidieron al tirano Gral. Simón Bolívar, se lo pidieron a los insurrectos porteños liderados por el Pdte. Bernardo Rivadavia. La alevosía de los «legionarios» no tenía límites ni respetaba moral alguna.

Iniciaron una propaganda nociva y maligna que hasta hoy pesa sobre la historia paraguaya. El Dr. Francia raras veces se dignó en responderles, pero actuó severamente cuando descubrió la conspiración legionaria que intentaba asesinarlo y entregar el gobierno al Gral. José Artigas y su lugarteniente Ramírez.

La más famosa respuesta del Supremo Dictador fue al mismo Tirano Simón Bolívar, al que llamaba «Patricio» y le decía que Paraguay (es decir, el Dr. Francia) «les conocía» a los aleves traidores que trajeron a la América Hispana el puñal y la sangre de la Insurrección, esos que se hacían llamar «Apóstoles revolucionarios» y que no eran sino pillos sin Patria ni Religión.

Finalizaba diciendo Francia que Paraguay se mantendría en su sistema hasta que se restaure el antiguo orden de la América Hispana y que así sería mientras él estuviera vivo. El que no lee en esa postura del Supremo una línea tradicionalista y restauradora, simplemente es ciego. Paraguay nunca fue traidor. Traidores eran los legionarios.

4. EN TIEMPOS DE LOS LÓPEZ

Continuaron la obra del Dr. Francia los que hoy conocemos como «los López». Estos modernizaron y reformaron muchas instituciones pero la esencia tradicional y patriótica de la identidad paraguaya permanecía firme. Es más, en ciertos ámbitos como el educativo, había un retorno al más clásico espíritu escolástico y monárquico.

Desde luego, para los Legionarios, representantes del progresismo anti-nacional, anti-tradicional, herederos de la «Leyenda Negra» y los «afrancesados», promotores del laissez-faire más salvaje y apátrida, veían en todo esto el recrudecimiento de lo que ellos llamaban «la tiranía de Francia y los López».

Invocando consignas de secta y camarilla, supuestos cantos libertarios e ideologías impostadas a las que se elevaba a categoría de dogma, pretendían llevar la «civilización» a un país que probablemente estaba mucho más civilizado que el resto del Río de la Plata. Manuel Pedro de la Peña (ex funcionario de los López que se hizo legionario al ser descubierto en malversaciones de fondos y auto-exiliado a Buenos Aires) junto a viejos paraguayos porteñizados (el equivalente al español afrancesado) como Carlos Loizaga y Fernando Iturburu fueron los primeros «legionarios» con nombre y apellido.

Estos tuvieron el descaro de acusar al Paraguay de ser una tiranía de las más cruentas al Dictador de Buenos Aires, Gral. Juan Manuel de Rosas, y le pidieron en 1850 que invada Paraguay ofreciéndose ellos mismos como sus guías y baqueanos. La gravedad de esto aumenta cuando uno tiene en cuenta que Paraguay estuvo en guerra contra Rosas desde 1845 hasta 1852, cuando se obtuvo la victoria final que costó sangre, sudor y lágrimas al Gobierno de los López. Cayó Rosas. Los López vencieron.

Pero los legionarios no se rindieron. Su descaro e hipocresía no tenía límites ni conciencia alguna. Se aliaron a uno de los archienemigos de Rosas (a quien rendían pleitesía increíble en sus cartas pero que ahora se convertía en un sanguinario déspota asesino de su pueblo, ¡miserables son los legionarios!). Este era el Gral. Bartolomé Mitre, a quien idolatraban. Fundaron la «Sociedad Libertadora del Paraguay» en 1856, se unieron a ella otros nombres famosos como Serapio Machain, Luciano Recalde, Benigno Ferreira, Jose Segundo Decoud, José de Bedoya, Federico Báez, etcétera.

Nunca fueron muchos y siempre eran variopintos. Sólo coincidían en el odio que tenían al Paraguay de entonces. Aceptaron incluso en sus filas a uno de los primeros socialistas de Sudamérica, el chileno Francisco Bilbao, quien escribió diatribas contra Paraguay en los periódicos legionarios «el Grito Paraguayo» y el «Clamor de los Libres», publicaciones que eran base de todas las injurias, difamaciones y calumnias que hasta hoy se emiten contra Francia y los López. Finalmente, lograron su cometido al estallar la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864-1870).

Empero, su única participación militar fue lamentable y penosa: en la Segunda Batalla de Tuyuti fueron masacrados los pocos «legionarios» que intentaron luchar, salvándose desde luego los líderes de la nefasta organización.

5. LA MÁXIMA TRAICIÓN

El Mariscal Presidente del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo, con su increíble sacrificio y el martirio de todo su pueblo, lograron lo que parecía imposible.

El mundo entero denunció el contenido leonino y rapaz del infame «Tratado Secreto de la Triple Alianza contra Paraguay», y la resistencia guaraní se ganó la admiración de todo el orbe. Nadie quería y nadie podía invocar ese horrible acuerdo para someter al Paraguay.

El escándalo de su texto y el asombro que generó el heroísmo paraguayo provocaban reacciones increíbles. «La victoria no da derechos» gritaban en Buenos Aires. Brasil no estaba en condiciones económicas de sustentar la ocupación militar por mucho tiempo…

Basándonos estrictamente en la letra del «Tratado Secreto», como diría el historiador inglés Chris Leuchars, el Mariscal López había defendido con éxito al Paraguay: gran parte del Chaco se salvaría, no pagaría un centavo de la deuda, Brasil y Argentina sólo tuvieron migajas (y muy duras) territoriales y el famoso artículo que decía «se respetará la independencia e integridad territorial del Paraguay solo por espacio de cinco años» no tuvo validez alguna. Pero desde luego, la victoria habría sido perfecta si no fuera por los legionarios…

El «Laudo Hayes» que se llevó adelante gracias a la mediación de los EEUU demostró claramente que si los legionarios que tomaron el poder hubieran intentado defender la integridad territorial paraguaya, ganada con sangre y con legítimos títulos, se habría salvado mucho más territorio del que hoy poseemos.

Como demostró el uruguayo Luis Alberto de Herrera y admitieron los mismos «mitristas», Argentina nunca tuvo un solo papel que pudiera justificar sus pretensiones sobre el Chaco más allá de la línea del Río Bermejo, e incluso el Chaco Austral estaba en dudas.

Pero la «Legión Paraguaya» había hecho un pacto de sangre. Ellos no querían hacer perfecta la resistencia paraguaya. Ellos debían echarla a perder, «jugarse a menos», entregar el territorio, efectivizar plenamente la «derrota» para manchar la «victoria pírrica y moral» de la defensa nacional liderada por el Mariscal López.

De allí que el legionario Loizaga se reunió con Cotegipe en 1872 y luego el legionario Machain con Irigoyen en 1878…

Loizaga podría tener la excusa de que actuó bajo plena ocupación militar (lo que tampoco es suficiente justificación). Pero el caso de Machain es completamente imperdonable. Sin embargo, así pasaron… Así quedó.

Los Legionarios son y siempre serán en el Paraguay el máximo símbolo de la Traición a la Patria.

En estos días en que tanto se discutió ese concepto, es bueno que recordemos, al menos brevemente, quienes fueron y como siempre han operado tras bambalinas, secretamente, como todo aquel que busca hacer un daño y sabe que sus acciones son perversas e imperdonables.

Las cosas buenas y nobles se hacen bajo la luz del sol y de día, sólo los malignos actúan amparados por la penumbra y las tinieblas.

Y los que actúan como los legionarios, siempre tendrán el escarnio eterno de los pueblos heroicos.

Todas las imágenes pertenecen al sitio web Portal Guaraní.

Fuente:
https://www.portalguarani.com/933_beatriz_gonzalez_de_bosio/21276_los_legionarios_guerra_de_la_triple_alianza__por_beatriz_gonzalez_de_bosio__ano_2013.html

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