Las Heridas del Mariscal López en Ita Yvaté

Las Heridas del Mariscal López en Ita Yvaté

Ita Yvate fue uno de los momentos álgidos de la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864 – 1870). En dicha batalla, que duró siete días y que los aliados denominaron “Lomas Valentinas”, se dieron prodigios de valor en ambos ejércitos enfrentados, todo sea dicho.

Lastimosamente, por profundos motivos ideológicos o propagandísticos, los escribas de la Triple Alianza siempre se han encargado de minimizar con diatribas absurdas al coraje superlativo que ha mostrado el Mariscal Presidente de la República del Paraguay, S.E. Don Francisco Solano López Carrillo en este terrible cruce de armas que dio cierre a la “guerra regular” y marcó el inicio de la larga “guerrilla” que culminaría el 1 de marzo de 1870. El Coronel Juan Crisóstomo Centurión es quien más filípicas arroja contra absurdos propagandistas como el argentino General Garmendia, desmintiendo a su vez todas las acusaciones sin sustento que se han hecho sobre la supuesta “cobardía” del Comandante en Jefe Paraguayo en el campo de batalla.

Lo primero que debería decirse a este respecto es que siendo el Mariscal López el Jefe del Estado, no tenía por qué estar exponiéndose al fuego enemigo, siendo que su persona, y todavía más en ese entonces por la condición de “Supremo Gobernante” de un sistema más o menos centrado en su autoridad, era fundamental para todo lo referente a la administración nacional y no solamente para el combate. En este sentido, el francés Coronel Théodore Fix alguna vez apuntó que Solano López, como Presidente de la República, similar al Rey en un tablero de ajedrez, debía mantenerse en su “enroque” pues con su captura o muere la partida quedaba finiquitada. ¡Bastante lógico si se ve de esa manera! Pero sabemos que para los “neo-legionarios”, doctrinarios del liberalismo cosmopolita internacional, no existen “razones” sino “su ideología”.

Por otra parte, ¿acaso se ha visto al Emperador del Brasil Don Pedro II empuñar las armas y avanzar en medio de las balas paraguayas durante una recia y tempestuosa carga de caballería? Claro que no, pero yo estoy dispuesto a disculpar con creces todo ello: él era el monarca y estaba plenamente justificado que no expusiera su vida en combates teniendo a Mariscales y Generales bajo su mando. ¿Verdad que sí?

Cierto es que existieron grandes Reyes y Jefes de Estado que han estado en el mismo frente de batalla junto a sus tropas. Esto era común en tiempos antiguos y medievales, pues la rudeza y bravura del Comandante en Jefe era un símbolo incontestable de su poder sobre sus súbditos. ¡Ay del reino que tuviera a un cobarde como monarca! Por supuesto que los tiempos han cambiado y en los siglos XX y XXI, de posmodernidad y liberalismo, nuestros gobernantes son mayormente unos cobardes y mandilones que capitulan ante el primer oligarca globalista que echa algunos billetes sobre la mesa (y ni siquiera estamos hablando de asuntos militares sino que muestran toda su pusilanimidad ante los temas más baladíes).

Pero hasta en el siglo XIX todavía se podían ver a Jefes de Estado derrochando esa “bravura clásica” que quedaban escritas con letras de oro en las páginas de la historia universal. El Mariscal López fue, sin duda alguna, uno de ellos y esto quedó ampliamente demostrado durante la Batalla de Ita Yvaté, desarrollada durante siete días (21 al 27 de diciembre de 1868).

En la llamada “Loma Cumbarity” se encontraba el cuartel general del Comandante en Jefe del Paraguay. Era una posición alta que se hallaba completamente expuesta a los cañonazos y tiros de rifle del enemigo. Algunos relatos de la tradición oral cuentan que en dicho lugar, donde vivía la “Reina Consorte del Paraguay” Elisa Lynch junto a sus hijos, en un almuerzo que mantuvieron el día 22, empezaron a arreciar los tiroteos. Nuestra heroína, irlandesa y paraguaya por adopción, como madre preocupada por sus hijos, intentó buscar un lugar dónde ocultarse con ellos. El Mariscal le tomó de la mano y según se dice, musitó suavemente: “Ela, no te agotes con eso, comamos tranquilos”.

Y así, en medio de una lluvia de balas y esquirlas, la “Familia Real del Paraguay” concluyó su almuerzo mientras veían como algunos tiros de rifle atravesaban el techo y las paredes altas de la casa, dejando caer en el interior de la misma algunos pedazos de tejas y ladrillos descoyuntados por la metralla.

Es sabido que el Mariscal López comandó personalmente la Batalla de Ita Yvaté. Damos la palabra al Coronel Centurión en el Volumen III de sus Memorias:

“La fuerza nuestra que había concurrido al rechazo del enemigo que había penetrado poco antes por el frente, acaudillada por el Coronel Rivarola y varios otros jefes y oficiales entre los que se encontraba el Coronel Toledo, comandante de la Escolta Nacional, acudió inmediatamente a hacer frente a la nueva irrupción que hacían la infantería y caballería brasileñas por la parte indicada (…). Los artilleros, desposeídos de sus piezas, emprendieron a los asaltantes a sable. El Capitán Manuel Maciel, montado en un caballo moro, sableaba de lo lindo repeliendo con singular bravura a los que intentaban rodearlo. El Mariscal, que lo presenciaba, dijo: “¡Maciel está sableando bien!”. Momentos después, este valiente oficial cayó por una bala que le atravesó el pecho”.

“El Mariscal López mandaba en persona y se encontraba a caballo en el mojinete de la acera de la derecha del cuadro del Cuartel General, rodeado de sus ayudantes, que caían a su lado heridos o muertos. El hombre estaba inmutable, dando pruebas de la mayor serenidad y sangre fría. Cuando el enemigo consiguió por un momento dominar la primera meseta, avanzó sobre la segunda llegando a media cuadra del punto donde él estaba, pero ni aun entonces hizo el menor movimiento, manteniéndose tranquilo y con la mayor impavidez”.

Centurión dice que el Mariscal “presenciaba” la intensa lidia del Capitán Maciel quien con sable en mano abatía a sus enemigos. Entiéndase la sutileza: “presenciar”, una palabra muy específica dado el relato que se está haciendo. Si Juan Crisóstomo quería decir que Don Francisco Solano se hallaba simplemente “mirando” lo que ocurría, pues habría escrito “observaba a la distancia” o “divisaba”. Pero utiliza la palabra “presenciaba”, es decir que el Mariscal López estaba allí, “presente” junto al Capitán Maciel cuando este sableaba a sus enemigos, quizás él mismo disparando y dando machetazos.

Este testimonio, de un hombre que lo vio con sus propios ojos, debería ser suficiente para desmentir tantos embustes. Recordemos además que el Coronel Centurión no tenía por qué reivindicar al Mariscal López, quien le consideraba seriamente como sospechoso de haber conocido sobre la llamada “Conspiración de San Fernando”. Pero Juan Crisóstomo hizo todavía más: se encargó de refutar los embustes del Coronel Thompson y el General Garmendia, quienes según él se “ensañan” de manera injusta contra el Mariscal López y a quienes acusa, especialmente al argentino, de “inventar hechos” (o sea, falsificar la historia) y de apasionamiento, falta de imparcialidad y objetividad a la hora de juzgar los hechos.

No obstante, otros testigos oculares no solo han confirmado la versión del Coronel Centurión sino que han añadido más detalles. El Mayor Gaspar Centurión (excombatiente que no era pariente de Juan Crisóstomo) coincide con él, incluso señala en sus escritos sobre la Batalla de Lomas Valentinas cómo el Mariscal Presidente impartía instrucciones mientras caían muertos o heridos los soldados y oficiales que estaban a su alrededor en pleno combate. Incluso atribuye a Don Francisco Solano la frase: “El General Caballero está buscando tres patas al gato”, refiriéndose de manera ingeniosa a la resistencia tenaz que el mencionado oficial estaba ejerciendo. Pero también el alemán Max von Versen, quien entonces estaba prisionero, relata que el Mariscal López personalmente dirigió las cargas con las que se repelió inicialmente a los ataques de la Alianza.

Ahora, la pregunta que nos queda es la siguiente. Si el Comandante en Jefe del Ejército Paraguayo estuvo en medio de dicha batalla, quizás la más dramática de toda la contienda junto a la de Cerro Corá, ¿cómo es posible que haya escapado ileso?

La respuesta es que escapó, sí, por un error gravísimo del Duque de Caxias que todo el mundo busca explicar de formas ridículas, apelando a todo tipo de teorías mágicas. La realidad es que el comandante brasileño simplemente fue incompetente y descuidó el camino de escape por el Potrero Mármol, lo que fue aprovechado por el Mariscal López en el último instante, como alternativa extrema y que resultó en una milagrosa huída que nadie había esperado.

¿Pero salió ileso el Supremo Gobernante del Paraguay?

El Mariscal López habría sido herido varias veces durante la Batalla de Ita Yvaté, hecho que es pocas veces relatado por la historiografía. [Imagen: El Mariscal López muerto en Cerro Corá. Diario Hoy/Autor Desconocido].
El Mariscal López habría sido herido varias veces durante la Batalla de Ita Yvaté, hecho que es pocas veces relatado por la historiografía. [Imagen: El Mariscal López muerto en Cerro Corá. Diario Hoy/Autor Desconocido].

Los datos con que contamos hoy nos indican que no. Su Excelencia, el Mariscal Presidente de la República del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo habría sido herido en la Batalla de Ita Yvaté, aparentemente en el último instante de la misma y fue eso lo que motivó su escape por el camino del Potrero Mármol. Existen testimonios que parecieran confirmarlo.

Sir Richard Francis Burton en su portentosa obra “Cartas desde los Campos de Batalla del Paraguay” escribió las versiones que corrían sobre el comportamiento del Mariscal Presidente en la Batalla de Ita Yvaté. Extraemos un fragmento como muestra:

“Se dice que (el Mariscal López) comandó en persona las acciones del 2 y 24 de mayo de 1866 y que durante los siete días de lucha en diciembre de 1868 en Loma Valentina (sic), dos de sus monturas cayeron bajo el fuego enemigo mientras que su hijo Panchito, un joven de catorce años, perdió cuatro caballos y Madame Lynch recibió heridas…”.

Podemos imaginar al legendario corcel, que según la tradición se llamaba “Mandyju”, siendo abatido por un disparo de fusil en medio de la terrible escabechina que se estaba dando en la “Loma Valentina”. Pero no fue solamente ese caballo, pues Burton nos dice “dos monturas”. O sea que según este relato, dos veces, mientras comandaba las acciones durante la dura batalla, los caballos del Jefe Supremo de Paraguay fueron heridos de muerte. ¿Quizás el Mariscal López también haya salido herido en ese par de ocasiones? Si alguno de los disparos dio en el blanco y mató instantáneamente al rocín, es de suponer que el jinete Don Francisco Solano haya caído de él, lo que le habría causado heridas o magulladuras de cierta consideración. Pero Burton no nos da esos detalles y nos debemos contentar con lo que ha descrito y con las conjeturas que hicimos.

Tenemos otro testimonio presencial. Se trata del Coronel Silvestre Aveiro, quien en sus “Memorias Militares 1864-1870” nos describe un episodio sumamente curioso durante la lucha que se mantenía en Ita Yvaté (los paréntesis son siempre míos):

“Luego de los combates del 21 y 22 de diciembre, no quedaron ni la tercera parte de estas fuerzas (9.000 hombres) pues lo que se llamaba reserva, no se componía sino como de 400 hombres de las tres armas y una batería, dado que las otras estaban en la línea. En el Cuartel General, una prima noche (a la entrada del sol) después del 23, una bala llevó la punta de la corbata de López, desatándosela”.

Muchos han ignorado olímpicamente lo que aquí se ha relatado pero a mí siempre me ha llamado la atención: ¿cómo es que una bala (o esquirla) impacta en la corbata que uno lleva puesta y se la lleva por delante “desatándosela”? Es cuestión de imaginar la situación: el Mariscal López se hallaba en el Cuartel General cuando viene un proyectil que impacta en dirección paralela a su eje (pues evidentemente que si el tiro iba perpendicular, estaríamos hablando de una herida grave o directamente la muerte), en algún punto de su corbata que estaba suficientemente separado de su propio cuerpo. Vienen a la mente dos posibilidades factibles. En la primera, quizás el Mariscal López estuviera inclinado sobre su escritorio o algún otro lugar y la bala dio en la punta colgante de la corbata con tanta fuerza como para llevarla por delante, pero esto no parece posible; más razonable en ese caso sería que la bala agujereara a la corbata y ya. La otra opción es que el Mariscal López estuviera sin inclinarse, parado (o sentado) de manera erguida y en ese momento el proyectil impacta a la corbata “de costado”, en un punto suficientemente duro como para “llevarla por delante y desatarla”. Con esta segunda opción, que parece ser la más probable, el Mariscal López habría sufrido una leve herida por el inevitable roce de la bala a su cuerpo o al menos por el impacto indirecto, que fue suficientemente fuerte como para “desatarle la corbata” llevándola por delante y no solo agujerearla. ¿Física de proyectiles? Pues preguntémonos con cuántos “joules” de energía habría pegado ese plomo para hacer lo que hizo… En fin, ciertamente, estamos conjeturando en base a lo que nos relató Silvestre Aveiro, una vez más.

Sin embargo, contamos con un último testimonio que nos parece confirmatorio de las conjeturas que hicimos en base a las descripciones de Burton y Aveiro. Proviene de una fuente insospechada. Es el “Diario de Noticias” de Lisboa, Portugal. En su edición del 15 de enero de 1869 publica el reporte de su corresponsal en el teatro de operaciones (probablemente un oficial brasileño). Este fragmento fue recopilado por Mauro César Silveira en su obra “Adesao Fatal: A Participacao Portuguesa na Guerra do Paraguai”:

“Guerra del Paraguay. El Dictador López, HERIDO, se bate en retirada de las Lomas Valentinas (…). ¡Gloria al Brasil y a sus valientes defensores! Una lágrima para los que sucumbieron por la causa santa de la patria…”.

¡Pues bien! ¿Qué quedaría decir? Simplemente, que esto es lo que explica por qué el Mariscal López abandonó la posición de Ita Yvaté dejando atrás muchos objetos y posesiones personales. Quizás, pues los detalles que tenemos son escuetos, en ese momento decisivo de la batalla haya sido herido (aunque no gravemente) y rescatado por sus hombres, quienes lo condujeron por el Potrero Mármol siendo cubiertos tenazmente por los soldados comandados por el General Bernardino Caballero. Esta habría sido la razón por la cual no se tuvo la oportunidad de rescatar, como hemos dicho, los enseres personales, papeles, documentos y demás objetos de valor que cayeron en manos de la Alianza pues como es bien sabido, el Mariscal López era un hombre bastante meticuloso en lo referente a proteger los archivos y objetos de valor para el país.

Por supuesto que quedan preguntas pendientes. ¿Por qué se habría ocultado el hecho de que fue herido en Ita Yvaté? ¿En qué circunstancias fue herido? Es evidente que no fue grave, pues pocos días después el Mariscal López llegaba al Campamento Cerro León y hacía un discurso inflamado a las tropas allí presentes diciéndoles «la guerra recién empieza”. Seguramente que su condición de herido en combate habría causado una inmensa impresión en los nuevos reclutas y en los viejos oficiales que allí se encontraban. Sin embargo, el hecho no fue publicitado abiertamente y se mantuvo oculto. ¿Sería parte de una estrategia propagandística contra el enemigo, mostrar al Mariscal López como un hombre invulnerable, al que era imposible dañar, una especie de semi-dios imbatible?

Si juzgamos por cómo lo veían los “esclavos de la libertad”, es decir, los soldados negros del Brasil, quienes cuando fue inmolado el Héroe Máximo del Paraguay en Cerro Corá “bañaban sus pañuelos en su sangre derramada” y lo tildaban de “diablo”, todo parece indicar que al menos estos pobres siervos africanos ciertamente lo veían como un ser más o menos sobrenatural.

No nos engañemos, empero. Don Francisco Solano López Carrillo fue un hombre de carne y hueso. Sangró hasta morir por la patria.

Emilio Urdapilleta