Llegada de los Restos del Mariscal López al Panteón Nacional

Llegada de los Restos del Mariscal López al Panteón Nacional

En Julio de 1936, pleno gobierno del Cnel. Rafael Franco (hoy General Póstumo), se concluía la construcción del Panteón Nacional, que actualmente es llamado «Panteón de los Héroes y Oratorio de la Virgen de la Asunción».

Y el Gobierno Febrerista había anunciado que, más de 65 años después de una prohibición oficial en la que se establecía que cualquier reivindicación pública al Mariscal López estaba vedada, el 24 de Julio de 1936 ingresaría con «Pompa y Circunstancia» al Panteón Nacional el «Héroe Máximo del Paraguay».

Anteriormente a la histórica reivindicación realizada por el Gobierno Febrerista, todos los actos conmemorativos se realizaban en la clandestinidad. Los paraguayos sólo podían «añorar en el silencio» a sus valientes «Karai Guasu». 

En cualquier evento en el que se intentaba hacer loas a los «Héroes de la Patria» contra la Alianza, pronto aparecía la «Policía Legionaria» para amedrentar e incluso apresar a los considerados «cabecillas».

Cecilio Baez, curiosamente, fue el primer oficial del Gobierno en reivindicar a los héroes de 1864-1870 e incluso al Mariscal López. Fue en sus tiempos como Director del actual C.N.C. y Jefe de la Cátedra de Historia. Un jovencísimo Juan O’Leary era su alumno. Sin embargo, por esas ironías del destino, Baez siendo ya adulto mayor se convirtió en furioso «antilopista» mientras que su buen pupilo O’Leary, quien de niño era enemigo de López, terminó siendo el hombre símbolo del «lopismo».

Durante la presidencia de Eligio Ayala en 1927, ocurrió un acto histórico precursor de la reivindicación definitiva en 1936. El Congreso Nacional en la Cámara de Diputados, resolvió que se «removiera los infamantes títulos de Traidor a la Patria y Descastado al Mariscal López». 

A pesar de la oposición de algunos descendientes de legionarios mayormente en el Partido Liberal, el acto se consumó en Diputados ante la mirada «neutral» del Presidente de la República. Sin embargo, la Cámara de Senadores, dominada tiránicamente por familias «legionarias» se rehusó a tratar el proyecto de Diputados.

IMAGEN: Gente se agolpa a festejar el anuncio del regreso de los restos del Mariscal López al Panteón Nacional. Julio de 1936.

Pero con ese acto «se rompió el cristal». De allí en adelante ya nadie tenía miedo de hablar con aprecio hacia la figura del Mariscal López y sus más cercanos colaboradores.

Y cuando en 1936 se anunció que los restos del Mariscal Eterno reposarían en el Panteón Nacional , el pueblo paraguayo se agolpó con una algarabía inolvidable, dejando de lado enemistades y banderas políticas, y ante la construcción todavía inconclusa, festejaron vivamente el «Retorno del Rey» a su hogar, Asunción, en la misma cuadra donde se hallaba su antigua casa.

Desde entonces, festejar las grandes victorias del pueblo en Calle Palma frente al Panteón, se ha vuelto tradición.

Rafael Franco.

Sin embargo, los restos que se encuentran en el Panteón de los Héroes son meramente simbólicos. 

La tumba del Mariscal López no fue encontrada; sólo se hallaron algunos huesos de varios combatientes mezclados con tierra de Cerro Cora humedecida con algunas gotas del Arroyo Aquidabán. 

No se llegó a descubrir el lugar exacto que fuera señalado por los que estuvieron en el entierro de los restos del «Héroe Máximo».

Así mismo, la construcción del «Panteón Nacional» quedó inconclusa. Lo que hoy tenemos es simplemente una parte de la idea original que probablemente fue realizar una réplica de «Los Inválidos» de París, aunque también hay otras hipótesis.

Emilio Urdapilleta

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