Mitos sobre la Campaña de las Cordilleras

Mitos sobre la Campaña de las Cordilleras

Durante la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864 – 1870), probablemente no existe fase de la contienda que no cargue con mayor emocionalidad que la denominada «Campaña de las Cordilleras» que inició en el año 1869 cuando el Gobierno del Mariscal López fue derrocado y se inició en la Ciudad de Asunción el período de «Ocupación Aliada» (1869 – 1878).

Durante la «Campaña de las Cordilleras» se dieron batallas que hasta hoy tocan en los nervios, así como episodios que la propaganda aliada pretendió darles ribetes de lo que nunca fueron. Así, sin mucho preámbulo, pasemos a relatar algunos mitos ampliamente extendidos sobre la «Campaña de las Cordilleras» en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay.

Recordemos siempre que los guerreros del Paraguay, militares o civiles, fueron héroes porque prefirieron luchar y morir con las armas en la mano antes que entregarse a la esclavitud de la Triple Alianza.

1. NO HABÍA UN PLAN DE EXTERMINIO.

Existen innumerables cartas y declaraciones privadas de los líderes de la Triple Alianza y en ellos se habla varias veces en términos de «exterminio». Esta palabra no es habitual en el «lenguaje militar» de la época, pues incluso hoy se prefiere la palabra «aniquilamiento» (dejar fuera de combate) al enemigo pero nunca de «exterminio». El poder de cada vocablo es único.

Pero sí nos basamos en un documento recopilado por el argentino Coronel Juan Beverina, efectivamente, en mayo de 1869 se habían reunido los miembros del Estado Mayor de la Triple Alianza y ellos decretaron que las fuerzas paraguayas debían ser sometidas a un «total exterminio». Es decir, que no se tendría compasión siquiera de los civiles que pudieran estar inmiscuidos en la campaña.

De esta manera, es un mito afirmar que «no había un plan de exterminio» contra Paraguay.

2. EL MARISCAL LÓPEZ ORDENÓ A LOS CIVILES PARA QUE COMBATAN.

Es absolutamente falso. El Mariscal López, según fuentes paraguayas (Centurión, Aveiro) e incluso Aliadas (Taunay, Cerqueira), había ordenado a los civiles que permanezcan en sus hogares, que no le sigan y que apelen a la compasión y al respeto de las «leyes de la guerra» que debían haber tenido los Ejércitos de la Triple Alianza.

Lastimosamente, la «Triple Alianza» no respetó a civiles, sean mujeres o niños. Las primeras eran violadas o raptadas por la fuerza para ser reducidas a un estado de prostitución, como es el ejemplo de casi seis mil de ellas que fueron enviadas al Mato Grosso en condiciones paupérrimas. Por su parte, los niños que no eran degollados, terminaron convertidos en esclavos del Imperio de Brasil o en siervos en la República Argentina. Algunos pocos pudieron ser rescatados luego de que los soldados de la Triple Alianza hicieran pingües ganancias pidiendo exorbitantes «rescates» que las familias debían pagar para recuperar a sus hijos, siendo un famoso caso de esto el del futuro Almirante Manuel Domecq García.

Por estas razones es que muchos paraguayos, hombres y mujeres, voluntariamente elegían tomar las armas y combatir. No tenían mejor opción. Era eso o morir degollados y ser enviados a la más abyecta esclavitud.

3. LAS LEYES DE LA GUERRA NO ERAN CONOCIDAS EN ESA ÉPOCA.

Falso. Estas leyes se hallaban vigentes por el «Derecho de Gentes» y el «Derecho Consuetudinario» hacía mucho tiempo atrás, al menos desde la época de la famosa «Escuela de Salamanca» del Imperio Español, que produjo a luminarias intelectuales de la teología neo-escolástica como Francisco de Vitoria, Juan de Mariana, Martín de Azpilicueta, Francisco Suárez y otros tantos que largamente establecieron la necesidad de comportarse con humanidad y civilización incluso en tiempos de contienda bélica. Gracias a la poderosa influencia de la hispanidad en el mundo, todos los países cristianos fueron adoptando estos preceptos y para mediados del siglo XIX, eran largamente aplicados.

Algunos apelan al «positivismo jurídico» para intentar justificar las acciones de la Triple Alianza. Es decir, alegan que como «no existían tratados firmados entre los países» para que se respeten las más básicas leyes de la guerra y de la humanidad, entonces los Aliados se hallaban autorizados para masacrar a mansalva. Desde luego, eso es una postura meramente filosófica que se aplica desde las coordenadas del liberalismo más deshumanizante, pero no se sostiene con los hechos históricos (pues la documentación existente nos indica que Paraguay y los países de la Triple Alianza varias veces proclamaron su adhesión oficial a los principios del buen trato en la guerra) ni con filosofías que en verdad tengan respeto por la vida y la libertad de los seres humanos.

4. LAS CIUDADES ERAN BLANCOS MILITARES LEGÍTIMOS.

Esto debe ser matizado. Ciertamente, una ciudad podía ser atacada siempre y cuándo en ella hubieran blancos militares y solamente debía centrarse el ataque a los mencionados blancos. Jamás estaba autorizado el «uso desproporcionado e injustificado» de fuerzas. Por las leyes de la guerra, de ninguna manera estaba bien visto ni aceptado que una «ciudad entera» fuera reducida a cenizas, fuera arrasada a cañonazos y bombazos. Siempre se buscaba reducir al máximo el daño colateral que pudieran sufrir civiles y víctimas inocentes. En la misma Guerra de la Triple Alianza, en la Campaña del Uruguay, los Aliados consintieron no pocas veces para que los civiles de ciudades como Paysandú o Montevideo fueran evacuados, de manera a evitar bajas innecesarias de víctimas inocentes.

En cambio, se desconoce completamente que los Aliados hayan tenido estas mismas consideraciones con las ciudades paraguayas. En Piribebuy, por ejemplo, se arrasó a la ciudad entera sin discriminarse entre civiles y militares en una alevosa violación de los códigos militares y principios de humanidad que eran conocidos y en boga entonces. Porque una cosa es que la pequeña guarnición del valeroso Coronel Pedro Pablo Caballero rehusara capitular ante los Aliados (lo cuál llevó a cabo en cumplimiento de su deber, llenando de honra al Paraguay), otra muy diferente es someter a toda la población de Piribebuy al inmisericorde bombardeo «por cuatro costados» que llevó adelante la Triple Alianza, sin haber ofrecido «cuartel alguno» para que los civiles pudieran resguardarse.

En Ybycui, Valenzuela, Barrero Grande (Acosta Ñu), Caacupé y Caraguatay (Ka’aguy Juru) habrían ocurrido episodios similares en los que se arrasaron poblaciones de manera indiscriminada, «sin dar cuartel» para los civiles. Por supuesto, sobre el «cadáver de los vencidos» posteriormente se difundieron todo tipo de versiones interesadas para justificar lo injustificable.

Otro detalle es que Piribebuy era la «Tercera Capital del Paraguay», lo que fue decretado oficialmente por el Mariscal López. Con más razón, con mucha más razón, una «capital» no podía ser arrasada a cañonazos como lo hicieron los Aliados.

5. HUBO «NEGLIGENCIA» O «COMPLICIDAD» DE LOS PARAGUAYOS EN SUS PROPIAS MUERTES.

Esta es una acusación propia de los legionarios, quienes buscan justificar a la Triple Alianza culpando a los paraguayos de su propia resistencia, porque al fin y al cabo, equivale a esto y nada más.

Todas las ciudades estaban defendidas por guarniciones y grupos que se encargaban de «mantener el orden». Pero eso no significa que dichas ciudades formaran parte de algún «plan defensivo» o «sistema de defensa» del Mariscal López. Simplemente, estaban resguardadas por algunos soldados que cumplían su deber, pues tampoco se las podía dejar «absolutamente desprotegidas» o sin «fuerza del orden público».

Es más, haber dejado a dichas poblaciones «sin protección alguna» sí habría sido cuestionable. La cuestión está en que nadie jamás pensó que los Aliados, bajo la dirección del Conde D’Eu, estarían dispuestos a cometer semejantes tropelías, infligiendo terror y matanzas indiscriminadas contra la población paraguaya. Se sabe por ejemplo que cuando el Mariscal López se enteró de la barbarie que las tropas brasileñas cometían en las ciudades del Departamento de Cordillera, intentó enviar refuerzos para ver la manera de socorrer, pero luego «dio una orden de contramarcha» y se retractó. Esto es por una sencilla razón: en realidad lo que el Conde D’Eu, entre otras cosas, buscaba con su táctica propia del mundo anglosajón (tomada de las estrategias militares prusianas y que se emplearon en la Guerra de Secesión Estadounidense por los generales norteños Sherman y Sheridan) era precisamente que el Mariscal López retroceda, vaya con el grueso de sus fuerzas a «presentar batalla» al Ejército Aliado para que este pudiera rodearlo y terminar con la campaña.

Mal que nos pese, los civiles paraguayos fueron convertidos en un «anzuelo» por parte del Conde D’Eu quien intentó así atraer hasta su cerco al Mariscal López. El Héroe Máximo del Paraguay comprendió el plan del Jefe Aliado y logró evitar caer en la maniobra de tenaza que la Triple Alianza le tendió, alcanzando la posición de Curuguaty poco después para poder continuar la resistencia en guerrilla, que era lo que el Conde D’Eu quería evitar a toda costa. Decimos «mal que nos pese» porque lastimosamente, la población civil debió sufrir a manos de la Triple Alianza por mera estrategia militar, despiadada y cruel, con el intento de capturar al Mariscal López. No lo consiguieron y solamente lograron destruir para siempre la reputación y el prestigio de sus Ejércitos, que a partir de ese momento se convirtieron en vulgares asesinos de civiles.

La única «negligencia» contra la población civil, fue cometida por la Triple Alianza, que fue absolutamente «negligente» a la hora de respetar los códigos militares y las leyes humanitarias de la guerra. Quién afirme lo contrario pertenece al bando historiográfico aliado, es decir, a los neo-legionarios.

6. LAS BAJAS PARAGUAYAS FUERON MAYORMENTE DE MILITARES.

Falso. Las guarniciones en las ciudades del Departamento de Cordillera eran pequeñas, como dijimos, estaban allí para resguardar el orden público y proteger a los ciudadanos. Los Aliados, a la hora de dar sus «partes de guerra», hacían pasar a los muertos como sí fueran «bajas militares». Esto es una alevosa mentira. La mayoría eran mujeres y niños que huían de la batalla y eran capturados para luego ser degollados en el acto. Como ya se ha señalado, el Mariscal López había dado la orden a los civiles de que «permanezcan en sus casas» y que «se entreguen a los Aliados» y que solo le acompañen «los que querían combatir», pero los Generales de la Triple Alianza no dieron cuartel siquiera a los ciudadanos inocentes: los degollaban ó esclavizaban.

7. LOS LEGIONARIOS NO PARTICIPARON DE ESTAS TROPELÍAS.

Falso. Ellos eran baqueanos y guías del Ejército Aliado. Pero incluso actuaron de manera militar en estas matanzas, como por ejemplo, según relata el brasileño General Tasso Fragosso, en las Batallas de Piribebuy y Acosta Ñu, ellos eran auxiliares y formaban parte de la tropa de la Triple Alianza. También se cuenta el informe que el argentino Coronel Donato Álvarez envió a su jefe el General Emilio Mitre, en el que se describen las tropelías y asesinatos de civiles paraguayos que los mismos «legionarios» cometieron en el llamado «Campo de Pedrozo», en agosto de 1869.

Pero muy importante es recordar que el Gobierno del Mariscal López fue derrocado el 1 de enero de 1869, cuando inició la «Ocupación Aliada» en la Ciudad de Asunción. Pocas semanas después se inició el proceso de creación del «Gobierno Provisorio» y el 6 de agosto de 1869, fueron electos y proclamados los primeros Gobernantes de la posguerra: Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga y José Díaz de Bedoya. [Gómes Freire Esteves: «Historia Contemporánea del Paraguay», págs. 45 – 47. Asunción del Paraguay: Biblioteca Paraguaya. Ediciones NAPA].

Es decir que las catástrofes civiles de Valenzuela, Piribebuy, Caacupé, Acosta Ñu y Caraguatay, entre otras que vendrían posteriormente, todas ellas ocurrieron bajo el «Gobierno Legionario», que fue electo, proclamado y oficialmente reconocido el 6 de agosto de 1869.

Se desconoce que haya existido una sola protesta oficial de los «Gobiernos Legionarios» en contra de las tropelías que cometían los Ejércitos de la Triple Alianza a la población paraguaya. Ellos simplemente responsabilizaban al Mariscal López (quien ya fue derrocado y solamente tenía una pequeña tropa guerrillera bajo sus órdenes) y a todos los «lópez-guayos» de las matanzas que los Aliados cometían. Así de sencillo. «Los civiles asesinados son responsables de haber sido asesinados», es el argumento esgrimido por los neo-legionarios.

8. LOS NIÑOS DE ACOSTA ÑU FUERON OBLIGADOS A LUCHAR POR EL MARISCAL LÓPEZ.

Otra gran mentira. Como ya hemos señalado, sí los civiles (mujeres y niños) tomaron las armas, era porque no tenían otra opción. Se trataba de eso o de morir degollados (el que tenía «suerte», era esclavizado).

Es cierto que en muchos Ejércitos de la época, niños de 12 – 14 años eran enrolados y cumplían roles en bandas de música o en la parte logística. Habían ejemplos de estos en la Triple Alianza y en el Paraguay. Pero los llamados «Niños de Acosta Ñu» no fueron parte del Ejército Paraguayo de manera oficial. Se unieron a él, pero no «por órdenes del Mariscal López» sino para intentar salvar sus vidas y libertades ante la destrucción que se desató en las ciudades aledañas.

En la zona de Barrero Grande fueron cientos y miles de familias a refugiarse de la catástrofe, uniéndose a algunos convoyes que quedaron rezagados en el proceso de retirada del Ejército Paraguayo. Cuando se vieron rodeados por los soldados de la Triple Alianza, decidieron tomar las armas para defenderse. Luego ocurrió lo que todos sabemos.

9. LA MATANZA DE VALENZUELA NO OCURRIÓ.

Es también mentira, pero debe matizarse. El asunto es que no existen buenas fuentes que relaten lo que ocurrió con detalle en Valenzuela. El único autor que nos da ciertos detalles, es el Vizconde de Taunay, quién sí afirma que allí murieron mujeres en defensa de la famosa «Fábrica de Lomas», que fue quemada por órdenes del General Vasco de Alves Pereira. También hay testimonios como del Coronel Juan Crisóstomo Centurión, quien menciona lo ocurrido sin dar muchos detalles. La tradición oral rescata que 30 mujeres habrían muerto en defensa de la «Fábrica de Lomas», algunas de ellas quemadas vivas.

10. LOS NIÑOS ESTABAN DISFRAZADOS CON BIGOTES Y BARBAS ARTIFICIALES.

También es una gran mentira el hecho de que supuestamente, los niños eran «disfrazados de adultos» y se les ponían «bigotes y barbas artificiales». Es una pérdida absoluta de tiempo este asunto, pero hasta hoy sigue siendo repetido, especialmente por los autores pro-Alianza. No hay ninguna sola evidencia fidedigna que lo demuestre y como muchos de los «mitos» que se crearon en torno a la contienda, también este fue inventado para intentar justificar a las atrocidades cometidas por la Triple Alianza.

El Coronel Pedro Pablo Caballero a punto de ser torturado y asesinado por las Fuerzas Aliadas en Piribebuy.
El Coronel (Póstumo) Pedro Pablo Caballero a punto de ser torturado y asesinado por las Fuerzas Aliadas tras la Batalla de Piribebuy, el 12 de agosto de 1869. Ilustración de Enzo Pertile.

Emilio Urdapilleta