Natalicio del Gral. José Díaz

Natalicio del Gral. José Díaz

El 17 de Octubre de 1833, en la localidad del Cerro Vera, en Pirayú, nacía quien sería, según Ronan Fanning y Michael Lillis (en su famosa obra «Calumnia»), el «único capitán» que tuvo el Ejército del Mariscal López en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.

Se llamó José Díaz Vera de Aragón, más conocido vulgarmente como José «Eduvigis» Díaz.

Sus padres fueron Don Juan Andrés Díaz de Alarcón y Doña María Dolores Vera de Aragón.

Se conoce que tuvo una hermana mayor, la Sra. Isidora Díaz Vera, quien fue una mujer de alta educación, según algunas fuentes históricas, la «mano derecha» de la francesa, Profesora Dorotea de Duprat, quien fuera directora de la «Escuela de Señoritas» de Asunción, fundada por el Dr. Francia y modernizada en tiempos de los López. Ésto se confirmaría porque la Sra. Isidora Díaz, según Fanning y Lillis, fue «Institutriz» de los hijos del entonces Gral. Solano López y Doña Elisa Lynch, una especie de «Mary Poppins» paraguaya.

El Gral. Díaz es considerado como uno de los fundadores de la Policía Nacional (entonces llamada «Cuerpo Policial del Ejército»). Bajo las órdenes del Cnel. Venancio López, fue el primer comandante del «Batallón Policial».

Pero a él no le interesaba tanto la policía, sino el Ejército, y como ya se sabe, su carrera meteórica empieza en el mismo estallido de la Guerra de 1864-1870.

Desde las primeras acciones de la llamada «Campaña de Corrientes», hasta la apoteósica victoria de Curupayty, casi todas las acciones del Gral. Díaz fueron coronadas con la victoria. Solamente conoció la derrota en la «Isla Cabrita» (llamada así porque al final de esa batalla, una bala de cañón mató al oficial aliado Villagrán Cabrita) y en la Primera Tuyutí.

IMAGEN: Fotografía original de cuerpo completo del Gral. José Díaz Vera, extraída del libro «La Guerra de la Triple Alianza» de Juan E. O’Leary.

Falleció por heridas, luego de un bombardeo de la flota aliada, el 7 de Febrero de 1867. Tenía 33 años.

El «gran espadón» del Mariscal López tenía dones inapreciables para ese tiempo: liderazgo firme, draconiano incluso en contra de los desertores y enemigos; voluntad indomable, no había tarea que el Mariscal le encomendara y que en la que él no pusiera el máximo empeño en cumplir; lealtad absoluta a la causa paraguaya, con odio (aunque nunca desprecio) acerado hacia los enemigos; valentía y coraje sin límites, lo que al final fue «su cruz», pues murió mientras estaba planeando un ataque sorpresa contra la escuadra aliada, acercándose a ella de manera temeraria; gran ejecutor de planes, pues interpretaba a la perfección la estrategia defensiva del Comandante en Jefe, lo cuál se vio en su máxima expresión, en Curupayty.

Emilio Urdapilleta

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