«OFREZCO MI RENUNCIA SI ESTO ANULA AL TRATADO DE LA TRIPLE ALIANZA»

«OFREZCO MI RENUNCIA SI ESTO ANULA AL TRATADO DE LA TRIPLE ALIANZA»

150 Años de la Epopeya Guaraní.
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12 de Septiembre, 1866.

El Mariscal Francisco S. López y el Gral. Bartolomé Mitre se reunieron en la llamada «Conferencia de Yatayty Corá». Fue la más famosa intentona de paz en el sangriento conflicto bélico.
Alén de los intercambios protocolares, que son relativamente conocidos, se ha intentado reconstruir más o menos lo que debatieron, durante casi 6 horas López y Mitre. El resultado, tomando varias fuentes históricas, queda como relata Don Gregorio Benítes en su obra «Primeras Batallas Contra la Triple Alianza» (1919), páginas 229-232:
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MARISCAL LÓPEZ: General Mitre, mi presencia aquí está explicada por los acontecimientos y los deberes que mi posición impone a los hombres que dirigen los destinos de los pueblos y que son responsables de sus desventuras. Yo he hecho la guerra al Imperio del Brasil porque he creído que aquella nación no se detendría en el dominio del Estado Oriental y que nos amenazaba a todos. Yo tenía y tengo la más alta estima por el pueblo argentino, acaso si hubiera tenido mayor contacto con la persona que está al frente de su Gobierno, muchas dificultades y muchas desgracias se hubieran evitado; pero no ha sido así, y yo he hecho la guerra al Gobierno Argentino porque lo consideraba ligado al brasileño en la cuestión oriental. Hoy creo que la sangre derramada es ya bastante para lavar las ofensas con que cada uno de los beligerantes se creyese agraviado, y considero que puede hacerse que esta terrible guerra tenga un fin, estipulando las condiciones de una paz sólida, duradera y honrosa para todos.

GENERAL MITRE: Señor Presidente, como hombre de principios y como gobernante de un pueblo ilustrado, mis votos y mis esfuerzos siempre estarán del lado de una paz honrosa que pueda dar los resultados que nos vemos obligados a buscar, apelando al recurso extremo de las armas en defensa de nuestro derecho. Pero, ¿cree V.E. que puede ofrecer esos resultados a la Alianza, en las condiciones en que nos encontramos? Yo, como representante de ella en este lugar, no podría ofrecer a V.E. como es mi deber otras condiciones que las que estipula el tratado con que para su defensa se han ligado los pueblos aliados; y esto mismo tendría que ser resuelto por los gobiernos respectivos. ¿Creería aún así V.E. que es posible salir del terreno actual de la lucha armada?

M.L.: General, las condiciones del tratado de alianza son inaceptables para mí por ser de expoliación de mi país. Pero no es creíble que tales condiciones constituyan una causa irremovible que impida un arreglo pacífico de las diferencias que nos tienen en armas. Si realmente las causas son inevitables, las tendré que combatir con la mayor energía, hasta el último de mis atrincheramientos. Tales condiciones, estimado General, por su gravedad, imposibilitan toda negociación de paz. Son imposiciones calculadas para el caso que me fuese contraria la suerte de las armas. Pero para esto no es necesario mi consentimiento, como lo sería para un tratado de paz; V.E. comprenderá que ese tratado, el del 1 de Mayo, me pone en condición de rendido, y si he de serlo, prefiero que sea en el campo de batalla. Sin esto no podría dar mi asentimiento a las estipulaciones sobre límites, ni menos a las condiciones que, respecto de mi persona, establece el tratado de alianza. Yo creo que V.E. en mi lugar, no se daría por vencido antes de combatir y agotar sus elementos.

G.M.: Debo observar a V.E. que yo no he hecho sino manifestar una dificultad que V.E. acaba de corroborar con sus palabras. Yo no debo salir de un terreno a que V.E. no quiere y tal vez no pueda entrar. Debemos creer pues que, en la actualidad, la paz es imposible, y en este sentido proceder con la mayor decisión en las operaciones de guerra.

M.L.: ¿Por qué es imposible la paz, General? Yo me siento animado de los mejores sentimientos. Si V.E. pusiera de su parte su buena voluntad y su influencia, podríamos aún arribar a una paz honrosa. Yo estoy pronto a discutir en un tratado todos los puntos que pueden ser materia de dificultad, incluso la cuestión de límites.

G.M.: Comprenderá V.E. que yo no puedo darle contestación alguna sobre este punto. Son los gobiernos aliados los que deben resolverlo, si bien yo, por deber de humanidad y patriotismo, haré, lo repito, todo esfuerzo en obsequio de una paz honrosa.

La entrevista de Yatayti-Corá, el 11 de setiembre de 1866. SOTO, José C. (director), Album de La Guerra del Paraguay, [Buenos Aires] : [s.n.], 1893-1896, Vol. I (http://www.centroconocimiento.com.ar/libros/ITURRIETA-AlbumGuerraParaguayTomoI-Parte2.pdf)

M.L.: No dudo que los sentimientos de V.E. responden a sus demás elevadas cualidades, que he tenido motivo de reconocer lealmente, aunque se empleasen en mi daño. Por eso es que, si como paraguayo deploro el éxito de las armas de V.E. frente a la Uruguayana, debo felicitarle como General por la habilidad que supo desplegar en aquel golpe estratégico que puso en evidencia la absoluta inhabilidad y cobardía del jefe a quien yo había puesto al mando de la columna expedicionaria del Uruguay.

G.M.: Agradezco sinceramente las apreciaciones de V.E. Vuelvo a manifestarle que los poderes aliados pondrían fin a la guerra y negociarían la paz con el Paraguay sólamente si V.E. se decidiése a transmitir el mando de la República al Vicepresidente Sánchez, retirándose al exterior.

M.L.: Por mi parte, confieso a V.E. que no tendría el menor inconveniente en renunciar a mi cargo como Presidente de la República, si esto significa la garantía de que las estipulaciones del «Tratado Secreto» quedarían completamente anuladas y sin valor alguno para con el Paraguay.

G.M.: Lamento repetir a V.E. que si bien su propuesta es digna de su patriotismo, la paz sólamente será hecha en base a lo estipulado por el Tratado de Alianza.

M.L.: Si eso es así, V.E., le reitero que esas condiciones me las tendrán que imponer sólamente cuando haya caído en mi último campo de batalla.
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Así se ha reconstruido, palabras más palabras menos, la famosa conferencia. No habría paz. La lucha sería hasta el fin.

Emilio Urdapilleta

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