Puntas del Rosario: Entretelones sobre el Tratado de la Triple Alianza contra Paraguay

Puntas del Rosario: Entretelones sobre el Tratado de la Triple Alianza contra Paraguay

La Corte de Braganza, con ayuda fundamental de la diplomacia bonaerense y el engrudo proveído por Sir Edward Thornton, pieza fundamental del engranaje, logró aislar a sus enemigos en el Uruguay e impidió cualquier intento de negociación que viniera, tanto de la «Banda Oriental» como desde el temido Paraguay del Gral. Solano López.

Por mucho tiempo se ha buscado una explicación coherente sobre el por qué de la cooperación argentino-brasileña en las causas que, en apariencia comunes, realmente sólo terminaban favoreciendo a los designios imperiales. No falta razón a los «revisionistas» argentinos al criticar a Bartolomé Mitre por su «gran política»,[1] que terminó siendo no otra cosa, sino poner a la República Argentina como «furgón de cola» del Imperio Borbónico Portugués con sede en Río de Janeiro.

Esa «gran política» alcanza su punto culminante cuando el Gral. Justo José de Urquiza (comprado por el oro del Brasil, según el revisionismo, cosa no imposible y hasta muy probable), al desatarse de forma irreversible la Guerra contra Paraguay, escribe al Presidente de la Argentina: «Ha llegado el momento en que las palabras deben dar paso a los hechos. Ahora está en nuestras manos pelear una vez más bajo la bandera que unió a todos los argentinos en Caseros […] Espero el momento de estrechar la mano de Su Excelencia y ponerme yo mismo personalmente bajo sus órdenes».[2]

La «Bandera de Caseros» era el estandarte de los Braganza, enemigos mortales de Juan Manuel de Rosas, como también lo serían del Paraguay de los López.

Pero: ¿Cómo nació esta anti-natural e ilógica «Alianza» contra el Gobierno Paraguayo?

UN DISCRETO TRABAJO EN LOS TALLERES DE PUNTAS DEL ROSARIO.

En el Brasil como en las naciones del Plata (exceptuando al Paraguay), existía una «fuerza oculta» que mantenía unidos, ensamblados como instrumentos de un engranaje, a los elementos del internacionalismo. Era el «genio invisible», la «causa fraterna» que plasmaba en sus pasquines la clara consigna, definida según Correio Mercantil, en septiembre de 1864 (los paréntesis son míos):

«(Tenemos) la necesidad de robustecer cada vez más la alianza entre Río de Janeiro y Buenos Aires, entre dos gobiernos sinceramente liberales que no pueden permitir que la tranquilidad del Río de la Plata dependa de las desconfianzas sombrías de un déspota (López II), ni de las tendencias salvajes de los caudillos».[3]

Lo cual era unísono a la gaceta oficial del gobierno de Mitre, «La Nación Argentina»:

«Si no la Alianza, al menos un completo acuerdo debe establecerse entre los gobiernos que representan en la América el principio de la civilización, contra las aspiraciones y las sombrías desconfianzas de los representantes de la barbarie».[4]  

Mucho antes de la supuesta fecha de firma (1 de Mayo de 1865) del infame «Tratado Secreto de la Triple Alianza», se hablaba a viva voz de la existencia de un contubernio (cuando menos, un «completo acuerdo») entre Argentina y Brasil, a través de periódicos muy vinculados (y en el caso argentino, vinculadísimo) a los gobiernos de los citados países.

«Entiéndase bien ésta verdad (la Alianza entre el Imperio y Buenos Aires, según el periódico de Mitre) para apreciar debidamente la única política que hoy se robustece entre la República Argentina y el Brasil».[5]  

No era secreto para nadie. El 12 de junio de 1865, el Senador Pimienta Bueno en sesión ante el Senado del Imperio del Brasil, afirmó sin tapujos: «A principios del año pasado, cuando nuestras relaciones con el Estado Oriental ya estaban perturbadas, dióse un hecho sumamente importante. El general muy inteligente y muy simpático que dirige los destinos de la Confederación Argentina, y los dirige con mucha habilidad, vio por ventura más lejos que los ministerios del Brasil; él había comprendido bien que el estado de cosas en la República Oriental, el desorden, la guerra civil, perjudicaba mucho los intereses de la Confederación; él deseaba remover ese estado de cosas y restablecer allí la paz y el orden, más reconoció que la tarea era muy pesada. Como veía que ese estado de cosas orientales influía también perjudicialmente sobre el Brasil, como veía que nuestras relaciones (con el Uruguay) se iban turbando cada vez más y más, concibió la idea provechosa para los dos Estados».[6]

¡En las mismas sesiones del Senado Imperial se admite que del acuerdo entre Buenos Aires y la Corte de San Cristóbal, a inicios de 1864, surgió la política conjunta que llevaría a «pacíficar» el Plata al estilo del liberalismo!

Sin embargo, no debe creerse que era el Imperio de Braganza el epicentro de la intriga contra la paz del Plata. Las camarillas herméticas del internacionalismo siempre llevaron a cabo sus operaciones desde Buenos Aires, casa matriz de las logias liberales, marcada con su gran obelisco:

«Buenos Aires ha sido y siempre será el foco de los enemigos, y cuna de los trabajos contra esa República y hasta contra el Paraguay», decía el R.P. Domingo Ereño al político uruguayo D. Joaquín Requena García.[7] En éste sentido, el «furgón de cola» era la diplomacia brasileña, que encontró a su «Conde de Cavour» en la acción de Mitre, gracias a quien logró consolidarse territorial y políticamente. 

También el primer presidente de la República Argentina (cuya carrera merece un aplauso, pues de ser un niño de escasos recursos económicos que debió servir en las estancias de Juan Manuel de Rosas, llegó a alcanzar los máximos puestos de su país) seguía sus propios objetivos, que eran los de su secta embanderada con el liberalismo internacional: «La cuestión oriental (decía «El Mercurio» de Montevideo) es debate de vida o muerte para el partido liberal de la otra margen del Plata».[9]

En las reuniones de Puntas del Rosario, en Junio de 1864, se consolidaron los acuerdos para la destrucción del Paraguay. Dichos acuerdos estaban basados en antiguos protocolos de entendimiento y pactos entre Brasil y Buenos Aires, como el firmado en Paraná en 1857 por José María da Silva Paranhos (Brasil) y Santiago Derqui (Argentina). [Imagen: Caricatura brasileña de Ricardo Quintana y Bira Agostini sobre el Tratado de Triple Alianza contra Paraguay].
En las reuniones de Puntas del Rosario, en Junio de 1864, se consolidaron los acuerdos para la destrucción del Paraguay. Dichos acuerdos estaban basados en antiguos protocolos de entendimiento y pactos entre Brasil y Buenos Aires, como el firmado en Paraná en 1857 por José María da Silva Paranhos (Brasil) y Santiago Derqui (Argentina). [Imagen: Caricatura brasileña de Ricardo Quintana y Bira Agostini sobre el Tratado de Triple Alianza contra Paraguay].

Los observadores extranjeros también atestiguaron todo ésto, es decir, la necesidad del «liberalismo», tanto bonaerense como Imperial, de acabar con la peligrosa influencia paraguaya. El ministro chileno en la capital argentina, José Victorino Lastarria, apuntó, tras ver fracasado el intento de los países del Pacífico de lograr una mediación entre Paraguay y la Alianza, ya en plena guerra: «El Señor Ministro (Elizalde) me confirmó en la convicción inquebrantable que tengo, de que esta guerra es para los dos gobiernos, argentino y brasileño, una cuestión de amor propio desde que han visto rechazado y debilitado su colosal poder por el esfuerzo paraguayo, y desde que no pueden renunciar a sus fantásticas esperanzas sin tener que reconocer la superioridad de un enemigo, al que imaginaron vencer en tres meses. El Ministro (Elizalde) agregó francamente que la guerra era una cuestión de vida o muerte para su Gobierno, porque desde que quedase en pie el de Paraguay, en él hallaría el más poderoso auxiliar el partido político que es adverso (al gobierno) argentino, para derrocarlo y encender una guerra civil que sería mucho más desastroza».[10]

Para el avizor ojo paraguayo, no había enigma alguno. Don José Berges, a través de sus informantes, se hallaba bien enterado de las intenciones porteño-brasileñas y transmitía todos los datos al Supremo. Lo más llamativo era que Paraguay contaba con espías incluso dentro de las huestes «floristas»,[11] clara demostración de su avanzada posición en el terreno diplomático.

No obstante, era innecesario penetrar hasta los más recónditos secretos de estado argentinos o de Braganza: «La Nación Argentina» lo proclamaba a los cuatro vientos: «La causa de la perturbación (en el Plata) es el gobierno de Montevideo (…), encarnación de los restos del partido bárbaro (…), cuyos aliados son los caudillos (Blancos/Federales) que en la Argentina han horrorizado con sus crímenes y que en el Paraguay constituyen un despotismo, el más brutal».[12] ¡Uruguay, los «caudillos bárbaros» remanentes del Partido Federal, y el Paraguay! ¡Mitre señala a sus enemigos con el dedo, a la luz del día, en medio de la crisis!

Otro hombre foráneo, el Ministro francés Martín Maillefer, asignado como Encargado de Negocios ante el Uruguay, informó a su gobierno de manera similar a la que haría Lastarria años después:

«Desde las Cordilleras hasta la embocadura del Plata y Río de Janeiro, todo éste continente puede verse envuelto en la lucha que ha provocado la empresa revolucionaria de Flores, sostenida por las pasiones argentinas y las codicias brasileñas».[13]

El origen de todo esto se encuentra en las misiones diplomáticas ya mencionadas de José Mármol, eficaz colaborador del porteñísmo, quien fue enviado como Ministro Plenipotenciario de Buenos Aires en Río de Janeiro (desde 1864 hasta 1866, reemplazando a Luís José de la Peña). Los momentos fundamentales en la actuación de Mármol se vivieron en Abril de 1864, cuando llegó a la Sede del Imperio de Braganza en Río de Janeiro, desde donde comunicó a Rufino de Elizalde, su jefe de cartera diplomática: «(El Brasil) nunca dejará de llevar una mira propia, un interés brasileño en el Plata, en toda intervención o política militante que emprenda».[14] Sin embargo, el autor de «Amalia» también supo advertir a su gobierno la necesidad de hacer la contraria a las intenciones de la Corte de San Cristóbal. ¡En ese instante aún no estaba enterado José Mármol de los secretos propósitos que abrigaban Mitre y los imperiales! Pero luego, las cosas irían hilvanándose. La escuadra brasileña, con decididos objetivos de apoyar la rebelión de Venancio Flores, fondearía en el estuario del Plata a mediados de Mayo de 1864. Desde aquí hasta la famosa Reunión Discreta de Puntas del Rosario, todo es parte del mismo proceso en el que surgió la verdadera alianza contra Uruguay (y Paraguay).

Lo confesó el mismísimo Ministro Mármol: 

«La Alianza con el Brasil no proviene de Abril del 65, sino de Mayo del 64. Desde la presencia del Almirante Tamandaré en las aguas del Plata, y de los generales Mena Barreto y Netto en las fronteras orientales, se estableció de hecho la verdadera alianza entre los gobiernos argentino y brasileño, en protección de la inicua revolución del Gral. Flores contra el mejor de los gobiernos que ha tenido la República Oriental, y con la cual no había cuestiones que pudieran pasar de las carteras diplomáticas.(…) Ambos gobiernos, argentino y brasileño, se aliaron en propósitos desde ese momento infausto, bajo las inspiraciones de una debilidad criminal y una política cobarde. Y ese es el verdadero momento histórico de la alianza entre los dos gobiernos(…). La Alianza del 65 no es sino una consecuencia de la Alianza del 64, o mejor dicho, es la misma Alianza en diferente teatro(…). Los colorados (uruguayos) fueron los primeros amigos del Brasil desde Mayo de 1864. La serpiente envolvió poco después en Buenos Aires a los amigos de los libertadores como Flores y a los que creían tener en su bolsillo a los Tamandaré y a los Saraiva, y desde entonces quedó establecida en el Plata esa Triple Alianza que sólo repugna desde 1865…».[15]

¡Era el aguijón de la verdad, que siempre prevalece, como la luz se sobrepone a las sombras! 

Mármol, protagonista directo de los acontecimientos tras bambalinas, deja al descubierto los entretelones de la conspiración. Los insurrectos Colorados/Unitarios eran apoyados por Brasil, Buenos Aires terminó «enredado» (por obvias razones) y la «Alianza» contra Uruguay y luego Paraguay surgió como resultado natural, ya en Mayo de 1864.

El relato de José Mármol, Ministro de Buenos Aires en Río de Janeiro, coincide plenamente con lo que recoge el Consejero del Rey de Prusia Don Louis Schneider, quien nos relata con lujo de detalles lo que ocurrió en los «discretos talleres» de Puntas del Rosario. La flota brasileña se había dirigido hasta Montevideo con el Consejero Imperial y Ministro Plenipotenciario del Brasil Don Antonio de Saraiva, quien llegaba para cerrar los acuerdos favorables a su país ante la bulliciosa retahíla diplomática y política en la zona. Dice Schneider (mis paréntesis):

«Con la llegada de la escuadra brasileña ante el Puerto de Montevideo, los Blancos (en el Gobierno de Uruguay) vieron re-erguirse con inesperado vigor a los Colorados (los rebeldes encabezados por el Gral. Venancio Flores) y aconsejando el Presidente Bartolomé Mitre (en el Gobierno de Buenos Aires) al mismo tiempo un acuerdo, Atanasio Aguirre (Presidente del Uruguay) parecía dispuesto a atender las propuestas del Gral. Flores… Con esas bases emprendieron los tres ministros, Saraiva (Brasil), Thornton (Britania) y Elizalde (Buenos Aires) una mediación colectiva (…). De este modo asumió la mediación un carácter oficial y los Generales (en realidad, no eran generales) Lamas y Castellanos fueron enviados a Flores para que con su firma, se acepte el ajuste (…) pero ni Blancos, ni Colorados quedaron satisfechos». [16]

Atanasio Aguirre y Venancio Flores mostraron, según Schneider, buena voluntad. Pero como se ha señalado, los elementos más fanáticos de ambos bandos impedían cualquier acuerdo. Así, Edward Thornton de Inglaterra y Rufino de Elizalde de Argentina vuelven a concertar reuniones, esta vez sin la participación de Antonio de Saraiva, quien se hallaba enfermo. [17]

Continúa dándonos valiosísimos detalles el prusiano Schneider:

«Ante esto, se dirigieron Thornton y Elizalde al campamento de Flores, donde encontraron a los soldados llenos de entusiasmo y bien dispuestos para la lucha, con abundantes medios de guerra y hartura de víveres. Le entregaron una carta de Aguirre pero grande fue su espanto cuando vieron a Flores enfurecido, haciéndoles agrias críticas (…). Thornton y Elizalde quedaron indignados por haber portado una misiva tan dolosa (la oferta de paz de Aguirre) (…) y se tornó pues imposible cualquier acuerdo. Volviendo Thornton y Elizalde a Montevideo, manifestaron al Presidente Aguirre el disgusto que sentían por su modo de proceder y declararon que los Gobiernos de Inglaterra y Argentina dejaban al Gobierno Oriental entregado a su suerte. Luego después partieron a Buenos Aires para informar a sus respectivos gobiernos. Exhortaron al Consejero Saraiva que se adhiera a esta medida decisiva, pero este rehusó porque su Gobierno aun mantenía relaciones amigables con el Gobierno Oriental (…). Saraiva, pocos días después, se retiró de Montevideo a bordo de uno de los navíos del Vicealmirante Tamandaré, y dirigiéndose a Buenos Aires como lo habían hecho sus colegas de Inglaterra y Argentina, comunicó desde ahí lo sucedido a su Gobierno». Puede considerarse la partida del Consejero Brasileño como el paso decisivo que debía conducir a la guerra…».[18]

Toda esa comidilla de errores y tartufería teatral se llevaba a cabo para guardar las apariencias, el mismo Schneider lo deja entender con todo y su postura favorable al Brasil. En esas extensas reuniones de Puntas del Rosario se cocinaron muchas más cosas. Don José María da Silva Paranhos, el finísimo y agudo diplomático del Imperio de Braganza nos lo revela en las notas que dejó para la citada obra de Schneider respecto a la famosa «Misión Saraiva» que inició en Mayo de 1864 buscando «reparaciones» por parte del Gobierno Uruguayo y que tuvo su punto álgido en los primeros días de Junio (vuelvo a señalar que los paréntesis son míos):

«La misión del Sr. Consejero Saraiva tenía por fin obtener satisfacciones a los agravios recibidos por el Imperio en varias épocas, a partir de 1862… Había llegado el momento de la presentación de un ultimátum, pero el enviado brasileño consideró preferible aguardar instrucciones del Gobierno Imperial, al que expuso todo lo ocurrido, comprendiendo al mismo tiempo que para el buen éxito de su misión y para satisfacer las vistas pacíficas e imparciales de su gobierno, convenía promover la pacificación interna de la República Oriental. Con ese mismo pensamiento llegaron al Montevideo el día 6 de Junio (de 1864) los Ministros Elizalde y Thornton, el primero Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina y el segundo Ministro Plenipotenciario de Gran Bretaña en Buenos Aires y conferenciaron luego con el Sr. Saraiva, quien no dudó en aceptar los buenos oficios que le fueron ofrecidos (a pesar de que Brasil y Britania tenían, supuestamente, rotas todas las relaciones diplomáticas, la eterna excusa que la historiografía brasileña esgrime para pretender refutar que la diplomacia británica nada tuvo que ver en alimentar la Guerra de la Triple Alianza, disculpen la larga disquisición aquí, pero recuerdo que esto lo escribió Don José María da Silva Paranhos)». [19]

Continúa revelando detalles el Vizconde de Río Branco en sus anotaciones a Schneider:

«El día 6 de Junio llegaron a Montevideo los Sres. Elizalde y Thornton y conferenciaron con el Sr. Saraiva. Al día siguiente los tres ministros tuvieron una entrevista con el Sr. Aguirre. Este aceptó la mediación ofrecida y luego partieron al campamento del General Flores los Señores Saraiva, Elizalde y Thornton. Los Señores Andrés Lamas y Florentino Castellanos acompañaron a los mediadores. El 18 de Junio el General Flores aceptó las propuestas hechas por los mediadores y se firmó un protocolo…». [20]

Del «protocolo» que firmaron y en el que dejó su rúbrica el Ministro Británico Edward Thornton, poco se sabe hasta hoy. Pero quedaron documentadas varias piezas de las reuniones mantenidas en las Puntas del Rosario, entre ellas, las ofertas de mediación con las que se buscaba «pacificar» la situación oriental en favor del General Flores y en contra del Gobierno Legítimo de los Blancos de Atanasio Aguirre. El Vizconde de Río Branco menciona todas esas pruebas, con lo que nadie puede negar que las Reuniones de Puntas del Rosario existieron, y lo que se dijo allí fue revelado por sus principales protagonistas.

De esta manera, las piezas terminan de encajar perfectamente gracias a las confesiones de otro actor di primo cartello, el mismísimo Don Antonio de Saraiva, el representante brasileño y principal protagonista de la intriga en el famoso episodio de las «Puntas del Rosario». Sus palabras, en carta que dirigió al consejero imperial Joaquín Nabuco, son hasta hoy una estaca al corazón de la mentira vampiresca que busca responsabilizar a los inocentes por el delito de los verdaderos culpables:

«Las negociaciones de paz (entre el Gobierno Oriental y Flores, en Junio de 1864) no fueron sino el medio de preparar las Alianzas del Brasil contra Paraguay, lo que conseguí, pues dichas Alianzas se realizaron el día en que el Ministro Brasileño (Saraiva) y el Ministro Argentino (Elizalde) conferenciaron en las Puntas del Rosario, y no el día en que Octaviano y yo como Ministro de Estado firmamos el pacto (del 1 de Mayo de 1865, el «Tratado Secreto» de la Alianza)«. [21]

¡Quod erat demostrandum!    

Desde el 6 de Abril (inicio de la Misión Mármol en Río de Janeiro) hasta el 18 de Junio de 1864 (cuando se produce la Reunión Final de Puntas del Rosario), tenemos el rango de fechas verdaderas en donde surgió el «Tratado de la Triple Alianza contra Paraguay», que se hizo «oficial» en Mayo de 1865. Cabe mencionar que en las «Puntas del Rosario» se reunieron varias veces el Ministro Argentino de Relaciones Exteriores, Don Rufino de Elizalde; el Ministro Uruguayo ante Buenos Aires, Don Andrés Lamas; Don Antonio de Saraiva, Ministro Plenipotenciario del Brasil en el Plata (posteriormente Ministro de Relaciones Exteriores, en 1865-1866), y Sir Edward Thornton, Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica en Buenos Aires.

Esto era perfectamente conocido por la inteligencia militar del Paraguay, si nos dejamos guiar por el testimonio del Gral. Francisco Isidoro Resquín, Jefe del Estado Mayor y hombre de confianza del Mariscal Presidente Solano López:

«Es del dominio público que a fines de 1862, el Gobierno de la República Argentina, por intermedio de su ministro en el Brasil, Señor Mármol, abrió negociaciones secretas con el Gobierno Brasileño de Río de Janeiro, misterio que en aquel tiempo no se llegó a comprender pero que los hechos han venido a explicarlo más tarde, con notables sacudimientos políticos». [22]

Sorprende poderosamente cómo el sistema de información y espionaje del Paraguay tenía poderosas ramificaciones y estaba muy al tanto de las andanzas de los potenciales enemigos del país, en este caso, teniendo muy en la mira a los movimientos de Don José Mármol. Aunque haya una pequeña falla del General Resquín (que se equivoca al indicar que la Misión Mármol inició en 1862, probable errata o equivocación respecto al año, que fue en realidad 1864), el párrafo encierra un poderoso y revelador núcleo de verdades que eran conocidas en el país. Ante tamaña evidencia, no queda sino reconocer que el Gobierno Paraguayo, encerrado en una telaraña de alianzas y tramas en su contra, hizo todo lo que estuvo a su alcance para salvaguardar sus intereses con plena justicia y fundamentos claros.

Por si fuera poco, el Ministro Plenipotenciario de Francia, Martín Maillefer, una vez más nos habla con profunda penetración sobre todo esto, confirmándose sus palabras por los hechos confesados de José Mármol y Antonio de Saraiva:

«… Además del interés permanente de debilitar, dividir y dominar a la República Oriental, los armamentos del Paraguay, su íntimo enemigo, y la eterna cuestión de límites han sido los motivos de ésta Alianza… El Brasil puede jactarse de reducir a Don Solano López a la aceptación de los límites en litigio; el (gobierno) argentino puede esperar otro tanto, y de ésta manera, Montevideo es una primera etapa para llegar de común acuerdo a la Asunción».[23]

Formando parte de la serie de confesiones inesperadas, aparece el alambicado e insidioso Don José María da Silva Paranhos, en un discurso memorable al Senado del Imperio: «El Gobierno Imperial también deseaba, y lo dice en uno de los despachos que ya leí o que leeré, que el territorio oriental sirviera como base de operaciones militares contra el Paraguay».[24] Luego, en esa misma intervención, el Vizconde de Río Branco confirma que la flota brasileña se abasteció libremente de armas y pertrechos en Buenos Aires. 

¡Más hechos que se confirman! ¡Las palabras sobran ya!

Volvemos al Ministro Francés Martín Maillefer, para dar el estacazo final a lo que hoy, es más que evidente. Escribió a su gobierno, luego de obtener informaciones in-situ sobre las intrigas que «mitristas» e imperiales llevaban a cabo: «… el Paraguay, que es actualmente la tabla de salvación del Partido Blanco y el espantapájaros de sus adversarios, es el principal objeto de la coalición argentino-brasileña, y el árbitro de la situación».[25]

¡Algunos «historiadores» ni siquiera utilizan éstos documentos de primerísima mano para estudiar los hechos que llevaron a desatar la máxima guerra internacional del continente americano! ¡Es increíble hasta dónde puede llevar la tozudez historiográfica y el negacionísmo pérfido! De allí que ignoren, por absoluto sesgo ideológico propio de la secta liberal a la que representan, que el Tratado de la Triple Alianza ya era celebrado y festejado públicamente mucho antes de que se hiciera «público» el 1 de Mayo de 1865. Don Luís Alberto de Herrera, con la incontestable evidencia con la que se acostumbró a escribir sus obras históricas, nos rescata un inestimable recorte del periódico del Gral. Bartolomé Mitre donde se revela con diáfana claridad la innegable culpa mitrista. Nos cuenta «La Nación Argentina» (Buenos Aires), 2 de Marzo de 1865:

«Los brindis pronunciados fueron muy notables. El General Mitre saludó con las palabras más expresivas al Gobierno del Brasil, al General Flores, apóstol vencedor de una gran causa y al General Urquiza, que venía a completar la obra de Caseros. El General Mitre había brindado por la Triple Alianza de la República Argentina, del Estado Oriental y del Brasil; el Ministro del Imperio, Señor Octaviano, lo hizo por el Presidente de la República Argentina, jefe de la Triple Alianza contra el déspota paraguayo; el General Flores lo hizo por el éxito de la gran cruzada. El General Urquiza se mantuvo silencioso, regresando al día siguiente a Entre Ríos».[26]

¡La tartufería mezclada con fanfarronería! ¡Y las máscaras que no podían ser sostenidas por mucho tiempo más! Sin embargo, algunos aun pretenden mantener los ojos cerrados, con mente y espíritu obtusos, ofuscados y embotados por consideraciones de secta ideológica, de doctrina liberal, que solo sobrevive en base a relatos propagandísticos y falsarios.

Aún queda explicar una parte crucial en el tejemaneje que condujo a la destrucción del Paraguay de Francia y los López: la Diplomacia Británica. Pero eso pertenece a otro artículo.

[OBS: Escrito de Emilio Urdapilleta, publicado en Wattpad en el año 2016. Reproducido en «El Parlante» con autorización del autor, quien añadió ciertas modificaciones].

REFERENCIAS.

1- La frase entrecomillada proviene de una famosa expresión de Bartolomé Mitre, cuando se enteró sobre la entera adhesión de Urquiza a su causa: «estamos recogiendo los frutos de una gran política». Véase: Julio Victorica: «Urquiza y Mitre», pp. 487-88. Buenos Aires (1906). También recogida por el periódico Times (Londres), 21 de Junio de 1865.

2- J.J. Urquiza a Bartolomé Mitre. Concepción del Uruguay, 19 de Abril de 1865. Archivo Mitre, vol.2, p. 144.

3- Correio Mercantil (Río de Janeiro), 22 de Septiembre de 1864.

4- La Nación Argentina (Buenos Aires), 4 de Septiembre de 1864. Citado por Atilio García Mellid, op.cit., vol. 1, p. 360.

5- La Nación Argentina (Buenos Aires), 3 de Diciembre de 1864.

6- «Discurso del Senador Pimienta Bueno». Annaes do Senado do Imperio do Brasil, vol. I, pag 62 (apéndice). Sesión del 12 de Junio de 1865. 

7- Efraín Cardozo: «Vísperas de la Guerra…» (op.cit.), p.163.

8- Atilio G. Mellid, op.cit., vol.1, pp. 360-361.

9- Eduardo Acevedo: «Anales Históricos del Uruguay», tomo III, p. 45. Montevideo (1933).

10- José V. Lastarria. Buenos Aires, 3 de Agosto de 1866. Secretaría de Relaciones Exteriores, Correspondencia Diplomática, p. 74 (422).

11- Uno de los espías paraguayos dentro de las filas enemigas era el uruguayo y «florista» Manuel S. Rodríguez. Ver: José Berges a Manuel S. Rodríguez. Asunción, 21 de Octubre de 1864. Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay. Copiador de Cartas Confidenciales, vol.I, pp. 307-311.  

12- La Nación Argentina (Buenos Aires), 29 de Octubre de 1864.

13- Martin Maillefer a Édouard Drouyn de Lhuys. Montevideo, 29 de Julio de 1864. «Contribuciones Documentales». Revista Histórica, año 48, N° 22, p. 363. (115). Montevideo. 

14- José Mármol a Rufino de Elizalde. Río de Janeiro, 6 de Abril de 1864. Citado en «Cartas Polémicas sobre la Guerra del Paraguay, de Bartolomé Mitre y Juan Carlos Gómez», p. 337. Asunción (1940). 

15- José Mármol, Un Tercero en Escena. Disponible en: «Páginas Históricas: Polémica de la Triple Alianza. Correspondencia Cambiada entre el Gral. Mitre y el Dr. Juan Carlos Gómez», pp. 18-20. Buenos Aires (1897).

16Schneider, Louis (1902): «A guerra da tríplice alliança : Imperio do Brazil, República Argentina e República Oriental do Uruguay, contra o governo da República do Paraguay, 1864-1870», vol. I, pp. 37-38. Río de Janeiro, Brasil: H. Garnier.

17- Anotaciones de Don José María da Silva Paranhos en Schneider (1902): op.cit. vol. I, p. 38, nota 3.

18- Schneider (1902): op. cit. vol. I, p. 39.

19- Anotaciones de Don José María da Silva Paranhos en Schneider (1902): op.cit. vol. I, p. 37, nota 1.

20- Anotaciones de Don José María da Silva Paranhos en Schneider (1902): op.cit. vol. I, p. 39, nota 1.

21- Joaquín Nabucco: «La Guerra del Paraguay», pp. 46-47 (nota al pie). París (1902).

22- Resquín, Francisco Isidoro (1984): «Datos Históricos de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza, publicados por Ángel M. Veneroso el año 1895», pp. 16-17. Asunción, Paraguay: Talleres de la Imprenta Militar y la Dirección de Publicaciones de las Fuerzas Armadas de la Nación.

23- Maillefer a Drouyn de Lhuys. Montevideo, 29 de Abril de 1864. Citado en Revista Histórica, pp. 322-323. (115).

24- «Discurso de José María da Silva Paranhos, el Vizconde de Río Branco», en  Annaes do Senado… (op.cit.), tomo I, p. 8 (apéndice).

25- Informe de Martín Maillefer a Édouard Drouyn de Lhuys. Montevideo, 14 de Agosto de 1864. Citado por Atilio G. Mellid, op.cit., vol. 1, p. 449.

26- La Nación Argentina (Buenos Aires), 2 de Marzo de 1865. Citado por: Herrera, Luís Alberto (1943): «El Drama del 65, la Culpa Mitrista», capítulo XXXI, pp. 137-138. Buenos Aires, Argentina: Edición Homenaje.

Emilio Urdapilleta

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