San José de Flores: Victoria Paraguaya

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Muchos critican las acciones llevadas a cabo por los López en las largas y tensas negociaciones que se mantuvieron en la Provincia de Buenos Aires y que sirvieron como base para pacificar y posteriormente unificar a la República Argentina. Sin embargo, esto obedece a una interpretación como siempre, maniquea y que ignora por mucho la situación paraguaya en ese momento, bajo el asedio de enemigos poderosos y con el peligro inminente de un ataque internacional sobre el país luego de la firma del famoso «Protocolo de Entendimiento» de 1857.

Juan Manuel de Rosas (1793-1877)

1. El Contexto.

Paraguay fue uno de los grandes vencedores de la «Guerra contra Rosas», para la que aportó sangre, sudor y lágrimas. Fueron siete largos años que tuvieron todo tipo de peripecias, entre ellas, el violento desalojo que los paraguayos hicieron en Mato Grosso, expulsando a sus aliados de entonces, los soldados del Brasil, que ocupaban de manera ilegal las posiciones del Fecho dos Morros y el Campo de Salinares. Esto ocurrió entre 1849-1850 y rompió para siempre la buena amistad que mantenían Paraguay y Brasil hasta entonces.

A pesar de ello, el Gobierno de los López volvió a suscribir una Alianza Defensiva con el Imperio de Braganza en diciembre de 1850, comprometiéndose a apoyar sus acciones militares contra el Dictador Porteño, Gral. Juan Manuel de Rosas.

Carlos Antonio López.

Sin embargo, Brasil no olvidó lo ocurrido en el Fecho dos Morros y a ese episodio se sumó el desaire que sufrió el Chargé d’Affaires brasileño en Asunción, José Felipe Pereira Leal, en 1853. La Flota Imperial, 36 buques y cerca de 2.500 hombres, zarparon desde sus bases y se adentró en aguas del Río de la Plata, encabezada por el Almirante Pedro Ferreira de Oliveira en una travesía que duró más de 70 días desde el 10 de Diciembre de 1854. En Febrero de 1855, los brasileños alcanzaron la zona de influencia paraguaya, pero temerosos de ingresar en el país, siendo enfrentados además por el gallardo y cada vez más influyente Gral. Francisco Solano López Carrillo, recién llegado de Europa y que colgaba en el pecho varias preseas, entre ellas la de Comendador de la Legión de Honor de Francia, la de Comendador de la Órden de San Mauricio y San Lázaro del Rey de Italia además de haber recibido del mismo Emperador Don Pedro II de Brasil la Orden de Cristo en calidad de Comandante.

Francisco Solano López

Como decíamos, los brasileños no querían entrar en el país porque temían el poderío de la Fortaleza de Humaitá, que acababa de ser refaccionada y reconstruida por obra del mismo Gral. Solano López, recibiendo instrucción de su maestro el futuro Gral. Hermenegildo de Portocarrero, entre otros como el famoso Gral. Villagrán Cabrita.

Los brasileños sabían que Humaitá era temible y no se animaban. Luego de varios meses de negociación, el 27 de Abril de 1855 llegaron a un acuerdo el Almirante Ferreira y el Gral. Solano López, acuerdo que sería rechazado por indignante y humillante en la Corte de Río de Janeiro: era otra victoria diplomática del «kronprinz» paraguayo.

João Carlos de Villagran Cabrita

Escribe Ramón Carcano, historiador de cuño mitrista: «El joven ministro Solano López, mental y políticamente, aparece superior al negociador imperial (…) enviado para imponer por acto de presencia con sus barcos armados y que no sabe entender ni aplicar sus claras y minuciosas instrucciones (…). ¿Qué se piensa en la Corte (Río de Janeiro)? El pacto de Oliveira causa indignación general. Se considera una obra de ingenuidad e inepcia. Nabuco lo llama desastre diplomático… Se pide el envío de una nueva expedición, con mayor fuerza y aptitudes».

En ese momento, las provincias argentinas se hallaban en interminables disputas. Buenos Aires se había separado del resto de la Confederación, había establecido un nuevo gobierno e incluso envió Embajadores a los más importantes países del mundo.

La caída del Gral. Juan Manuel de Rosas creó un enorme «vacío de poder» que se disputaron con ferocidad dos individuos que alguna vez fueron sus amigos: el Gral. Justo José de Urquiza, caudillo entrerriano y traidor profesional que había sido soldado leal del Dictador Porteño hasta que le fue más conveniente derrocarlo y el Gral. Bartolomé Mitre, quien de joven fue peón de la estancia de Don Juan Manuel, quien le dio comida y abrigo y con quien varias veces compartió el mate (lo que no le impidió «morder la mano del que le dio de comer»).

General Urquiza (L’illustration journal universel, Volume 19).

El Imperio del Brasil, siempre listo para aprovechar toda oportunidad diplomática que se le pudiera tender en el Río de la Plata, envió hacia la región al avezadísimo y astuto negociador Don José María da Silva Paranhos, Consejero Imperial y futuro Vizconde de Río Blanco.

Para Paranhos, el momento era propicio para tejer un entramado de Alianzas en contra del enemigo que entonces era el más temible para Brasil: Paraguay.

El famoso diplomático brasileño zarpó de Río de Janeiro con una doble misión: obtener un acuerdo en Asunción que pudiera reparar la humillante derrota de 1855 y al mismo tiempo, conseguir una alianza militar en contra de Paraguay apelando al reconocido espíritu traidor y doblez del Gral. Urquiza, quien tenía ciertos vínculos de parentezco con la familia López.

Mitre en la época de la batalla de Pavón

El año 1857 fue de intensas negociaciones e intrigas llevadas adelante por José María da Silva Paranhos, entre ellas, la firma, en la Ciudad de Paraná, con los representantes diplomáticos de Urquiza, Don Bernabé López y Don Santiago Derqui, del famoso «Protocolo de Entendimiento para la Guerra contra el Paraguay» el 14 de Diciembre de 1857 y que sería la base del posterior «Tratado Secreto de la Triple Alianza» o en palabras del diplomático y congresista brasileño Joaquín Nabuco, «la misma Alianza de 1857 y de 1865».

En resumidas cuentas, Silva Paranhos obtuvo del siempre traicionero Urquiza (a través de sus ministros) la promesa de llevar la guerra al Paraguay…

Con una inédita reunión empezó el año 1858 en Asunción. El futuro Mariscal Presidente del Paraguay se encontraba en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores con el que sería Vizconde de Río Blanco.

José Maria da Silva Paranhos, Vizconde de Rio Branco, 1879.

Para alquilar balcones, dirían algunos y es que ambos siendo muy jóvenes, demostraron grandes dotes de diplomáticos. Solano López regresaba de una exitosa misión en Europa y nadie olvidaba la humillación que hizo sufrir al Brasil con el episodio del Almirante Ferreira en 1855. Y desde luego, no hace falta recordar quién es Silva Paranhos…

Lo que sí, es que el 12 de Febrero de 1858 ambos países se hicieron concesiones pero las cuestiones más imporatntes, de límites, territorios ocupados y navegación, quedaban en el tintero.

Para el Dr. Carlos Antonio López Ynsfrán, Supremo Regente del Paraguay, las cosas eran muy claras: las cuestiones de límites y territorios pendientes con el Brasil tarde o temprano se iban a solucionar, sea cediendo con enorme menoscabo de la integridad y soberanía nacional, sea con una guerra… 

Ramón Carcano escribe en la página 229 de su extensa obra sobre la Guerra del Paraguay, citando una carta del plenipotenciario británico Edward Thornton a su jefe John Russell: «El Presidente temía que la cuestión de límites llevara a una ruptura de los dos países porque el gobierno brasileño se empeñaba en ponerla de lado, mientras él estaba resuelto a que se arreglara, debido a que los brasileños incursionaban continuamente en territorio paraguayo e insistían, sin embargo, en que el asunto se arreglara con el principio del uti possidetis».

Don Carlos, que era de armas tomar, empezó a preocuparse por el rearme del Ejército ante la guerra que veía inminente. En ese mismo instante le estallaron dos crisis: el famoso «Incidente Water Witch» con el Gobierno de EEUU y el «Asunto Canstatt» con el Imperio Británico. Si sumamos a esto un reciente conflicto diplomático sostenido con la Francia de Napoleón III por las dificultades ocurridas en la célebre «Colonia Nueva Burdeos», que se solucionó nuevamente gracias al tacto diplomático de Solano López y su curiosa amistad con el sobrino del Gran Corso, podríamos decir que Paraguay estaba en enormes aprietos en lo que refiere a las relaciones internacionales.

Paso del Paraná por el ejército de Urquiza.

Cada uno de esos episodios merecen ser tratados de manera detenida, aparte, con lujo de detalles que escapan del alcance del presente artículo. Sin embargo, sirve a nuestros fines señalarlos para que el lector pueda entender toda la grave situación que Paraguay vivía en ese momento respecto a su diplomacia, en total punto de ebullición. En breve resumen, citaremos:

1- CRISIS CON BRASIL: Originada en 1849-1850 por el «Incidente de Fecho dos Morros», reavivada en 1854-1855 con la expedición punitiva del Almirante Ferreira contra Paraguay, que fracasó con humillante derrota diplomática a manos del recientemente llegado de Europa, Gral. Solano López. Agriamente censurado en Río de Janeiro, el Almirante Ferreira cae en desgracia y Don José María da Silva Paranhos es reenviado, no sólo a revertir el fracaso sino a firmar una Alianza Militar contra Paraguay, concretada con el Gobierno del Gral. Justo José de Urquiza el 14 de Diciembre de 1857, el ya mencionado «Protocolo de Entendimiento para la Guerra contra Paraguay», base de lo que ocurriría años después. Silva Paranhos y Solano López acuerdan un «status quo ante bellum» en 1858 y por el momento, se evitó la contienda.

2- CRISIS CON EEUU: Edward Hopkins fue el primer Cónsul General y Chargé d’Affaires del Gobierno de EEUU ante la República del Paraguay, estableciéndose en el país en 1851 y buscando iniciar negocios de explotación maderera con la United States and Paraguay Navigation Company. Pero dicha explotación maderera también fue explotación laboral: los trabajadores de Hopkins eran tratados casi como esclavos.

Cabe recordar que la esclavitud en el Paraguay ya estaba de facto abolida desde tiempos del Dr. Francia, aunque quedaban algunos pocos que lentamente fueron siendo libres con las leyes introducidas por Don Carlos Antonio López. Por el contrario, para Edward Hopkins era perfectamente natural, por su degenerada cultura anglosajona y su protestantismo, considerar a sus obreros como su propiedad.


Justo J. Urquiza, Presidente de la Confederación Argentina.

La gota que colmó el vaso fue cuando unos oficiales del Ejército Paraguayo fueron a inspeccionar los abusos cometidos por el Cónsul General de EEUU en su empresa. Hopkins se negó a recibirlos e intentó escapar en su carruaje. Los soldados paraguayos lo pararon, el estadounidense y su chofer se resistieron intentando atropellar a los militares y por toda respuesta, fueron detenidos y el conductor del carruaje azotado a latigazos. Hopkins se salvó del merecido azote por su calidad de diplomático, pero su vehículo quedó confiscado y su empresa clausurada.

En medio de estas peripecias, el buque estadounidense «Water Witch» desobedeció las advertencias paraguayas de no ingresar al país sin autorización y fue cañoneado, quedando fuera de combate y muriendo algunos marinos. Expulsado del país, el estadounidense empezó una campaña de difamaciones, calumnias e injurias contra el Paraguay hasta que en Mayo de 1857, el Gobierno de EEUU ordenó una expedición punitiva: 20 vapores de guerra fuertemente armados con 3.000 soldados liderados por el experimentadísimo Almirante William B. Shubrick. La «Paraguayan Expedition» zarpó de Nueva York el 17 de Octubre de 1858 y llegó a Montevideo el 30 de Diciembre del mismo año.

Los estadounidenses entonces subieron hasta Asunción en tres buques, dejando al resto atrás esperando órdenes. Shubrick y el Comisionado James Bowlin negociaron con los López al llegar a Asunción el 25 de Enero de 1859 y alcanzaron un acuerdo pacífico favorable para ambas partes el 10 de Febrero de 1859 que incluía indemnizar a los marinos muertos y heridos del «Water Witch». La Suprema Corte de los EEUU declaró la inocencia paraguaya tiempo después.

3- CRISIS CON FRANCIA: En 1855, como parte del programa de colonización del Chaco Paraguayo que ya había iniciado en tiempos del Dr. José Gaspar de Francia, unos 400 vascos franceses llegaron para fundar la llamada «Colonia Nueva Burdeos» en la actual Villa Hayes. Pero de estos solamente un cuarto eran agricultores y personas capaces de soportar las condiciones climáticas del país. El resto debió soportar enormes penurias y luego solicitaron auxilio a su Gobierno y al Presidente López. Francia protestó contra Paraguay y envió al buque «Bisson» para intentar rescatar a los colonos. Don Carlos Antonio ordenó al «Tacuarí» que hunda al barco francés, cosa que estuvo a punto de ocurrir.

Pedro Ferreira de Oliveira

El «Bisson» encalló y hubiera ido hasta el fondo del Río Paraguay sin la milagrosa intervención del Cap. Pedro Ignacio Meza, quien remolcó al buque y salvó a su tripulación (lo que le valió que Napoleón III le otorgue la Medalla de Oficial de la Legión de Honor). De los 400 colonos unos 100 permanecieron en la Villa, mientras que el resto fue a las más cómodas ciudades de la Región Oriental y algunos huyeron del país. El Gral. Solano López debió negociar con Napoleón III (quien estuvo a punto de mandar a su flota de guerra contra Paraguay) en un largo intercambio epistolar hasta que la situación de amistad se restableció en 1859.

4- CRISIS CON INGLATERRA: El famoso «Incidente Canstatt» involucró a un espía anglo-uruguayo al servicio de Su Majestad Británica, Santiago Canstatt, descubierto en su intento de asesinar al Supremo Carlos Antonio López. Fue apresado y enviado al calabozo junto a otros que coincidentemente, eran familiares de los llamados «legionarios». De similar manera a lo ocurrido con los franceses, los insolentes británicos mandaron al buque «Little Polly», un vapor mercante, a espiar en el Puerto de Asunción y entrar en comunicación con los conspiradores dirigidos por Canstatt.

Descubierto, intentó escapar pero fue hundido por la marina paraguaya. Ésto generó la ruptura entre Paraguay y Gran Bretaña. El punto álgido de la crisis se dio cuando, al haber concluido la Reunión de San José de Flores, el británico Almirante Eliott ordena capturar al «Tacuarí» en el que se encontraba el Gral. Solano López. Los buques ingleses «Buzzard» y «Grappler» cañonearon a la nave insignia paraguaya y el futuro Mariscal mandó a todos los marinos a sus puestos de combate, dispuesto a enfrentarlos.

De hecho, hubo intercambio de cañonazos de ambas partes pero el Cap. Francis Morice, hombre de confianza del Mariscal López, le pidió que no entre en combate porque «muchos de los marinos de Paraguay eran ingleses y temían por lo que ocurriría con sus parientes en Inglaterra». Esto está documentado… ¡Ah, la perfide Angleterre!

Batalla de Caseros.

El «Tacuarí» regresó a Buenos Aires y cabe decirlo, quedó resguardado por el Gobierno de Mitre hasta que los ingleses, viendo fracasado su intento de captura, se retiraron y el buque insignia paraguayo volvió al país poco después. Por el contrario, el Gral. Solano López debió hacer una penosa marcha por tierra (en esa época) hasta un puerto seguro del Río Paraná, desde donde regresó a Asunción en un mercante privado.

La tensión con Inglaterra se resolvería recién en 1863 luego de la intervención de la Cancillería Francesa y el Lord del Almirantazgo Sir Robert Phillimore, quienes fallaron a favor de Paraguay. Los López se comprometieron a indemnizar por el «Little Polly» y los británicos aceptaron y proclamaron públicamente toda su culpabilidad en el asunto.

Todo este contexto previo debe ser tenido en cuenta a la hora de estudiarse la acción de la diplomacia paraguaya en San José de Flores. De lo contrario uno hace juicios de valor parciales y con mucha ligereza.

Incluso un avezado «lopista» como lo fue Don Juan O’Leary en su obra biográfica «El Mariscal Solano López» afirma, sin tener en cuenta el contexto previo y la situación geopolítica de Paraguay en ese entonces, que los López cometieron un error al haber salvado con el «Pacto de San José de Flores» al Gobierno de Mitre.

A este juicio se suman otros tantos historiadores que no tienen las disculpas que a O’Leary podemos dispensarle, es decir, que ignoran los documentos y hechos históricos que en tiempos de O’Leary se desconocían y que hoy están al alcance de la mano. Mencionaremos todo eso a continuación.

2. La Situación.

Los Generales Urquiza y Mitre peleaban por la supremacía en la Argentina. El 23 de Octubre de 1858 las tropas federales derrotaron a los porteños unitarios en la «Batalla de Cepeda». Parecía que la hora había llegado para los «mitristas»: Urquiza avanzó y se internó en la Provincia de Buenos Aires, ocupando la zona de San José de Flores. Parecía que la Capital Porteña sería víctima de un inminente ataque, pero el líder de los federales prefirió esperar.

Se presentaba una oportunidad dorada para la diplomacia paraguaya: ganar un aliado político, al menos transitoriamente, en ese momento de graves dificultades a nivel internacional con medio mundo. No sabemos lo que pudieron haber conversado López Padre e Hijo, pero podemos imaginar que ambos resolvieron no dejar escapar la chance, ir hasta Buenos Aires y ganarse la amistad momentánea de Mitre y sus lacayos.

Cuartel general del personal en uno de los campamentos del ejército de Juan Manuel de Rosas, Argentina, dibujo de Jean-Baptiste Henri Durand-Brager

Era una manera de equilibrar una balanza que, como dijimos, a nivel internacional estaba muy inclinada contra Paraguay. Recordemos que el Gobierno Paraguayo, en sus relaciones exteriores, siempre apeló al concepto del «Equilibrio del Río de la Plata», es decir, que nunca exista una inteligencia política plena entre los potenciales enemigos del país, el Imperio de Brasil y la Confederación Argentina. Sin embargo, dada la firma del «Protocolo de Entendimiento para la Guerra contra Paraguay» de 1857 entre Silva Paranhos y los representantes de Urquiza, la cosa se veía enormemente peligrosa, negra estaba la morcilla.

Ya el 6 de Abril de 1857, según Atilio G. Mellid, el Presidente López había enviado una carta a Urquiza diciéndole que Paraguay y Buenos Aires mantenían relaciones amistosas, sin contratiempos y que no serían los paraguayos quienes rompan la situación con los porteños. El ojo avisor de Don Carlos se adelantaba a los hechos, además, sabía que el Caudillo Entrerriano no era de confianza, todo lo contrario.

Resulta curioso, sin embargo, que el autor de la portentosa obra «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay», que tan tenaz y contundentemente defendió la causa del Mariscal López, no haya comprendido la necesidad del Gobierno de Paraguay en ese momento, que era encontrar aliados políticos ante los problemas muy reales que enfrentaba, que los tenía delante de las narices.

Escribe Atilio G. Mellid en su implacable obra mencionada, volumen II páginas 158-159:

Batalla de Santos-Lugares (Caseros).

«En 1857, Brasil envió al Río de la Plata la misión Paranhos, la que despertó fundadas sospechas en todos los ambientes paraguayos. El Cónsul (de Paraguay) en Buenos Aires, Don Buenaventura Decoud, escribió al Presidente López (Decoud a López. Buenos Aires, 5 de Octubre de 1857. Biblioteca Nacional de Río de Janeiro) transmitiéndole las noticias alarmantes que llegaban de Entre Ríos. Según las mismas, se evidenciaba que los brasileños y Urquiza estaban decididos a declarar la guerra al Paraguay pues los preparativos que se estaban haciendo eran idénticos a los que en su momento se habían organizado contra Rosas. Los documentos prueban que el tema de la guerra contra Paraguay estuvo presente en los debates y que Urquiza patrocinó esa idea. Rápidamente concertó Paranhos los convenios que se proponía, de acuerdo a los textos que traía redactados, a los cuales adhirieron sin reservas los plenipotenciarios de Urquiza».

«En lo que aquí nos interesa, se deduce que el Gral. Urquiza había planteado, por intermedio de sus plenipotenciarios, la cuestión de llevar la guerra al Paraguay para resolver los problemas de fronteras. Con este motivo, Paranhos le escribió una carta harto reveladora (Paranhos a Urquiza. Paraná, Enero de 1858. Archivo Nacional de la Nación Argentina, Archivo Urquiza, Legajo 57):

 ’’La guerra, decían mis ilustres colegas, debe poner término a todas las cuestiones con el Paraguay, sin lo que no sería popular en la Confederación. Concordé prontamente con este pensamiento, pero no pude convenir en que el término de la guerra quedase dependiente del reconocimiento que el gobierno paraguayo ha rehusado obstinadamente en cuanto a las verdaderas fronteras de los dos países…

Una guerra que realizase estos grandes fines y pusiese a cada gobierno en circunstancias de ocupar su territorio contestado, no sería impopular en ninguno de los dos países. El recelo de que el Paraguay se levantase más tarde contra esta ocupación es infundado. ¡El golpe, si Paraguay lo provocase, sería muy fuerte para que pueda levantarse muy pronto!’’. La idea de exterminio del Paraguay ya estaba latente en esos audaces negociadores».

Agradecemos eternamente a Don Atilio García Mellid haber despedazado y pulverizado de manera irrebatible los argumentos liberal-masónicos contra la Historia del Paraguay en su fascinante obra. Pero, por una vez, debemos señalar una contradictio in terminis de su lógica, brillante pero no perfecta: si Urquiza ya había acordado con Brasil llevar la guerra al Paraguay en el «Protocolo de Entendimiento» de 1857:

Juan Manuel de Rosas.

¿Qué debía hacer Paraguay al respecto? ¡Dejar que Urquiza derrote a Mitre y así, con el control total de la Argentina, preparar su guerra contra Paraguay, que ya la tenía firmada y acordada con Don José María da Silva Paranhos! Por supuesto que, con los datos que la inteligencia paraguaya manejaba en ese entonces, hubiera sido un terrible error permitir que el Caudillo Entrerriano y sus viejos aliados brasileños se salgan con la suya.

Son las propias evidencias documentales presentadas por Don Atilio las que lo condenan. Urquiza quería atacar Paraguay en 1857. Los López estaban perfectamente informados de ello gracias al Cónsul Decoud en Buenos Aires. Además, Paraguay se hallaba enormemente asediado por varios inconvenientes internacionales que ya citamos varias veces. ¿¡Qué alternativa teníamos entonces si no era «salvar» el pescuezo de Mitre!?

Fue eso mismo lo que hicieron los López. Vieron la oportunidad para desactivar varias bombas que tenían a su alrededor. Mandaron al Gral. Solano López hasta Buenos Aires. Urquiza se asustó, temió que Paraguay y Buenos Aires se alíen en su contra y lo destruyan y tuvo que ceder de sus intenciones de atacar Paraguay en conjunto con Brasil. Mitre por su parte logró recuperarse y vencer de manera decisiva a Urquiza en la Batalla de Pavón, el 17 de Septiembre de 1861.

Muchos dicen que en esta Batalla de Pavón hubo más «acuerdo masónico» entre los adversarios que combate, que ambos líderes posteriormente hablarían de que el «genio invisible» hizo que las espadas vuelvan a las vainas y que se unan en una bandera común, la misma que en la Batalla de Caseros contra el Gral. Juan Manuel de Rosas, los arropó. ¿Se pasaron la posta, quizás? ¿Urquiza y Mitre, por mandato luciferino, acordaron dar la victoria a Buenos Aires a cambio de que se prepare el escenario para la Guerra contra Paraguay?

Esas preguntas pertenecen al mundo de lo especulativo.

Mitre y Solano López años después, primero aliados, luego enemigos. Cosas de la vida.

Lo cierto es que el Gral. Solano López, con su participación estelar en San José de Flores, no sólo consiguió la unificación de la Confederación Argentina luego de extensas negociaciones que tomaron sudores, desvelos e inmensos sacrificios de orgullo en todas las partes (por lo demás, sólamente algo de inmensa importancia para el Gobierno de los López podía explicar el ahínco que se puso para pacificar en ese momento a los Argentinos).

Además, ganó tiempo para Paraguay, tiempo que sería utilizado para el rearme, para la preparación, para adquirir material y quizás, si otra oportunidad surgía, seguir evitando la guerra que sus enemigos tantas veces buscaban llevarle. Una vez más, Don Francisco Solano López Carrillo demostraba su «uña de guitarrero», su enorme genio para la diplomacia y la negociación pacífica en pos de los intereses nacionales. ¡Nunca más tuvimos diplomáticos de la talla de los que había en tiempos de los López!

Pero hasta los más recalcitrantes mitristas, como el Dr. Ramón Carcano en las páginas 300-301 de su obra ya citada, reconocen la gran habilidad de diplomático de Don Francisco Solano López Carrillo, que llegó a su máximo esplendor en San José de Flores:

«El Gral. Solano López redobló empeños. Debido a su tacto y eficacia admirables la grande y complicada cuestión de la secesión, que amenaza dividir a la República, se debate directamente entre los mismos combatientes con la mediación de una nación vecina y noblemente inspirada, sin propositos de anarquizar, mutilar o absorber (…). Las cualidades superiores de un negociador son personalísimas y excepcionales.

Francisco Solano López

El Gral. López preside las reuniones con extraordinario tacto. Usa, como mediador, del derecho que posee para encamiunarlas y dirigirlas. Consigue que se acuerde que sólo serán materias a discutirse las que él proponga y no las que las partes recíprocamente indiquen. Urquiza garantiza todas las franquicias para deliberar pero no concede un armisticio por innecesario y peligroso. Cinco conferencias se suceden y a veces parece inminente la ruptura. Por fin, el 11 de Noviembre de 1859 se firma el Pacto de Unión Nacional en San José de Flores. Las bases son redactadas por el mediador Solano López, dentro de las condiciones presentadas por ambas partes: Buenos Aires se reincorpora a la nación y jura la Constitución reformada del 53. Se camina hacia la unidad definitiva, indivisible y solidaria.

Se alcanza esta fecunda etapa de nacionalismo y cultura mediante los oficios oportunos y cordiales de una potencia americana, vecina y amiga. Con pleno conocimiento del medio, contribuye a terminar la guerra civil más larga y ruinosa de Sudamérica. Es un esfuerzo magnífico de penetración psicológica y sentido político: un ejemplo de buen negociador y sabia negociación».

Todos sabemos además cómo fue celebrada su participación. El Gral. Urquiza le regaló la Espada de Caseros, mientras que el Gral. Mitre y sus acólitos le hicieron marchar como un héroe por las calles de Buenos Aires, con álbumes y dedicatorias a su nombre… Esta es historia conocida hoy en día. Pero como ya dijimos, más allá de las posibles buenas intenciones paraguayas con los argentinos, el Gobierno de los López muy probablemente operó en defensa de sus propios intereses: desbarató los planes brasileños y de Urquiza dando poder a los porteños.

Jugada peligrosa, ciertamente, pero que se ajustaba a las acuciantes necesidades del momento. ¡No tardaron los ingleses en cañonear al «Tacuarí» luego de la brillante victoria diplomática de Solano López!

Existe una tendencia historiográfica que es absolutamente maniquea y sesgada: estudiar siempre las actuaciones de los Gobernantes Paraguayos de 1810-1870 como si fuera que ellos eran incapaces de esbozar planes estratégicos, de reconocer con precisión la situación geopolítica en la que se hallaban envueltos, de poseer un efectivo sistema de información e inteligencia militar, de actuar en consecuencia y tener suficiente capacidad como para desarticular los planes esbozados por sus enemigos.

Para esta «escuela histórica», que lastimosamente supo contaminar a mentes poderosísimas como O’Leary o García Mellid, los López nunca ejecutan acciones con intelecto y sabiduría, siempre «se salvan de casualidad» o por «errores de los otros», siempre se encuentran en plan reactivo y sumamente pasivo, y para todo lo que ellos hagan, incluso cuando es favorable en gran medida, hay miles y miles de cuestionamientos.

El Pacto de San José de Flores, por la mera nobleza del acto (como se trata de presentarlo) debería ser motivo de orgullo y felicitaciones por la política pacifista y conciliadora que Paraguay presentaba ante sus vecinos, siempre aleves y traicioneros. Sin embargo, ante la abrumadora evidencia de que los López estaban en pleno conocimiento de las intrigas brasileñas con Urquiza, es necesario agregar otro tipo de explicaciones para las acciones que se llevaron a cabo, sobretodo teniéndose en cuenta el contexto internacional de Paraguay en ese instante, bastante tenebroso por donde se lo mire.

Iglesia de San José de Flores. (1831-1879). Fuente: revisionistas.com.ar

Así visto, lo que hicieron los López en el Pacto de San José de Flores no fue otra cosa sino evitar la guerra inminente contra Paraguay. Al menos, posponerla hasta mejor ocasión.

Aquí volvemos a preguntar, como en otras ocasiones: ¿Acaso es esto imposible? Sólo Dios sabe lo que el «Rey» Don Carlos y el «Príncipe» Francisco Solano hablaban en la intimidad. No se puede descartar la idea de que el «Pacto de San José de Flores» fue una «ganada de mano» por parte de Paraguay contra las pretensiones de hacerle, ya en 1857, la guerra. Se dio una oportunidad de escapar, y se consiguió. Repetimos: ¿Acaso es imposible pensar de esta manera?

Creemos que no. Desde luego, podemos equivocarnos pero eso… Sería otra historia.

Busto del Mariscal Francisco Solano López. || nanduti.com.py

3. Fuentes.

*Báez Valenzuela, Rodolfo (2017): «El Mariscal Francisco Solano López: Artífice de la Unificación Argentina». Asunción, Paraguay: Editorial Arandura.

*Carcano, Ramón (1939): «La Guerra del Paraguay: Orígenes y Causas». Buenos Aires, Argentina: Domingo Viau y Cia. Editores.

*Castagnino, Leonardo (2011): «Guerra del Paraguay: La Triple Alianza contra los Países del Plata». Buenos Aires, Argentina: Ediciones Fabbro.

*García Mellid, Atilio (1964): «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay» en dos volúmenes. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Theoria.

*Nabuco, Joaquín (1970): «La Guerra del Paraguay». Buenos Aires, Argentina: Editorial de Belgrano.

*O’Leary, Juan (1970): «El Mariscal Solano López». Asunción, Paraguay: Casa América Editorial.

*Schmitt, Peter A. (1990): «Paraguay y Europa 1811-1870». Asunción, Paraguay: Editorial El Gráfico S.R.L.

*Ynsfrán, Pablo Max (1988): «La Expedición Norteamericana contra el Paraguay 1858-1859». Asunción, Paraguay: Carlos Schauman Editor.

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2 comentarios en “San José de Flores: Victoria Paraguaya

  • el 01/11/2019 a las 10:47 am
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    Aca hay un pequeño olvido, Paranhos no habia aceptado la pretension argentina de llevar sus fronteras hasta Bahia Negra, solo habia aceptado desde el Pilcomayo hasta el rio Bermejo, lo que a Urquiza no agrado, pues queria todo el Chaco. Si el Imperio hubiese aceptado las pretensiones de la Confederacion Argentina, la guerra , tal vez se hubiese iniciado mas pronto, pero de nuevo la habilidad diplomatica de F. S. Lopez impidio eso, ya que llego a un acuerdo con Paranhos. Luego de todo esto, vino el desentendimiento entre Urquiza y Mitre, donde Lopez tuvo una destacadisima actuacion.
    Lastimosamente los Lopez no contaron con la conducta hipocrita del general Bartolome Mitrea y Urquiza , ya que ambos tenian fija la misma idea: la de «recuperar» a la Provincia del Paraguay. Tampoco se prepararon convenientemente para la guerra, las compras de armas que hicieron, eran las necesarias para mantener en huenas condiciones al ejercito, todo lo contrario a lo que hiciera el Imperio, quien en 1857, ya habia enviado al marquez de Abrantes a Europa para negociar la compra de 100 mil fusiles y 10 barcos de guerra de poco calado, para evitar el desastre de la mision punitiva del almte. Pedro Ferreira de Oliveira. Y en 1860 se nombro a Caxias como el encargado de reorganizar y modernizar al ejercito imperial. En 1862, la Armada Imperial, ya era dueña del Rio de la Plata. Una vez Mitre en el poder, todo les fue mas facil a ambos en sunteneroso plan subterraneo en contra del paraguay.

    Respuesta
  • el 03/11/2019 a las 9:45 pm
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    Que impresionante la información, agradezco que puedan compartir y podamos acceder a unos datos no muy conocidos

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