Un desconocido héroe paraguayo: El Almirante Domecq

Un desconocido héroe paraguayo: El Almirante Domecq

Paraguay tiene a sus héroes legendarios que trascienden al espacio tiempo, despertando pasiones en propios y extraños; y también tiene a otros que son grandiosos pero no muy conocidos.

Uno de los grandes no muy conocidos de nuestra historia es el Almirante Manuel Domecq García. ¿Quién fue este señor?

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Nacido el 12 de Junio de 1859 en Tobatî, hijo del médico militar paraguayo Tomás Domecq (fallecido en combate en la Campaña de Humaita durante la Gran Guerra) y la residenta Eugenia García Ramos de Domecq, quién probablemente murió combatiendo en la Batalla de Piribebuy. El niño Manuel fue soldado del Ejército Paraguayo ya a la tierna edad de 9 años, sirviendo como acarreador y mensajero.

Es muy probable que haya participado junto a su madre en la misma Batalla de Piribebuy, pero queda fuera de toda duda que fue uno de los «niños soldado» en la mítica Batalla de Acosta Ñu, el 15 de Agosto de 1869. Con sólo 10 años de edad, tomó el fusil y enfrentó a las tropas aliadas.

Fue uno de los pocos niños supervivientes del sangriento combate, junto a otros niños que terminarían, igual que él, haciendo historia en el Paraguay de Postguerra (como Emilio Aceval, futuro Presidente de la República, y Silvestre Fernández, padre de Emiliano R. Fernández el épico poeta).

Fue tomado prisionero por los brasileños. El niño Manuel varias veces intentó escapar y unirse a las tropas del Mariscal López, pero evidentemente no tenía la fuerza suficiente para lograrlo.

Cabe recordar que miles y miles de niños paraguayos fueron tomados como «legítimo botín de Guerra» por los esclavistas brasileños, y probablemente ese hubiera sido el destino de Manuel Domecq si no fuera por la intervención de su tío José Segundo Decoud (el legionario que vivía en Argentina y sirvió a la Triple Alianza).

El caso del niño Domecq fue todavía más increíble porque, por esas casualidades del destino, quedó en manos ¡del mismísimo Duque de Caxias, quién lo quiso adoptar! Afortunadamente sus parientes dieron con él y Caxias cedió al desesperado pedido de regresarlo a su familia.

Pero como es sabido, el Paraguay estaba hecho ruinas y no quedó otra cosa para Domecq y sus parientes sino emigrar a la Argentina…

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El niño soldado terminó siendo admitido en la Marina Argentina, donde destacaba por su fortaleza y gran capacidad de hacer cumplir órdenes. Era la estirpe paraguaya…

A pesar de que sufrió mucho por las burlas que recibía por «ser Paraguayito», lo cierto es que los argentinos lo abrazaron como si fuera de los suyos, y el joven Domecq García también amó a la Argentina como su segundo hogar.

Para 1904 ya había ascendido a Capitán de Navío, ganándose la confianza de los altos mandos militares de Argentina. Tanto es así que participó directamente en varias operaciones de construcción de buques navales y submarinos para el vecino país, siendo él mismo el fiscalizador y diseñador de muchos proyectos realizados en Europa.

Un par de los buques que él mismo diseñó, por esas vicisitudes del destino, terminaron siendo vendidos al Imperio del Japón al momento de estallar la «Guerra Ruso Japonesa».

El Capitán Domecq García fue personalmente a entregar los buques a la Flota Nipona, y viendo los japoneses la experiencia del marino paraguayo y la necesidad de tener a alguien que conociera de los nuevos buques, le pidieron que sirviera como «observador neutral» (lindo eufemismo bélico) dirigiendo las operaciones de los citados cruceros de guerra, que eran en verdad poderosos para la época.

El Gobierno Argentino accedió a dicha solicitud y así fue cómo un Oficial Paraguayo sirviendo para la Marina Argentina, participó nada más y nada menos que de la «Guerra Ruso Japonesa» comandando (como observador «neutral») los buques que él mismo hizo construir.

A finales de 1906 regresó a Buenos Aires, dónde fue aclamado como un verdadero héroe y ascendido al rango de Contralmirante de la Marina Argentina.
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Imagen: El Almirante Manuel Domecq García.

Manuel Domecq García nunca olvidó sus raíces paraguayas. Incluso cuando le tocó ser miembro y Presidente Provisorio de la Liga Patriótica Argentina (recientemente fundada), a pesar de ciertas dulces burlas que recibía de sus amigos bonaerenses (que le admiraban de corazón a pesar de todo), él siempre respondía según cuenta la leyenda, recordando a sus padres y a su Patria con los versos que se le atribuyen:

«Yo soy paraguayito,
No niego mi nación;
A papá le doy un beso,
A mamá mi corazón».

Un verdadero héroe de leyenda, de esos que sólo Paraguay puede crear… Y vale repetir que los argentinos, lejos de despreciarlo, en verdad lo amaban.

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Llegó a ser Ministro de Guerra de la República Argentina al alcanzar el rango de Almirante de la Flota. Caso muy peculiar en la historia del vecino país (pero que también se dio en Paraguay, donde hubo nada menos que Presidentes de la República que eran argentinos de nacimiento).

Durante la Guerra del Chaco, se dice que la Marina Argentina apoyaba abiertamente al Paraguay y esto era por la influencia del Almirante Domecq, que no sólo hizo eso sino también creó varias organizaciones en Buenos Aires para enviar provisiones, medicamentos y armas de contrabando al Paraguay. La más famosa de ellas fue la Pro Cruz Roja Paraguaya en Buenos Aires.

El Gral. José Félix Estigarribia sabía que tenía un inapreciable aliado en la persona del Almirante Domecq, y juntos se comunicaban constantemente durante la guerra. Y al concluir las hostilidades, fue Domecq García quién (junto a Carlos Saavedra Lamas) tuvo un rol gravitante a favor de Paraguay en las negociaciones de paz, a pesar de los pesares.

Gran amigo del Gral. Estigarribia, varias veces lo visitó personalmente en Paraguay. Cuándo fue exiliado el Líder del Chaco por las vicisitudes políticas del país, Domecq García lo recibió mucho tiempo en su propia casa. Y cuándo Estigarribia regresó al Paraguay, se escribían mutuamente. Domecq García le daba los mejores consejos que podía dar, le pedía encarecidamente a Estigarribia que «hiciera la paz interna del país, que tanto la necesitaba, dejando de lado rencillas y luchas, y volviendo al trabajo con la azada, el arado y la industria».

Lastimosamente, el Gral. Estigarribia falleció al año de Gobierno en un triste y misterioso accidente de aviación…

Y también llegaría la hora del Almirante Domecq, el 11 de Enero de 1951, siendo llorado enormemente en Argentina, pero pasado desapercibido en Paraguay (hasta hoy prácticamente).

Nada nuevo bajo el ardiente sol paraguayo, que sabe siempre despreciar a sus grandes héroes. Agustín Pío Barrios o los mismos Mariscales del Paraguay podrían hablarle de esto con mucha propiedad al Almirante Domecq…

Emilio Urdapilleta

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