El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Paraguay

Un paraguayo que peleó la Primera Guerra Mundial

Hay muchos personajes de vida con tinte novelesco y gran importancia para la historia reciente del Paraguay.

Entre ellos podemos destacar, sin duda alguna, al Cnel. Arturo Bray Riquelme, al que simplemente conocemos los amantes de las letras paraguayas como Don Arturo Bray.

Arturo Bray. Porta Guaraní.

Nacido el 1 de Abril de 1898 en Asunción del Paraguay, hijo de un migrante inglés y una paraguaya descendiente de uno de los últimos soldados del Mariscal López, superviviente de la Campaña de Amambay, gozaba el joven mozalbete de una acomodada posición económica que le permitió educarse en el Colegio San José de Asunción y posteriormente, luego de pasar por tiempo breve en Buenos Aires, es enviado a la capital de Gran Bretaña, a la sazón la primera potencia de la época con su vasto y extenso Imperio Colonial.

Su objetivo era estudiar medicina y probablemente así lo hubiera hecho de no haber estallado la Primera Guerra Mundial en 1914. Bray ya había tenido experiencias de entrenamiento militar tanto en Paraguay como en Inglaterra, pero tras un breve adiestramiento fue enviado como parte del Ejército Expedicionario Británico a Francia.

Le cupo el honor (y también la desgracia) de haber participado en las dos batallas más sangrientas que enfrentó el Ejército Británico en la Gran Guerra de 1914-1918: primero en el Marne, ofensiva que terminó con una importante pero pírrica victoria de los Aliados. Posteriormente, conocería la mayor derrota militar en la historia inglesa, en los campos del Somme, que se convirtieron en paradigma de la terrible guerra de trincheras y en donde fueron hechos picadillo decenas de miles de ingleses en menos de seis horas, en un ataque que le recordaría lo que vivió la Triple Alianza contra Paraguay en la Batalla de Curupayty.

Tanto en Marne como en Somme resultó herido y portaba las cicatrices de esas batallas con orgullo, como el que podía representar las condecoraciones militares que recibió, probablemente por su condición de extranjero al servicio de Gran Bretaña en la Gran Guerra: la Medalla Británica de la Guerra (con la efigie del Rey Jorge V), la Medalla de la Victoria y la Croix de Guerre Francesa (con palmas, es decir, con múltiples citaciones por valor en el campo de batalla). De hecho, al terminar la PGM tenía rango de Teniente Primero de Infantería, lo que para un paraguayo que fue a Inglaterra como estudiante de medicina, no era poca cosa.

Arturo Bray. Wikipedia.

Regresó al país en 1921, poco antes del estallido de la Revolución de 1922-1923, en la que se rehusó a unirse al bando rebelde por considerarse un militar «institucionalista», siempre en defensa de la Ley y el Orden en la República.

Participó en varias oficinas gubernamentales antes de la Guerra del Chaco, hizo un curso de especialización militar en Francia y mientras fue Director de la Escuela Militar, hizo importantes contribuciones para la modernización y adquisición de equipos y materiales para el Ejército. Fue allí donde empezó abiertamente su reivindicación a la figura del Mariscal López, en discursos épicos y líricos que eran preludio de lo que posteriormente sería su brillante prosa como historiador. El 5 de Marzo de 1931, por ejemplo y en contra de las costumbres de la época (pues entonces todavía estaba prohibido reivindicar en lugares públicos a Solano López, aunque en honor a la verdad muy pocos ya respetaban esa ordenanza que era letra bien muerta), hizo una arenga fervorosa a los soldados que egresaban, recordándoles el ejemplo que siempre debían seguir en sus vidas como militares:

«Si queréis hacer un acopio generoso y fecundo de todas las virtudes que dieron temple a nuestra raza, recordar a aquel paraguayo inmenso de inmensa voluntad, que por espacio de cinco años fue alma y nervio de la resistencia nacional; aquel soldado de hierro que vencido, herido y prisionero con las entrañas destrozadas por un feroz lanzazo y la vida palpitante que se le va entre las aguas sanguinolentas del Aquidabán, tuvo el supremo coraje de legarnos un testamento de Gloria con aquella frase que es grito de agonía y emblema de resurrección: ¡MUERO CON MI PATRIA! No permitáis que el desengaño y la desilusión gravite sobre vosotros malogrando vuestros ardores juveniles; permaneced siempre jóvenes en vuestros ideales; y sed siempre alegres, confiados y optimistas. Esta casa sigue siendo la vuestra y os desea, que en el atardecer de la vida, podáis acercaros a ella, tal como ahora os alejáis: con la frente erguida y la espada limpia!».

Tuvo momentos polémicos como cuando asumió la Dirección de Policía tras los luctuosos incidentes del 23 de Octubre de 1931, en el que aplicó mano dura para restablecer el orden. Y durante la Guerra del Chaco, su actuación se encuentra en medio de luces y sombras: fue Comandante del R.I.6 Boquerón, el que sufrió con más dureza la Batalla por la conquista del famoso Fortín del mismo nombre el 29 de Septiembre de 1932, siendo los primeros en entrar en la plaza rendida por los bolivianos.

Arturo Bray presenta sus credenciales al General Francisco Franco, por entonces, dictador de España, quien levanta el brazo.

Pero también sufrió un duro revés en la Batalla de Gondra, específicamente en la zona de Pirizal, lo que permitió el escape de gran número de bolivianos que habían sido cercados por el plan original del Gral. José Félix Estigarribia. Esa derrota le costó ser enviado a la retaguardia.

Finalmente, ya con el rango de Coronel, le tocó sufrir el exilio tras las revoluciones de Rafael Franco y el Gobierno de Higinio Morinigo (contra el que conspiró varias veces desde Buenos Aires), ambos fueron sus compañeros en la Guerra del Chaco.

Fue diplomático ante los Gobiernos de Chile, Portugal y España. A este último lo admiraba de manera peculiar y conoció el Gobierno del Gral. Francisco Franco Bahamonde, con el que llegó a simpatizar ligeramente por su firme anti comunismo y sus intentos de restaurar la tradición hispana, a pesar de que Bray instintivamente era contrario a las fuerzas del Eje Roma Berlín. Dejó escritas sus impresiones en la obra «La España del Brazo en Alto».

Pero es más conocido por su brillante biografía del «Mariscal de Nuestra Historia», como él mismo dice. «Solano López: Soldado de la Gloria y el Infortunio», que es una reivindicación del Héroe Máximo del Paraguay, que con sus luces y sombras, indudablemente para Bray, era la representación de todo lo heroico y trágico, todo lo sublime y bello de la resistencia nacional contra la Triple Alianza. Aunque tiene algunos errores históricos, disculpables por la época en que hizo la obra, su postura favorable a López es notable y en general tiene gran valor como las opiniones fundamentadas de un verdadero y curtido guerrero.

También escribió otras tantas obras que destacan por su prosa elegante y versátil, como «Armas y Letras», «Militares y Civiles», «Hombres y Épocas del Paraguay» entre otras publicaciones de gran estilo literario e importancia histórica.

Lo último que queda mencionar sobre esta interesante personalidad es que fue maestro del Gral. Alfredo Stroessner, él personalmente lo hizo ascender al rango de Teniente por su actuación para la toma del Fortín Boquerón pero paradójicamente, se volvieron adversarios tras la toma de poder del Gral. Morinigo en 1940. Sin embargo, hubo tiempo para la reconciliación: el Cnel. Arturo Bray Riquelme regresó de su largo exilio en Buenos Aires en 1969 siendo recibido con todos los honores por el entonces Presidente del Paraguay. Falleció en Asunción el 2 de Julio de 1974.

Sin lugar a dudas, con las «Armas y Letras», se ganó un lugar de respeto en la historia paraguaya.

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