Yacaré Valija

Yacaré Valija

Al igual que en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864-1870), la Guerra del Chaco (1932-1935) produjo héroes de toda índole para ambos bandos.

Desde luego que los paraguayos supieron prevalecer gracias a la gran valía de sus oficiales, la bravura sin par de sus soldados, el espíritu nacionalista del pueblo que invocaba la gloria de «López tiempo-pe guaré» y una dirigencia política que, cuando las papas quemaban, dejó de lado todo sectarismo político y se puso en marcha, en la medida de sus posibilidades, para la defensa de la soberanía nacional.

¡Oh, parece que eso fue hace tanto tiempo y sin embargo, de la Guerra del Chaco aún siquiera ha pasado un siglo! Con luces y sombras desde luego, los políticos de entonces hicieron lo que pudieron en pos de la Patria y su heredad territorial. Hoy, tenemos jueces y mandatarios que sucumben ante la más mínima presión y quizás bajo los más sórdidos sobornos de potencias, ONGs y entes supranacionales en detrimento de nuestra libertad… En fin. No hablemos de ellos ahora.

El 1 de Junio de 1893 nacía en Concepción un personaje que venía tocado para ser leyenda. Fue bautizado católico como Manuel Irala Fernández, pero el pueblo paraguayo le daría su inmortal sobrenombre: «Yakaré Valija».

Lo suyo siempre fue la carrera de las armas, pero no le gustaba ser un «engalanado oficial». Quería siempre estar metido entre el pueblo. Ese era su fuerte, decía. Tanto es así que congeniaba con todo el mundo: políticos, militares, embajadores, caciques, chamanes, obispos, laicos… Las anécdotas sobre Yakaré Valija son muchísimas y harían falta libros enteros para hablar sobre él.

Es por ejemplo más que conocida la «rivalidad» que tenía con el futuro Cnel. Arturo Bray. El Cap. Irala Fernández lo acusaba de ser «arriero fifí, kuña’i» (hombre afeminado, marica), a lo que Bray respondía con sutileza «oimene che fifí porque nda’úi caña lopi ndéichagua» (quizás soy afeminado porque no bebo caña lopi como vos).

A pesar de todo eso, Bray e Irala Fernández se respetaron mutuamente, aunque al estallar la Guerra del Chaco, durísimas fueron las críticas que el Cnel. Bray tuvo por su conducción y Yakaré Valija no dudó en bautizar a los hombres conducidos por el paraguayo de ascendencia británica como «Regimiento Señorita».

Yakaré Valija ya era famoso mucho antes de la Guerra del Chaco. En tiempos del «Varón Meteórico», el enigmático Cnel. Albino Jara, ya prestó valiosas cooperaciones siendo soldado raso. Todos le conocían como el más intrépido de los patrulleros, que como un verdadero fantasma aparecía y desaparecía del campamento enemigo (Irala Fernández siempre sirvió a las fuerzas legalmente constituidas). Pero su gran momento llegó durante la sangrienta «Revolución de Chirife» (1921-1922).

Allí, el entonces Cabo se escabulló en el mismísimo campamento del Coronel Adolfo Chirife, el carismático líder rebelde. Sin que jamás pudieran percatarse, Yakaré Valija ya les había robado toda la documentación y gran cantidad de dinero en pesos bolivianos que encontró en el escritorio del Estado Mayor de los sublevados. Introdujo todo lo que pudo en su poncho y a falta de espacio de tantos documentos y dinero que hurtó, debió robar la que según algunos, era también valija del Cnel. Chirife.

Cuando regresó a su campamento, arrojó de su poncho todos los documentos y abrió la valija que tenía montón de dinero con el que los rebeldes financiaban su campaña. Ese dinero fue repartido a los soldados y todos empezaron a gritar: «Viva Yakaré Valija». Ese fue el origen de su apodo, pues todos lo vieron arrastrarse por los esteros como un verdadero y terrible yakaré, asestando letales zarpazos sorpresivos a sus adversarios y robando cuanta información fuera valiosa para la inteligencia militar.

Se dice que fue el mismo Gral. José Félix Estigarribia, que sirvió con él en ambas revoluciones, de Jara y Chirife, quién le otorgó dicho marcante. Cuando Estigarribia volvió de Francia y por propia iniciativa se predisponía para reconquistar el Chaco que los bolivianos lentamente estaban usurpando, dicen que visitó personalmente a Yakaré Valija. El famoso patrullero y espía trabajaba como centinela en el Chaco Paraguayo y conocía todos los «caminos secretos» que los chamanes guaraníes le enseñaban.

Estigarribia le pidió que fuera su «Ayudante de Campo», pero en parte agradecido y en parte desafiante, Irala Fernández le contestó: «che ndaha’éi oficial galleta de oficina, mi Coronel; frente renonderãme chemoî» (yo no soy oficial galleta de oficina, Coronel; póngame en frente del frente).

El Gral. Estigarribia, que sabía del valor de ese guerrero, siguió esa recomendación. Le ascendió a Sub-teniente y le dio los mejores hombres comando para hacer sus patrullas y espionaje detrás de las líneas enemigas.

Al terminar la guerra, Yakaré Valija tenía el rango de Capitán de Infantería y fue comandante provisorio del R.I. 16 «Mariscal López», bautizado así por el mismo Gral. Estigarribia, quién desafió las prohibiciones de la época que no permitían exaltar públicamente la figura del Héroe Máximo, dando ese nombre a dicho regimiento (aunque hay que decir que Eligio Ayala y José P. Guggiari ya habían permitido la lenta pero segura reivindicación del Mariscal López, en los 1920s).

Intrépido y talentoso militar, Irala Fernández se destacó en tantas acciones que sería difícil resumir todo. Juan E. O’Leary, el famoso cantor de las glorias nacionales, en una entrevista dada para un periódico de la ciudad de Concepción, villa natal de Yakaré Valija, afirmó sobre él lo siguiente:

«Su máxima proeza fue en la Batalla de Fortín Toledo, en donde prácticamente sólo se escabulló tras las líneas enemigas y como los héroes de nuestra gran epopeya del 70, capturó a todo un escuadrón; allí se hallaban importantísimos documentos que fueron fundamentales para la victoria en Toledo y otras acciones posteriores».

Se dice que durante la Guerra del Chaco sufrió por lo menos «diez y siete heridas contadas», pero algunos las elevan al triple durante su vida.

Ingavi fue otro lugar donde se destacó, en esa última gran batalla y victoria paraguaya de la contienda chaqueña, tras el fiasco de Villa Montes.

Cuando el legendario «Destacamento Cazal» quedó rodeado y a punto de ser aniquilado por los bolivianos, el Tte. Cnel. Cazal se encontró con Yakaré Valija y le dijo:

«nde etopavaerã moõgui ñasêta, ha oime machetepúpe ñamoperõta mandi’óicha umi bolí»

(vos simplemente encontrá por dónde podemos salir, y nosotros aunque sea al machetazo limpio vamos a pelar como mandioca a esos bolivianos).

Irala Fernández, que luego de haber sido ametrallado en Charagua y recibido siete tiros de una ametralladora Vickers (según el historiador Alejandro Mazacotte), haciendo un esfuerzo supremo se reintegró al Ejército y cumplió con el pedido del Cnel. Cazal.

El bravo Destacamento no sólo rompió el cerco, sino que convirtió una inminente derrota en aplastante victoria paraguaya, haciendo avanzar a las fuerzas nacionales hasta el Fuerte Ravello.

Yakaré Valija continuó peleando incluso con heridas mal curadas. Eso a la larga repercutió de manera brutal: le debieron amputar una pierna. A eso debemos añadirle las penurias que sufrió por parte de los gobiernos de la postguerra chaqueña: como Irala Fernández nunca apoyó a ningún partido político, tanto liberales como febreristas y colorados le veían con malos ojos y le mandaron al exilio, en Formosa, donde debió ganarse la vida como canillita.

Hay que decirlo, sólo en tiempos del Gral. Stroessner tuvo una reivindicación, se le reconocieron sus grados militares (Capitán de Infantería de Reserva) y se le otorgó pensión de veterano.

Falleció en Luque, su ciudad adoptiva, el 2 de Abril de 1979. La casa donde vivió es patrimonio de dicha ciudad gracias a la acción de su nieto adoptivo, pues como ocurre generalmente en nuestro país, el Estado poco o nada hace para enaltecer y preservar la memoria de nuestros grandes héroes.

En fin… Esa es otra historia…

Emilio Urdapilleta

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