Yo, José Félix Estigarribia

Yo, José Félix Estigarribia

Hoy se cumplen 70 años de la trágica muerte del Mariscal José Félix Estigarribia en un accidente de aviación. Fue el militar paraguayo sin lugar a dudas más destacado de toda la historia de este país. Fue Comandante en Jefe del Ejército paraguayo durante el conflicto bélico con Bolivia por la disputa del Chaco Boreal, que se llevó a cabo en territorio nacional tras la invasión boliviana.

Estigarribia inicia en mayo de 1910 su ascendente carrera militar, cuyo máximo grado lo alcanzaría tras su muerte: El Mariscalato. Dotado de una gran formación militar obtenida en sus estudios en el país y en el exterior, llevados a cabo en la Escuela Militar Bernardo O’Higgins en Chile y en la Ecole Superieure de Guerre en Francia. 

Era un gran estudioso de la guerra en movimiento, superadora de las estrategias de la Primera Guerra Mundial. Su primera experiencia militar en el desierto la vivió en Marruecos, bajo el mando del Mariscal Louis Lyautey. Cuando el conflicto con Bolivia parecía inevitable, el gobierno nacional decidió que Estigarribia era el hombre más capacitado para comandarla. Con sus estrategias condujo al Paraguay a la victoria de la contienda chaqueña, la primera guerra moderna desarrollada en el continente americano. 

Militarmente incuestionable, salvo por las críticas recibidas en la obra “Armas y Letras” por un celoso Arturo Bray, su accionar como Comandante del Ejército durante la contienda chaqueña fue extraordinario. Hombre tranquilo, serio y austero. El buen conocimiento de cada oficial a su mando le permitió exigir a cada uno el máximo esfuerzo que podía dar, dirigiendo las operaciones militares desde muy cerca del frente para agilizar la toma de decisiones y dejo en libertad a sus oficiales para que realizaran las operaciones tácticas que el momento y el lugar lo requieran. Su mayor logro fue conducir la guerra en el desierto chaqueño como si se tratara de una batalla naval. 

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Genio militar pero de accionar político cuestionable terminada la guerra, y en un ambiente político más que complicado, Estigarribia recibía de manos del Dr. Félix Paiva los atributos del mando de Presidente de la República, un 15 de Agosto de 1939. Había pasado el tiempo del liberalismo ortodoxo, expresión política del “egoísmo “del “laissez faire, laissez passer “que campeó desde la eclosión de la primera revolución industrial. 

Los ideólogos del “nuevo liberalismo”, imbuidos de las nuevas ideas corporativistas, se adelantan a los acontecimientos poniéndose a buen resguardo de los cambios que se estaban operando y “liderar la crisis “ antes que ser víctimas y ser arrollados por ellos: como había ocurrido en Febrero de 1937, cuando aquel vendaval inorgánico había dado por tierra el régimen. 

Dos veces los liberales, no cometerán el mismo error, a pesar de constituir una contradicción a la esencia de su propia ideología. Por si alguna cupiera hacia donde se dirigía el régimen de Estigarribia, simplemente diremos que el 16 de febrero de 1940, disuelve por el célebre Decreto Nº. 1 las cámaras legislativas de exclusiva composición liberal. Promulgó sendos decretos contra la libertad de prensa, contra la actividad política y sindical por el término de un año. 

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En Julio del mismo año, completa el marco jurídico referencial de su autocrático sistema, con la sanción de una Carta Política institucional de neto corte corporativo. Se completaba de esa forma el marco jurídico fundamental del estado autoritario al servicio de los autócratas que “tuvieran la fortuna” de acceder al poder político de la República. El proceso arrancado en 1936 con el decreto “revolucionario“ Nº. 152, ascendía en rango normativo. Hasta la cúspide de la pirámide de Kelsen. 

La Constitución o Carta de1940, sancionada por obra y gracia de Estigarribia, organizaba desde el más alto nivel normativo el Estado Corporativo, inaugurando con todas las letras el autoritarismo organizado y la Omnipresencia estatal. 

El Mariscal José Félix Estigarribia moría un 7 de septiembre de 1940 sin poder llevar adelante toda esa superestructura estatal que se gestó bajo su influjo y reflujo, dejando al país sin un líder. Los restos del guerrero descansan como no podía ser de otra manera en el Panteón Nacional de los Héroes. 

El homenaje póstumo que se le rindiera con el paso de los años será entendido como insuficiente, dadas las circunstancias, en que se hizo cargo del mando militar durante la guerra y al que dirigiera de la mejor manera llevándolo a la gloria universal de una victoria sin igual contra el enemigo boliviano. 

Un héroe como pocos que debe ser recordado por las generaciones venideras.

Diego Giménez

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