El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Siglo XX Música

40 años de Placeres Desconocidos

Ayer, 15 de junio se cumplieron exactamente 40 años del día en que la icónica agrupación británica de post-punk Joe División lanzó uno de los clásicos álbumes más influyentes de todos los tiempos, Unknow Pleasures,  catalogado por la Revista Rolling Stone como el 20° mejor álbum de su lista de “100 Grandes Álbumes de todos los tiempos”.

Lanzado por el sello discográfico Factory Records, grabado en abril de 1979 en los Estudios Strawberry de Stockpord de Manchester y magistralmente producido por Martin Hannett,  excéntrico gurú musical de la escena de Manchester.

Portada del disco de Joy Division. Imagen: Factory Records

Su inmortal portada fue diseñada por el artista gráfico Peter Saville quien venía realizando trabajos para el Club Factory desde 1978. Podemos leer sobre la historia de la icónica portada en el artículo “Unknow Pleasure: De la Ciencia a la música” de Héctor Hernán, para El Parlante.

Disco enigmático, intimista, inquietante, perturbador, una verdadera obra maestra dentro del género. Hannett, quien creía que el punk rock era sónicamente conservador debido a utilizar la tecnología de espacio para crear un espacio sonoro, usó una serie de técnicas de producción y efectos de sonidos inusuales en el álbum, incluidos varios AMS 15-80s de retrasos, moduladores Marshall Time, eco de cinta y rebote, así como el sonido de una botella aplastante, alguien comiendo papa fritas, guitarras al revés, y el sonido del ascensor con un altavoz Leslie “zumbando en el interior”. También usó el sonido de un inodoro del sótano e hizo grabar la voz de Curtis para el tema “Insight” en una línea telefónica para que pueda alcanzar una “distancia requerida” entre otras ocurrencias del excéntrico Hannett, quien más tarde diría “(Joe Division) fue un regalo para un productor, nunca discutieron nada”.

Sobre la producción de Hannett la revista All Music escribiría: “era tan distinta como la música misma” describiéndola como “enfatizar de la manera más reveladora desde los albores del doblaje”. Martin Hannett creó el sonido de Joe Division diría el baterista Steve Morris.

«Tengo el aliento, pero perdí la sensibilidad». Esta frase extraída de ‘Disorder’, tema que abre el histórico primer álbum de Joy Division, refleja con cruel realismo las intenciones, que Ian Curtis había depositado en él. Letras sobrecogedoras, sentencias opresivas, angustia vital y determinismo oscurantista que, a través de su voz fría y baja, sirvió de sustento para un sonido denso y enmarañado, a medio camino entre el rock sombrío y el punk industrial.

Vertiginosa guitarra la de Bernard Sumner. Ritmos hipnóticos desde el bajo melódico y omnipresente de Peter Hook. Magistrales toques de Stephen Morris a la batería que, alternándola entre acústica y eléctrica, consiguió dar con esa combinación perfecta que acabó convirtiéndose en una de las principales características del sonido Joy Division.

Joy Division. Imagen: The Independent.

Diez canciones inmortales, entre las cuales podemos encontrar clásicos como “Transmission” con la cual debutaron en televisión en vivo, “Shadowplay”, “New Dawn Fades” para percibir la tristeza extrema que rezumaba la esencia de Ian Curtis, “I remember Nothing” canción con la que Summer comenzó a utilizar los sintetizadores, instrumento que lo acompañaría a él y al resto de sus compañeros sobrevivientes —tras la muerte de Curtis— en su futura agrupación New Order, durante el resto de su carrera.

A nivel conceptual, no hay duda del calado autobiográfico que envuelve «Unknown Pleasures» en todo su conjunto. Pero, sin embargo, hay dos temas por encima del resto sobre los que Curtis se atrevió a ser más explícito, evitando disfrazar la realidad de metáforas. Dos canciones que detallan hechos y acontecimientos concretos: “Shadowplay” y “She’s lost  control”. La primera, una descripción angustiosa sobre el laberíntico y asfixiante Manchester de hormigón del que siempre quiso escapar, en una sucesión de imágenes paranoicas convertidas en sonido. La segunda, ese episodio en que presenció el ataque epiléptico de una chica que acabó muriendo a consecuencia de esta enfermedad y que, paradójicamente meses después, le sería diagnosticada a él mismo.

Su obsesión; algo con lo que intentó aprender a vivir integrando incluso reminiscencias de sus ataques en los espídicos bailes y convulsiones de sus directos como frontman. Una angustiosa parodia de su propio sufrimiento que, en alguna ocasión, llegó a padecer en directo. Una tortura más añadida al imaginario de Ian Curtis y Joy Division.

Joy Division. Imagen: nytimes.com

Con este disco llegó la fama y el reconocimiento popular de la banda. Y pese a que las grandes discográficas se disputaban su contrato, ellos siempre tuvieron claras sus preferencias independientes. Fueron tiempos de gloria, en los que también llegó la archiconocida portada de la “NME”; mítico retrato de Ian Curtis con su abrigo largo y mirando fijamente a cámara mientras fuma. Comenzó a surgir así un batallón de fans e incondicionales que habían comprendido el mensaje de Joy Division y empezaron a vestir con ropa de los años 40, al estilo de la Gran Depresión. Una estética que, todavía hoy, se asocia al sonido e imagen de la banda de Manchester.

Como homenaje para  celebrar los 40 años de esta obra maestra del post-punk como se imaginan habrá una reedición del disco en vinilo pero lo más interesante del aniversario es un proyecto llamado Unknown Pleasures:Reimagined, en donde 10 distintos directores alrededor del mundo se encargarán de hacer nuevos videos musicales para cada una de las pistas del álbum.

Fuente: Wikipedia;

Unknown Pleasure: «De la Ciencia a la Música» de Héctor Hernán, para El Parlante;

Operación Rescate: «Unknown Pleasure» de Sara Moreno, para Efe Eme.com.

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