El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

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80 años de la Guerra en Broma

1- EL ESTALLIDO DE LA CONTIENDA.

El 1 de Septiembre de 1939, según la versión que se impuso en la historia oficial, se inició la Segunda Guerra Mundial con el ataque de la Alemania Nazi a la Polonia Nacionalista.

El poderoso ejército polaco, que había derrotado poco menos de 20 años antes a la Unión Soviética de Vladimir Lenin, León Trotsky y José Stalin, sucumbía en una campaña militar sin precedentes en la historia: la «Blitzkrieg» o «Guerra Relámpago», concepto nuevo del arte militar en el que una masiva cantidad de carros de combate era lanzada a los flancos enemigos, especialmente sus posiciones estáticas o de movimientos lentos, para terminar siendo atenazados y rodeados, quedando el adversario aislado y sin posibilidades de recibir abastecimientos y comunicaciones.

En la Guerra Relámpago, las Fuerzas Aéreas tomaban un rol completamente distinto. Se puede decir que la doctrina moderna de ataque aéreo se origina con la «Blitzkrieg»: los aviones bombarderos (en ese tiempo también estaban los famosos «aviones en picado») hacían el rol de la artillería, pero cubrían una distancia mucho más larga y atacaban las posiciones defensivas del enemigo en la retaguardia profunda mientras los carros de combate avanzaban en simultáneo. El caos, la desorganización y el factor sorpresa jugaban también un papel preponderante.

Adolfo Hitler (izq.) y José Stalin (der.) en esta caricatura satírica de un periódico británico. El Caudillo Germano y el Dictador Ruso fimaron secretamente un pacto de no agresión para repartirse Polonia. (Imagen: Autor Desconocido).

Desde luego, no podemos saber lo que habría pasado si el poderoso ejército de Polonia hubiera combatido sólo contra la Alemania dirigida por el Canciller y Führer Adolfo Hitler: cabe recordar que el Tercer Reich firmó con la Rusia Soviética del Dictador José Stalin un «Pacto de No Agresión» que al mismo tiempo y secretamente dispuso que ambas naciones se repartirían los restos de Polonia. Atacados por dos frentes (en realidad tres, porque la recientemente formada República de Eslovaquia era aliada de los Nacionalsocialistas y también atacaron a sus enemigos polacos), los valerosos e intrépidos soldados dirigidos por el Mariscal Eduardo Rydz Smigly (sucesor del legendario José Pilsudski) cayeron, a la manera polaca, luchando de manera heroica y desesperada hasta el martirio.

Los Aliados Occidentales (Inglaterra y Francia), que tenían todo tipo de pactos de protección mutua con Polonia y que habían amenazado a Alemania con la guerra si es que la «Wehrmacht» avanzaba hacia Varsovia, cumplieron solamente de manera simbólica: declararon la guerra al Tercer Reich el 3 de Septiembre de 1939 (aunque por algún inexplicable motivo se olvidaron de hacerlo con la Rusia Soviética, entonces aliada de Alemania y que también estaba ocupando Polonia). Y esa fue toda su participación en el asunto polaco, si exceptuamos el ataque fallido (aunque largamente un «bluff») de los franceses a Alemania, en la zona del Saar, que no pasó a mayores y fue fácilmente repelido por el Mariscal Witzleben.

Desde la rendición de Polonia, acaecida el 6 de Octubre de 1939 hasta la invasión de los Países Bajos y Francia el 8 de Mayo de 1940, se entró en un período confuso y extraño que muchos denominaron «dröle de guerre», la «guerra en broma».

2- ¿GUERRA EN BROMA?

No se sabe bien por qué se le otorgó dicho nombre a la fase de la Segunda Guerra Mundial que transcurre entre las fechas citadas más arriba. Sobretodo porque, lejos de ser una «broma», ambos bandos llevaron a cabo febriles acciones de hostigamiento contra el enemigo.

Por ejemplo, en este período de tiempo los Aliados Occidentales estaban poniendo a punto el denominado «Plan R4», es decir, la ocupación militar que llevarían a cabo con la Royal Navy y con soldados franco-británicos de Noruega y Suecia. Cuando los alemanes se enteraron de esto, diseñaron su propio plan para prevenir dicho golpe que hubiera sido muy duro de afrontar.

Adolfo Hitler, el Cabo Austríaco que se nacionalizó alemán, que fue estafeta y Héroe en toda regla de la Primera Guerra Mundial, que posteriormente integró el Ejército Alemán de Postguerra hasta 1920 como espía y patrullero y que tomó cursos especiales de estrategia militar en la Universidad de Munich, logró una de sus mejores victorias con su ocupación de Dinamarca y Noruega. El 12 de Marzo de 1940, el Ejército Británico ya había decidido, por su propia cuenta, enviar una fuerza expedicionaria para ocupar los países escandinavos pero el terrible clima impidió poder concluir los preparativos. Sin embargo, la aparición de varios buques ingleses en aguas territoriales noruegas y algunos enfrentamientos que se dieron con ellos, fueron decisivos para el Führer de Alemania: Dinamarca y Noruega debían ser ocupadas.

El Führer de Alemania, Cabo Adolfo Hitler, luciendo las únicas condecoraciones de la Primera Guerra Mundial que gustaba usar: la «Medalla de Heridas» y la «Cruz de Hierro». Al terminar la PGM, fue espía del Ejército hasta 1920 y tomó cursos militares en Munich. (Imagen: Alamy Photo).

La historia de esa invasión merece ser vista con mayor detenimiento, pero podemos ver con esta pincelada que la «guerra de broma» era muy en serio: tanto Inglaterra como Alemania violaron la neutralidad de los países escandinavos y se enfrentaron intensamente.

Al tiempo en que ambos Imperios buscaban ocupar las naciones escandinavas, Gran Bretaña procedía a la totalmente ilegal e ilegítima toma de Islandia, episodio muy controvertido y casi nunca mencionado que concluyó el 10 de Mayo de 1940. El Gobierno de Islandia protestó solemnemente ante todas sus representaciones diplomáticas de entonces, pero a nadie le importó… Peccata Victoris…

Miembros de la Royal Navy británica durante su ocupación de Islandia. Inglaterra fue la primera nación en violar la neutralidad de países como Islandia, Noruega o Suecia durante la Segunda Guerra Mundial. (Imagen: Imperial War Museum).

Mientras tanto, en el otro país escandinavo ma non tanto, Finlandia, la Unión Soviética sufría un duro revés militar a manos de los soldados del Mariscal Mannerheim, aunque a la larga lograrían obtener beneficios por la vía diplomática. Pero la «victoria militar» de los fineses convenció a Hitler de que la Unión Soviética era débil, no estaba preparada para un conflicto bélico contra un rival de mediana envergadura, y mucho menos contra su máquina de guerra…

El finés Tte. Simo Hayha, llamado «la Muerte Blanca». Francotirador que mató al menos 500 enemigos en combate, algunos elevan la cifra a más de 600. Con esta clase de rivales, la Union Soviética debió morder el polvo en su primer ataque contra Finlandia. (Imagen: Autor desconocido).

Pero Hitler, envalentonado por sus victorias en Polonia y Escandinavia, había olvidado las lecciones napoleónicas en las largas estepas rusas…

Sin embargo, los episodios más conocidos de la mal llamada «guerra en broma» se dieron en los mares.

3- LA BROMA NO ERA GRACIOSA.

A finales de 1939 e inicios de 1940, los gemelos «Deutschland» y «Graf Spee» (denominados acorazados de bolsillo por ser más pequeños que el tamaño habitual de un acorazado de línea, pero armados y artillados suficientemente para resistir a los cruceros de batalla), zarparon hacia el Mar del Norte y los puntos más septentrionales del Océano Atlántico acompañados de su buque de auxilio, el «Altmark».

El legendario U-47, que hundió al menos 30 buques aliados, entre ellos el acorazado «Royal Oak» tras haber burlado en dos ocasiones la principal base naval británica en Scapa Flow. Aquí celebran la mencionada hazaña. (Imagen: Imperial War Museum).

El primero en entrar en acción fue el «Deutschland», que logró capturar y hundir a varios buques mercantes y pequeños barcos de guerra ingleses y franceses. Fue posteriormente renombrado como «Lützow» (por cuestiones propagandísticas principalmente) y continuó su odisea en el Mar de Noruega, apoyado por otras embarcaciones.

Pero tocaría a su hermano gemelo, el «Graf Spee», obtener las flores de la epopeya.

La «Kriegsmarine» alemana venía de obtener varias victorias sorprendentes contra la «Royal Navy» británica, especialmente gracias a sus míticos comandantes de U-Boots, los submarinos de bolsillo: el 17 de Septiembre de 1939, el Cap. Otto Schuhart al mando del U-29 hundió al portaaviones inglés «Courageous» mientras que su colega, el Cap. Günther Prien al mando del U-47, iniciaba su propia proeza naval hundiendo varios mercantes aliados (30 en total durante su trayectoria, una verdadera marca) y logrando su más famoso éxito: infiltrarse en Scapa Flow, la principal base naval británica, y hundir al acorazado «Royal Oak».

El Cap. Gunther Prien, leyenda de los submarinos alemanes, poco antes de su muerte en batalla acaecida el 8 de Marzo de 1941. Los británicos celebraron su muerte como una victoria mientras que los alemanes la ocultaron por largo tiempo. (Imagen: Kriegsmarine).

Por los éxitos de los submarinos, el Cap. Hans Langsdorff del «Graf Spee» quería lograr lo propio con la flota de superficie y comenzó su propio viaje el mismísimo 1 de Septiembre de 1939 partiendo desde las Islas Canarias hasta llegar al Río de la Plata, en Sudamérica, el 15 de Diciembre de 1939. El acorazado de bolsillo alemán había hundido al menos 9 mercantes británicos y un número desconocido de otros barcos, y había derrotado en varios enfrentamientos a sus perseguidores. En la célebre «Batalla del Río de la Plata», el 13 de Diciembre de 1939, el «Graf Spee» rodeado por tres cruceros ingleses, el «Ajax», «Achilles» y «Exeter», logró escapar en un combate que fue observado a la distancia por los habitantes de la zona en las cercanías de Buenos Aires y Montevideo.

Las tres embarcaciones inglesas quedaron gravemente heridas al igual que el acorazado de bolsillo alemán. Pero sin tener lugar donde escapar por falta de combustible, el «Graf Spee» debió internarse en el Puerto de Montevideo. Uruguay, país neutral de iure, era de facto una dependencia británica. La prensa uruguaya alimentada por reportes falsos de los espías ingleses persuadieron al Cap. Langsdorff de que su buque estaba completamente rodeado por una gran parte de las fuerzas navales británicas. Esto, sin embargo, era una mentira: los únicos buques disponibles de los aliados eran precisamente el «Ajax», «Achilles» y «Exeter», los tres gravemente dañados y que no tenían capacidad de perseguir al «Graf Spee».

Sin embargo, Langsdorff se dejó engañar por la propaganda enemiga y pensando en no exponer de manera innecesaria a sus marinos y al buque que le tenían encomendado, ordenó el auto-hundimiento del «Graf Spee», que se incendió de manera espectacular hasta escorar completamente frente a la Bahía de Montevideo, ante la vista de miles de habitantes platenses que observaron al poderoso barco ir hasta el lecho del mar. Era el 17 de Diciembre de 1939 y tres días después, en su habitación de hotel en Buenos Aires, el Cap. Hans Langsdorff vestido en uniforme de gala y envuelto en la bandera principal de su buque, se disparó en la cabeza…

Funeral del Cap. Hans Langsdorff, celebrado por sus marinos del «Graf Spee» y algunos civiles en el Cementerio de la Chacarita donde reposan sus restos, en Buenos Aires (Argentina). Langsdorff elevó la reputación de los comandantes de línea de la marina alemana a la altura de los submarinos. (Imagen: Alamy Photo).

Desde estas primeras acciones se veía claramente que la «drôle de guerre» nada tenía de gracioso. No había broma, sino la realidad contundente de un conflicto bélico que alcanzaba de nuevo escala mundial. Las proezas de los comandantes y soldados alemanes indicaban que los Aliados debían dejarse de chistes y prepararse para lo que se venía, pues todavía podía ser mucho peor.

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