Churchill: ese Hombre de Claroscuros

Churchill: ese Hombre de Claroscuros

En encuestas recientes, muchos británicos han votado por Sir Winston Churchill como «el ciudadano más importante» de la historia del Reino Unido. Sin duda alguna, no exento de controversias el título pero nadie puede discutir la enorme personalidad del «León Inglés», especialmente en la primera mitad del siglo XX.

Winston Leonard Spencer Churchill, de familia aristocrática vinculada con el Duque de Marlborough, nació el 30 de Noviembre de 1874 en Blenheim. Pertenecía pues a la clase dirigente de Gran Bretaña, de familia con raigambre conservadora que sirvió al Premier Benjamín Disraeli.

 Sir Winston Churchill. Wiki

No fue peculiarmente un buen estudiante en su infancia. Era pendenciero, no le gustaba estudiar y a duras penas culminó los estudios básicos.

Gracias a la influencia de su familia (y luego de varios intentos fallidos) ingresó a la Academia Militar de Sandhurst, en donde se graduó como oficial y Teniente de Caballería y en 1895 empezó a ver acciones militares. Él mismo quería estar en el frente de batalla y gracias, de nuevo, a su influencia familiar logró ser enviado a Cuba, en dónde combatió de lado de los españoles y en contra de los independentistas cubanos.

Hizo una breve visita a los EEUU, país que desde entonces admiró profundamente, y luego fue enviado a la India, entonces joya de la Corona Británica. Fue desde ese momento que sintió verdadero asco y desprecio hacia el pueblo hindú, al que consideraba como menos que salvajes, bestias brutas que no merecían compasión humana alguna.

La carrera como periodista y escritor de Churchill empieza en ese momento, en sus expediciones por la India de 1897. Por su notable capacidad con la pluma, fue designado corresponsal del Ejército y sus escritos tenían muy buena aceptación. Pero la ambición guerrera de Churchill era insaciable: en ese momento las Potencias Europeas se estaban repartiendo el África y el joven Winston, que ya era capitán, quería ir a dicho continente a ganar prestigio y experiencia. El legendario Lord Gral. Herbert Kitchener era el principal conquistador británico en África y no sentía mucho afecto por Churchill, al que consideraba un «mediático» que simplemente quería llamar la atención y ganar publicidad. Pero Winston volvió a apelar a sus influencias familiares para lograr su cometido y a regañadientes Lord Kitchener debió aceptarle.

Winston Churchill haciendo el famoso gesto de la V de la Victoria. 1943. Getty Images

La acción más importante en la «Guerra Sudanesa» en la que Kitchener lideró con implacable salvajismo contra sus adversarios fue la Batalla de Omdurman. Allí, cuando los ingleses vencieron a los sudaneses, los oficiales británicos participaron de una masacre de los prisioneros. Churchill, Capitán de Caballería, se encontraba entre esos oficiales en la sangrienta matanza de los sudaneses rendidos.

Aunque Winston se arrepintió públicamente por lo ocurrido en Sudán, esa mancha le acompañaría siempre. Siguió trabajando como corresponsal del Ejército y empezó lentamente su carrera política siguiendo la tradición «tory» de su familia. Pero consideró después que tendría mejores chances si se unía a los «liberales» (los tory o conservadores eran entonces el partido dominante y había demasiados candidatos con más posibilidades que él). Churchill mismo luego diría que «nunca fue liberal sino de nombre, por interés político» (aunque militó casi 20 años por los liberales). Sir Winston Churchill se opuso abiertamente a las políticas de Lord Balfour (el de la famosa «Declaración de Balfour» que fue base para la creación del Estado de Israel).

Regresó a África y observó personalmente la «Guerra de los Boers» en donde los ingleses establecieron los primeros «campos de concentración» modernos. Churchill no sólo aprobó esos campos, sino que los consideró como «la medida más efectiva» para combatir a los sediciosos del Imperio Británico.

Su primer trabajo en el Gobierno fue como Secretario del Ministerio de las Colonias. Viajó por gran parte del mundo en esa función, se hizo amigo del Kaiser Wilhelm II de Alemania (quien sería futuro enemigo) y del Barón Lionel de Rothschild, una de sus más largas amistades. En 1910 fue Secretario de Seguridad del Imperio, en tiempos en que las «Sufragistas» pedían derechos cívicos para las mujeres. La postura de Churchill respecto a las «Sufragistas» fue moderada (estaba a favor de dar más derechos cívicos y políticos a las mujeres pero de manera gradual y con limitaciones), por lo cuál el feminismo hoy lo considera como un «enemigo» de las reivindicaciones de las mujeres.

Fue nombrado Lord del Almirantazgo poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, y gracias a sus esfuerzos la Flota Británica pudo ponerse a la par de la Alemana en términos de modernización.

En 1915, por insistencia suya, el Ejército Británico lanzó un ataque contra los turcos en los Dardanelos, operación que se denominó Campaña de Gallipolli y que concluyó en un estrepitoso fracaso que le costó el cargo. Churchill jamás se recuperó de lo ocurrido en Gallipolli.

Por casi cuatro meses Winston Churchill, tras haber perdido su cargo como Lord del Almirantazgo, combatió en el frente occidental: en Enero – Mayo de 1916, siendo promovido al rango de Teniente Coronel, al mando del 6to Batallón de Royal Fusiliers, en Bélgica. Pero posteriormente ya no participó y logró ser designado como Ministro de Municiones, cargo en el que culminaría la contienda. Al estallar la Revolución Rusa, Churchill se mostró abiertamente opuesto a ella.

Despreciaba a los líderes bolcheviques y consideraba que «el comunismo era la peor plaga y la peor tiranía que asoló la Tierra». Propuso abiertamente que se apoyara a las fuerzas de la Rusia Blanca que luchaban por el Zar Nicolás, pero las Potencias Occidentales estaban muy debilitadas por las heridas de la PGM, y la ayuda que pudieron dar, aunque importante, no era lo suficiente. Los bolcheviques se aferraron al poder tras vencer a sus adversarios blancos.

Churchill ocupó algunos puestos ministeriales más, pero sus fracasos en la Primera Guerra Mundial, su reputación sanguinaria traída de India, Sudán y Sudáfrica que lo hacían ver cómo un maniático belicoso y homicida, su inestabilidad y bamboleos políticos (fue tory, luego whig, luego tory otra vez) y su enorme afición al whisky y los cigarros le hicieron una figura despreciada a finales de los 1920s, y él mismo decidió retirarse de la vida pública. Pero su retiro no duró mucho tiempo: en 1933 aparecía enorme en la escena una figura que marcaría con sangre y fuego al siglo XX: Adolf Hitler, que era nombrado Canciller y Fuhrer del Tercer Reich Alemán.

El ambiente británico de postguerra era pacifista y anti-bélico. No era para menos. Pero Winston volvió de su retiro y fue el primero en denunciar el inminente peligro que traía el rearme alemán y el revanchismo nazi. No querían escucharlo, la política de Sir Neville Chamberlain y Lord Halifax era otra: la Alemania de Hitler podía ser un contrapeso para la amenaza más grande que enfrentaba entonces el mundo: la Rusia Soviética.

De allí que muchos ingleses eran partidarios de una alianza incluso con Alemania para impedir el avance bolchevique. No lo veía de esa manera el ex Lord del Almirantazgo, quien según muchos, sólo buscaba una venganza personal por sus fracasos en la Primera Guerra Mundial.

De todas formas, Hitler era de armas tomar, empezó a anexar territorios perdidos, denunciar los injustos tratados que asfixiaban a Alemania, rearmar al país, reactivar su economía al punto de ponerla por encima de la británica en términos industriales, y desafiar abiertamente «al marxismo y a sus principales financistas, la judería internacional». El Fascismo estaba en boga en toda Europa.

Mussolini se hizo dueño de las calles y luego del poder en Italia, aplastando a marxistas y socialistas. Europa Oriental, por su odio a los soviéticos, estaba muy alimentada de ideas filo-fascistas. En España, el Gral. Francisco Franco dio una paliza inolvidable a los «Rojos» en la Guerra Civil e incluso en Francia e Inglaterra nacían movimientos fascistas con gran arraigo popular.

Pero Churchill no se amilanó y siguió denunciando. Sus predicciones se hicieron realidad cuando Alemania anexó Austria, Checoslovaquia y amenazaba avanzar hacia oriente. Finalmente, Hitler y Stalin formarían una alianza secreta para repartirse entre ellos Polonia, lo que se hizo efectivo en Septiembre de 1939. Ese fue el acabóse.

Winston Churchill haciendo el famoso gesto de la V de la Victoria. 1943. Wiki.

La Segunda Guerra Mundial había estallado. Chamberlain renunció al cargo de Premier. Churchill, el único con todas las ganas de ir a la guerra, tomó su lugar. Y cuando el mundo entero contenía el aliento, pensando que nada ni nadie podría vencer a la inmensa supremacía militar nazi, el «Viejo León» mantuvo la fe.

Inglaterra pelearía por años si fuera necesario, sola si fuera necesario, dando sangre, sudor y lágrimas. Adolf Hitler (un hombre que era muy parecido a él en muchos sentidos, excepto en lo que respecta a la gula y el buen vivir, pues el austriaco era vegetariano y totalmente abstemio, mientras que a Winston le gustaban los manjares, la buena bebida y los buenos puros, como a todo inglés) terminó peleando sólo contra el mundo. EEUU y Rusia se unieron a Inglaterra y el 30 de Abril de 1945, el fascinante y terrible Fuhrer de Alemania cometía suicidio en Berlín.

Churchill se reivindicó al vencer la SGM. Pero el costo fue inmenso: según se dice, la victoria británica tuvo como precio entregar medio mundo a los soviéticos y liquidar al Imperio Británico en manos de la superioridad estadounidense. Hoy en día no son pocos los historiadores en Gran Bretaña que se preguntan si no hubiera sido mejor hacer la paz e incluso aliarse con la Alemania Nazi (sin tenerse en cuenta los crímenes cometidos o atribuidos a los germanos).

Churchill y el general De Gaulle en Marrakech (1944). Wiki.

Pero esa victoria tampoco terminó de eximir plenamente a Churchill, quien agregó a su historial de atrocidades la muerte de 5 millones de hindúes en la famosa «Hambruna de Bengala» de 1943-1944, que ocurrió por responsabilidad suya y que él siempre justificaría diciendo que «los Indios son menos que humanos».

CNN en Español

Tampoco le eximió de sus severas medidas tomadas contra independentistas irlandeses e indios, contra quienes no escatimaba violencia alguna. Para muchos, Churchill es un gran patriota que hizo lo mejor que pudo en defensa del Imperio Británico, para otros es un genocida (y repetimos: 5 millones de indios murieron de hambre por sus políticas) y pésimo político, cuyas decisiones causaron la destrucción final del Imperio al que decía defender. Verdaderamente, es un hombre de claroscuros notables pero que sin duda alguna, tuvo su enorme influencia en la historia universal y justamente, será recordado como otros grandes héroes de la humanidad, siendo a la vez, genio y figura.

Cabe recordar que Sir Winston Churchill fue ganador del Premio Nobel de Literatura, porque si en algo fue indiscutiblemente bueno, fue en las letras. Esa distinción la tiene merecida, creo que nadie puede negarlo…

Churchill en un encuentro con mujeres trabajadoras cerca de Glasgow, en octubre de 1918. Wiki.
Discurso de Winston Churchill pronunciado en el Parlamento británico el día 4 de Junio de 1941:

«Hemos de procurar no tratar este rescate como si fuera una victoria. Las guerras no se ganan con evacuaciones. Pero sí que hubo una victoria dentro de este rescate, y es algo que hay que destacar: la obtuvo la Fuerza Aérea.
Es posible que muchos de nuestros soldados al regresar no hayan visto la actuación de la Fuerza Aérea; sólo vieron los bombarderos que burlaron su ataque protector y subestiman sus logros. Lo he oído muchas veces y por eso me desvío del asunto para decir esto, pero quiero hablarles de ello.

En realidad esto fue una prueba de fuerza entre la Fuerza Aérea británica y la alemana. ¿Se les ocurre un objetivo aéreo más importante para los alemanes que imposibilitar la evacuación de estas playas y hundir todos estos barcos que estaban desplegados casi a miles? ¿Podría haber un objetivo de mayor importancia y significación militar que éste para todos los efectos de la guerra? Por más que lo intentaron, fueron derrotados; se frustró su misión.

Alejamos al Ejército, y ellos pagaron cuatro veces por las pérdidas que infligieron…Todos nuestros tipos y pilotos han demostrado su superioridad con respecto a lo que tienen que enfrentarse ahora.

Cuando nos planteamos cuánto mayor sería nuestra ventaja si tuviéramos que defender de un ataque exterior el espacio aéreo por encima de esta isla, debo decir que estos hechos me proporcionan una base segura para albergar pensamientos prácticos y tranquilizadores. Rendiré homenaje a estos jóvenes aviadores.
El gran Ejército francés fue repelido en gran medida, de momento, por el embate de unos pocos miles de vehículos blindados. ¿No es posible, asimismo, que la habilidad y la entrega de unos cuantos miles de aviadores defiendan la causa de la civilización?

Nos dicen que herr Hitler tiene un plan para invadir las islas Británicas. No es la primera vez que a alguien se le ocurre esta idea. Cuando Napoleón estuvo un año en Boulogne con sus embarcaciones de fondo plano y su gran Ejército, alguien le dijo: «En Inglaterra hay hierbas amargas». Sin duda las hay en mayor cantidad desde que regresó el Cuerpo Expedicionario británico.

No cabe duda de que afecta poderosamente a toda cuestión de la defensa nacional contra la invasión el hecho de que, de momento, en esta isla disponemos de unas fuerzas militares incomparablemente más poderosas de lo que jamás hemos tenido, ya sea en esta guerra o en la anterior. Pero esto no seguirá siempre así. No nos conformaremos con una guerra defensiva. Tenemos una obligación con nuestro aliado.
Tenemos que volver a reconstruir y levantar el Cuerpo Expedicionario británico, a las órdenes de su valiente comandante en jefe, lord Gort. Todo esto está en marcha, pero, mientras tanto, debemos elevar tanto el nivel de las defensas de esta isla que haga falta la menor cantidad posible de personas para brindar una seguridad efectiva y que se consiga el mayor potencial posible de esfuerzo ofensivo. En eso estamos en este momento…

…Por más grandes extensiones de Europa y muchos Estados antiguos y famosos hayan caído o puedan caer en poder de la Gestapo y de todo el espantoso aparato del régimen nazi, no vamos a flaquear ni a fracasar sino que seguiremos hasta el final. Combatiremos en Francia, combatiremos en los mares y los océanos, combatiremos cada vez con mayor confianza y fuerza en el aire; defenderemos nuestra isla a cualquier precio.

Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles; combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, algo que de momento no creo que ocurra, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota británica, continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo».


Emilio Urdapilleta

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