Cuando la Copa del Mundo fue escondida de los Nazis

Cuando la Copa del Mundo fue escondida de los Nazis

Corría el año 1930. 

Uruguay fue designada como sede del mundial en ese año por lo que dos años antes el entonces presidente la FIFA, el abogado y dirigente deportivo francés, Jules Rimet, había encargado la creación de una copa para galardonar al campeón del torneo. Esta tarea fue designada al prestigioso escultor francés Abel Lafleur. 

La copa vio la luz en la joyería Christofle, ubicada en la ciudad de París. 

En el trofeo estaba representada la diosa griega de la victoria, Nike, sosteniendo una copa. Fue fabricado con oro macizo, su altura era de 35 centímetros y pesaba 4 kilos. El costo del diseño y la elaboración de la copa fueron unos 50.000 francos suizos. 

En 1939 estalló la segunda guerra mundial y en ese entonces la copa estaba en manos de la federación italiana de futbol, ya que en el mundial celebrado en Francia en 1938, la “Squadra Azzura» se había coronado campeona. Los nazis invadieron territorios europeos y entre sus objetivos estaba la confiscación de tesoros, obras de arte y valiosas piezas de museo. La copa del mundo no era la excepción. 

En un principio el trofeo se encontraba en la caja fuerte de un banco ubicado en Roma, sin embargo el presidente de la federación italiana de futbol en aquel entonces, el señor Ottorino Barassi, no estaba muy convencido de la seguridad de la copa por lo que la retiró del banco y la llevó a su casa. A Barassi no se le ocurrió mejor idea que guardar la copa en esconderla en una caja de zapatos debajo de la cama ubicada en su habitación. 

Cuentan que una mañana de 1941, los miembros de la Gestapo llegaron hasta su casa y le interrogaron acerca del trofeo. Precisamente le preguntaron si sabia del paradero de la copa y en donde podían encontrarlo. 

La respuesta de Barassi fue un “no” y para zafarse de la incómoda situación le comentó a los nazis que el comité olímpico nacional italiano (CONI) junto a la Federación de Futbol habían trasladado el trofeo a Milán. En un principio los miembros de la Gestapo no lo creyeron y empezaron a registrar minuciosamente cada rincón de la casa de Barassi pero no pudieron dar con la copa. 

Ya en 1943 Barassi devolvió la copa a la Federación Italiana de Futbol que se lo entregó a un abogado de nombre Giovanni Mauro. 

El recorrido de la copa no terminó ahí. 

Mauro consideró que en sus manos, la copa no tenía garantías por lo que solicitó a un amigo suyo de nombre Aldo Cevenini, ex futbolista del Milán, que custodie la copa y este guardó en su casa de campo ubicada en Bérgamo. 

Finalmente cuatro años más tarde y después de un extenso recorrido, la copa volvió a manos de FIFA que luego de un congreso celebrado en

Luxemburgo, se acordó que a partir del mundial de Brasil en 1950, el trofeo lleve el nombre de Jules Rimet, en honor al dirigente de origen galo. 

Héctor Giménez