El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Biografías Historia del Siglo XX

¿El antecesor de Hitler?

Su nombre fue Roman Ungern-Sternberg, aristócrata ruso que ostentaba título de Barón y se convirtió en símbolo, enigmático y oscuro, de la guerra contra el Bolchevismo durante la Revolución Rusa de 1917.

Un joven Roman Ungern hacia 1893.

No es muy conocida la historia de ese fascinante y misterioso individuo al que muchos han llamado, con o sin razón, el «antecesor de Adolf Hitler».

Nació el 10 de Enero de 1886 en Graz, pequeña ciudad del Imperio Austrohúngaro. Aparentemente fue bautizado cristiano, pronto abandonó la religión de su Imperio natal y se acercó a la Rusia Zarista, en donde tenía fuertes raíces y a la que admiraba con gran ahínco. Dicen que se adhirió brevemente a la Iglesia Católica Ortodoxa Rusa, pero no hay pruebas de ello.

Por el contrario, se sabe que en su juventud, Roman no era precisamente conocido por su piedad y virtud religiosa. Era agresivo, mal estudiante, de temperamento irascible. Aunque todos reconocían en él grandes cualidades de líder carismático, sabían que su personalidad iracunda era problemática.

Sus padres pronto entendieron que lo suyo era la carrera de las armas. Como tenían dinero y contactos, lograron que Roman entre en el aristocrático Gimnasio de Zar Nicolás, donde como citamos antes, se acercó a la Iglesia Ortodoxa e perfeccionó su visión ultra monárquica y conservadora del mundo. Sin embargo, su temperamento inestable seguía haciéndole de fama.

Jovencísimo, fue enviado en 1905 a luchar en la «Guerra Ruso Japonesa», en la que apenas llegó para observar los últimos estertores (aunque fue suficiente para que reciba una condecoración por su breve participación). Eso fue una desilusión para el belicoso Roman, pero la experiencia en los campamentos militares le confirmaron en su amor hacia las armas: sería oficial de carrera.

Se presentó en la Academia de Cadetes de San Petersburgo, donde empezó a estudiar con dedicación. También, gracias a su largo viaje por las estepas, entró en contacto con la filosofía religiosa del hinduísmo y el budismo. Se hizo seguidor de dichas creencias y desarrolló sus propias ideas de misticismo, además de otras artes ocultas como la clarividencia y la quiromancia.

Ungern hacia 1920.

Extravagante y excéntrico sin lugar a dudas, el oficial que entonces ya era conocido como Barón Sternberg despertaba sentimientos encontrados entre sus conocidos. Estaban quienes le expresaban las más altas consideraciones, y estaban los que lo menospreciaban como un simple loco, tarado que llegó a ser oficial por puros contactos de su familia.

El prestigio del joven Barón empezó a recobrarse, al menos entre los aristócratas, cuando empezó a mostrarse absolutamente contrario a cualquier liberalismo o bolchevismo en Rusia.

Durante la Primera Guerra Mundial, se destacó por conducir a su Regimiento de Cosacos (a los que amaba, especialmente si provenían de los lugares más recónditos de la Siberia Rusa pues Ungern Sternberg estaba cada vez más fascinado por el budismo y la historia de Mongolia) de la manera más valiente e incluso temeraria. Siendo Tte. Cnel., se metía en lo más feroz de las batallas en el frente oriental de la «Gran Guerra», luchando contra alemanes y austríacos, quienes lo admiraban más que sus propios compatriotas rusos, que lo veían con malos ojos por su excesiva temeridad.

Por esa razón, el Barón Sternberg no fue ascendido al generalato durante la PGM en la Rusia Zarista… Pero no tardaría en alcanzar ese rango por méritos propios al estallar la Revolución Rusa.

Ungern von Sternberg fue uno de los más temibles azotes del «Ejército Rojo» de Trotsky. Atacaba al estilo cosaco: se lanzaba con temeraria ferocidad sobre las hordas bolcheviques, en las que causaba estragos e infundía terror.

Los altos mandos del «Ejército Blanco», que nunca lograron unificarse y trabajar de manera coordinada contra sus enemigos, sin embargo reconocieron la capacidad de Roman y lo ascendieron a Brigadier General.

Roman von Ungern-Sternberg en Mongolia. Detalle.

Pero los leales al Zar de Rusia estaban destinados a perder. Como dijimos, sin organizar un mando unificado, divididos en varios intereses políticos (había «Blancos» pro liberalismo, pro mencheviques, ultra monárquicos como Sternberg, etcétera), con inferioridad numérica, no podían hacer mucho más.

No obstante, el Barón Sternberg siguió combatiendo por su cuenta, aplicando una ingeniosa y temeraria estrategia: los bolcheviques establecieron un gobierno títere en Mongolia, dominado por revolucionarios chinos. El «Barón Loco» tomó a unos 5.000 cosacos y cruzó toda la Siberia hasta alcanzar las fronteras mongolas, en donde derrotó tanto a los soviéticos como a sus aliados chinos, restaurando la independencia de Mongolia.

Según se dice, con la bendición del Dalai Lama y los antiguos «khanes» mongoles, el Barón Sternberg fue proclamado «Khan Liberador» de los mongoles por haber restablecido la monarquía del antiguo país de Gengis Khan, ocupando la ciudad de Urga en donde, por autorización del Rey Mongol, se hizo su Regente, aunque nunca interfería en asuntos internos de dicha nación, más que en lo que el «Bogd Khan» le autorizaba.

Los avances que introdujo el Barón Sternberg en Urga, Mongolia, fueron una enorme renovación y progreso para un país absolutamente atrasado. Aplicó medidas higiénicas y de salud pública, limpió y mejoró calles y edificios, aumentó la calidad sanitaria de los pocos sitios públicos presentables. En poco menos de dos años, su marca en Mongolia se hizo imborrable.

Pero también empezaba su decadencia. Ungern Sternberg aplicaba una disciplina ultra draconiana sobre sus hombres. El más pequeño conato de rebelión era castigado con la muerte. Al principio, sus cosacos le siguieron con total fidelidad, acompañados por los patriotas mongoles. Pero al pasar el tiempo y al sufrir las primeras derrotas a manos de los bolcheviques, empezó a ser abandonado. Feroz antisemita, consideraba que el liberalismo y bolchevismo internacional eran inventos de los judíos, que buscaban destruir a la civilización cristiana europea y no dudaba en fusilar a cualquiera que podía expresarse favorable al marxismo o el judaísmo.

Muchos mongoles y siberianos veían a Roman como una especie de Dios de la Guerra. De hecho, el Barón Sternberg se autoproclamaba «descendiente de Batu Khan». Sin embargo, cuenta la leyenda que su prestigio se derrumbó para siempre ante los mongoles cuando una bala disparada por un bolchevique en retirada le impactó en el brazo. Una herida menor, pero con sangre… Los mongoles, al ver sangrar al «Barón Loco», comprendieron que este no era un dios… Los dioses paganos no sangran…

Román von Ungern-Sternberg en Mongolia.

6 de Julio de 1921 fue el principio del fin. Cerca de 5 años de lucha incesante contra los bolcheviques con victorias y derrotas, pero el Barón Gral. Román Ungern Sternberg siguió resistiendo. Los soviéticos y marxistas de Mongolia y China lo atacaron.

Este emprendió una retirada táctica. Continuó combatiendo, intentó dirigirse desde Mongolia hasta Kazajstán, pero sus tropas ya no le seguían… De todas maneras, el Barón Sternberg juró que «destruiría al comunismo o moriría en el intento».

Finalmente, tras una conspiración dónde sus últimos leales fueron asesinados, el Barón Loco fue capturado por un destacamento soviético el 20 de Agosto de 1921 y tras un juicio sumario, fusilado el 15 de Septiembre del mismo año en la villa siberiana de Novonikolaevsk.

Al enterarse el «Bogd Khan» («Buda en la Tierra» para los mongoles) de Mongolia de la muerte de su «Khan Libertador», ordenó que todos los templos de Mongolia ofrecieran ceremonias en memoria del Barón Sternberg.

Como el Papa coronaba a los Emperadores Antiguos, el «Buda en la Tierra» coronó al Barón Sternberg. Y este luchó contra las diabólicas fuerzas bolcheviques hasta su trágica y heroica muerte.

Su historia fue inspiración esotérica para el Tercer Reich. En efecto, la «leyenda» del Barón Sternberg era transmitida en la Alemania Nazi, en libros y radiodifusiones, y no se escatimaban palabras de admiración y las más ardorosas comparaciones entre el Barón Sternberg y el Fuhrer Adolf Hitler.

Aunque es probable que Román Ungern hubiera visto con desprecio al «cabo austríaco», sin duda ambos fueron líderes enormemente carismáticos y verdaderos «señores de la guerra».

Quizás tengan muchas cosas en común, ciertamente…

Todas las imágenes que acompañan al artículo fueron extraídas de Wikipedia y del portal de noticias Russian Beyond ES.

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