¡La revolución nacional ha comenzado!

¡La revolución nacional ha comenzado!

Entre el 8 y 9 de noviembre de 1923, un grupo armado del ejército liderado por el general patriota Erich Ludendorff, nada más y nada menos que el ex-jefe del Estado Mayor Alemán de la Primera Guerra Mundial y el brazo más radical del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, liderado por el joven político Adolf Hitler, organizaron el famoso “Putsch de la Cervecería”, por la cervecería Bürgerbräukeller donde el gobernador de Baviera, Gustav von Kahr sostenía un encendido discurso ante más de 3000 personas.

La idea de Hitler era la de tomar como rehenes a los ayuntamientos socialistas, derrocar la democracia parlamentaria para establecer un régimen dictatorial. El clamor popular del cual se aprovechó este movimiento en aquel momento reflejaba el rechazo fundamental y radical de las durísimas condiciones impuestas con injusticia y dureza extrema, por los Aliados tras la Primera Guerra Mundial con el famoso Tratado de Versalles que en pocas palabras representaría la ruina final del sistema que había nacido en la Alemania de Otto von Bismarck, durante el siglo XIX.

Pues como diría el investigador Richard J. Evans:

“Conviene recordar que solo cincuenta años separaban la fundación en 1871 del Imperio alemán por Bismarck y los triunfos electorales de los nazis de 1930-1932. Parece imposible negar que hubiese una conexión entre los dos hechos. Es aquí, más que en las remotas culturas religiosas y políticas jerárquicas de la Reforma o del absolutismo ilustrado del siglo XVIII, donde hallamos el primer momento real de la historia alemana que es posible relacionar directamente con la aparición del Tercer Reich en 1933…En primer lugar, la decisión de llamar al nuevo Estado «el Reich alemán» conjuraba inevitablemente recuerdos de su predecesor de mil años, la potencia dominante en Europa durante tantos siglos. Algunos se refirieron, de hecho, a la creación de Bismarck como el «Segundo Reich».

El uso de la palabra implicaba también que donde el Primer Reich había fracasado, frente al ataque francés, el Segundo había triunfado. Entre los muchos aspectos de la creación del Reich alemán que sobrevivieron a su caída en 1918, el uso continuado del término «Imperio alemán», Deutsches Reich, por la República de Weimar y todas sus instituciones distó mucho de ser el menos significativo. La palabra «Reich» conjuraba entre los alemanes cultos una imagen que iba mucho más allá de las estructuras institucionales introducidas por Bismarck: la del sucesor del Imperio romano; la visión del Imperio de Dios aquí en la Tierra; la universalidad de su pretensión de soberanía; en un sentido más prosaico, pero no menos poderoso, el concepto de un Estado alemán que incluiría a todos los germanófonos de Europa central: «Un Pueblo, un Reich, un Caudillo», como habría de expresarlo el lema nazi.

La constitución que Bismarck ideó para el nuevo Reich alemán en 1871 distaba mucho de satisfacer los ideales que habían soñado los liberales en 1848. Era, entre todas las constituciones alemanas modernas, la única que carecía de una declaración de principios sobre derechos humanos y libertades ciudadanas. El nuevo Reich era, desde el punto de vista formal, una endeble confederación de Estados independientes, muy parecida a la que había sido su predecesora.

Su cabeza titular era el emperador o káiser, un título tomado del antiguo soberano del Sacro Reich Romano y derivado en último término del nombre latino «César». Las instituciones del nuevo Reich eran más fuertes que las del viejo, con un Parlamento nacionalmente elegido, el Reichstag (nombre que, procedente del Sacro Reich Romano, fue otra supervivencia que superaría la divisoria revolucionaria de 1918), y una serie de instituciones administrativas centrales, en especial el Ministerio de Asuntos Exteriores, a las que se añadirían más con el transcurso del tiempo.

Pero la Constitución no otorgó al Parlamento nacional el poder de elegir o destituir a los gobiernos y a sus ministros, y quedaron reservados al monarca y a su entorno inmediato aspectos clave de la toma de decisiones políticas, sobre todo en asuntos de guerra y paz y en el control del Ejército”. (p 29 al 35)

En el fallido golpe de Estado murieron cuatro policías, dos paramilitares y catorce militantes del nacionalsocialismo, a los que consideraron mártires de la causa por la conquista nacional.Fueron a la cárcel Rudolf Hess y Adolf Hitler, pero éste, al final estuvo solamente un año, al cabo del cual, salió libre. Sólo diez años después, ya un poderoso Hitler, tenía la oportunidad de jurar como Canciller alemán el 30 de enero de 1933, y el resto, es historia…

Antes finalizar querríamos recordar un poco del histórico personaje que sale en la foto al lado de Hitler, Erich Ludendorff, que en 1914 recibe la misión patriótica de expulsar a los ejércitos rusos que invadieron Alemania, destruyendo al primer y segundo ejércitos del imperio ruso en la famosa batalla de Tannenberg y Oertelsburg. El segundo ejército a cargo de Alexander Samsonov quedó aniquilado por la estrategia de Ludendorff. El primer ejército ruso a cargo de Paul von Rennenkampf, que quiso ayudar en la contienda fue repelido por la caballería alemana, ya que descifraban constantemente sus mensajes cifrados.

Pocos días después, Ludendorff destruye prácticamente al primer ejército de Rennenkampf ya que quedaba “sobreextendido” en el frente, en la no menos famosa batalla de los Lagos Masurianos, quedando inoperable, dando así una gran victoria para el imperio alemán, que a la larga, no significó demasiados cambios drásticos en el curso que tomaría la gran guerra, posteriormente, pero quedando así Ludendorff con gran influencia, preparado para asumir el poder.

Por sus logros militares, Ludendorff fue galardonado con las más prestigiosas condecoraciones alemanas, la Gran Cruz de la Cruz de Hierro y la medalla Pour le Mérite. Fue también conocido por ser un nacionalista convencido y el mayor promotor de la leyenda de «la puñalada por la espalda», que culpaba de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial a bolcheviques, marxistas y judíos.

En la imagen histórica que compartimos con ustedes podemos ver de izquierda a derecha a Heinz Pernet, Friedrich Weber, Wilhelm Frick, Hermann Kriebel, Erich Ludendorff, Adolf Hitler, Wilhelm Brückner, Ernst Röhm y Robert Wagner. Imagen fuente: https://upload.wikimedia.org/…/Bundesarchiv_Bild_102-00344A…

Fuentes:
Richard J. Evans. La llegada del Tercer Reich. Epublibre. Titivillus editor digital. 2003

https://es.wikipedia.org/wiki/Erich_Ludendorff
https://es.wikipedia.org/wiki/Putsch_de_M%C3%BAnich

Gabriel Ojeda

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