MILAGRO EN EL VÍSTULA – POLONIA SALVA A EUROPA DEL BOLCHEVISMO

MILAGRO EN EL VÍSTULA – POLONIA SALVA A EUROPA DEL BOLCHEVISMO

14 de Agosto de 1920:

Recientemente concluida, la Primera Guerra Mundial dejó cerca de 40 millones de víctimas fatales en los combates, según cálculos respetables, sin contar a heridos y mutilados.

Con el Tratado de Versailles y otros acuerdos se resolvió, entre varias cosas, hacer resurgir a Polonia como Estado Nación Soberano incrustado como «buffer» entre Alemania y Rusia. La vieja política británica…

Tras 123 años, la orgullosa Nación Polaca, que entre el Siglo XIV y XVII fue la más poderosa entidad política de la Europa Oriental, recuperaba su independencia. Largos años de sufrimiento y una breve resurrección como el «Ducado de Varsovia» de la mano del Gran Corso, fueron necesarios para que en 1918 reaparecieran en el mapa.

Por otra parte, en 1917 se desataba en el Imperio Ruso la tristemente célebre «Revolución Bolchevique». Los «soviet» se hicieron del poder y para 1919 eran amos y señores de la que entonces se llamó «Federación de Repúblicas Socialistas Rusas». El «Trío Revolucionario», Vladimir Lenin, Iosif Stalin y Liev «Trotsky» Davidovitch tenían en sus manos los destinos de toda Europa Oriental.

El viejo plan de Trotsky, exportar la Revolución Bolchevique a toda Europa y luego el mundo, parecía posible: Alemania derrotada y hundida por problemas internos y levantamientos de los «Spartakistas»; Polonia recientemente reformada y todavía débil; los Aliados Occidentales en crisis económica de postguerra… El momento era apropiado para que las consignas de la Revolución Rusa arrasaran con el planeta entero.

Los Soviéticos no contaron, sin embargo, con el intenso nacionalismo polaco, liderado por líderes civiles y militares con ardiente patriotismo: el Mariscal Josif Pilsudski, visionario político y guerrero que buscó la reconstrucción de la antigua «Confederación Polacolituana» para hacer el «Equilibrio de Poderes» con Alemania y Rusia; el General Wladislaw Sikorski, entonces joven y valiente oficial que se destacó en la Primera Guerra Mundial y que tendría un rutilante ascenso y trágica caída en la Segunda Guerra Mundial.

Las hostilidades comenzaron en Febrero de 1919. Tanto Soviéticos como Polacos intercambiaron ofensivas y posiciones fronterizas hasta que los mismos Stalin y Trotsky fueron hasta el frente. A pesar de la victoria inicial de Polonia en la «Ofensiva de Kiev», donde lograron juntarse con un enorme bando de Ucranios opositores a la Unión Soviética, las hordas bolcheviques se incendiaron de furia y avanzaron marchando hasta el corazón de Polonia.

La línea del Niemen, tantas veces sostenida por los Polacos de Sikorski (apoyados por soldados de Ucrania e incluso algunos voluntarios alemanes) fue rebasada. El mundo entero esperaba lo peor a mediados de 1920.

Pero llegó el famoso «Milagro del Vístula». Era el 14 de Agosto de 1920, vísperas de la celebración del Día de la Asunción de la Virgen María.

Los espías y técnicos de comunicaciones del Ejército Polaco lograron romper los códigos de transmisiones de los Soviéticos. Esto sirvió para que el Mariscal Pilsudski organizara una temeraria ofensiva contra los Rusos.

Ordenó que todas las fuerzas que defendían Varsovia fueran enviadas para preparar la ofensiva, y que la capital de Polonia fuera defendida por todo hombre capaz de levantar un arma (incluso niños y también mujeres).

A pesar de la feroz resistencia, los Rusos y su marea humana de soviets alcanzaron los suburbios de Varsovia. Todo parecía completamente perdido… Las líneas de defensa se rompían, las trincheras eran evacuadas desesperadamente ante el avance implacable del invasor…

Fue cuando ocurrió el «Milagro».

En la mañana del 14 de Agosto, unos 10 aviones aparecieron en el horizonte. Tenían los colores de Polonia pero ondeaba en ellos la bandera de los Estados Unidos. Era el famoso «Escuadrón Kosiuszko» (en honor al legendario héroe polaco que luchó por la Independencia de EEUU), los «Ángeles de la Guarda» para los Polacos.

Los Rusos no contaban con una fuerza aérea respetable, y los bombardeos del Escuadrón Kosiuszko causaron estragos mientras pudieron actuar.

Esto levantó la moral de Polonia y el día 15 de Agosto, cuando la presión bolchevique sobre Varsovia parecía irresistible, un Cura Católico, el Capellán Sikorupka, tomando un Crucifijo y una bandera de Polonia, lideró una heroica carga final contra los rusos. «Sangre de Cristo, protege a mi Patria y acaba con sus enemigos. Y si tenemos que morir, que sea bañados en tu Santa Gloria» gritaba el sacerdote mientras marchaba al frente de los soldados… Un disparo en la cabeza lo llevó a la Eternidad…

Pero la resistencia dio sus frutos: en la retaguardia rusa aparecían los Ejércitos de Pilsudski. ¡Era un milagro! ¡Los bolcheviques ni siquiera lo presintieron! 150 mil Soviéticos, entre muertos, heridos y prisioneros, caían en la «Bolsa del Vístula».

¡Polonia estaba salvada de la amenaza comunista, y con ella, toda Europa!

Firmemente nacionalistas y católicos, los Polacos infligieron una terrible derrota a los internacionalistas y ateos de la naciente URSS. Una de varias que sufrirían en cadena hasta el estallido de la S.G.M.

600 mil bajas polacas contra 500 mil de los rusos fue el saldo de esa gloriosa victoria, consumada el 18 de Marzo de 1921, cuando el «Invencible Ejército Rojo» de Stalin y Trotsky, en pleno desbande, propuso la rendición.

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IMAGEN: «Aplasta al Bolchevismo». Poster de campaña polaco de la Guerra Polaco-Soviética de 1919-1921.

Emilio Urdapilleta

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