Talentos prisioneros de la Cortina de Acero: Deserciones y presos del Comunismo

Talentos prisioneros de la Cortina de Acero: Deserciones y presos del Comunismo

El final de la Segunda Guerra Mundial marcó el inicio de la guerra fría, y el comienzo de una guerra ideológica  en competencia. Si bien la Guerra Fría no se libró en un campo de batalla, se estaba librando una nueva guerra ideológica y el fútbol no era inmune a ella.

La guerra fría probablemente nos haya privado de ver en su mejor momento a dos de los más grandes exponentes del fútbol europeo que hacían gala de su talento y destreza con el balón al otro lado del muro, de la cortina de hierro como diría Sir Winston Churchill, al grupo de países del Este que orbitaban en la esfera de la URSS: el ucraniano Oleg Blokhin y al húngaro Lajos Detari, a quienes particularmente recuerdo por los álbumes de recortes de figuritas que salían en la contratapa de los diarios Noticias y el desaparecido diario Hoy, durante el Mundial de México 86, los dos principales medios escritos de la época, ya que el diario ABC estaba clausurado por la dictadura de ese entonces.

Oleg Blojín en 1977.

Oleg Blokhin fue un auténtico genio, multi-campeón y multi-goleador con el glorioso Dinamo Kiev de los 70s., aunque tal vez el hecho de jugar al otro lado del telón de acero ensombreció su descomunal figura. Contemporáneo de mitos como Johan Cruyff o Franz Beckenbauer, Oleg Blokhin arrasó en la votación del Balón de Oro de 1975, imponiéndose con claridad al «Kaiser» y al «Flaco», que completaron el podio sin opción a discutir el maravilloso año del mayor talento del fútbol soviético.

Lajos Détári

Lo quisieron el Real Madrid y el Bayer de Múnich, pero la Unión Soviética no permitía que jugadores menores de 29 años saliesen del país. Pagaríamos un millón de marcos en metálico sin dudarlo un instante, pero sabemos que no saldrá de la URSS, declararon los directivos del cuadro bávaro. Por más que su país también era competitivo, siempre quedará la duda de lo que pudo haber sido jugando en las mejores ligas fuera de la Unión Soviética.

A Detari se le reconoce como el último futbolista de clase mundial salido de las orillas del Danubio. Así lo entienden los húngaros, aunque su figura encierre algo de mitológico: en realidad, nunca jugó en clubes o ligas de lujo (aunque sí cobró en tal condición). Tampoco amasó un palmarés imponente más allá de su país.

Sin embargo, Detari estuvo y está ahí como uno de los mejores futbolistas europeos de mitad de los años 80, aunque sea como jugador de culto, en parte, también, porque, como tantos otros, fue opacado por ese misterio, incertidumbre y desconocimiento que se proyectaba sobre el fútbol del este de Europa.

Gheorghe Hagi en el mundial USA 94

Al fin y al cabo, a Gheorghe Hagi, quizá el único jugador capaz de subir a la altura de Detari en aquel entonces en el espacio comunista, lo descubrimos y lo clasificamos como un genio porque lo tuvimos a un metro. A Detari, no. Cuando aterrizó en el calcio, el verdadero Detari ya quedaba atrás: atrapado en las camisetas del Honved de Budapest y la selección de Hungría. Fue común en Occidente asomarse al Este asentándose sobre las referencias totémicas del momento. De este modo, de la misma manera que Gheorghe Hagi fue el “Maradona de los Cárpatos”, a Lajos Detari lo alumbraron como el “Platini del Danubio”. Hay que reconocer este juego toponímico especialmente con el húngaro: Detari fue un futbolista «platinesco» en toda la dimensión de juego y en toda la estela de su trayectoria.

Pero la relación entre el fútbol del este con la ideología de la banderita roja con el martillo y la hoz, tiene también historias  de deserciones como también de apresamientos, de injusticias, muerte en oscuras circunstancias y  desconexión permanente de sus familias al ir a naciones para obtener la libertades más básicas como también oportunidades profesionales en el oeste acorde a sus talentos.

Hay muchas historias de jugadores que abarcan estas décadas y que tomaron estas decisiones que cambian la vida y la carrera. Esto incluye algunos de los mejores del juego, así como otros relativamente desconocidos.

El primer caso de estas deserciones comenzó a principios de 1949 e involucró a un conocido nuestro quien vino a dirigir la selección paraguaya en 1995  y  que fue uno de los mejores de la historia, el húngaro (y también checoslovaco) internacional László (Ladislao) Kubala. 

Ladislao Kubala con el uniforme del FC Barcelona. Posee el récord de haber defendido la camiseta de tres selecciones nacionales distintas (Hungría, Checoslovaquia y España) y de haber sido el entrenador que durante más tiempo (11 años) ha dirigido a la selección española de fútbol, igualado con José María Mateos.

Después de la toma de posesión comunista de Hungría en 1949, huyó a Austria. Desde allí se dirigió a España y se unió a Barcelona. Después de cumplir la suspensión de un año (esto resultaría ser la suspensión habitual para los desertores), sobresalió con su nuevo club y ganó trofeos, fama y fortuna en el camino. España bajo el general Franco usaría su ejemplo como propaganda. Kubala se convirtió en el pionero de futuras deserciones. Fue un ejemplo visible de cómo podría ser la vida en Occidente para aquellos que pudieron exportar su talento.

Ladislao Kubala durante un entrenamiento con la selección paraguaya de fútbol.

Menos de una década después, la revolución húngara en el otoño de 1956 allanaría el camino para la segunda ola de deserciones.Esto involucraría al jugador más grande que haya desertado, el Capitán de Hungría, el «Gran galopante», Ferenc Puskás. Quien también pasaría  por el fútbol de nuestro país dirigiendo brevemente al club Cerro Porteño en 1986. Qué sería del fútbol paraguayo hoy día, si tanto Kubala como Puskas hubieran sido aprovechados, pero esa sería otra historia.

Ferenc Puskás, uno de los mejores jugadores de la historia de la temible Hungría, subcampeona en Suiza 54. Aquí, con la camiseta del Real Madrid.

Otros jugadores que tuvieron la oportunidad de desertar con Puskas fueron sus compañeros del Honved FC y de la selección «magiar» Sándor Kocsis y Zoltán Czibor, decidieron quedarse en el Oeste, al igual que el Gerente de Honved, Jenő Kalmár.

Sándor Kocsis

Otro húngaro desertor sería años más adelante Ferencváros Zoltán Varga quien huyó con el equipo olímpico de Hungría en Guadalajara durante los Juegos Olímpicos de 1968 en México.

Ferencváros Zoltán Varga en 1973.

El alemán del este, Lutz Eigendorf, usó un amistoso entre el Dinamo de Berlín y el Kaiserslautern de Alemania Occidental para dirigirse hacia el Oeste. El 20 de marzo de 1979, después de compartir con los amigos mientras el escuadrón viajaba de regreso al Este, huyó en una parada y tomó un taxi de regreso a Kaiserslautern para unirse a ellos. 

Zoltán Czibor

Se ha sugerido que la Stasi fue la que se tomó con mayor vergüenza e ignominia esta deserción, ya que el Dinamo de Berlín estaba bajo su control. Cinco años más tarde, Eigendorf fallecería en un accidente automovilístico en extrañas circunstancias y muchos acusaban a la Stasi de haberlo provocado. En el año 2010 un ex espía de la RDA confesó que la Stasi le había ordenado asesinar al futbolista.

Eigendorf, El Beckenbauer del Este, de blanco, en un partido con el Dinamo de Berlín en 1975. LEHMANN, THOMAS BUNDESARCHIV

El trío de Alemania Oriental y Dinamo Dresden de Gerd Weber, Matthias Müller y Peter Kotte  tampoco tuvieron tanta suerte. Stasi los arrestó en el aeropuerto en enero de 1981 antes de un viaje de Dinamo Dresden a Argentina para partidos amistosos.

El Ministerio para la Seguridad del Estado (en alemán Ministerium für Staatssicherheit), más conocido por su abreviatura Stasi, era el órgano de inteligencia de la República Democrática Alemana (RDA).
El Beckenbauer del Este, Lutz Eigendorf

Weber había estado en contacto con el FC Köln e hizo los planes. Fue sentenciado a un plazo de 7 años y 7 meses. Fue puesto en libertad en 1989. Mientras que Muller y Kotte no volvieron más a jugar en ligas mayores viendo truncadas sus carreras.

Gerd Weber, SG Dynamo Dresden.

Muchas historias más como estas se encuentran en las fuentes que voy a citar al final y a las que pueden acceder para una mayor comprensión, ya que ésta no pretende ser una historia completa, sino una pincelada sobre el tema, para que los fanáticos e interesados puedan escarbar en los anales.

Peter Kotte 

La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 marcó el comienzo del fin de la Guerra Fría y el comunismo. A medida que pasaban los meses, los nuevos regímenes, los cambios políticos y la apertura, allanaron el camino para el perdón y la reintegración de los que habían huido. 

Markus Wolf, jefe de los servicios secretos de la Stasi en el extranjero entre 1953 y 1986.

También comenzó una era de transferencias masivas de jugadores de Europa del Este a las Ligas Occidentales más ricas. No era el hecho de que fueran libres de hacerlo, pero en muchos casos los clubes del Este se vieron obligados a vender para sobrevivir en un nuevo sistema político y clima, ya que no podían confiar en el Estado para financiarlos y apoyarlos.

En un discurso, Erich Honecker, Presidente del Consejo de Estado, se dirige a los funcionarios del Ministerio para la Seguridad del Estado. 6 de febrero de 1985. La Stasi fue un órgano terrible de control del Estado y de persecución, encarcelamiento y terrorismo de Estado. Sus integrantes eran verdaderos sanguinarios.

En una época en la que clubes occidentales más grandes cazan furtivamente a adolescentes talentosos de Europa del Este y clubes del Este de Europa se están alineando con brasileños, esta realidad durante los años de la Guerra Fría parecería un universo alternativo de una novela de ciencia ficción.

El largo brazo de la Stasi. Hasta idearon un plan para destruir de una vez a la amenaza del movimiento Punk en Europa. No se andaban con vueltas. Iban directo al grano.

Parecería inimaginable restringir y encarcelar (literal y figurativamente) a los talentosos, de mejores oportunidades en nombre de la ideología (después de todo, los futbolistas podían ganar algo de dinero para una inversión posterior y para solventar los gastos de sus respectivas familias, pero esto no le importaba a los órganos de seguridad de la URSS), pero ese era el mundo de muchas generaciones de futbolistas.

Fuente

  •  “Oleg BloKhin, el viento del Este” de Olaf Zambrano.
  •   Oleg Blokhin, “La Flecha Ucraniana”. Leyendas del Futbol. Futbol Táctico. Blog
  • “El último Rey de Hungría” por Chema R. Bravo para Ecos del Balón.
  • “Cuentos de Defección: El Impacto de la Guerra Fría en el juego”, de ShahanPetrossian para The Antique Football

Diego Giménez

Un comentario en «Talentos prisioneros de la Cortina de Acero: Deserciones y presos del Comunismo»

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