El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia Universal Roma Eterna

Justiniano y su mayor obra

Justiniano aprobaba la publicación del primer tomo del «CORPUS IURIS CIVILIS[1]», un día como hoy, hace 1491 años atrás, la mayor recopilación de leyes romanas y bizantinas que hasta ese entonces, abarcó la era de los Antoninos hasta Teodosio II[2] y el mismísimo reinado de quien sería el último emperador que gobernó sobre las dos Romas, la de Oriente y la de Occidente.

 Corpus Iuris Civilis. Yale Law Library. 1664.

Justiniano se creía elegido, tras las vicisitudes y tragedias personales que pasó siendo emperador, pestes, revueltas, guerras, unificación de Roma, de nuevo, en fin, para él, un emperador «no sólo debe ser célebre por las armas, sino también estar armado de leyes para hallarse en estado de gobernar, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra. Debe ser el protector poderoso de la ley, así como el triunfador de los enemigos vencidos[3]»

El CORPUS comprendía los libros «Codex Iustinianus», el «Digesto» o «Pandectas», las «Institutas», y las «Novellae». Para que un hombre como Justiniano se decidiese a realizar tamaña tarea histórica no solo nos muestra un poco de su personalidad totalizante y “evangelizadora” como también civilizadora, es decir, la famosa frase que dicen acuñó Qin Shi Huang “antes de mi, nada, después de mi, todo”, que sería priorizada por el celo de este verdadero heroico caballero. De origen tracio-ilírico, sin la sangre real romana corriendo por sus venas, pero, con las ambiciones intactas y con la capacidad para demostrar a propios y extraños que Roma era toda la humanidad, y que las dinastías pusieron el pivote necesario para el presente que tenía como heredero natural, la ciudad fundada por Constantino El Grande.

También demuestra la capacidad intelectual de los emperadores de la Roma de Oriente, de Bizancio, con amplia cultura y una necesidad de contarlo todo de nuevo, esfuerzos mediante, su propia visión del mundo, asentada en la greco-latinidad.

Así, apoyado en el poder que le confiere no solo el trono sino también Dios, Justiniano piensa que debe ser por institución divina el intérprete de su palabra a través de las leyes. Sin embargo, a pesar de ponerse de esta forma al lado de Hammurabi[4], Qin Shi Huang[5] pero más cercano a Moisés, no olvidó sus profundas implicancias prácticas ya que hasta ese momento la legislatura romana pasaba por una anarquía porque tanto la «jus vetus[6]» y la «jus antiquam[7]» pasaron casi al olvido desde el gobierno de los emperadores y en las últimas centurias cercanas a la de Justiniano, ellas habían tenido apenas cambios que se reducían a la publicación de trabajos jurídicos limitados a meras compilaciones destinadas a ayudar a los jueces, incapaces de estudiar toda la innecesaria literatura jurídica, dándoles colecciones de extractos de las constituciones imperiales y de las obras de juristas antiguos de renombre universal[8]. (p. 178)

Versión moderna resumida del Corpus Iuris Civilis

Todo este sacrificio intelectual lo llevó adelante junto a los más grandes sabios de su época y debía lograrse el objetivo principal de centralizar la publicación de las constituciones imperiales[9]. Como bien se menciona, asentado en los hombros de los gigantes anteriores se propuso producir a buen término esta investigación rigurosa, en sus anhelos primigenios, no debe olvidarse que a causa del apuro con la que se llevó adelante otorgó ciertos defectos de fondo, mencionado en Vasiliev, A. A[10].

Demás está agregar algo más a esta breve cápsula histórica. Queda en el tintero percibir la importancia de este producto legislativo que ha supuesto la base fundamental desde la que se ha erigido el derecho de las naciones modernas no sin excepciones trasladadas a los tiempos que vivimos. Por otro lado la misión de Justiniano cuasi divina, cuasi humana, se constituye como la de mayor valor histórico realizado por un emperador hasta la publicación del Código Napoleónico[11] recién, en el siglo 19.

Detalle. El emperador Justiniano y su corte. Mosaico, siglo VI. Ravena. Iglesia de San Vital. Foto Alinari

Finalizamos con las propias palabras del Emperador y su idea de cómo sería recordada esta odisea intelectual jurídica de la que formó parte desde lo más alto:

«Cuando todos los arcanos del Derecho se desvelen, nada quedará oculto a los estudiantes, y después de haber leído todas las obras reunidas para Nos por Triboniano[12] y los otros, se convertirán en abogados distinguidos, servirán a la justicia y serán los más capaces y felices de los hombres en todos los lugares y tiempos»[13].

Se dirigía a los profesores de esta forma: «Empezad, con la ayuda de Dios, a enseñar el Derecho a los estudiantes y mostradles la vía que nosotros hemos trazado, de suerte que siguiendo esa vía se conviertan en perfectos servidores de la justicia y del Estado y vosotros merezcáis de la posteridad la mayor gloria posible»[14].

Finalmente a los estudiantes y jóvenes decía: «Aprended con celo y atención, esas leyes que os damos, y mostraos tan instruidos en esa ciencia que podáis estar animados por la muy hermosa esperanza de, después de terminados vuestros estudios jurídicos, gobernar el Estado en las partes que os sean confiadas»[15].

No queda más que agregar a todo lo escrito aquí una anécdota importante: que a pesar de todo lo bueno planteado en este proyecto de envergadura fenomenal y fantástico para la época, Justiniano ordenó que todas las escuelas de Derecho que no sean las de Constantinopla o Beirut, fuesen debidamente suprimidas por ser un peligro para el Imperio y la Cristiandad, ya que serían “focos de paganismo”[16].

El emperador Justiniano y su corte. Mosaico, siglo VI. Ravena. Iglesia de San Vital. Foto Alinari

[1]Cuerpo de Derecho civil

[2]Teodosio II, hijo de Arcadio, fue el primer emperador bizantino en recopilar una serie de leyes hacia el 429 denominado históricamente “Código Teodosiano”.

[3]Justiniano. Instituciones/Introducción.

[4]Hammurabi fue Rey de Babilonia, interpretó la Ley del Talión y mandó escribir un código de leyes en una famosa estela de diorita que actualmente se encuentra en el Museo del Louvre, contiene 282 leyes y es el primer registro histórico que se tiene sobre el principio de presunción de inocencia. En ciertas partes de Irak se siguen utilizando este código para el castigo de ciertas fechorías realizadas por delincuentes en localidades lejanas a Bagdad y ciudades modernas de esa región.

[5]Fue el primer emperador de China. Tras la unificación total del reino gracias a Qin Shi Huang, mandó quemar todos los libros existentes de los antiguos sabios, tanto confucianos como taoístas ya que tenía pensado civilizar a los chinos bajo su mando y las leyes antiguas no servirían de mucho a partir de ese momento.

[6]Derecho Antiguo. Guide to Latin in International Law

[7]Ibíd. Derecho Antiguo.

[8]Vasiliev, A. A. Historia del Imperio Bizantino. Tomo primero. De Constantino a las Cruzadas. Iberia – Joaquín Gil, Editores, S.A. Barcelona. 1946.

[9]En Vasiliev se lee: “En su obra legislativa propia Justiniano fue muy auxiliado por las compilaciones precedentes, a saber: el Codex Gregorianus, el Codex Hermogenianus y el Codex Theodosianus”. (p. 178) Historia del Imperio Bizantino. Tomo primero. De Constantino a las Cruzadas. Iberia – Joaquín Gil, Editores, S.A. Barcelona. 1946.

[10](p. 180) Historia del Imperio Bizantino. Tomo primero. De Constantino a las Cruzadas. Iberia – Joaquín Gil, Editores, S.A. Barcelona. 1946.

[11]Promulgado el 21 de marzo de 1804 el código escrito por Napoleón es el actual código civil de Francia siendo hasta ahora, uno de los textos jurídicos que más han influido en las dos centurias, desde el momento en ser aprobada.

[12]Según refiere Procopio de Cesarea, Triboniano, era el consejero de Justiniano durante la famosa sedición de Nika, de origen panfilio, asesor y secretario, ostentando el poder judicial y la jefatura de la cancillería. Tenía dotes naturales y su nivel cultural no era inferior al de ninguno de sus contemporáneos; pero por sus inclinaciones endiabladamente codiciosas era capaz de vender siempre la justicia por su lucro personal: en lo tocante a las leyes cada día, desde muy atrás, se dedicaba a abolir unas y proponer otras, cobrando por los servicios a los solicitantes según la petición de cada cual. Luego de la revuelta fue destituido del cargo pero tiempo después el emperador lo restableció en su puesto. Triboniano vivió muchos años ejerciendo el cargo y murió de enfermedad, sin sufrir ningún agravio por parte de nadie. (p. 143 y sgts.) Libro I (Guerras Persas) Biblioteca Clásica Gredos. Editorial Gredos S. A.  Madrid. (2000). Por sus conocimientos fue un mal necesario para Justiniano. Era de carácter agradable nos cuenta Procopio de Cesarea.

[13]Acerca del nuevo Derecho. Constitutio Omnem, 6, Krüger, p. 11. Citado en Vasiliev, A. A.

[14]Ibíd., 2, ed. Krüger, p. 12. Citado en Vasiliev, A. A.

[15]Constitutio Imperatoriam Majestatem, 7, ed. Krüger, p. XIX. Citado en Vasiliev, A. A.

[16]Mencionado en Vasiliev, A. A. Historia del Imperio Bizantino. Tomo primero. De Constantino a las Cruzadas. Iberia – Joaquín Gil, Editores, S.A. Barcelona. 1946. (p. 185)

1 COMENTARIO

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