El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Efemérides Historia Universal

El fin del mundo y la ruta de las Especias

Hace 501 años, en 1519, Juan Sebastián Elcano y Fernando de Magallanes, aquellos exploradores con voluntades inextinguibles y nervios de acero zarpaban con una escuadra de cinco barcos con valiente tripulación de jóvenes diestros y preparados; los mismos, eran capitaneados por este portugués que hallará en tal odisea, la tenebrosa muerte, pero también, su inmortalidad. Los más grandes guerreros de los mares, que frenéticamente lucharon contra viento y marea para llegar al Fin del Mundo y a su vez, sobrepasarlo.

Ilustración del siglo XIX que recrea la expedición al mando de Fernando de Magallanes / Crédito: Diario de Sevilla

Juan Sebastián Elcano fue nombrado Almirante por Carlos I, y como había ocurrido en un comienzo, la corona española invirtió en este viaje todas sus monedas de oro, ya que la sed de descubrimientos y conquistas siguió subiendo de tono desde que Colón se embarcara 27 años antes para descubrir, sin saberlo, el nuevo continente. 239 marinos ilusionados y prestos a sortear cualquier escollo que los haga más ricos y famosos, partieron rumbo al descubrimiento del universo terráqueo, aún desconocido por las gentes del siglo XVI.

Retrato del militar y navegante portugués Fernando de Magallanes (1480-1521).

Un viaje así, en el que las naos Trinidad, Concepción, Victoria, Santiago y San Antonio bordearon lo desconocido, un contingente que sacó pecho a las penalidades que debieron sortear, atravesó tempestades y llegó a los confines del mundo para franquear el estrecho del fin del mundo, que lleva ahora el nombre de Magallanes, en su honor. Y es que si fuésemos aquellos hombres poco preparados para la filosofía pero curtidos a la mar para soportar las desgracias que el género humano pudiera imaginar con la esperanza en la religión católica y la fe en el Todopoderoso, en su último aliento vencieron todos los reveses en la ida catastrófica, y en la vuelta no menos adversa, para ser el testimonio vivo de que la ilusión humana puede ser el aliciente que prenda la mecha al fuego interior de las hazañas mitológicas, legendarias, en fin, simplemente poéticamente poderosas.

Estatua de Juan Sebastián Elcano en Guetaria.

La exploración tenía ciertos objetivos claros, por un lado encontrar un camino más austral hacia las Indias Orientales y por el otro, buscar y encontrar otra ruta a las Islas de las Especias, que haga la competencia hasta las de ese entonces, conocidas pero monopolizadas por los enemigos del Imperio Español de Carlos V.

Magallanes ciertamente tenía un conocimiento de que el viaje, supondría una multitud de problemas y peligros, teniendo en cuenta que la vastedad del océano Pacífico superaba con creces lo que se conocía hasta el momento. Por un lado, los científicos del Renacimiento aún no se ponían de acuerdo en cuanto a las deducciones sobre la Tierra, su tamaño exacto, ubicar los meridianos de demarcación como de su antimeridiano en las antípodas, todo ello siguiendo el Tratado de Tordesillas, y el tamaño real del planeta era empíricamente, hasta ese momento, imposible, por falta de más datos que pudieran corroborar las diversas hipótesis de aquellos tiempos. Esta problemática desintegraba todos los razonamientos e investigaciones que pudieran realizarse a este respecto pero se considera que Magallanes y Elcano, sabían de algún modo cuánto podrían tardar en circunvalar el globo que los llevaría de Sevilla a Sanlúcar de Barrameda y de allí, hasta el Cabo de Buena Esperanza hasta las Molucas y desde ese lugar inhóspito para la gran mayoría de la tripulación, a tierra firme en las Islas Orientales. Recordemos que las islas Molucas eran las famosas Islas de la Especiería, en el Archipiélago Indonesio.

Mapa de la primera circunnavegación del mundo, por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, de 1519 a 1522.

Fernando de Magallanes encontraría la trágica separación de su carne y espíritu de este mundo luchando hasta el último soplo de vida, de aquella esperanza que lo había hecho decidirse a embarcarse a esta historia imposible, ahora, recorriendo el éxodo sin fin el firmamento de la ambición humana más trascendental, ser la luz estelar que guía las esperanzas de los hijos de la curiosidad humana.

Su alma caía en las orillas de Filipinas, asestado el golpe mortal por los nativos de Mactán liderados por su cacique Lapu-Lapu y héroe filipino, que hizo posible, contener la conquista de su nación por esos primeros navegantes orgullosos pero también casi desquiciados y así también, repeler al colonialismo español que finalmente ganaría, tarde o temprano. Las dos naves que aún seguían a flote serían hasta ese momento la Trinidad, la nave capitana que estuvo al mando de Magallanes y Victoria, que surtidas de clavos de olor, debían emprender el viaje de regreso y que con Elcano al frente, llegó tiempo después sana y salva.

Muerte de Magallanes en la batalla de Mactán (grabado del siglo XIX).

Elcano tendría una gran fuerza de voluntad para evitar peligros innecesarios posteriores que hicieron posible no solo que los sobrevivientes de la escuadra sino también, el testimonio de las aventuras terribles y la tragedia de Fernando de Magallanes. Solo la nave Victoria pudo mantenerse a flote y las aguerridas miradas que habían zarpado dos años antes, ahora solo eran, esos ojos cansados de la turbidez de la existencia, de las penas, de los dolores inexpresables, de vivir en dos años cien…

Queda enhebrar el hilo invisible de las umbrías invasiones y las revelaciones más deslumbrantes, que impresionan al día de hoy y ni qué decir en la época, la bravura, la locura de los hombres que se presentan ante el destino existencial como almas irreconocibles para los conservadores efluvios que como virus contaminan los corazones de los ciudadanos de todas latitudes. Solo 18 hombres lograron sobrevivir, 18 voluntades escuálidas, aterrorizadas por las muertes y deserciones de sus compañeros de viaje, almas demacradas por la muerte de grandes héroes que ofrecieron sus vidas para conquistar para el género humano, una de las hazañas más inolvidables de la historia, ser los primeros seres mortales que circunnavegaron la Tierra.

La nao Victoria en un mapa de Abraham Ortelius de 1589

Éstas almas son imperecederas, se las continua escuchando en los grandes océanos del mundo actual, llorando de alegría, gimiendo de dolor o con expresiones desesperanzadoras, todo ello en las voces que cercan nuestros pensamientos, premio solo correspondido a los triunfadores, a las mentes venerables que sin muchos conocimientos o sabiduría reconocida, pero con ansias de proezas maravillosas, se ponen a las órdenes de los espíritus elevados, como Magallanes y Elcano, que los guían hacia la victoria final, el testimonio sublime, de la hermosa contradicción llamada vida. Conviene honrar su memoria, en estos tiempos de desmemoria.

Buena lectura recomendada para investigar y saber más: https://www.rutaelcano.com/elcano-y-la-ilusion

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