El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Efemérides Historia Universal

El incendio del Templo de Artemisa

Un día como hoy (21 de julio) del año 356 a.C., un pastor de la ciudad de Éfeso, se convertía de la noche a la mañana en un pirómano, conducta de los que empiezan en el camino de la psicopatía o como comportamiento preexistente asociado a ella.

Eróstrato, ese apacible campesino incendió el Templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo justo en el mismo día que nacía un tal Alejandro Magno, no quería terminar siendo un grano de arena más en el eterno piélago del infortunio y del olvido. El emplazamiento era uno de los lugares de peregrinación de relevancia capital en las creencias e ideas religiosas de los antiguos pueblos de la Hélade, como Caacupé en nuestro país o la Iglesia de Santiago de Compostela en España.

Esa magnificencia íbase consumiendo por las llamas y los intentos fútiles de los ciudadanos efesios fueron desintegrándose a medida que las columnas caían o el techo declinaba su ostentoso poder para dar al traste y de nuevo, volver del polvo que se habían alzado.

Imagen actual del Templo de Artemisa en Éfeso: apenas quedan ruinas del templo original.

Mientras tanto, en un rincón de la llanura, escondido tras un árbol estaba sentado el incendiario, riéndose, mofándose de su ingenio y asombrosa picardía.

Él solo quería un poco de atención, en los húmedos sueños de Eróstrato emergen los destellos de los jóvenes de hoy en día, que buscan el éxito a toda costa, aún a costa de no hacer nada para conseguirlo y solo protestar, poner excusas, inundar las redes sociales con frases rimbombantes; tanto el efesio como los actuales influencers necesitan atención para sobrevivir, de lo contrario sus vidas son enojosamente aburridas, no importa qué publicar en el facebook o grabar en YouTube, lo importante es figurar, aunque sea por algo malo pues la filosofía actual es que se hable bien o mal de uno, que se hable, basta para enardecer los corazones y la vanidad de estos mequetrefes que buscan likes o seguidores…

Los efesios proscribieron el nombre de este mal hombre para siempre, sin embargo, el historiador Estrabón no contuvo su pluma para mencionar el nombre del tremendo criminal. De esta forma, ha llegado hasta nosotros el nombre de este maldito y vil demonio de la antigüedad, pero interpretado por la cristiandad que dominó el mundo posteriormente como ejemplo de héroe contrario al paganismo.   

El templo de Artemisa, como lo imaginó en este grabado coloreado Martin Heemskerck (1498 – 1574).

Una famosa oración de Plutarco menciona que la diosa Artemisa, por el nacimiento del primogénito de Filipo II de Macedonia, (o del dios Amón según una habladuría muy comentada por aquellos años), estuvo más pendiente de ese acontecimiento que de salvar su portentosa morada en ese país de Asia. Se han dicho muchas cosas a lo largo de los siglos, ríos de tinta han corrido a la hora de tratar de interpretar la funesta acción de Eróstrato, pero, según él lo hizo para ganar fama mundial y vaya, qué fama que logró, con esta universal infamia.

Según cuentan las fuentes antiguas el Rey Persa Artajerjes I ordenó que lo torturasen hasta sacar su confesión. ¿Qué confesión se le puede sacar a un pirómano, que lo hizo por el placer de hacerlo, que lo hizo porque un impulso interior hacía que arda su alma y que dicho acto tremendo, logró apaciguar su espíritu embebido de la frustración, el fracaso, la depresión?

Esta manía por ambicionar ser reconocido se ha repetido a lo largo de la historia, miles de hombres audaces empeñaron su buen nombre a causa de acciones temerarias, ilógicas y maniacas en pos de la consecución de la inmortalidad.

Y hermano, ¿quién en su sano juicio no anhela aunque sea de refilón presentarse en el amplio lienzo de la diosa fama, como un buen espectador, reconocido por ella para atormentar el futuro con su nobleza o villanía, pues malos o buenos, locos o cuerdos, unos y otros, por igual, han de convertirse en bárbaros, bellacos, héroes y antihéroes solo por unos segundos de gloria, que ya es mucho, pero que al final, quedan en las páginas de la gran historia universal, aunque sean delitos monstruosos.

Grabado del templo.

¿Qué Nerón, qué Calígula, qué Judas, qué Torquemada, qué Hitler no quedará en la historia, a pesar de sus maldades?

Por último, la abominación de Eróstrato es el punto más crítico de la existencia, ser o no ser, el tener que hacer algo para rebelarse ante el destino de olvido y la indiferencia social, para no ser desconocido, para no quedarse solo en vida, irremediablemente un“influencer de la antigüedad” que se parece mucho a los actuales que inundan cual ejército de estúpidos, la cibernética pléyade de información que desinforma.

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