El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Grandes Batallas de la Historia Historia Universal

La Masacre de Liegnitz

En la llanura de Liegnitz, situada cerca de la ciudad de Legnica en Silesia, comenzaría la batalla que decidiría el futuro de Polonia ante las huestes tártaras; en el lugar escogido el general mongol Baidar, el segundo al mando de Batú Kan, el nieto de Gengis Kan enfrentó de pleno al contingente aliado de estados polacos y fuerzas del Sacro Imperio Romano Germano, Caballeros Hospitalarios, Templarios bajo el gran liderazgo de su héroe Enrique II el Piadoso, y los Caballeros Teutones, que valerosos ante los grandes desafíos bélicos fueron como siempre, feroces con las armas, al frente del cual estaba el comendador de la Orden de los Caballeros Teutónicos o komptur.

Enrique II el Piadoso, Duque de Silesia.

Usualmente los mongoles seguían la misma estrategia de batalla[1] pero aparentemente los polacos no entendieron bien la estrategia mongola. Los asiáticos doblaban en número a las fuerzas cristianas que emprendieron sin más su ataque de caballería tras lo cual los jinetes mongoles emprendieron la retirada, una práctica de evasión que ofrecía resultados sin iguales, al caer los enemigos en estos movimientos de señuelo.

Batú Kan en el trono de la Horda de Oro (ca. 1300, copiado c.1430-1434).
El Imperio mongol durante el reinado de Kublai Kan.

A pesar de estar en una posición superior en lo alto de un promontorio elevado, lo que hacía posible divisar a los movimientos de los mongoles, el rey entendería de manera práctica y en persona la leyenda del terror mongol. La infantería estaba detrás del rey y la caballería a la vanguardia.

Baidar no era para nada insulso ante la arremetida de los cristianos, y como buen general, impartió órdenes estratégicas que apoyarían a la caballería ligera a su mando, que con movimientos de ataque-retroceso confundían a los pesados jinetes polacos y teutones. La caballería occidental, entonces perpetró su error más garrafal al creer que los mongoles huían y presos de la ansiedad atacaron a las hordas tártaras con la furia acostumbrada pero fueron repelidos de manera categórica, y atrapados en la trampa fatal, urdida por los oficiales de Baidar.  

La cruz de la orden Teutónica.

El ejercicio militar retirada-contraataque dio resultados espectaculares para los intereses mongoles ya que pudieron a discreción asestar el golpe final al ejército de un Enrique II el Piadoso, sorprendido y que trató de escapar a toda costa, no sin entender del todo que su vida, aunque no corriese riesgo alguno, no significaba nada, si perdían esa batalla, ya que Polonia quedaría a merced de la violencia, barbarie y salvajismo de los comandados por Baidar, para gloria del gran Kan.

La batalla de Legnica en una placa de cobre realizada por el artista Matthäus Merian el Viejo de 1630 titulada «La gran derrota de los cristianos golpeados por los tártaros». Fue posteriormente coloreada.

La estrategia consistía en la simpleza del acto de matar al enemigo. Primero despojarlo de sus defensas. Mataban a los caballos, luego en el suelo, los cristianos eran aplastados por lanzas y rematados finalmente por sus espadas, este espectáculo atroz para cualquier persona de este siglo parecería innecesario teniendo en cuenta los armamentos actuales que evitan el contacto directo entre soldados de ambos bandos.

Pero in illo tempore, todo se decidía por el imperio de la fuerza y del combate cuerpo a cuerpo, la utilización de flechas para diezmar de a poco a los enemigos, era considerada por los famosos espartanos como propios de cobardes, pero a los asiáticos, principalmente los hunos primero y los mongoles después, en el campo de batalla todo valía, y evitar ese combate cuerpo a cuerpo, era por sobre todas las cosas, significaba la preservación de sus valiosos combatientes, experimentados en el Campo de Marte.

«Mongols defeat Christian knights at the battle of Liegnitz, 1241». Mongoles derrotan a los caballeros cristianos en la batalla de Liegnitz. Autor: Angus McBride

Tras la batalla, los restos de los cristianos descuartizados bañaron el campo de rojo. El ejército cristiano fue destruido de manera fulminante, la aniquilación de los soldados de Enrique II el Piadoso supuso un duro golpe para Occidente.

El avance mongol, ahora, parecía incontenible, el castigo divino por los pecados de los creyentes, estaba “a la vuelta de la esquina”, y este castigo como bien lo describían las crónicas, algunas de ellas muy desquiciadas en cuanto a la “barbaridad” de aquellos “tártaros asiáticos”, no distaba mucho de la realidad cuando se relacionaban estas actitudes o comportamientos vandálicos con la suerte de los prisioneros o de aquellos que osaban no rendirse y ofrecer lucha.

The Battle of Liegnitz (La batalla de Liegnitz) Autor: Angus McBride

El gran comendador militar de los Caballeros Teutones y el mismísimo Enrique II el Piadoso fueron asesinados brutalmente por los mongoles y la cabeza del rey fue puesta en lo alto de una lanza para enviar el mensaje a toda la cristiandad.  


[1]Estrategia que les regaló cientos de victorias rutilantes y el hecho básico por medio del cual llegaron a dominar la mayor parte del mundo conocido en la gran extensión de Tierra que legó a Kublái Kan luego de los grandes esfuerzos de Gengis, Ugodai/Ogodai y Batú, quienes forjaron el Imperio Mongol y llevaron a Karakorum, esa ciudad construida en el medio de la nada por Temuyín que alojó a las mentes más brillantes de su tiempo, eclipsando lo hecho por el gran emperador chino Tsin Shi Huang/Qin Shi Huang, que unificó China, siendo él, el primero de una larga lista que terminaría en el año 12 del siglo veinte con la abdicación del último emperador.

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