La Vendée y los genocidios modernos

La Vendée y los genocidios modernos

Es cierto que en toda la historia humana han existido grandes matanzas, muertes en masa que enlutan y marcan nuestro pasado. Desde la antigüedad hasta los momentos finales de la Edad Media, las guerras y grandes conflictos han ocurrido casi sin interrupciones.

Pero con el inicio de lo que llamamos «modernidad», las masacres deliberadas y extensivas alcanzaron niveles nunca antes vistos, tanto en la magnitud como en la macabra crueldad que muchas veces se ha empleado.

Detención de Robespierre en la Convención Nacional. Cuadro de Max Adamo (1870). Fuente Imagen: De Max Adamo († 31. Dezember 1901) – user:Hajotthu, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17026181

Sólo es cuestión de recordar a las «Cacerías de Brujas» que se dieron masivamente en los países de cuño protestante. Nada más en los territorios germánicos, se estima en al menos 25.000 las muertes de mujeres acusadas de brujería por luteranos y calvinistas.

Recordemos también el caso del Lord Protector de Inglaterra, Oliver Cromwell, que estableció la primera dictadura totalitaria moderna, implementando un verdadero reinado del terror puritano, exterminando en las Islas Británicas alrededor de 1 millón de católicos (casi nunca mencionado; otros hablan de 300 mil, algunos elevan la cifra a 1.500.000).

De allí a los 25 millones de muertos en la Rusia Soviética, los 50 millones en la China Comunista, los 5 millones en el Tercer Reich Alemán, etcétera, hay una sencilla y lógica continuidad. La modernidad nos trajo el genocidio. Y no olvidemos que en la llamada «Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay», no pocos afirman que la intención de dicha contienda fue el exterminio étnico de la nación guaraní, cosa que estuvo muy cerca de lograrse…

Pero recientemente, un verdadero genocidio, generalmente ocultado por la historiografía, ha ganado preponderancia sobre todo gracias a la investigación histórica y el estudio meticuloso de los elementos. Durante el «Gran Terror» de la Revolución Francesa, se dio un oscuro y tétrico episodio conocido como «La Vendée».

Nueve de Termidor (1864), de Valery Jacobi, conservado en la galería Tretiakov de Moscú. Tumbado sobre una mesa, herido, en una sala del Comité de Salvación PúblicaRobespierre es objeto de la curiosidad y de los insultos de sus guardianes, delante de sus amigos, deshechos Fuente Imagen: De Valery Jacobi – Location: Государственная Третьяковская галереяDimensions: 85×152,9 смWeb source: [1]Technique: óleo sobre tela, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9765041

Sólo en París, la Revolución de «Liberté, Egalité, Fraternité ou la Mort» se había cobrado unas 50 mil vidas. La mayoría eran aristócratas y católicos (laicos o clérigos por igual). La guillotina sedienta de sangre se tragaba todos, incluso a sus principales promotores, Robespierre y Danton.

Pero aunque no es habitualmente mencionado, en el interior de Francia, el pueblo se mantuvo siempre fervientemente monárquico y católico. Lyon, bastión de los Reyes, al igual que el norte de Francia, ya se habían levantado en contra del terror genocida revolucionario. Pero armados con picos, lanzas y trabucos, poco podían hacer contra los cañones y fusiles parisinos. Solamente en esas regiones, unas 50.000 personas fueron muertas por los revolucionarios, sin contar las bajas en combate.

El caso de «La Vendée» es similar pero mucho más dramático y sangriento. Tras los abusos de los republicanos franceses, la población de las zonas ribereñas del Loira, encabezadas por el Generalísimo Jacques Cathelineau y el Conde de la Rochejacquelin, «Por Dios y por el Rey» se levantaron en armas.

General Jean-Baptiste Kleber. Fuente Imagen: De Jean Urbain Guérin – Trabajo propio, Bjoertvedt, 2010-11-24, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12180884

Con sus tácticas de «guerrilla y tierra arrasada», causaron severos dolores de cabeza a las tropas republicanas dirigidas por los generales Camille Canclaux y Jean Baptiste Kléber. Los Realistas celebraban la Santa Misa en bosques y canoas para evitar ser descubiertos, se refugiaban en monasterios que habían sido saqueados, en granjas y pantanos, encontrando siempre la ocasión para emboscar y sorprender a sus enemigos.

Henri de La Rochejacquelein au combat de Cholet en 1793. Fuente Imagen: De Paul Émile Boutigny – Musée d’art et d’histoire de Cholet, Cholet (France), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3282836

Los republicanos no tuvieron otra opción sino atacar directamente a las poblaciones civiles, con la esperanza de que los soldados realistas fueran a su rescate. Así fue que al menos 150.000 pobladores de la llamada «Zona de la Vendée» murieron, muchas veces sufriendo las más inenarrables torturas. Pero la trampa funcionó…

Los Jefes Realistas, no pudiendo abandonar a sus civiles a su propia suerte, iban a enfrentarse a las Fuerzas Republicanas en luchas frontales dentro de las ciudades. De esa manera, la única ventaja que poseían (de refugiarse en las campiñas y atacar en guerrillas) desaparecía y los revolucionarios podían aplastarlos fácilmente con sus armamentos superiores.

Generalísimo Jacques Cathelineau. Fuente Imagen: De Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson – 1. Desconocido2. artst.org3./4. Desconocido, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=207016

Los enfrentamientos duraron todo el año 1793 hasta el mes de Diciembre, cuando los últimos líderes de «La Vendée» fueron capturados o muertos.

Se estima que durante toda la Revolución Francesa hasta el «18 Brumario», alrededor de 500 mil personas habrían muerto a manos de los revolucionarios.



Jean Baptiste Camille de Canclaux . Fuente Imagen: De Unidentified painter – Musée Dobrée, Nantes, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4278196






















Emilio Urdapilleta

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