El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia Universal

Radetzky, el gran espadón de Austria

Nacido en el Reino de Bohemia (actual República Checa, entonces territorio fiel del Imperio Austríaco de los Habsburgo) el 2 de Noviembre de 1766, Josef Anton Radetzky Graf von Radetz (en español: José Antonio Radetzky, Conde de Radetz). Legendario espadón de los Habsburgo, inmortalizado por la famosa «Marcha Radetzky» de Johann Strauss que cada año se escucha en los Festivales de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena.

Johann Joseph Wenzel Graf Radetzky von Radetz

Desde pequeño estuvo destinado a la carrera de las armas. Como nos cuenta el historiador Alan Sked en su obra «Radetzky: Imperial Víctor and Military Genius», el legendario austro-checo fue toda su vida un apasionado por las Fuerzas Armadas y un ferviente católico. Combinaba con mágica alquimia su vida de soldado profesional con un profundo espíritu piadoso y cristiano.

Jovencito ya le tocó combatir como Teniente de Caballería en la Guerra Austro-Turca de 1787-1791, dónde los Habsburgo obtuvieron una Victoria Pírrica contra los Otomanos. De allí fue enviado, con rango de Mayor de Caballería, a los Países Bajos dónde debió combatir contra la Revolución Brabante (1789-1790), en la que momentáneamente vencieron los belgas pero tras el duro triunfo obtenido por Austria contra Turquía estos enviaron refuerzos (Radetzky, como dijimos, entre ellos) y la rebelión belga fue aplastada.

Sin embargo, la Revolución Francesa ya había estallado con todas sus implicancias, y los insurrectos franceses no tardaron en lanzarse contra los territorios que consideraban enemigos. Los Países Bajos y especialmente Italia (dónde empezaría a destacarse un tal Napoleón Bonaparte), que entonces estaban bajo mando de Austria, iban cayendo víctimas de la insurrección.

La batalla de Leipzig entre la Francia Napoleónica y una coalición aliada entre Austria, Rusia, Prusia y Suecia, 1813. Fuente Imagen: Johann Peter Krafft – Trabajo propio, Anagoria. Tomada en 31 de octubre de 2012 (Deutsches Historisches Museum Berlin)

Radetzky, quién ya era Brigadier, debió bailar con la más fea en el norte italiano, es decir, contra el Gran Corso. Además, se hallaba bajo el mando de oficiales que no estaban a la vanguardia del arte de guerra moderno. Aún así, en medio de las derrotas austriacas, lograba él destacarse por su liderazgo, su valentía y por haber arrancado algunas pequeñas victorias contra los entonces imbatibles franceses.

Todo sea dicho, los Habsburgo fueron los que cargaron con casi todo el peso de las Guerras Napoleónicas en su etapa inicial: Austria fue la enemiga implacable de principio a fin, uniéndose posteriormente Inglaterra, Rusia, Prusia y España.

Lejeune – Batalla de Marengo. De Louis-François Lejeune – Desconocido, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=254055

Pero en 1812, la buena estrella de Napoleón empezaba a apagarse. A pesar de su última gran victoria en la Batalla de Wagram, los franceses ya estaban al límite de sus fuerzas. Las terribles sangrías sufridas en España y Rusia fueron insoportables para la Grand Armée y Josef Radetzky, entonces ya con el bastón de Mariscal de Campo, logró hacer un último esfuerzo supremo junto a los Habsburgos, bajo la sapientísima dirección del Príncipe Metternich. La «Sexta Coalición» fue la decisiva. Napoleón fue exiliado a Elba pero regresaría pronto para los 100 Días, que acabaron en Waterloo. Ya no era lo mismo…

Ennoblecido como Conde Radetzky, trabajó en la modernización de las Fuerzas Armadas Austrohúngaras. Se hallaba pasando los 70 años de edad cuándo en 1848 estalló la Revolución Italiana, dónde ganaría su fama inmortal como líder militar.

Napoleón en la batalla de Wagram. Fuente Imagen: De Horace Vernet – [1] Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=246073

Los «Carbonarios» (Secta Masónica de Ritual Italiano) encabezada por Giusseppe Mazzini, el Conde de Cavour y Garibaldi, iniciaron una rebelión contra la dominación de los Habsburgo en Austria. Fueron cientos de miles los «condottieros» que no respetaron a nadie. «MAFIA» era la palabra clave que utilizaban para sus tropelías (acrónimo que significa: Mazzini Autoriza Furti, Incendi e Avenelamenti). En esa «Primera Guerra Italiana» de 1848-1849, los Habsburgo supieron vencer gracias a las proezas de Radetzky, quién triunfó en el Asedio de Venecia y obtuvo las victorias decisivas de Custoza y Novara (esta última fue tan notable que acuñó la famosa frase «a Radetzky le costó una bicoca»). La clave del Mariscal Austríaco estaba en utilizar una sabia combinación de defensa-contraataque, apelando a su famosa línea defensiva en el «Cuadrilátero» que unía las fortalezas de Mantua-Peschera-Verona-Legnago.

Aplastados los «Carbonarios», Radetzky tendría tiempo de envejecer y morir en 1858, siendo enterrado en el Memorial Heldenberg por orden del Emperador Francisco de Habsburgo. Un año después, y sin el talento de su gran líder militar, los austriacos serían derrotados en la Segunda Guerra Italiana (la «Guerra de Liberazione») en la que los liderados por el Rey Víctor Emmanuel II de Nápoles contaron con el apoyo decisivo de Napoleón III. Oh, la ironía…

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