El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Efemérides Historia Universal

Rumbo a lo desconocido

Desde el Puerto de Palos de Moguer zarpaban tres carabelas con hombres entusiasmados por la aventura, y enceguecidos por la inmortalidad, a la búsqueda de un camino marítimo que los llevara a la corte del gran Kan de China. La Pinta, la Niña y la Santa María se volcarían a la mar bajo el comando de Cristóbal Colón, el almirante que había recibido el apoyo de los Reyes Católicos para su poco menos que alocada empresa.

Dios iba con ellos, su poder que todo lo puede transformar, alimentaba sus corazones, refulgía en sus rostros esa alegría de levar anclas y partir, pero también, el desconcierto que produce la adrenalina cuando te yergues sobre tu propia sombra efímera y continúas a tientas, enceguecido por la ambición, y penetras en lo desconocido. Proeza del genio humano, que no se cansa de inventar excusas para satisfacer su extrema curiosidad. La expedición no de hombres, sino de los verdaderos argonautas. ¿Quiénes seríamos sin ellos?

Salida de Cristóbal Colón desde Palos. Grabado de la pintura de Antonio Gisbert. Grabado de autor anónimo basado en un cuadro de Gisbert.

Esta fecha, 3 de agosto de 1492 representa para la humanidad, el proceso que transformó nuestro conocimiento del mundo, radicalmente, alejó antiguas leyendas y miramientos seudocientíficos, y originó sin dudas, el mayor de los choques entre civilizaciones de la historia, que marcó un antes y un después, en la propia forma de co-existir.

Tras dos meses navegando por el Océano Atlántico llegarían a tierra firme, según el razonamiento de Colón y sus marinos, era una parte de la India Oriental en la que habían posado sus esperanzas y aliviados por una Fe inclaudicable, se adentraron en la selva virgen del Nuevo Continente, del Nuevo Mundo.

Los Reyes Católicos habían entendido que su apoyo financiero y logístico, debía tener algo más que solo lo estrictamente necesario para emprender la travesía, sino también, una diplomática postura para Colón y le otorgaban los derechos sobre las tierras e islas que pudiera descubrir, virrey y gobernador de los territorios todos que descubriese y obtener ganancias por el 10% de todo el comercio logrado, entre otras peculiaridades. Pero esto lo sabe todo el mundo, no necesitamos enfocarnos en esto por ahora, quizás tal vez, en otra ocasión podamos profundizar sobre estos aspectos políticos del personaje Cristóbal Colón.

Este viaje que tuvo sus peripecias, como todo, en aquellas centurias renacentistas, descubrió un sinfín de culturas, especies vegetales y animales, ruinas de antiguas civilizaciones poderosas y los baluartes tras los que edificaron sus imperios, aztecas e incas, ríos interminables, recursos naturales imperecederos, creencias e ideas religiosas completamente distintas, prados de infortunio para muchos de los europeos que buscaron fama y riqueza, pero para algunos elegidos por la divina providencia, inmortalidad, tanto si se habla de guerras de conquista a través de la cruz de la Iglesia Católica como de acuerdos entre diferentes culturas, que terminaron por construir el legado europeo en las Américas cimentado en el poder del Imperio Español.

La estatua de Colón en Barcelona. Getty Images

Como decía el gran emperador Marco Aurelio en uno de sus soliloquios “La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”.

No se puede, a la luz de la historia moderna y con los avances actuales en todos los bagajes del conocimiento humano condenar o premiar las acciones de nuestros antepasados, solo diremos que aquellos que han venido al Nuevo Mundo con el pensamiento de riqueza y fama rápida, encontraron su destino y los demás, aquellos que se afincaron en nuestras tierras cargadas de nutrientes eternos, —que son los más, afortunadamente— para echar raíces familiares, encontraron la mayor felicidad a la que se refería nuestro querido y apreciado filósofo romano:

“La libertad de cosechar sus propios frutos, en perfecta armonía con la naturaleza”.

Con el tiempo, españoles, ingleses, portugueses, franceses, fueron adquiriendo un cariño especial por este Nuevo Mundo, se adentraron en sus selvas oscuras y garabatearon sus nombres en la dura roca mientras ascendían las montañas que los acercaban más a Dios, se fueron mezclando con los nativos, y crearon otra raza más fuerte, poderosa y orgullosa de su estirpe y de su historia, a pesar de la destrucción, saqueo y olvido, a la que condenaron a las grandes culturas amerindias, pero de por sí, han proporcionado al Planeta Tierra un término inolvidable:

“AMERICANO”.

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