El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia Universal

Vercingétorix, el valeroso líder de las Galias

Nació en el año 80 a.C. en Gergovia, región de Auvernia (Francia). Su padre fue Celtilo, líder de la poderosa tribu gala de los arvernos, quien fue asesinado por las familias aristocráticas arvernas, hecho que llevo a Vercingétorix a unirse al ejército del general romano Julio Cesar, que se encontraba en campaña para conquistar las Galias.
“Vercingétorix no era solamente en jefe político y militar, como caudillo estaba obligado por la devotio, que consistía en la consagración de la propia persona a los dioses para obtener la victoria.

El caudillo desempeña una función sagrada y tiene la responsabilidad suprema, por tanto debe sacrificar su vida para evitar la masacre de sus tropas. Es el sacrificio del héroe, similar al suicidio de Breno cuando fracasa en su aventura en Delfos, o al de Bran, que pide a sus compañeros que le corten la cabeza cuando fracasa en su intento de conquistar Irlanda.

Esta costumbre era común a todos los pueblos celtas. Para ellos la guerra es una actividad espiritual y la muerte gloriosa en la batalla tiene un carácter religioso, así como el suicidio del guerrero vencido, porque existe un lazo que une indisolublemente al guerrero con la muerte. Esta unión, además de en la devotio, se encuentra también en los soldurios o los ambacti de la Galia: se trata de una versión guerrera de la clientela que consiste en que un grupo de guerreros se unen a un jefe y juran seguirle hasta la muerte, compartiendo con él la victoria o la derrota y comprometiéndose a no sobrevivirle si muere.” (1)

Hasta el año 53 a.C cansado de las imposiciones del imperio romano, el líder galo reunió a su pueblo y se alió a otras tribus para proclamar la expulsión de los romanos. Reunió gran parte de la nación gala para hacer frente a las tropas de Julio Cesar, llegando incluso a vencerle antes de tener que rendirse y ser capturado.

Los galos lo reconocieron como su rey, pero al año siguiente Julio Cesar inició su persecución, y después de mucho esfuerzo, y no pocas penurias, logró derrotarlo y capturarlo en la batalla de Alesia.

Compartimos lo que escribe Dion Casio:

«En cuanto al auxilio que debían traer los jinetes y los otros emisarios, les llegó a los bárbaros no mucho después, pero los romanos y sus aliados, en una batalla ecuestre, intentaron después penetrar de noche en la ciudad por los pasos existentes en la muralla, pero sufrieron un severo revés. Los romanos, efectivamente, habían excavado en los puntos de acceso para la caballería fosas ocultas cuyo interior sembraron de picas; y a continuación habían igualado toda la superficie de las áreas circundantes, de suerte que hombres y caballos, totalmente ajenos a la celada, cayeron en las fosas, con lo que el intento fracasó. Vercingétorix habría podido huir (pues no fue capturado ni estaba herido), pero confió, dada la relación de amistad que antaño había tenido con César, en que obtendría su perdón».

«Por tanto fue a buscarle sin hacerse anunciar, e inesperadamente, cuando César se hallaba sentado en la tribuna, hizo aparición, lo que no dejó de producir turbación en algunos circunstantes, porque además ocurría que era de altura considerable y que, cubierto por las armas, su aspecto producía un efecto extraordinario. Una vez que los ánimos se calmaron, no pronunció palabra alguna, sino que cayó de rodillas y juntando ambas manos se puso a suplicar. Ello infundió en los demás piedad, pues el recuerdo de su fortuna anterior contrastaba con lo lastimoso de la situación que tenían ante los ojos».

«César, sin embargo, le echó en cara justamente aquello en lo que había cifrado Vercingétorix sus mayores esperanzas de salvación (puso de relieve, efectivamente, la contradicción entre su amistad y su antagonismo bélico, y de esta manera presentó bajo una luz más cruda las ofensas recibidas); en consonancia con lo cual, lejos de apiadarse, de momento ordenó que fuese encadenado sin dilación y más adelante, tras enviarlo para que figurar a en su cortejo triunfal, le dio muerte. Pero el episodio de Vercingétorix acaeció después, mientras que tras la mencionada rendición, César llegó a un acuerdo con algunas de las demás poblaciones bárbaras y a otras las venció por las armas y las esclavizó». Dion Casio. Historia Romana. Libro XL. Págs. 229-230.

Muchos exponen que el líder galo aceptó su derrota, sin embargo, ofreció su vida a cambio de los 53.000 supervivientes de Alesia, hecho que demostró su papel heroico, y una manera de ser que lo distinguiría de los demás, modelo a imitar por su pasión, patriotismo y coraje, siendo el primer autentico héroe en agrupar a la mayoría de las tribus para enfrentarse al mismísimo Julio Cesar, cosa que éste último, no trató de emular en ningún sentido, ya que otros intereses lo estaban preocupando, y no había lugar para los principios éticos ni los valores morales que pudieran impedir su dominio futuro, en la sangrienta pero codiciada, Roma.

Así, se extinguía la vida del primer héroe francés, según leemos en la Historia de Francia de Ernest Lavisse.

Imagen: Vercingétorix arroja sus armas a los pies de Julio César por Lionel Noel Royer (1899). Museo Crozatier, en Le Puy-en-Velay.

En G. Bruno, se mantiene esta imagen en su libro “La vuelta a Francia de dos niños”:

¿Cuál querríais tener, el alma heroica del joven galo defensor de vuestros antepasados, o el alma ambiciosa e insensible del conquistador romano?

– ¡Oh!, exclamó Julien emocionado con su lectura- preferiría sufrir lo que sufrió Vercingétorix que ser cruel como César.

Fuentes:
-Dion Casio. Historia Romana. Biblioteca Clásica Gredos
https://es.wikipedia.org/wiki/Vercing%C3%A9torix

Nota:
(1) http://seditio.webcindario.com/vercingetorix.htm

Edición, corrección y notas por GO.

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