El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Astronáutica Historia del Siglo XX Hitos de la Ciencia Ingeniería Espacial

El comienzo de la Era Espacial: un relato y una reflexión

La oscuridad del régimen comunista coincidía con la noche primigenia, en la que la humanidad se enfrentaría a su destino, la conquista del espacio. Los científicos soviéticos trabajaron en la oscuridad y el silencio, su destino era ser el centro neurológico de la maquinaria comunista que afianzaría la victoria final sobre los capitalistas liderados por su enemigo en la Guerra Fría, Estados Unidos.

La Guerra se había convertido sin querer, en una competencia, entre dos potencias que veían el mundo y la ciencia de distintas formas, pero en el fondo, la ciencia, se convertiría solamente en una herramienta para la consecución de los altos fines de ambos regímenes políticos e ideológicos y los científicos, en los conejillos de indias azuzados desde las altas esferas diplomáticas, con las excusas de la superioridad intelectual y tecnológica que solo uno de esos regímenes podrían lograr en últimas instancias. Fuera de todo lo que venimos diciendo, muchos científicos tenían férreas convicciones, no solo era el avance tecnológico y la competencia intelectual sino acercar a la humanidad a un hito que marcarían las décadas venideras y que resaltaba siempre el entender los secretos ocultos del universo.

Imagen artística del Sputnik 1 en órbita sobre la tierra.

En Estados Unidos había variables que impedían que estén a la altura de los esfuerzos soviéticos, por un lado, el ejército creía que todo lo referente a cohetes y astronáutica debían ser monopolio de los militares, por el otro, los científicos se sentían inseguros dado el poco apoyo gubernamental que recibían sus propuestas, como en el caso de Wernher von Braun, que tuvo que ser político, productor, guionista, estrella de TV y científico para intentar convencer a las autoridades de su proyecto. En el bando soviético, por propia iniciativa intelectiva, por obligación ideológica o por amenazas a la vida, todos los grandes cerebros y los militares trabajan a la par, aunando esfuerzos para que la Madre Rusia le gane la pulseada al Tío Sam y lo lograron, por un tiempo considerable, hasta que la gran potencia americana tomaría las riendas del asunto y catapultaría a la humanidad a la gloria de pisar por primera vez la Luna, y superando las barreras del tiempo y el espacio, con las sondas espaciales Voyager.

Pero el programa Sputnik, provocaría en el orgullo americano la creación, indefectible de la NASA. Pero bajo la tutela de Serguéi Koroliov, todo el programa soviético espacial fue éxito tras éxito en una escalada que se frenaría no solo por la falta de una política de Estado tendiente a mejorar las condiciones de sus grandes científicos a la par de aportarles lo necesario para sus peticiones sino porque el corazón de este sistema, había muerto, y no habría otro súper hombre que lo emulara o que lo superara.

Réplica de Sputnik 1, el primer satélite artificial en el mundo, listo para ser puesto en órbita. Esta réplica se encuentra en el Museo Nacional del Aire y el Espacio (Washington D. C., Estados Unidos).

Luego de estas grandes hazañas provocadas por el genio humano soviético, fue en picada su programa espacial, cuando los científicos tienen que superar barreras burocráticas de gente que no tiene idea del trabajo intelectual y astronáutico, termina por “bombardear” de la peor manera las voluntades inmiscuidas en tamaña tarea y terminan por destruir todas las esperanzas de avances, por ello, al final, Estados Unidos ganaría la guerra fría y la guerra espacial. Pero ello, no terminó por minar los esfuerzos de ambos bandos para mejorar las condiciones laborales de los expertos de la nueva astronáutica, sino al contrario, ayudó más tarde o más temprano para aunar esfuerzos y compartir experiencias que sería la última frontera en el mayor logro que la ciencia mundial puede lograr, el trabajo en conjunto, por encima de las ideologías, las creencias, y la maldita política que ennegrece todo.

Pero sentémonos en el zaguán de la casa, sacudamos brevemente nuestras hamacas cargadas de cenizas y polvo debido a los grandes incendios forestales que nos golpean hoy en día y pensemos un rato. El 4 de octubre de 1957, en la noche, a menos de dos horas para la medianoche, un objeto identificado como el “Compañero de Viaje” o “Sputnik 1”, surcaba el cielo soviético para embarcarse en la aventura más legendaria de la carrera espacial, y apoyarse en la órbita terrestre, recorriendo los miles de kilómetros que rodean a nuestro planeta, aspirando los rayos cósmicos que vienen desde el espacio exterior, saludando a nuestra Luna con altiva jactancia pero con mucha humildad, la mera humildad que ejemplifica en mayor grado la voluntad del ser humano para mirar más allá de su propia mortalidad, buscando las respuestas, entendiendo cómo funcionan las ocultas fuerzas del universo. Era el primer satélite artificial que orbitaba la Tierra. 92 días después, caía de nuevo, tras completar más de 1400 órbitas terrestres.  

Como bien mencionaba mi amigo, el Profesor Pedro Acosta en su muro del Facebook hace escasos minutos:

“Siglos llenos de sueños y esperanzas vieron como el ser humano, daba sus primeros tímidos pasos fuera de su hogar, representó además un tremendo empujón a la naciente ciencia de la astronáutica y cambiaría para siempre nuestra propia visión del universo”.

Hoy se cumplen 63 años desde que comenzara la Era Espacial, en el siglo de la Ciencia y de las dos Guerras funestas que asolaron la existencia humana.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *