El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

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El día del Químico

En Paraguay se conmemora el Día del Químico, tanto en la Facultad de Ciencias Químicas como en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, el festejo entraña a la historia misma de la Química, a nivel mundial, como nacional.

La Facultad de Ciencias Químicas. Gentileza, Rectorado UNA, Dir. de Comunicaciones.

La Facultad de Química y Farmacia de la UNA se funda un día como hoy, pero de 1938 gracias a la gestión de los estudiantes de la Escuela de Farmacia durante la Presidencia del Dr. Félix Paiva, bajo el Decreto Nº 6.560, por el cual se creó. Esta denominación duró hasta el año 1976 en que asume el nombre por el que es conocida actualmente.

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNA. Imagen gentileza. FACEN-UNA, RR.EE. y Dif.

En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNA, la carrera de Química con una serie de actividades que se desarrollan desde el año 2009 (de manera oficial ya que en años anteriores siempre se “festejaba” dicha fecha), conmemora al Químico francés Antoine Laurent Lavoisier  (1743-1794); en el caso de la FACEN-UNA se recuerda ese luctuoso día en el que el gran padre de la química moderna fallecía en la guillotina, bajo el reinado del Terror y extrañas circunstancias que llevaron a esta eminencia científica al peor escenario.

Hablaremos brevemente sobre lo que el Departamento de Química y la Asociación de Estudiantes de Química Pura consideran importante recordar en estas fechas.

Biografía

Antoine-Laurent Lavoisier. Grabado de Louis Jean Desire Delaistre, según un diseño de Julien Leopold Boilly.

Nacido el 26 de agosto de 1743 en París, estudió lengua, literatura y filosofía como también matemáticas y física y siguiendo más que una tradición familiar una tradición de aquella época la carrera de abogacía como baluartes enciclopedistas como Diderot, D´alembert, Voltaire y otros menos eminentes como Pierre Simón de Laplace que fue ungido como ayudante investigador de Lavoisier.

La formación de Lavoisier fue ecléctica acercándose a todas las ramas del saber de aquellos años ilustrados más conocido con el nombre de época de las luces. Gustaba mucho de los conocimientos de botánica y geología.

Cuando ingresa a la academia de las ciencias se hace cargo de la supervisión y recaudación de tributos desde 1779 en adelante.

La rentabilidad de la inversión de los socios se basaba en la habilidad administrativa, es decir, en la especulación.

En el año de 1771 se casaba con Marie Anne Pierrette Paulza. Ella sólo tenía trece años. Marie Anne aprendió inglés, lengua que Lavoisier no conocía y ayudó en las publicaciones del mismo mediante su habilidad para dibujar los instrumentos utilizados por su esposo.

Retrato de Antoine Lavoisier y su esposa, por Jacques-Louis David.

El viejo debate entre especulación y experimentación sobre el mundo físico

La especulación filosófica griega establecía que todos los fenómenos naturales tenían un origen ideal. Esto es; podían ser aprehendidos por el conocimiento humano mediante el análisis. Este análisis comprendía la evaluación de los pormenores en las propiedades ignotas de la materia visible y no visible.

Las especificaciones se hacían con la utilización de ciertos conceptos primordiales o primigenios, los cuales tenían a su vez, otros conceptos contrarios. La naturaleza (phycis) tenía una explicación. Pero no se confunda la explicación de los griegos con la explicación actual de un fenómeno sea o no sea de origen natural, sea o no sea de origen inducido sintético.

La química del siglo XVIII estaba de brazos caídos hasta el momento en que un movimiento científico proporciono a la experimentación y la investigación de esos tiempos una base fundamental donde asentar los nuevos principios y descartar los viejos y equivocados que solo resonaban en las mentes preparadas para retroceder y no para avanzar.

Marchaba el movimiento de las ideas y la experimentación científica a desterrar por fin, las teorías del flogisto y otras explicaciones que no tenían que ver con los hechos observados y observables. La especulación dejaba paso a la sistematización y la creación de una metodología de investigación ya cercana a lo que conocemos hoy.

El apogeo de una de las revoluciones más sangrientas de la historia y que más cambios produjo fue, en el sentido trágico de la leyenda que sigue, escenario principal de una de las personalidades más discutidas en la química. Lavoisier. Su juzgamiento y posterior ejecución es sin duda alguna, una de las más terribles y penosas contingencias de la historia.

Por esta circunstancial existencia en medio de una de las conflagraciones más elevadas del género humano, que buscaba la libertad y el fin de la opresión del absolutismo de las monarquías, su vida y obra, no pueden pasar desapercibidas para nuestra generación.

Siguiendo con nuestra aproximación a la génesis del pensamiento químico…

Las teorías griegas de los elementos y del origen de las reacciones fisicoquímicas estaban a punto de parir las ideas que posteriormente volcarían a la química a ser una ciencia cuantitativa. Sólo que esta filosofía no llegó hasta los europeos de una forma pura. Fue traducida, mejorada y en algunos casos descartada por los árabes.

Cuando la filosofía natural empezaba a decaer en una petrificación inmanente, la ciencia química, (que aún no llevaba esa denominación), demostraba signos de ser la más afectada.

Cuando Boyle simulaba experimentos y trataba todas las situaciones hasta ese momento estudiadas con detalle —pero no con el ojo crítico de la ciencia— ya pensaba en la nueva ciencia, de la antiqua scientia sólo harían falta algunas acotaciones eminentemente concordadas entre los sabios de esa época en lo que respecta a las reacciones químicas, sus posibles aristas de solución. El ermitaño iatroquímico debía desaparecer forjando el porvenir del científico químico.

El flogisto como explicación final de la química de los elementos

La combustión de los compuestos químicos no tenia una explicación convincente y infinitas hipótesis se fueron desarrollando por este galimatías intelectual de aquellos años donde la alquimia todavía extendía sus gráciles gayas garras emplumadas de sometimiento hacia la mezcolanza entre una clase de superstición muy arraigada en el ser humano desde la prehistoria hasta nuestros días: la religión.

La combustión

«En Francia y en Inglaterra las teorías atómicas habían conducido al intento de explicar el universo sobre bases puramente mecánicas. Sacaron el mejor provecho de las teorías mecánicas pero se encontraron lamentablemente para ellos con los conceptos de Van Helmont y se hicieron papilla ante este muro infranqueable de los hechos observados y observables».

«En Alemania se dio el paso hacia la cima de la muralla del conocimiento, sabiduría y entendimiento mediante las ideas desarrolladas por el químico Johann Joachim Becher (1635-1682) amante de los compuestos orgánicos, que creía místicamente como Van Helmont que los metales eran sólo un subproducto en el plan del Creador, cuyo centro lo constituía la vida orgánica, y de aquí que cualquier explicación de la combustión debía basarse en la cremación de las sustancias orgánicas».

«Becher según sus aproximaciones entendía como elementos al aire, el agua y la tierra pero según Van Helmont el aire no podía intervenir en las reacciones químicas y el agua tenía sus propias y específicas cualidades».

Vítrea, grasa y fluida

La sal de Parascelso comunicaba cuerpo a las sustancias. El azufre paracélcico otorgaba inflamabilidad. El mercurio de Parascelso confería densidad y brillo metálico. La tierra grasa o terrapinguis se encontraba en la materia animal y vegetal y cuando ardían estas entraba a formar parte de los residuos. Esta era una más de las especificaciones iatroquímicas de la época. La explicación de la combustión, que al principio fue una parte de esta teoría general, llegó a ser mas tarde la doctrina central de la química y su principal defensor fue el médico y químico Georg Ernst Stahl (1660-1734). Este señor era seguidor de las doctrinas místicas de agrícola y Ercker además claro está, como todos lo debemos intuir, vitalista empedernido.

Los elementos de Stahl eran los mismos de Becher pero le dio el nombre de flogisto a la tierra grasa que interpreta de una manera filosófica la tendencia de esta terrapinguis a inflamarse o quemarse. Otra aproximación sería la de hacer arder. Este era el fundamento final para el principio de inflamabilidad de las sustancias que explicaba convincentemente según los seguidores el proceso de combustión. Los objetos combustibles eran ricos en flogisto, y los procesos de combustión suponían la pérdida del mismo en el aire. Lo que quedaba tras la combustión no tenía flogisto y por tanto no podía seguir ardiendo. Así, la madera tenia flogisto, pero las cenizas no.

Sin embargo el físico holandés Hermann Boerhaave no concordaba con estas explicaciones del comportamiento natural y decía que la combustión ordinaria y el enmohecimiento no podían ser diferentes versiones del mismo fenómeno.

Llegó la hora del juicio final

Es aquí donde una cabeza sigue rodando entre nosotros con absoluta perspicacia y genialidad. La época de las luces estaba en su punto álgido. Por dondequiera se husmeara había una suerte de soledad que participaba de aquella luminosidad de las ideas pero aun no se hacía corporeidad. La enciclopedia en su tercer volumen publicado en 1753 por Gabriel Francois Venel no se mostraba optimista con la disciplina química que él defendía.

Decía él que sólo una revolución podía situar a la química a la altura de las demás ciencias. Escribía:

“Esta revolución, digo, no puede ser realizada más que por un químico hábil, entusiasta y atrevido, que al encontrarse en una situación favorable y aprovechar hábilmente algunas circunstancias felices, sepa despertar la atención de los sabios, primero con una ostentación brillante, con un tono decidido y afirmativo, y después con argumentos si sus primeras armas hubieran atacado el prejuicio”.

La ciencia adopta el método experimental

Detalle del retrato de Antoine-Laurent Lavoisier (1743-1764) de Charles William. Royal Society Print Shop

La ciencia destierra finalmente el escolasticismo. Se aproxima a la cuantificación de los resultados. A la medida exacta y precisa. La ciencia deja de ser empírica para convertirse en método.

Lavoisier detecta carencias de la ciencia química

Comentaba Lavoisier en sus reflexiones sobre la problemática de la Química en aquellos años:

«Desde los primeros pasos se empezaba por suponer en vez de probar. Me enseñaban palabras que no sabía entonces definir o, al menos, sólo podía hacer adquiriendo conocimientos que me resultaban totalmente extraños y que únicamente podía obtener por el estudio de toda la química. Así se comenzaba a enseñarme una ciencia dándose por supuesto que ya la sabía».

Palabras escalofriantes ciertamente, pero reveladoras sobre la revolución que se estaba gestando en el intelecto de los pensadores y científicos más poderosos de la época.

Investigación sobre la transmutación del agua en tierra

Determinaba el grado de pureza que el agua podía obtener por medio de destilaciones sucesivas. Todavía por esos tiempos estaba extendida la plataforma aristotélica de la interpretación del universo. Las medidas de las densidades de muestras de agua en función de las materias disueltas, le hicieron sospechar que el depósito terroso que se formaba en destilaciones sucesivas de una muestra de agua cuya densidad no variaba apreciablemente en las últimas destilaciones era un producto de la operación.

Para dilucidar el problema, Lavoisier consideró que el único medio era repetir las experiencias en recipientes herméticamente cerrados, con la precaución de tomar cuenta exacta del peso del recipiente y del agua empleados.

Si el peso total, finalizada la experiencia no variaba entonces necesariamente debía encontrarse una disminución de peso en una u otra de estas dos sustancias (el agua y el recipiente), y esta disminución debía ser precisamente igual a la cantidad de tierra separada.

El químico francés Lavoisier (1743–94) trabaja en su laboratorio. Encyclopedia Britannica

Si, por el contrario, el peso del conjunto aumentaba al final, entonces la materia del fuego que pasaba a través del vidrio y se comunicaba con el agua, era el responsable de tal aumento.

Demostración de que el aumento de peso proviene del recipiente

Lavoisier pesó cuidadosamente un recipiente de vidrio y el agua que introdujo en él: lo cerró herméticamente y puso a hervir el agua por espacio de 101 días.

A medida que transcurría el tiempo, se formaba lentamente en residuo terroso. Una vez retirado el aparato del fuego, anotó de nuevo su peso y observó que no había variado. Comprobó así, en contra de la opinión común, que el fuego no producía ningún aumento de peso. Después pesó el residuo seco y lo mismo hizo con el recipiente. El peso del residuo era prácticamente igual a la pérdida de peso experimentada por el recipiente, por lo que concluyó que el depósito terroso procedía del vidrio y no del agua.

Ya el método científico de las mediciones exactas daba una nueva visión o en todo caso mostraba el camino correcto a seguir a partir de ahí en adelante.

La combustión y Lavoisier

Lavoisier le explicando a su esposa el resultado de sus experimentos en el aire, pintura al óleo de la Junta de Ernest; en la Wellcome Collection, Londres. Encyclopedia Britannica

Lavoisier se interesó por la combustión por que este era el gran problema de la química del siglo XVIII y segundo, porque uno de sus primeros triunfos fue un ensayo sobre la mejora del alumbrado público en 1760-1769. En el año 1772 compró junto con otros químicos un diamante que calentó en un recipiente cerrado hasta que desapareció.

La formación de dióxido de carbono fue la primera demostración clara de que el diamante era una forma de carbono y que por lo tanto estaba relacionado con el carbón más que con ninguna otra cosa. Calentó metales como el estaño y el plomo en recipientes cerrados con una cantidad limitada de aire.

Ambos metales desarrollaron en su superficie una capa de calcinado hasta un momento determinado en que ésta no avanzaba mas. Los partidarios del flogisto dirían que el aire había absorbido del metal todo el flogisto que podía retener. Pero, como era bien sabido, el calcinado pesaba más que el propio metal, y sin embargo, cuando Lavoisier pesó todo el recipiente (metal, calcinado, aire) después del calentamiento, pesaron justamente lo mismo que entes de calentarlos. De este resultado se deducía que si el metal había ganado peso al calcinarse, parcialmente, entonces algo en el recipiente tenía que haber perdido una cantidad de peso equivalente.

Ese algo, al parecer, podría ser el aire, y en ese caso debería haber un vacío parcial en el recipiente. Efectivamente, cuando Lavoisier abrió el matraz, el aire se precipitó en él, tras lo cual comprobó que e matraz y su contenido habían ganado peso. Lavoisier demostró así que la calcinación de un metal no era resultado de la pérdida del mismo flogisto, sino la ganancia de algo muy material: una parte de aire. Así, mientras Stahl decía que el proceso de obtención de un metal por fusión del mineral correspondiente implicaba el paso del flogisto desde el carbón al mineral, Lavoisier decía que lo implicado en el proceso era el paso de gas desde el mineral al carbón.

Lavoisier en un horno de destilación en su laboratorio. Una guillotina asoma por la puerta abierta, un recordatorio de que fue ejecutado durante la Revolución Francesa. Encyclopedia Britannica

Lavoisier notó, en efecto, que si en el curso de los experimentos se tenían en cuenta todas las sustancias que tomaban parte en la reacción química y todos los productos formados, nunca habría un cambio de peso (o, utilizando el término más preciso de los físicos, un cambio de masa).

Por eso Lavoisier mantenía que la masa no se creaba ni se destruía, sino que simplemente cambiaba de unas sustancias a otras. Esto es conocido como la ley de conservación de la masa que ha servido de piedra angular a la química del siglo XIX, o sea, constituía su nodriza generatriz o la materia prima de la que hablábamos desde el punto de vista filosófico.

Lavoisier siguió con sus estudios por que no estaba del todo satisfecho con los resultados. Quería destruir cualquier tipo de duda sobre su metodología. Así se imbuyó de los resultados obtenidos por el fisicoquímico ingles Priestley, descubridor del aire desflogisticado. Lavoisier fue el primero en argumentar que el aire no era un elemento o sustancia simple sino una mezcla de dos gases en una proporción de 1 a 4. Un quinto del aire era el aire desflogisticado de Priestley y Lavoisier puso el nombre de oxigeno derivado de los vocablos que en griego significan productor de ácidos.

Lavoisier con sus discípulos, de un bajorrelieve explicando su análisis del aire (bronce) (foto en blanco y negro) por Barrias, Louis Ernest (1841-1905) bronce Place de la Madeleine, París, Francia, francés, sin derechos de autor

Las cuatro quintas partes de aire, que no podían mantener la combustión ni la vida (el aire flogisticado de Rhutherford), constituían también un gas diferente. Lavoisier lo llamó ázoe (de la palabra griega que significa sin vida), pero posteriormente lo reemplazó el término nitrógeno. Esta palabra significa que forma salitre, ya que se descubrió que el nitrógeno formaba parte de la sustancia de este mineral. Las nuevas teorías de Lavoisier suponían una completa racionalización de la química. Todos los misteriosos principios habían caído con ella. En el futuro solamente interesarían a los químicos los materiales que pudieran pesarse o medirse.

Tras establecerse esta base, Lavoisier comenzó a levantar la superestructura. Durante la década de 1780-1789, en colaboración con otros químicos franceses, Louis Bernard Guyton de Morveau, Claude Louis Berthollet y Antoine Francois de Fourcroy elaboró un sistema lógico de nomenclatura que se publicó en 1787 y su gran obra maestra el Tratado Elemental de Química publicado el mismo año del inicio de la Revolución Francesa, 1789.

Los historiadores del siglo XIX atribuyen a Lavoisier el nacimiento de la química moderna

Laboratorio de Lavoisier.

Actualmente se cree que la química de esos tiempos empezaba a sufrir de un clima enrarecido de conflicto y división, paradigmas por doquier entre los cuales aparecía el principal de todos que decía que la alquimia llevó a los químicos por el camino errado por mucho tiempo a pesar que todos los conocimientos corroborados por la experiencia estaban ciertamente sujetos a demostración de falsabilidad y por lo tanto no todo el saber alquímico era descartable, a todos estos síntomas de crisis definitivamente debía seguir la desintegración final de uno de los métodos utilizados: la defensa del anterior método alquímico fue uno de los primeros guillotinados en Francia, poco antes que estallase la insurrección, ¿quién hubiera imaginado el desenlace posterior?.

El inicio de la Revolución Francesa

Además de las asambleas nacionales que había establecido como gobierno, y en donde principalmente venían a concentrarse los instrumentos políticos de su movimiento, se había creado dos palancas todavía más poderosas y terribles para remover y hasta para derribar esos cuerpos políticos cuando intentaran establecerse en el punto a donde ella quería avanzar. Estas dos palancas eran la prensa y los clubes.

La prensa, en el medio siglo que precediera a la revolución, había sido el eco elevado y tranquilo del pensamiento de los sabios y de los reformadores: pero desde que estalló la revolución, se convirtió en el eco tumultuoso y frecuentemente cínico de las pasiones populares; ella misma transformaría los procederes de la comunicación en pensamiento: no hacia libros porque le faltaba tempo para hacerlos; pero repartía al principio folletos, y después una infinidad de hojas volantes y diarias expendidas a muy bajo costo entre el pueblo, o fijadas gratuitamente a las paredes de las plazas públicas, provocando a las multitudes a leerlas y discutirlas. El Amigo del Pueblo era uno de los periódicos más importantes.

Jean-Paul Marat, en un grabado de E. Viollat.

Cada línea sudaba sangre. Su principal orador era Marat, que había nacido en suiza; escritor sin talento, sabio sin nombre y apasionado por la gloria sin haber recibido de la sociedad ni de la naturaleza los medios de ilustrarlo, se vengaba de todo lo que era grande, no sólo en la sociedad, sino en la naturaleza; no odiaba menos al genio que a la aristocracia, y lo perseguía como un enemigo por todas partes, donde veía levantarse o brillar alguna cosa.

De formación médica con amplia y reconocida experiencia en Inglaterra, en 1778 había remitido a la academia de Paris una memoria con los experimentos que había realizado sobre el calor y en particular, del fuego, la cual fue aceptada. Pero en junio de año siguiente presentó una continuación en la que declaraba haber diseñado un modelo de microscopio capaz de visualizar la sustancia que componía la sustancia ígnea. Su texto no fue evaluado hasta mayo de 1780, siendo rechazado y desaconsejada su publicación por falta de rigor y de verosimilitud en sus conclusiones.

Le fue comunicado a Marat que la persona más capacitada en Francia para valorar cualquier investigación acerca del calor era Lavoisier, y éste, poco después, aunque no se sabe si llegaron siquiera a entrevistarse, ratificó la falta de relevancia científica de los experimentos del futuro revolucionario. A partir de entonces la Academia de Ciencias se convirtió en el germen podrido de un conocimiento despótico que negaba las verdades alternativas que florecían en el seno de la sociedad.

Marat estalla de rabia hacia el conocimiento científico y ataca a Lavoisier desde el Amigo del Pueblo y dice lo siguiente:

Retrato de Jean-Paul Marat (1743-1793)

«El padre putativo de todos los descubrimientos que han nacido en otras partes, un químico que no tiene ideas propias y que se aprovecha de las de los otros, abandonándolas pronto. ¿Cómo es que ha llegado a triunfar? Porque se ha asegurado una renta de 100000 libras, ha hecho de Paris una amplia cárcel y ha cambiado los nombres de acido en oxigeno, de flogisto en ázoe, de marino en muriático, de nitroso en nitrito y nitrato. Estos son sus títulos para la inmortalidad».

Lavoisier enfrentaría a la revolución hecha carne en la persona de Marat. La historia nos cuenta que el año que da inicio a la modernidad es el de 1789, cuando comienza la revolución francesa, año de publicación del Tratado Elemental de Química, momento en el cual, Lavoisier se encontraba entre los blasones de la ciencia y los del Ancien régime como administrador Presidente de la Academia de las Ciencias francesa.

Y perdió nomás…

«La République n’a pas besoin de savants ni de chimistes; le cours de la justice ne peut être suspendu».

«La república no necesita sabios ni químicos. El curso de la justicia no puede detenerse».

Palabras atribuidas a Jean-Baptiste Coffinhal, presidente del Tribunal revolucionario que selló el destino de Lavoisier.

En la madrugada del 19 de floreal del año II (8 de mayo de 1794) Lavoisier apesadumbrado y ya, decidido a no lamentarse más por su suerte, fue guillotinado en la Plaza de la Revolución (hoy Plaza de la Concordia) y su cuerpo arrojado posteriormente como el de Mozart a una fosa común.

Lagrange que asistió a este espectáculo atroz para la ciencia pero bien popular para las masas volubles que sólo querían ver y oler sangre dijo mientras apartaba la mirada:

“No ha sido necesario más que un momento para hacer rodar esa cabeza, pero puede que cien años no basten para producir otra semejante”.

¿Era Lavoisier un revolucionario?

El experimento clásico de Lavoisier para medir la actividad metabólica (absorción de oxígeno) de un ser humano en reposo (Armand S eguin). El experimentador (Antoine L. Lavoisier) está manejando el respirómetro, y su esposa (Marie-A.-P. Lavoisier) está escribiendo el protocolo (adaptado de un dibujo de M.-A.-P. Lavoisier, 1790).

Vimos que más bien era un contrarrevolucionario para la revolución política pero era un revolucionario para la ciencia. Por esa razón concluyo afirmativamente: Lavoisier era un revolucionario ejemplar y verdadero pero lamentablemente su espíritu científico lo llevó a pasar por alto las relaciones humanas no sabiendo cómo reaccionar ante las circunstancias que lo llevaron al suplicio final. Le faltó ser más diplomático con las personas indicadas, vaya coincidencia para todas las eras donde los descubrimientos científicos llevan la delantera, intentar convencer a los políticos que la ciencia es importante para el progreso y desarrollo de un país no es nada fácil y tanto en el pasado como ahora, la realpolitik es a veces, sanguinaria con las mentes más preparadas.

Por esto último, Lavoisier debe ser recordado, por su ejemplar conducta a pesar de lo que se veía venir, a pesar de las acechanzas seguras de la muerte, él persiguió su inocencia hasta el último día, pero a veces, el más inocente de los hombres termina siendo el peor de todos. El caso de Jesús de Nazareth condenado por el pueblo, Juana de Arco, a la que también recordamos hoy en ocasión de su gran victoria en el asedio de Orléans llevada a la hoguera, Einstein en la Alemania nazi, exiliado, son ejemplos valederos de muchos en la historia de la humanidad, de cómo reaccionamos frente a lo distinto.

Ahora sin embargo podemos decir que la tesis anterior puede descartarse puesto que nuestra tarea como divulgadores consiste en interpretar la época en que vivimos, de acuerdo a las pasadas hazañas, los errores cometidos y las omisiones indirectas.

La reflexión es que en el Paraguay actualmente se necesita una reforma en todos los ámbitos donde las personas capacitadas son puestas a un lado, o bajo la batuta de los políticos, aquellos mediocres seres que se enfrascan en luchas desprovistas de lógica sólo para que un problema pequeño se convierta en uno grande; personas sin ninguna capacidad intelectual reconocida que ocupan los cargos de relevancia en un país que se sume en la ignorancia y el anti-cientificismo.

Antoine Lavoisier Foto por imágenes Prisma/UIG/GETTY

Se necesita una revolución en la ciencia en Paraguay, es cierto, pero más se necesita empezar a pensar bien y dejar la mezquindad de ideas en la historia pasada, como un testigo fiel de lo que no debemos hacer. Lo pragmático debe ser al fin de cuentas el fundamento a través del cual podrán las nuevas generaciones erigir el castillo del conocimiento y el cambio de paradigma que clamamos que se decantará en el trabajo por descubrir y ser útiles al engrandecimiento de la Nación Guaraní.

El azar y la necesidad guían nuestro desenvolvimiento como seres humanos pero la voluntad de poder debe superar nuestras propias limitaciones culturales que hacen de la envidia una Diosa del Olimpo muerta hace mucho, pero resucitada nuevamente en este bello y golpeado país sudamericano cada 8 de mayo.

Bibliografía

  1. Lavoisier, vida, pensamiento y obra; Colección Grandes Pensadores, Editorial Planeta De Agostini.
  2. Historia de las ciencias, Stephen F. Mason, Alianza Editorial.
  3. Historia de las ciencias, Michel Serres, Cátedra.
  4. Diccionario Básico De Científicos, David Millar, Ian Millar, John Millar, Margaret Millar, Tecnos.
  5. Isaac Asimov, Breve Historia de la Química, Alianza Editorial.
  6. Isaac Asimov, Momentos Estelares de la Ciencia, Alianza Editorial
  7. Henry M. Leicester, Panorama Histórico de la Química, Editorial Alhambra
  8. George Sarton, Ensayos De Historia de la Ciencia, UNION TIPOGRAFICA EDITORIAL HISPANO AMERICANA

Fuentes que pueden servir para una mejor comprensión:

https://principia.io/2015/05/08/un-dia-triste-para-la-ciencia-la-ejecucion-de-lavoisier.IjEyNCI
https://es.wikipedia.org/wiki/Antoine_Lavoisier
https://www.publico.es/culturas/antoine-lavoisier-quimico-cabeza.html
https://www.abc.es/ciencia/abci-gran-cientifico-moderno-acabo-guillotina-201808130100_noticia.html
http://wolframio1783.blogspot.com/2014/09/la-muerte-de-lavoisier.html
https://www.bbvaopenmind.com/ciencia/grandes-personajes/lavoisier-grandes-exitos-de-la-quimica-barroca

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