El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

In Memoriam Reflexión

Alexander «The Great»

Alejandro III de Macedonia a su muerte, en Babilonia contaba con apenas 32 años.

A esa edad, era dueño de todo el mundo conocido, hasta ese entonces, el imperio más grande de la historia. Julio César lloró ante su tumba porque no pudo lograr más que unos pocos territorios, comparado con la efectividad del alumno de Aristóteles.

Su tumba se ha perdido, muchos historiadores y arqueólogos piensan con justa razón que la oleada de fanatismo religioso del siglo IV y V d.C, provocó la inevitable pérdida del mausoleo, otros piensan tampoco fuera de razón, que las autoridades de Alejandría, ciudad fundada por el Magno General macedonio vieron inevitable su destrucción, ya que el culto a la imagen fue prohibida tanto por el cristianismo primigenio como así también, por el Islam, independientemente, de cuándo se perdió para siempre esta reliquia histórica que más que la curiosidad por ver la momia del hijo de Filipo II, existe el interés científico por saber si murió por la fiebre provocada por la malaria o por envenenamiento. Antes de la llegada del cristianismo, fue el lugar de peregrinación más visitado de la antigüedad clásica.

Muchos aventureros hasta el día de hoy buscan afanosamente la tumba de Alejandro, ¿por qué?

Porque existe algo en el «de profundis humano» que exige corroborar la existencia de este ser casi mitológico, este dios civilizador que produjo la mayor transformación del mundo antiguo y que los romanos aprovecharon, para asentar con la fuerza de su disciplina y ambición, posteriormente, el imperio más grande de la historia hasta el momento tanto por su alcance en el mundo como por la influencia en el derecho, que es sin parangón.

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