El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

In Memoriam

Blas Servín, el Gran Centauro de los cielos paraguayos

Nos dejó tras una larga enfermedad el Prof. Blas Servín, un incansable hombre de ciencia que a lo largo de más de cuatro décadas, ha divulgado la astronomía a chicos y grandes, persiguió las huellas de la creación de manera enérgica; enseñó a muchas generaciones que con el tiempo se convirtieron en grandes docentes y profesionales de todas las áreas del saber.

Él fue el pionero, luego, muchos lo siguieron con su ejemplo. No hablaremos aquí de sus logros, porque no es necesario, sin embargo, conviene recordarlo de otra forma. Desde El Parlante, con el que colaboró en varias publicaciones de su extinto impreso, mantuvo con calidad, la personalidad que lo ha preconizado siempre, una persona a carta cabal, majestuosa y magnánimamente gentil, algo que a la fecha, es tan difícil de encontrar porque allí radica la grandeza del caballero, del hombre de verdad.

Era una de las pocas personas a las que se podía considerar con ética y moral elevadas, respondía con celeridad, con tranquilidad, paciencia y entereza las preguntas de los más pequeños y los más viejos, la franqueza de su mirada aportaba la seguridad que uno podía encontrar en sus enseñanzas, hasta el último momento mantuvo su fe en las ciencias naturales.

Se convirtió con el tiempo y la experiencia en un excelente pescador, sabiendo elegir a sus colaboradores y amigos. Su gran corazón y su noble temperamento sobrepasaban cualquier fuerza impulsora.

Tenía como los grandes científicos una sed insaciable de conocimientos, y su incansable curiosidad fue el aliciente de muchos jóvenes que empezaron a recorrer los fantásticos caminos del placer de descubrir la naturaleza extraordinaria del universo profundo, testigo a través de la lectura, el estudio y la difusión de lo aprendido en constante retroalimentación, de los grandes progresos de la humanidad, desde la teoría ptolemaica hasta la revolución copernicana, el sacrificio de Bruno o la contribución del Galileo, los mundos de Kepler y la gravitación newtoniana, los hallazgos de Hubble, la singularidad en el colapso de las estrellas de Penrose, pasando por los grandes e impactantes revelaciones del espacio-tiempo de Einstein y el edificio del saber construido por Hawking o la grandeza inimaginable descrita en los primeros minutos del caos primigenio y la creación de Weinberg.

Se fue el impulsor, el motor de la astronomía en Paraguay, la savia que nunca envejecía porque sus ánimos blandían la espada del universo cuando sus ojos centelleaban reflejando el conocimiento que se descubría tras el lente del telescopio, se fue para no volver, para agitar sus alas hacia el sol donde el despertar humano se traduce en polvo estelar, ahora sus pasos se oyen cada vez que miramos nuestro pasado, su voz resuena en la vía láctea, su sonrisa y don de buena gente se ha transmitido de generación en generación porque se escudó siempre en la humildad, la humildad de los grandes, de los eternos héroes sin capa.

En el origen de nuestra afición por la astronomía, no existía nada absoluto, no había textos ni conocimientos resumidos en un gran corpus histórico, todo el saber estaba desperdigado por doquier, por los restos de la gran guerra o por la bibliografía existente, que sobró de las ruinas jesuíticas. La Tierra guaraní era toda ella, ilusión, y por sobre ella, se encontraba la nada absoluta, porque ni el cielo existía sobre este mar absoluto de inexistencia, sólo el gran abismo de la indiferencia científica y los prolegómenos de una mirada refractaria de nuestro acervo cultural, no habían frutos ni hierbas ni voces porque todas ellas se extinguían en cada voluntad perdida en el transitar efímero de nuestra cultura.

Tras el primer estallido que movilizó las fuerzas escondidas de la naturaleza, emergió de ese lodo primigenio el gran hombre capaz de realizar el trabajo de asentar los fundamentos sin los cuales, la divulgación científica en Paraguay, no sería posible. Y es que gracias a él, otros grandes más jóvenes o más viejos, pusieron su grano de arena para que la difusión de la astronomía en Paraguay sea una realidad hoy en día, con muchos espacios virtuales, asociaciones y grupos de aficionados que gustan intercambiar pareceres, conferencias, talleres y encuentros para aprender y compartir.En las fronteras conocidas de la bóveda celeste las nubes galácticas dejan escapar sus lágrimas.

En los recónditos hospedajes de los cinturones de asteroides los graznidos prorrumpen el silencio del vacío en la próxima expansión sideral;

En la materia oscura se escucha el canto de las sirenas espaciales, pregonando los paradigmas de antemano;

Las estrellas fugaces se acurrucan en los anillos de Saturno, mirando de reojo las explosiones de millones de cometas, los fantasmas del portento desayunan galaxias espirales mientras se extinguen en la contracción del universo;

Miras el telescopio, observas los misterios revelados de la historia, ellos han estado allí, desde el principio mismo de la Madre Tierra, esperando pacientemente que la maravilla se revele a las mentes preparadas, a los astros del mañana, a la simiente del presente, en el Planeta de nuestra curiosidad;

Esta época pasará, muchos otros morirán, algunos recordarán, algunos tendrán la posibilidad de entender la energía oscura, pero allá, en lo alto, siempre estará la efigie del primer Hombre Superior que concibió un futuro donde todos los paraguayos pudieran participar de la aventura del conocimiento y el saber sin restricciones, sin envidias de por medio, sin avaricia o ganas de figurar nada más, sino simplemente como aprendices del macrocosmos y de sus secretos aún por desvelar.

Aprender y compartir, éstos han sido los engranajes que hicieron moverse a la máquina del conocimiento en nuestro querido Paraguay, el mayor de los legados del siempre sonriente Prof. Blas Servín, el Gran Centauro de los Cielos paraguayos. Allá se lo ve satisfecho, entre la constelación de Orión y las lluvias meteóricas, ya formas parte del universo sinfín, tu alma inspirada podrá descansar en paz, ya eres parte de las curuvicas de la Gran Explosión, te has transformado en polvo estelar; ya formas parte de todos nosotros.

QEPD.

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