Genio y figura del fútbol

Genio y figura del fútbol

Tan grande era mi admiración hacia el Diego, que hasta tenía la camiseta, estampada con la 10, antes que la propia casaca de la Albirroja durante el famoso mundial de México 86, el mejor mundial de la historia junto con los de Sudáfrica 2010, Italia 90 y México 70.

Me viene a la mente recuerdos de cuando todos los domingos por las mañanas, canal 13 transmitía el calcio italiano. Por Maradona veía todos los partidos del Napoli, equipo que competía en la liga junto con los demás grandes como Inter de Brehme, Matthäus, Klinsmann y el AC Milán de los holandeses Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Marco Van Basten.

El Diego era un mounstro. Su talento, su calidad, su esfuerzo, su juego colectivo, sus pases magistrales o sus pase gol, sus tiros libres imposibles y sus dribblings inmaculados eran de otro mundo. Otras virtudes, por citar algunos de los mucho que tenía, eran su actitud para llevarse el equipo al hombro, sus penales ejecutados con sangre fría, los mágicos movimientos que se inventaba cada vez que estaba rodeado por varios rivales con los que salía airoso y muchos más.

El lierazgo que tenía sobre sus compañeros, tanto en los clubes donde jugó como en su selección, son irreprochables e indudables. Quien lo haya visto jugar podrá decir que jamás se dio otro jugador de su estirpe ni talento, menciono esto, ya que cuando yo era un mita´i, todo el mundo discutía sobre si quién fue mejor, si Pelé o Maradon, hasta que un tal Alfredo Di Stéfano dijo: «el mejor jugador que vi fue Arsenio Erico y me hizo valorar la calidad que también encontramos en Paraguay. Un verdadero fuera de serie».

En fin, en mis fantásticos y traviesos años de niñez, todos los mita’is del barrio queríamos ser Maradona.

Se podrá decir muchas cosas sobre él, pero yo lo seguiré recordando como un grande del Napoli y en su selección, cuando era el mejor futbolista, luego, todo lo que vino después, ya es parte de las cuestiones extra futbolísticas. ¿Quién puede juzgar a estas alturas? A mí no me compete hacerlo.

Gabriel Ojeda

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