El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

In Memoriam

José Félix Estigarribia: 80 años de su partida

El Mcal. José Félix Estigarribia Insaurralde, nacido un 21 de febrero de 1888 en Caraguatay, fundamentó su leyenda con sus buenas decisiones, con una inteligencia que refleja el más alto valor que nuestros militares han demostrado a lo largo de nuestra historia marcada por vaivenes políticos, pero, sin embargo, también, cargada de hombres extraordinarios que con su capacidad de liderazgo, son el ejemplo imposible de repetir hoy en día, cuando más necesitamos de personas con responsabilidad, intelecto, valentía, honor pero por sobre todas las cosas, patriotismo.

Tras ser enviado al exilio, (como siempre pasa en este país con sus héroes, menospreciados y vilipendiados por sus propios conciudadanos, a quienes ofrendaron con su sacrificio, capacidad y preparación, la posibilidad de sobrevivir con nuestras costumbres, cultura, todos aditamentos que nos convierten en paraguayos), volvió para ser electo Presidente Constitucional del Paraguay en 1939.

Muchos piensan que la historia del Paraguay habría tenido otro desenlace si no moría fatidicamente en circunstancias no analizadas ni investigadas del todo, a profundidad, un 7 de septiembre de 1940, un día nublado como hoy, que refleja el ceño de aquellos antepasados que ofrendaron el último sacrificio posible, para legar a este presente, soberanía, libertad e independencia, no poca cosa hermanos, no poca cosa.

Aquí un extracto de uno de sus discursos más famosos pronunciado en Uruguay en 1936:

“Nuestra civilización occidental semeja más la enorme maestranza de un Ejército monstruoso listo para una campaña apocalíptica que aquel grandioso instrumento de elevación humana y cultural con que soñaron sus precursores y voceros.

La agresión y la agresividad permean todas las tendencias. Hay sectores enteros de nuestro planeta donde se cultiva el espíritu ciego de lucha despiadada y destructora como la única trayectoria imaginable para seguir adelante para una concepción en boga y es un deshonor hacer el menor sacrificio en homenaje a la paz.

Yo creo sin embargo, que de tan funestas aberraciones estamos aún libres en América, de modo que nuestro deber consiste en evitar que la infección penetre y se haga carne en nuestro espíritu.

No faltan tentativas continuadas y tenaces para arrastrarnos en el torbellino, trabajo de etapa que no desmaya, pero que por eso mismo debemos vigorizar nuestras condiciones pacíficas para que la marea no prospere.

América se hizo libre en la aurora de la democracia liberal, y gracias a ella, y en ella tiene su hábitat político social y la garantía de su porvenir. Si suprimimos de nuestra América el Imperio de la Libertad con la implantación de cualquiera de las tendencias extremas en pugna en nuestros días, habremos suprimido la mejor coraza de respeto que la tuvo”.

La oscuridad que nos envuelve, con estos hijos famélicos de respeto por sus mayores y por los hombres que forjaron el establecimiento de esta historia llamada Paraguay, con luces y sombras, a través de la indiferencia y el rechazo de sus jóvenes hacia los emblemas patrios, provoca en los que sobradamente, defienden la paraguayidad, una sensación de desasosiego y tristeza; ¿tanto lucharon nuestros compatriotas para llegar a esta realidad? Definitivamente esto, nos impele reflexivamente, a, instituir en nuestros corazones un acoplamiento empático con nuestros héroes, con el Mariscal López, con Eligio Ayala, con José Félix Estigarribia, el Temístocles Caraguatense, que concibió la mayor de las estrategias para llegar a vencer al enemigo boliviano.

El desfile de la Victoria con el Mariscal Estigarribia, adelante.

Estas “cosas sin valor” (que son el honor, el don de la educación y la caballerosidad), para los jóvenes de este maldito futuro, representaron para los excombatientes chaqueños, la preclara confirmación por medio de la cual alzaron sus voluntades, armas y estandartes para inmolarse por este sufrido pueblo.

Prestos a morir, sin dilación, con el mayor amor jamás sentido por los símbolos que enaltecen todavía, aquellas lágrimas que sufrieron la tortura de la naturaleza inhóspita, conjugaron sus creencias, ideologías y destinos, por la gloria eterna.

Y sobrevivieron, muy a pesar de los negacionistas del valor del soldado paraguayo en la actualidad, como un mito que a lo largo de los años se ha convertido en la Leyenda con la cual nuestros abuelos nos deleitaban de niños y adolescentes.

Esta gallardía finalmente construyó el monumento gigante, uno más importante que cualquier discurso o acción, produjo; esta nobleza espiritual, magna volición de la diosa fortuna hacia los miles de espectros paraguayos que levantaron en esa agreste llanura de muerte e ignominia enemiga, a pesar de ello, este marco histórico que nos hace temblar hoy en día.

Y a pesar, de todo lo que hoy nos hace mirar hacia atrás con nostalgia lo pasado, esas pisadas embalsamadas de sangre, que rondan aún aquellos inmensos parajes de espinas y sequedad, se han provisto gracias a Tánatos, de una última exhalación en la cual, al unísono, desde los cuatro puntos cardinales, increpan a ese silencio sepulcral, con un himno conmemorativo, a esa égida incólume que los llevó a los Campos Elíseos y todos ellos, vivos actuales con muertos pasados, algún día podrán ser la energía totalizadora que seguirá los pasos de la inconmensurabilidad como el testimonio de nuestra perdida humanidad.

Este día se cumplen 80 años de la trágica desaparición del Mariscal de la Victoria en la contienda chaqueña. Uno de los más grandes héroes que dio la Nación Paraguaya en momentos difíciles donde toda la preparación y el amor a la Patria, debían confluir entre todos los actores que formaron parte de esta gran guerra para llevar a nuestro país, a la defensa exitosa de nuestro territorio.

Eternidad para el Comandante de la Victoria en el desierto verde.

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