El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

La columna picante

Breve relato de una noche terrorífica por el centro de Asunción

Anoche, como siempre lo hacía antes de la pandemia, me di una escapada por el centro de Asunción. La primera parada: el «bohemio» «Arsenal Cué, un antro lleno de señoritas hermosas, lo que a su vez, atraía calentones incógnitos que, como moscas en un matadero, revoloteaban frente, a su lado, por delante y por detrás, !claro! el olor a chura fresca recién faenada atrae mucho a estos dípteros nocturnos que, al son de la merca, marihuana, éxtasis y pastillas dibujaban en sus subconscientes sus deseos más placenteros.

En todos los rincones asuncenos, desde los más «claros», hasta los más «oscuros», la juventud que buscaba desconfinarse un poco, en «honor» a la salud mental, hacia notar su presencia. Por supuesto que algunos centros nocturnos se negaron a los festejos «hallowinescos», por una cuestión de «revolución», como es el caso del ya célebre «centro cultural» «el chespi», que, probablemente, no hizo honor a la festividad, porque ellos no festejan lo que el «imperio yanki» festeja. Bueno, pensándolo bien, podríamos decir que son coherentes. Por suerte, no todos los paraguayos sufren de odio extremo ya que, a pesar de que no hay nada que festejar, de vez en cuando hay que inventar algún festejo.

Lo que sí me di cuenta, y es algo que quiero subrayar con preocupación, es que vi que muchos jóvenes no usaban mascarillas, ni tomaban la distancia recomendable dentro de los abarrotados antros. Cabe destacar que, precisamente, a consecuencia de este tipo de situaciones, Europa está sumergida bajo estragos y, consecuentemente, los gobiernos se vieron obligados a tomar medidas extremas para intentar frenar un contagio generalizado, que se ha mostrado más virulento que la primera oleada de la pandemia. Ante esto los dueños de los bares y otros lugares de esparcimiento, deberían tomar las medidas correctivas correspondientes, y no dejar pasar este tipo de actitudes, ya que a la larga, podría costarle caro a ellos, mismos. Por unos pesos demás, no se debería arriesgar la vida de terceros, principalmente, de ancianos como yo.

Pues bien, siguiendo con mi relato, después de observar la fauna céntrica y sus animales, fui a parar a la famosa lomitería que se encuentra cerca del Palacio de Justicia, y por el cual, dicen, tiene los «lomitos más ricos de Asunción». A diferencia de los locales céntricos, en la lomitería de Sajonia, si adoptaban todas las medidas correspondientes. Por dar un ejemplo rápido, en el local no permiten utilizar sus baños, tal es así que cuando tuve ganas de mear, lo tuve que hacer frente a un árbol ubicado en el paseo central «Don Carlos Antonio López», bajo la mirada de los conductores que me bocinaban y, tal vez, diciendo en sus mentes, «»Buena esa, por fin un rebelde sin causa orinando sobre el paseo central de Don Carlos, frente al Palacio de Justicia».

Continué mi andar hacia la lomitería, cruzando la avenida con una actitud de «Acá no pasó nada», y con la siguiente reflexión en mente: «La madrugada en ciernes, el descontrol en su punto más caliente, y solo el gel como arma potente». Y si, fue así, fui hasta el lavatorio improvisado, me lavé las manos y me coloqué alcohol en gel para disfrutar mi suculento y caliente lomito con salsa de ajo ante la mirada de propios y extraños, y de las autoridades disfrazadas de zombis y fantasmas, políticos de fuste que no necesitan máscaras ni el exagerado maquillaje que usan las chicas modernas, las pendejas de ahora, las madres del mañana o las solteronas de siempre. En fin.

Así que por unos instantes, me convertí en el Homero Simpson que aparece en el meme que uso de referencia en este breve relato, cuya inspiración estuvo situada en esta travesía hacia lo desconocido y por descubrir, que suele ser el pequeño perímetro que rodea a toda la actividad nocturna de nuestra capitalina y trágica ciudad.

Por último, y para terminar este breve relato de una noche terrorífica por el centro de Asunción, quiero sugerirles, hermanos queridos, que si van a salir a distraerse por los bares de Asunción y cualquier punto del país, por favor, cuídense para cuidar de los demás, ya que «el horno no está para bollos».

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