El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

La columna picante

La viuda Tarymandy

A pesar de que lo que voy a decir, es estrictamente, una opinión personal no especializada, sí dejaré sentada mi postura como opinión sobre el famoso y horrendo caso de la muerte del hombre luqueño por la picadura ponzoñosa de la Viuda Negra.

Que durante el verano salgan animalejos ponzoñosos en las afueras de sus madrigueras para cazar, o simplemente, «tomar aire y respiro», por el extremo calor, no significa que estos animalejos, sean ajenos a la vida misma de las personas, en ciudades donde todavía, a pesar de la deforestación y la urbanización desorganizada, seguimos, por suerte, estando al lado de la naturaleza, conviviendo de manera negativa o positiva, con todo aquello «que se esconde» en nuestras casas, ratas, mbopíses, alacranes, arácnidos, mosquitos, moscas, abejas, avispas, mamangáses, sapos, serpientes, culebras y caballos locos son pasto de todos los días en nuestras casas, y ni qué decir, una araña como la sindicada en cuestión que vive muy cerca nuestro, a veces, durante mucho tiempo, sin que nos demos cuenta evidentemente, de su presencia, más que por casos como estos, donde una simple picadura que puede, – gracias al trabajo de los entomólogos que estudiaron y pudieron quitar los antídotos para sus picaduras peligrosas – convertirse, si se trata a tiempo, en una anécdota familiar en un caso de paranoia social que atemoriza a toda una ciudad.

Porque la pobrecita Viuda Negra no es agresiva, es más, son muy tímidas y solitarias hasta más no poder. Son insectos extraordinarios porque han desarrollado su conducta habitual durante miles de años (somos los seres humanos los que no hemos cambiado para mejor nuestra conducta, en fin), sino que se defiende ante el contacto con el humano, ella defiende su territorio, en el que teje su maraña de telas de araña, para poder alimentarse y sobrevivir para dejar genéticamente plasmada para la próxima generación, otras Viudas Negras que harán lo mismo que su madre, es decir, crecer, alimentarse, procrear y luego, morir, como cualquier Ser Humano.

De hecho, su nombre deriva de que luego de aparearse con el macho, éste, le sirve de reservorio de alimento, para que ella, pueda nutrirse y poder avanzar de manera óptima para echar sus huevecillos al mundo, tiempo después.

Como vemos, la evolución ha hecho un gran trabajo para este arácnido.

El caso es que cuando nadie nota la presencia de nuestros bichos urbanos (hay que recordar que los bichos no tienen la culpa, somos nosotros los que hemos invadido su territorio desde tiempo inmemorial) hasta que ocurre un suceso lamentable como el del señor de Luque, que encima que llega a tiempo al nosocomio, se encuentra con que no existe el antídoto para combatir las reacciones adversas y posteriormente el fallo del organismo que provocan estas toxinas del reino animal, en el caso de la Viuda Negra, una neurotoxina (paralizadora del Sistema Nervioso Central) que raras veces, en los últimos años /gracias a los estudios, investigaciones biotecnológicas y avances en la medicina/ llegan a ser mortales.

Ahora bien, lo que viene, sin duda no puede alejarse de la verdad y mucho menos alejar la mirada de lo verdaderamente importante.

Podemos dividir esta problemática paraguaya en el sistema de salud obsoleto y refractario que tenemos en dos tópicos. Por un lado, la falta total de apoyo e inversión en la adjudicación de proyectos universitarios para hacer un mapeo de los arácnidos paraguayos y las especies que son potencialmente peligrosas para los compatriotas que tiene que ver mucho con la falta total de interés de las autoridades nacionales y universitarias [éstas últimas muestran su falta de interés porque no provocan el cambio de chip en las autoridades políticas que gobiernan el Presupuesto General de Gastos de la Nación, para que apliquen sendos aumentos para las universidades públicas del país, principalmente la Universidad Nacional de Asunción], para realmente, provocar la revolución científica que necesitamos en este país, lleno de riquezas naturales y con una fauna y flora, exultantes, que no han sido debidamente investigadas, estudiadas, analizadas cuali y cuantitativamente, hasta el momento, pero que, gracias a la lucha de muchos jóvenes investigadores de las pocas facultades que presentan proyectos para la bioconservación y las expediciones hacia el interior del país, se han mostrado últimamente, avances importantes en este sentido, pero que continúan siendo efímeros o no provocan el impacto social que se necesita para seguir con los trabajos.

Todos los descubrimientos paleontológicos de la última década han sido posibles mediante la creación de «redes de investigación y apoyo profesional», compartiendo recursos humanos y materiales, información, descubrimientos e investigaciones relacionadas entre los expertos que trabajan tanto en la academia como en los órganos gubernamentales encargados de velar por el acervo natural de la Nación.

Por el otro lado, está la costumbre inevitable del sistema sanitario de nuestro país que siempre, ―ha de ser para pena y castigo nuestro―, un sistema que reacciona cuando ocurre un acontecimiento y que pregona avances sustanciales en los últimos treinta años pero que, muestra su rostro indiferente hacia la ciudadanía, obteniendo mucho dinero del Presupuesto, malgastándolo en pago de sueldos siderales hacia los amigos de la política que entran a formar parte de la función pública en desmedro de los necesitados, es decir, nosotros, los contribuyentes, que pagamos sus salarios.

Es verdaderamente pecaminoso, demoniaco, monstruoso y profundamente criminal que un sistema sanitario no prevea situaciones potenciales o riesgos que pueden sobrevenir a los ciudadanos por vivir en un país, que todavía gracias a Dios y Satanás, a pesar de los pesares como se dice, sigue siendo salvaje.

Las autoridades nacionales deben ser más conscientes de la necesidad de una inversión mayor en la Universidad, generadora de recursos humanos, profesionales calificados e investigaciones que pueden darnos más luz sobre nuestros recursos naturales. Tanto el Conacyt como el MADES deben tener mejores presupuestos para que el primero, funcione realmente, capitalizando los proyectos que se puedan presentar para arrojar más información sobre la naturaleza circundante que a duras penas se mantiene aún, y el segundo, para luchar de manera coherente y fuerte contra los deforestadores y cazadores furtivos, por ejemplo, por citar una de las cosas que hace el MADES, es decir, por velar para el cumplimiento de las leyes ambientales que protegen a nuestra fauna y flora.

Los especialistas médicos que trataron de salvar la vida al señor, hicieron lo médicamente posible y solo cuando el Ministerio de la Insalubridad Pública y Muerte Social se dio por enterado (ABC Color, p. 10, edición impresa, domingo 27 de diciembre del corriente) recién allí, se pusieron las pilas y compraron tres dosis del antídoto del vecino país de la Argentina, suministrándole al paciente una dosis pero que dado el tiempo al que fue expuesto a los efectos de la neurotoxina, terminó muriendo.

El consuelo de los tontos es lo más tragicómico de todo, según el Ministerio de Insalubridad, quedan dos dosis, «por si existan otros humanos picados por tremenda asesina, la Viuda Negra».

En Paraguay debe existir un programa de salud que prevenga estos riesgos potenciales. Que administre lo necesario para hacer frente de manera exitosa a casos como el de Alberto Oviedo Garay, que, por una negligencia brutal del sistema de salud paraguayo, dejó en zozobra y con mucha tristeza, a familiares y amigos de algo perfectamente tratable que no debería ser tapa de los titulares de los medios de comunicación. Esto es culpa de los gobiernos sucesivos que hemos tenido. Esto no puede seguir así. Tanto en el suministro proyectado, la gestión de recursos humanos e intrahospitalarios, medicinas, vacunas, antídotos, eré la eréa ¿ajépa?, deben ser tarea de todos los días del Ministerio de Insalubridad Pública y Muerte Social con su caterva de inútiles que no hacen nada para mejorar nuestro sistema como el apoyo del congreso para que el dinero, vaya a lo que realmente importa, que es el aumento de investigaciones científicas en el país y el desarrollo biotecnológico que podría eventualmente producir nuestras propias vacunas y antídotos, para las especies endémicas del país, hasta el mapeo real de lo que tenemos en el territorio nacional, deben ser la prioridad de cualquier gobierno sucesivo, y no, solventar los partidos políticos con millones de dólares que sirven solo para mantener a zánganos parásitos amanuenses genuflexos a los intereses de los poderosos de este bendito país, donde importa mucho el voto pero para nada, la vida de las personas. Pero la cereza de la torta es la reacción de los vecinos del barrio Tarumandy de Luque luego de lo sucedido.

El pánico se hizo con el control de la situación. Pero, me pregunto: ¿No sería mejor sentir verdadero pánico a la hora de votar por la misma gente de siempre, que nos ha legado este sistema nacional que da vergüenza y que mata a miles de paraguayos anualmente, porque sus vidas, valen menos que la vaka´i y el Ouro? Yo me pregunto nada más señoras y señores.

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