Piki volistas y «Patriotas» del Panteón: Los Teólogos del Anarcopelotudismo

Piki volistas y «Patriotas» del Panteón: Los Teólogos del Anarcopelotudismo

Desde épocas antiguas, los grandes deportistas fueron afamados y glorificados por los pueblos que los vieron brillar, dejando un legado a la posteridad de distinguido genio, responsabilidad, labor, disciplina y amor por engrandecer y perdurar a través del tiempo con el recuerdo de la preocupación y dedicación a un camino que nos llevará a escapar con creces de la sombra del olvido, un legado que perdurará en la retina de las nuevas generaciones.

Pero como dice la frase “Hay de todo en la viña del señor”, así como están los grandes héroes del deporte, también existen ejemplos de bellaquía fulgurante. Suerte de triquitraques de encendida penitencia por nunca sobresalir más que en la punta de la lengua del murmullo pueblerino, de la soez grandilocuencia de las celebraciones de los espíritus mediocres que hundidos en tierras movedizas de jolgorio y estupefactos, propios y extraños, no se cansarán de empalarlos con maldiciones. De esos últimos, tenemos muchos ejemplos egregios en nuestra golpeada nación.

El suceso más reciente encuadra a varios jugadores de fútbol, esa multitud de pasiones que enciende el interior de los hombres para fanatizarse por colores que no le van ni le vienen, pero que generan en sus espíritus lamentables muestras de enfervorecida amalgama de salivazos explosivos y espumantes bocas que cantan las hinchadas cuando ven a sus ídolos, caer tan bajo como lo hicieron éstos, de quiénes hablamos y a quiénes nos referimos en esta saeta literaria de incalculable valor para aquellos que gustan del buen humor ácido.

Estos pedorros orangutanes masticadores de piernas y cinturas de botineras suculentas, que malgastan su juventud en juegos de azar y mujerzuelas, aquellos futbolistas tocados por la vara divina del talento innato, que rebuznan cada vez que un micrófono se acerca a sus fauces ensuciadas de estiércol de vacas preñadas con esperma de hipopótamos sifilíticos se encuentran en el ojo de la tormenta por violar la cuarentena ininteligible. ¿Su pecado? Mientras suena de fondo una bella música japonesa, los pelotazos retumban en el vecindario, los dimes y diretes, las burlas, las risas y carcajadas aldeanas propias de estos eventos deportivos donde se apuestas elevadas sumas de dinero o el alquiler de alguna modelito expresee made in Universitarias.

Sí señoras y señores, estos tipejos se devanean los sesos para calcular cuál debe ser la apuesta eminente, noble o plebeya anotación de sus agendas deportivas.

El “Piki Voley”, el deporte por excelencia del Paraguay, la máxima expresión de los sueños de nuestros aichinjarangásticos futbolistas. Pues ellos, que ganan multimillones, se enfrascan en luchas intestinas con otros jugadores de clubes grandes del Paraguay.

Avalanzan sus posiciones para predicar la conversión del profesionalismo al amateurismo como la más grande de las razones por las cuales uno en Paraguay, deba sentirse feliz aún sin saberlo a ciencia cierta. Ellos son felices porque saben que ganan multimillones y se regodean con el piki voley que Ronaldinho Pirata sabe jugar, ellos son felices porque no les importa lo que digan los expertos ni los periodistas, ni sus vecinos o respectivas familias porque cuando hay un desafío a muerte de Piki Voley, el amateurismo fanático despierta en estos nuevos guerreros olímpicos las conductas y comportamientos más extraordinarios. Se descalzan de sus zapatillas de dos palos para jugar sobre la tierra lavada, para demostrar que la cuarentena tiene la culpa y no el piki voley, porque cada jugador paraguayo es una bomba de tiempo no porque pueda contagiar a otros con el SARS-CoV-2 sino porque algún día, este piki voley, les contagie el virus más peligroso del país que significa dejar de ser analfabestia funcional.

En fin. Todos estos jugadores deben ir a la cárcel, también como aquellos que violaron la cuarentena y saltaron a las calles para unirse en una orgía de signos manifiestos y protestantes ante la impericia de las autoridades nacionales para evitar la corrupción en sus altas esferas.

No señores, el piki voley no tiene la culpa, tampoco la cuarentena ininteligible, incluso podríamos decir que el que tiene la culpa es el Panteón Nacional de los Ebrios, porque siempre existe una buena razón para ir frente al Panteón de los Ebrios y otro tanto, encontrar una buena excusa para el desafío a muerte de piki voley.

Imagen: @javierpanza

Gabriel Ojeda

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