El profeta ruso

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Un día como hoy, pero de 1821 nacía el gran escritor ruso Fiodor M. Dostoyevski, gloria de la literatura universal que ha cautivado a lo largo de estos casi doscientos años al público de todas las edades y épocas.

De un carácter poético natural por donde se lo mire, desde que se embarcó en reflejar de la manera más cruel pero a la vez, más realista la psicología de los seres humanos a través de las escenas de sus novelas, su nombre ha sido elevado al Olimpo de los dioses benefactores de la Humanidad, ya que nos legó obras majestuosas y verdaderamente imprescindibles para los que amamos de alguna forma u otra, el arte de escribir.

Un breve homenaje queda corto ante la magnitud de este prodigio intelectual que supo marcar presencia con su pluma profética, trabajador inclaudicable, es como decía el crítico Mijaíl Bajtín, la centella que emerge de las oscuras postrimerías del siglo diecinueve para revolucionar el género literario y catapultar toda búsqueda artística posterior, a tratar de emularlo, por parte de las nuevas generaciones de escritores, a pesar de las distancias.

Imagen: Dostoyevski, por Vasily Perov (1872)

Aquí un ejemplo extraído de su libro “Los Demonios” que significó el éxito literario del autor, una novela que comenzara en el otoño de 1870 y que terminó en 1872, trabajo realizado para la revista “Katkov Ruski Vestnik»:

No se trata de eso —intervino, por fin, el profesor cojo. Por lo general, se expresaba con cierta sonrisa, como zumbona, de suerte que se hacía difícil discernir si hablaba en serio o en broma—. No se trata de eso, señores. El señor Schigálev se consagra con harta seriedad a su tarea, y, además, es muy modesto. Yo conozco su libro. Lo que él propone con miras a la definitiva resolución del problema, es…, la división de la humanidad en dos partes desiguales. Una décima parte de la misma recibirá la libertad personal y un derecho ilimitado sobre las otras nueve partes restantes. Estas vendrán obligadas a perder la personalidad y convertirse en algo así como un rebaño, y, mediante una obediencia sin límites, alcanzar la primitiva inocencia, por el estilo del primitivo paraíso, aunque, de otra parte, tendrán que trabajar. las medidas propuestas por el autor para extirparles la voluntad a las otras nueve partes de la Humanidad y reducirlas a la condición de un rebaño, merced a la educación de generaciones enteras…, son notabilísimas, se fundan en datos auténticos y son muy lógicas. Podrá no estarse de acuerdo con algunas deducciones; pero es difícil no reconocer el ingenio y el saber del autor. El señor Schigálev es, hasta cierto punto, un fanático amante de la Humanidad; pero tenga presente que Fourier, Cabet y el propio Proudhon presentan multitud de las más despóticas y fantásticas soluciones al problema. El señor Schigálev es posible que haya acertado con más claridad de juicio a resolver el asunto. Le aseguro a usted, que es el que menos se aparta de la realidad, y su paraíso terrenal…, es casi real, el mismo de cuya pérdida lamenta la Humanidad, suponiendo que haya existido”. **

Y el propio Dostoievski se pregunta:

Tumba de Dostoievski en el Monasterio de Alejandro Nevski.

“¿Puede haber felicidad para el hombre que ha perdido su alma? ¿Cabe concebir mayor atentado contra la persona humana que arrebatarle su voluntad, su libre albedrío, que constituye la esencia misma de la persona, su identidad intransferible? ¿Es posible concebir magia más nefasta que la que transformar a los hombres en hormigas?”

Este es el mayor de los delitos, la peor de las fechorías posibles, el pecado más atroz, perpetrado por los criminales del presente y del pasado, por aquellos demonios de la historia que han pretendido actuar de redentores mesiánicos de la Humanidad.

**(Colección grandes clásicos. Fiodor M. Dostoyevski. Obras completas. Tomo III. Aguilar, 1991, pág. 282-283)

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Gabriel Ojeda

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Un comentario en “El profeta ruso

  • el 11/11/2019 a las 10:17 pm
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    Es increíble el peso psicológico positivo que generó en mi psiquis leer a Dostoyevski, justamente las historias más oscuras que tiene son las que más me han ayudado a ver siempre la luz al final del túnel. Bello homenaje literario para este gran escritor.

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