El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Efemérides Literatura

El Viejo y el Mar

El día 4 del mes del dios Marte, definitivamente, la guerra había terminado; corría el año 1952. El editor recibiría de puño y letra del escritor una carta donde se le comentaba de manera emocionada que la finalización de los últimos detalles era un hecho y que la mejor obra que jamás salió de la mente de Ernest Hemingway estaba lista para su publicación.

Esta novela se introdujo en la cultura popular estadounidense tan rápidamente que ni bien publicada ganó toda la atención de la opinión pública, el Premio Pulitzer en 1953, vendiendo millones de copias en todo el mundo y siendo traducida a casi todos los idiomas sobre la faz de la Tierra; al año siguiente, 1954, el Nobel estaba cantado.

Esa obra era “El Viejo y el Mar”. Un trabajo que comparada con otras novelas anteriores del escritor de Oak Park, Illinois podría no ser la más extraordinaria pero Hemingway había comprendido algo que muchos grandes escritores no comprendieron, o sí, la simpleza vale más que la complejidad, porque llega a todos los estratos, el escritor de esa forma, se eterniza en las mentes de sus contemporáneos, ahonda en los intersticios cerebrales y energiza las neuronas del pensamiento.

Habrán escritores que no trabajan para los lectores, sino para sí mismos, y otros, como Ernest que trabajó incansablemente desde su experiencia de vida, trágica por donde se la mire, pero llena en aventuras de todo tipo. «El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado», El Viejo y el Mar. Ocurre generalmente que las etapas creativas de los escritores se desenvuelven en periodos divergentes, a veces la creatividad se desorbita, otras simplemente se silencia.

Esta novela fue la primera que realmente pudo terminar luego de diez años de idas y vueltas, problemas personales, la fama, todo el mundo lo aclamaba, la prensa, la crítica y los propios amantes de la Literatura; la fortuna que al final representa la ruina del hombre, todas estas variables existenciales lo tenían bastante aturdido, quizás por ello enfrentó la dicha que a la vez se convierte en pesadilla de conocer personalmente a Dionisio y sus esbirros, la depresión y el fatal desenlace del hombre, suicidándose para calmar su dolor.

«De una manera u otra todos matan a todos. Pescar me mata en la medida en que me tiene vivo», El Viejo y el Mar, Editorial Debolsillo

Y quién sino él mismo para aseverar tamaña verdad que nos persigue siempre, a los que buscan la verdad de las cosas, aquellos soñadores que no se limitan solamente a observar a la naturaleza, sino todo aquello que mueve los filamentos íntimos de las emociones, a participar en la práctica de la existencia tan difícil, tan insoportable, pero por ello, inevitable; quién sino él, convertido en la bestia que el viejo buscaba pescar, porque a medida que el viejo vencía a la bestia marina, el alma misma se hundía, en la necesidad de existir, en las “tinieblas del mar”.

Imagen: Ernest Hemingway en la cabina de su barco Pilar, en las aguas costeras de Cuba. Ernest Hemingway Photograph Collection, John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston. Wikimedia.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *