Jack y su madrastra

Jack y su madrastra

Jack y su madrastra (Anónimo) Traducido por: Doctor José Antonio Alonso Navarro*, PhD

Algunas palabras sobre Jack y su madrastra:

     Según comenta la profesora Melissa M. Furrow en su introducción en torno al poema Jack y su madrastra (Jack and his Stepdame) que aparece en su libro Ten Bourdes de 2013 publicado por Medieval Institute Publications (Kalamazoo, Michigan), las versiones más antiguas de la historia del pequeño Jack y su funesta madrastra se encuentran en manuscritos del siglo XV y de principios del siglo XVI. La edición presentada por la profesora Furrow tanto en el formato impreso como en la edición digital de https://d.lib.rochester.edu/teams/text/furrow-ten-bourdes-jack-and-his-stepdame (Teams Middle English Text Series de la Universidad de Rochester) está basada en el manuscrito Rawlinson C. 86 (MS Bodley 11951) de la Biblioteca Bodleiana de Oxford.

     El poema aparece concretamente en los folios 52 r—59 r. Sin embargo, como aclara muy bien la profesora Furrow, dicha versión no es el texto original ni se trata tampoco de la versión final de la historia. En cuanto al título, también se recogen unos cuantos que son diferentes al que presentamos aquí, y cambian según el manuscrito donde aparecen. Por ejemplo, el manuscrito Q (Oxford, Balliol College, MS 354) da a la historia el título de Jak & His Stepdame & of the Ffrere; el manuscrito E (MS E, Cambridge, Cambridge University Library, MS Ee.4.35) le da el nombre de The Cheylde and hes Stepdame; el MSP (Aberystwyth, National Library of Wales, MS Brogynton 10, antes llamado Porkington 10) no contiene título alguno; y las primeras ediciones impresas (C, M, D, A y F) y el  MS B (el Percy Folio Manuscript, London, British Library, MS Additional 27879) poseen variantes en relación con el título de la edición C fechada aproximadamente a partir de 1510-13: The Frere and the Boye (The Friar and the Boy).

     En cuanto las versiones posteriores, el cambio más importante se produce en relación con la parte final de la historia o cuando nos acercamos a ella. Y algo que resulta muy interesante es que en los primeros manuscritos donde aparece la historia de Jack y su madrastra hallamos una amplia variedad de textos diferentes: religiosos (devocionales), no religiosos, alguna traducción que otra al inglés (como la realizada del Policronicón), obras históricas, obras geográficas, romances artúricos, fragmentos de Chaucer y Lydgate y una adaptación de Gilbert Banester del cuento de Boccaccio Guiscardo y Ghismunda, y versos y cuentos antifeministas y escatológicos.

     La profesora Furrow agrega, además, que el MS Q contiene recetas, remedios, datos sobre el valor de algunos bienes e intercambios de dinero, muestras de correspondencia comercial en inglés y francés, listas de ferias inglesas, de alcaldes en Londres, de días festivos allí, apuntes sobre las cualidades que debe poseer un sacerdote y sobre las funciones de papas y obispos, y un conjunto de cuentos cortos y en su mayoría moralizantes que incluyen algunas tomadas del Confessio amantis, de John Gower, Los siete sabios de Roma, El sitio de Ruan, De cómo el sabio enseñó a su hijo, Stans puer, El pequeño Juan, El patán y el pájaro, etc.

     El MS E contiene cuentos y poemas tanto piadosos como moralizadores, además de historias como las de Robín Hood y el alfarero, etc.; y el MS P incluye tablas y tratados científicos, instrucciones sobre cómo plantar árboles y fabricar tinta, vidas de santos, villancicos, etc. En cuanto al Percy Folio Manuscript (MS B), que es un manuscrito del siglo XVII, este contiene, sin embargo, un conjunto de poemas y baladas narrativos. La profesora Furrow, asimismo, menciona la versión de otro manuscrito de cuya existencia no se pone en duda (el MS Cotton Vitellius D.xii) y que parecía albergar El cuento del muchachito y el fraile, cuento escrito en versos en inglés antiguo. Parece que el manuscrito quedó muy deteriorado tras el incendio de la Mansión Ashburnham de 1731.

     Lo cierto es que Jack y su madrastra tendría que haber sido muy famoso, y parece que dos fueron los escribas encargados de copiar Jack y su madrastra en el MS R. Uno, procedente de la parte sur de Inglaterra, se habría ocupado de transcribir el poema entero y el otro habría remplazado, como apunta la profesora Furrow, la primera hoja hasta el verso 58. El éxito del poema se reflejó en las numerosas ediciones aparecidas a lo largo de los siglos, aunque, en muchos casos, con diferentes títulos.

Israëls, Jozef 1824–1911. “After the Storm”, 1858. Oil on canvas, 112 × 146 cm. Inv. No. A 2246 Amsterdam, Stedelijk Museum.

Traducción en prosa de Jack y su madrastra, por José Antonio Alonso Navarro. (Versión digital preparada en 2013 por la profesora Melissa M. Furrow en https://d.lib.rochester.edu/teams/text/furrow-ten-bourdes-jack-and-his-stepdame):

     Pido a Dios que murió por todos nosotros y que bebió de la copa del dolor y de la amargura[1] que, a aquellos que escuchen este poema[2] y presten atención al cuento que se recoge en él, los libre de todo mal y les conceda una próspera y larga vida. Había un hombre en mi región que en su vida tuvo tres esposas. De la primera tuvo un hijo que resultó ser todo un chicarrón y bastante precoz. Su padre lo quería bien, pero su madrastra[3] ni un tanto así, al menos eso es lo que yo creo, pues pensaba ella, por Cristo Bendito[4], que darle de comer y de beber como Dios manda era un desperdicio. El hecho es que el prójimo solía comer y beber bastante poco, y aunque la comida y la bebida fuera en verdad de perro, igual pensaba la mujer que era un desperdicio lo que se le hubiera dado. ¡Así la parta un rayo!, puesto que siempre que podía, esta hacía sufrir al pobre chico todo lo que podía. Un día la señora de la casa le dijo a su marido:

-Os aconsejo que os deshagáis pronto de este muchacho porque, a fe mía, se trata de un chico que se porta como un demonio, así que preferiría que otro le ponga en vereda como se debe.

     Entonces, el dueño de la casa respondió a su esposa diciendo:

-Señora, dejad que os diga que el chico tiene todavía poca edad. Permanecerá conmigo un año hasta que sea lo bastante fuerte como para ganarse un jornal. El hombre que cuida del ganado en el campo es fuerte, pero se pasa durmiendo la mitad del día, así que, por Santa María[5], este se vendrá aquí con nosotros, y el muchacho cuidará, si puede, del ganado en el campo.

     La señora de la casa se alegró mucho de tal decisión, y en seguida estuvo de acuerdo con ella diciendo:

-Eso es lo mejor.

     A la mañana siguiente, nada más amanecer, el chicuelo se encaminó al campo. Y sobre la espalda se colocó su cayado sin que le importase lo más mínimo lo que pensara la gente, pues estaba más contento que unas pascuas. Y caminando y caminando, a decir verdad, llegó hasta el claro donde hizo un alto para cenar. Cuando vio que la comida era un asco, perdió el apetito y la guardó otra vez rápidamente.

     En verdad, no debería culpársele por haber hecho eso. Después dijo:

-Comeré solo un poco hasta que regrese a casa por la noche.

     De modo que el muchacho se sentó sobre un cerro, y a continuación halló a un anciano que pasaba cerca de allí[6] caminando.

-¡A la paz de Dios, hijo![7] -exclamó el anciano.

     Y el muchacho le respondió:

-¡Sed bienvenido, señor![8] Acercaos.

     El anciano, que tenía más hambre que el perro de un ciego[9], le preguntó:

-Hijo mío, ¿os sobra algo para comer?

-¡Por Dios, claro que sí, señor, y estáis cordialmente invitado![10] -volvió a responder el muchacho.

     Este puso ante él la comida que tenía y animó al anciano a que comiera y disfrutara de ella sin cumplidos. El anciano, que no quiso ser descortés, se puso cómodo y comenzó a comer mientras decía:

-Gracias, señor. A cambio de la comida que me habéis dado, os haré entrega de tres regalos extraordinarios[11].

-Según creo -se animó el muchacho a decir-, lo mejor sería que me regalaseis un arco para cazar pájaros[12].

-Entonces -respondió el anciano-, os daré ahora mismo un arco y unas flechas que os habrán de durar toda la vida y resultaros siempre útiles por igual. Disparad con él sus flechas allí donde queráis y siempre acertaréis en la diana.

      Pronto sintió el muchacho en la mano el arco que le habían regalado, así como debajo del cinturón las flechas que traía el arco consigo. Y qué fácil le resultó tensarlo. Después dijo:

-Si tuviera ahora una flauta, aunque fuera muy pequeña, me pondría loco de contento.

-También os daré una flauta con su justa medida, no dudéis de ello -agregó el anciano-, y todo aquel que escuche su música, no podrá contenerse y se pondrá a saltar y a bailar de aquí para allá sin parar. Veamos, ¿qué más os daré? Pues recibiréis tres regalos tal como os prometí antes.

     El muchacho entonces comenzó a troncharse de risa diciendo:

-Os juro que ya tengo bastante, y no deseo nada más.

-Sí, recibiréis lo que os he prometido -dijo el anciano-, de modo que, veamos, pedid otra cosa.

     El chicuelo no se lo pensó dos veces y dijo:

-Vivo con mi madrastra que me trata peor que a un perro[13]. Cuando mi padre me ofrece comida, ella me mira de tal forma que parece pedir al diablo que me atragante con ella y me muera; de verdad me mira de tal forma que si se le escapase un pedo tronaría por toda la comarca sin remedio[14].

     Al escuchar esto, el anciano contestó entonces:

-Si ella os mira de esa forma, no hay duda de que acabará reventando tarde o temprano tirándose pedos a diestro y siniestro[15]. Al final, todos los que la escuchen hacerlo, pues, se desternillarán de risa al unísono sin poder evitarlo. Y ahora, adiós. No hay nada más que pueda hacer sino despedirme de vos. ¡Qué Dios Todopoderoso os proteja día y noche!

-Gracias, señor -respondió el muchacho.

     Tiempo después, al caer la noche, el muchacho se dispuso a marcharse a su casa en seguida y lo hizo así: cogió su flauta y comenzó a tocarla sin más. Entonces, todos los animales se pusieron en fila y comenzaron a bailar detrás de él mientras lo seguían por toda la ciudad al compás de la música hasta que llegaron al recinto de su padre. Y una vez en casa, el muchacho puso a los animales a buen recaudo en el establo[16] y se dirigió al comedor[17]. El muchacho se dio cuenta perfectamente de que su padre se encontraba allí cenando[18] y lo saludó nada más llegar. El padre le correspondió diciendo:

-Sed bienvenido, hijo mío. ¿Dónde están los animales? ¿Los habéis traído a casa?

-Sí, padre, a fe mía, los he estado cuidando todo el día, y ya están encerrados en su lugar.

     Entonces, su padre le dio un muslo de capón y le dijo:

-Jack, muchacho, bien hecho. Hoy comeréis como nunca.

     Eso le cayó a su madrastra como un jarro de agua fría haciendo que se fuera enfureciendo cada vez más. Y al mirar al muchacho a la cara, a esta se le escapó un pedo tan sonoro[19] que todos los que se encontraban en aquel lugar se asustaron de ello como si hubieran visto al propio diablo[20]. Después todos se rieron hasta más no poder pasándoselo pipa. La mujer se puso roja como un tomate de la vergüenza y pidió que la tierra se la tragase en aquel momento.

     Entonces, Jack se atrevió a decir lo siguiente:

-Con un pedo así quién no hubiera acertado en la diana[21].

     La madrastra lo miró de nuevo con más fiereza que antes, y de nuevo se le escapó otro pedo, haciendo que mirase a otro lado de la vergüenza como si nada hubiera pasado.

-¿Veis? -dijo Jack- mi madrastra es incapaz de contener sus pedos[22].

     Nuevamente los allí presentes se desternillaron de risa y continuaron pasándoselo pipa. La mujer, bastante afligida por el suceso, no tuvo más remedio que huir de aquel lugar de la vergüenza.

-Más vale que os marchéis de aquí ahora, esposa[23], pues, a fe mía, vuestro trasero os va a hacer quedar muy mal si es que tiene que defenderos en algún pleito[24] -se le ocurrió decir al dueño de la casa.

     Después de todo aquello, como vais a escuchar a continuación, llegó entonces a aquella casa un fraile que pasó allí toda la noche, y al que la señora de la casa[25] tomó por un santo varón, de modo que en cuanto tuvo ocasión se fue a quejarse a él diciéndole sin pérdida de tiempo:

-Hay un muchacho terrible y muy malcriado[26] que vive conmigo en esta casa que no hace sino darme disgustos a todas horas. Por San Juan, no hay manera de que pueda poner mi mirada en él sin que me haga pasar vergüenza delante de todos. Así que esto es lo que creo que hay que hacer. Reuniros con él en el campo mañana y propinadle una paliza de órdago que lo deje para el arrastre, pues no hay duda de que está endemoniado[27]. Además, creo que se trata de un mago[28] que, repito[29], se dedica a ponerme en evidencia delante de todo el mundo de la peor manera posible[30]

     A lo que el fraile contestó:

-Averiguaré si en verdad se trata de un mago.

     Y la mujer le rogó que no se olvidase del asunto porque, en palabras suyas, de hacerlo, “eso la afligiría enormemente.”

-Os doy mi palabra, azotaré a ese muchacho o dejaré de ser fraile[31] -concluyó este.

     A la mañana siguiente el muchacho se levantó y se fue al campo para ocuparse de sus animales. En esto, el fraile salió a la calle, y creyendo que era muy tarde se encaminó a toda prisa hasta donde se encontraba el muchacho. Cuando llegó allí, nada más verlo con sus animales se encaró con él diciendo:

-Eh, muchacho, ¡qué poca vergüenza![32] ¿Qué le habéis hecho a vuestra madrastra? Deteneos y dadme ahora mismo una buena explicación porque si no lo hacéis como conviene, os juro que os voy a dar una zurra en vuestras reales posaderas[33]. Vamos, hablad.

-Pero, ¿qué os pasa?[34] -preguntó el muchacho-. Actuáis igual que mi madrastra, pues me reprendéis sin motivo alguno[35]. ¿Queréis saber a cuántos pájaros y a otras muchas cosas puedo disparar con mi arco? Aunque solo soy un muchacho pequeño creo que puedo disparar a aquel pájaro que está allí, y ofrecéroslo como presente.

     El fraile, al observar que había, en efecto[36], un pájaro posado en una zarza, exclamó:

-Disparad a aquel pájaro, me gustaría ver cómo lo hacéis.

     El muchacho disparó el arco y atinó al pájaro, que no pudo huir, en la cabeza matándolo al instante. El fraile se encaminó entonces hacia el arbusto donde había caído, y lo trincó como correspondía. Después, el muchacho dejó a un lado el arco con suma rapidez, y en seguida cogió la flauta. Cuando el fraile escuchó el sonido de la flauta, este se comportó como un auténtico loco[37], y comenzó a dar saltos frenéticamente por entre los arbustos, grandes y pequeños, sin que pudiera zafarse de ellos. Las zarzas lo lastimaron en la cara[38] y en otras partes del cuerpo, haciendo que sangrase sin remedio. En poco tiempo vio rasgado todo su hábito, incluyendo el cíngulo y el escapulario y el resto de sus prendas[39]. Entretanto, el muchacho no dejaba de reírse a sus anchas. ¡Hay que ver cómo saltaba y se retorcía el fraile! Nunca se habían visto saltos tan grandes. Entonces, dijo el muchacho mientras juraba:

-Juro que este es un regio entretenimiento apto para todos los públicos[40].

     Entonces, el fraile alzó la mano al tiempo que llamaba al muchacho y le rogaba así:

-Deteneos, y os prometo que nunca os haré daño[41].

     Y el muchacho le respondió al instante[42]:

-Marchaos arrastrándoos hacia el otro lado, y no os detengáis hasta desaparecer de mi vista. Mi madrastra se fue a quejaros a vos, y ahora no veo más alternativa que vos os quejéis también a ella.

     El fraile salió del arbusto donde se hallaba como un andrajoso, con su hábito[43] hecho jirones por todos lados, tanto es así que apenas le quedó un trozo de ropa que ponerse para ocultar sus posaderas[44]. Muy rasguñado quedó este, sobre todo[45], en los dedos y en la cara, que estaban manchados de sangre. Todos aquellos que lo vieron huyeron como alma que lleva el diablo pensando que se había vuelto loco. Cuando regresó con el rabo entre las piernas[46] adonde estaba hospedado, este no hizo ostentación alguna de cómo le había ido el día. Y mucho pesar sintió dentro de sí, pues todos se asustaron enormemente al verlo entrar en el comedor.

-¿Dónde habéis estado? -preguntó la dueña de la casa-. Se me hace que en un lugar lleno de peligros a juzgar por el estado de vuestras ropas.

 -He estado con vuestro hijastro -respondió el fraile-. ¡Qué el mismo diablo lo enderece!, pues yo soy incapaz de hacerlo de ninguna de las maneras.

     En esto entró el dueño de la casa:

-¡Atended, señor! –exclamó su esposa[47]-, ha pasado algo malo. ¡Ay, qué desgracia![48] Vuestro hijo, al que queréis tanto, ha estado a punto de matar a este santo fraile.

     Al escuchar esto, el dueño de la casa dijo:

-¡Santo Dios! ¿Qué os ha hecho mi hijo?[49] Decídmelo presto.

     A lo que el fraile respondió:

-¡Por Santiago! He bailado lo que no está escrito por voluntad del diablo.

-Si en verdad hubieseis perdido el tiempo de esa manera -dijo el dueño de la casa al instante-, habrías cometido un pecado grave.

-Os confesaré por qué -se defendió el fraile-, bailé sin parar hasta hacer de mi hábito jirones y sangrar como lo hice. Cuando vuestro hijo comenzó a tocar la flauta, me pareció que su música era tan animada que no pude dejar de bailar.

-Os juro -profirió entonces el padre[50]-, que, o bien salió de la flauta una[51] música bien animada, como decís[52], o sois culpable[53] de haberos comportado como un orate. Como quiero, en verdad, escuchar la música de esa flauta. 

-¡Por Cristo y Santiago! Yo no -respondió tajante el fraile.

     Después, al anochecer, el muchacho se fue derechito a casa como era lo suyo. Y en cuanto entró en el comedor, su padre le ordenó venir en seguida[54].

-Qué bien que habéis llegado ya -le espetó a su hijo-. Vamos a ver, muchacho, ¿qué le habéis hecho a este fraile?

-Padre -respondió el muchacho-, a fe mía, yo no le hecho nada sino tocar mi flauta y hacerle bailar al son de mi música.

-De verdad que quiero escuchar la música de esa flauta -pidió el dueño de la casa.

-¡No! -protestó el fraile-, eso sería ofender a Dios.

-¡Claro que sí! ¡Por la gracia de Dios! -exclamó el dueño de la casa.

-¡Ay, ay! -se lamentó el fraile retorciéndose las manos-. Por el amor de Dios, si deseáis escuchar la música de esa flauta atadme a un palo de madera[55]. No se me ocurre mejor idea[56], aunque bien sé que pronto estaré criando malvas[57].

     En seguida se trajeron algunas cuerdas y a un palo de madera que había en el comedor ataron al fraile. Los que estaban cenando allí comenzaron a pasárselo en grande y a reírse como nunca mientras decían que “ahora el fraile no se moverá para nada”. Entonces le dijo el dueño de la casa a su hijo:

-Tocad la flauta todo lo que queráis.

-De acuerdo[58], padre, escuchareis algo de mi música.

     En cuanto comenzó a sonar la música, ninguno de los que allí estaban pudo contenerse y se puso a bailar, a brincar y a girar como loco en tropel. Los que se encontraban cenando se subieron en seguida de un brinco encima de la mesa y se pusieron a moverse frenéticamente[59] sobre ella. Los que permanecían sentados en un banco no tuvieron tiempo de dar la vuelta y dieron con sus huesos en el suelo. Desesperado, el dueño de la casa salió disparado[60] al instante de su silla con una expresión de pesar en su rostro. Algunos se lanzaron de un salto contra el palo de madera rompiéndose las espinillas; otros se cayeron dentro de la chimenea.

     La dueña de la casa apareció[61] por detrás y comenzó a brincar, a retorcerse y a agitarse como una posesa, mas al mirar al pequeño Jack su trasero comenzó a tronar tirándose cohetes a diestro y siniestro. El fraile casi perdió la vida, pues sin remedio se golpeó la cabeza contra el palo de madera. Además, la cuerda que lo sujetaba le rozó la piel de tal manera que estoy seguro de que la sangre cayó sobre él en varias partes del cuerpo. El muchacho salió entonces a la calle tocando la flauta, y detrás de él lo siguió todo el gentío sin control. Muchos se agolpearon con tal ímpetu al salir a las puertas de sus casas que sin poder evitarlo se cayeron uno encima del otro. Los que vivían en las proximidades y pudieron escuchar perfectamente la música de la flauta allí donde estaban, brincaron en seguida encima de las puertas inferiores[62] de sus casas por no disponer de tiempo para abrirlas ni estar dispuestos tampoco a perderlo abriéndolas[63]. Y los que estaban acostados en su cama, tanto los de baja como los de alta estofa, se levantaron de ella en un abrir y cerrar de ojos[64]. Y según oí contar, a fe mía que se echaron a la calle como su madre los trajo al mundo. Y al reunirse todos en mitad de ella, formaron una extraordinaria concurrencia. Los que estaban cojos no pudieron caminar y unirse a los demás[65], mas se pusieron a dar saltos. Hubo algunos, incluso, que comenzaron a arrastrase por el suelo.

-Padre, ¿deseáis descansar? -preguntó el muchacho.

-La verdad es que sí[66] -respondió el padre con buen humor-. Creo que es lo mejor. Y ya podéis dejar de tocar cuando queráis. Juro[67] que esta ha sido la música más divertida que haya podido escuchar en los últimos siete años.

     Cuando el muchacho paró de tocar la flauta, todos se quedaron muy maravillados de cómo se habían comportado todos.

-¡Por la Virgen María! -dijeron algunos-. ¿Qué ha pasado con la música que nos ha hecho bailar?

     No hubo nadie que no se lo pasara pipa a costa de la señora de la casa y del fraile, quienes se quedaron profundamente consternados ante la humillación sufrida. Y es que aquellos que no consiguen lo que desean, ya sea bueno o malo, no se quedan satisfechos nunca.

Bien, ya habéis escuchado todos juntos el cuento de cómo Jack se las gastó con su madrastra[68] y de la música que tocó este mismo delante del fraile al que, por cierto, no le gustó nada la música que tocó el muchacho. De manera que aquel, despidiéndose de todos, se marchó con el ánimo un tanto abatido. El dueño de la casa continuó con la crianza de su hijo y en cuanto a la madrastra, esta, a partir de entonces, fue buena con su hijastro en todo punto. Y sin más, me despido de todos. Que el Señor Todopoderoso que mora en lo más alto[69] y que bebió de la copa del dolor y de la amargura[70], os guarde a todos, queridos[71] amigos. Amén. Aquí termina el cuento de Jack y su madrastra.


[1] Both eysell and gall.

[2] To my song.

[3] Moder. No es su madre, sino su madrastra.

[4] By the rode.

[5] Be Mary myld.

[6] Be the wey.

[7] “God spede, good son.”

[8] “Sir, welcome, // The sothe for to saye.”

[9] was hungrid sore.

[10] “So God me save, //Thow shalt se suche as I have, // And welcome shalt thou be.”

[11] That shall not be forgete.

[12] “As I trowe, //It were best that I hadde a bowe // Byrdys for to shete.”

[13] She is a shrowe to me.

[14] Yef she myght lette a rappe goo // That myght rynge all the place.

[15] She shall begynne to blowe.

[16] He beshet hem everychone.

[17] He mantenido el pasado en español. En el poema goos (goes).

[18] His fader at sooper sat. // The boye spyed wele that (…).

[19] Than she starid in his face. // And she let go a gret blaste (…).

[20] (…) That every man therof was agaste//That was in that place. Damos por hecho que, con el dueño de la casa, padre de Jack, se encontraban algunos vecinos.

[21] “Wele I wote //I trow this game were wele smote//Though it had be a gon stone.”

[22] My moder can let a pelet fle //Or ever she astent.”

[23] Agregado mío.

[24] (…) Thyn arce is not to borowe.

[25] Owre dame.

[26] He is a shrew for the nons.

[27] Iwis it is a cursed byche.

[28] I trow the boye be some wycche. En cuanto a los términos byche (bitch) y wycche (witch) aplicados a un ser masculino en la Edad Media, eso es lo que comenta la profesora Furrow en una nota a pie de página que acompaña al poema: “Apparently both terms could be applied to males at this time: see MED bicche 2b, OED bitch n.1, 2b; MED wicch(e), (n.) (a); OED witch n.¹. But the evidence is not good beyond this poem for the use of bitch for males.

[29] Agregado mío.

[30] He dothe me moche shame.

[31] Truste me never more.

[32] God gif thee shame.

[33] Be my trouth thi narce shall be bete.

[34] What aylith thee?

[35] My dame farith as wele as ye. // Thow haste no cause to chyde.

[36] Agregado mío.

[37] As a wodman he ferde.

[38] Bremblis cracched hym in the face.

[39] He rent his clothis by and by, // His girdill and his chapelery //And all his other weede.

[40] For any man to se with yee.

[41] “Be stylle, // And here my trowth I plyghte to thee ,// Thou shalte never have harme of me:// I will do thee non ylle.”

[42] That tyde.

[43] Asumimos que, como fraile, el hombre viste un hábito.

[44] Unneth he had any clowte //For to wende hys body abowte//His arsse for to hyde.

[45] Añadido mío.

[46] He was both tame and tale.

[47] Para evitar repetir “la dueña de la casa”. En el verso 296 the goodwyf.

[48] Alas, and weleaweye.

[49] My boye.

[50] He.

[51] La profesora Furrow toma aquí el término gle como instrumento. Yo he optado por el de “musical entertainment or performance, music; esp. instrumental music” según el Middle English Compendium/Dictionary elaborado por la Universidad de Michigan.

[52] Agregado mío.

[53] Or ellys thou art to blame.

[54] Anon his fader did hym call //And seide, “Boye, come heder anon.”

[55] O poste.

[56] Rede (Modern English: advice).

[57] I wote I shall be dede. // My lyffe wyll sone be loste.

[58] All redy.

[59] Agregado mío.

[60] O saltó.

[61] O entró.

[62] Hacche. La profesora Furrow ofrece el equivalente de lower half-door en inglés moderno. En inglés americano se utiliza el término dutch door y en inglés británico stable door.

[63] They were so lothe to lette. Propuesta en inglés moderno de la profesora Furrow: (they were so) reluctant to wait.

[64] Anon they hyld up ther hede.

[65] Agregado mío.

[66] No quiero repetir “a fe mía” (in feyth) como en ocasiones anteriores.

[67] Lo mismo que en 66.

[68] (…) pleyde with his dame. O se divirtió a costa de su madrastra.

[69] Empere. O quizá en el Empíreo. El Empíreo constituye el cielo más elevado y allí donde reside el propio Dios junto con los ángeles, las almas del Paraíso y los bienaventurados.A este respecto, la profesora Furrow nos dice en la nota 438 de la versión digital: “empere. Empire? Or perhaps an early attempt at Englishing empyreum, the Latin term for the uppermost heaven, the fiery dwelling place of God?”

[70] That dranke both eysill and gall. Estas mismas palabras aparecen en el segundo verso del poema.

[71] Me pareció más completo añadir lo de “queridos”.

*Breve CV de José Antonio Alonso Navarro. José Antonio Alonso Navarro (Madrid, España, 1965) es profesor universitario de lengua y literatura inglesa (especialista en Literatura Medieval Inglesa e Irlandesa), filólogo, traductor y escritor. El profesor Alonso Navarro es doctor con la distinción Cum Laude en Filología Inglesa por la Universidad de A Coruña (España) y licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid (España). Hizo su didáctica general (CAP) en la Universidad de Málaga (España) con sobresaliente y su didáctica universitaria en la Universidad Autónoma de Asunción (Paraguay).Actualmente, se desempeña como profesor universitario de humanidades en la Universidad del Norte (Asunción, Paraguay).

José Antonio Alonso Navarro

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