El Parlante

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Al menos 1 millón de irlandeses murieron en la "Gran Hambruna" de 1845-1850, causada principalmente por las políticas imperialistas de la Gran Bretaña Victoriana. Desafortunadamente, la "Leyenda Blanca" anglosajona ha logrado eliminar este trágico evento del consciente colectivo. [Imagen: Stock/Periodismo Digital].
Historia Universal Matando mitos

Hispanidad y la Leyenda Blanca del Protestantismo Anglosajón

Estamos muy lejos de aceptar una «Leyenda Rosa» como oposición a las historias, mayoritariamente ficticias, que el protestantismo internacional propagó respecto a la acción del Imperio Español en América. En todo proceso de «Conquista», evidentemente existen y existirán abusos, atrocidades, destrucción y muerte de unos y otros de los involucrados.

Sin embargo, no aceptar una «Leyenda Rosa» no implica necesariamente caer en las mentiras, algunas de ellas alevosas y fantásticas, sobre las que se pretende construir la llamada «Leyenda Negra», es decir, las supuestas atrocidades de niveles genocidas y macabros que los enemigos del Imperio Español pretendían imponerle respecto a la grandiosa y heroica empresa de Civilización en América. Muchos autores, de todos los colores y nacionalidades, se han encargado de demostrar que la inmensa mayoría de las acusaciones hechas contra la Corona Española no son sino cosa de chusma, farsas escandalosas, amarillismo y sensacionalismo propio del estilo chabacano y fantasioso, de las imaginaciones «fácilmente excitables por endémica ignorancia de los humildes súbditos protestantes» (al decir del Conde Joseph de Maistre). Por consiguiente, no haremos sino recomendar a algunos autores como María Roca Berea, Stanley Payne, el mismo Conde de Maistre, Ramiro de Maeztu, Francisco de Chateaubriand y otros que se encarguen de desmentir la paparruchada anti-hispanidad.

En este humilde artículo, la humilde intención del autor es de señalar otro elemento todavía más importante e interesante. La llamada «Leyenda Blanca» del protestantismo anglosajón. Esa historia de que ellos eran simples «víctimas inocentes» de un tremendo y titánico Imperio Español que desde 1492 (Descubrimiento de América por los Reyes Católicos a través de Cristóbal Colón) hasta 1714 (llegada de los Borbones a la Corona de Castilla) fue el dueño absoluto de los mares, amo y señor de América e indiscutible potencia hegemónica mundial.

Esta infame «Leyenda Blanca» de los protestantes se impuso, no por fuerza de repetición como en el caso de la «Leyenda Negra» anti-española, sino con las sutilezas de la literatura apologista y farsante del liberalismo anglosajón y del luteranismo. Se hizo pasar por «ciencia» y por «progreso» a las doctrinas falsarias que salían de territorios dominados por príncipes y gobiernos heréticos. Con sus innumerables errores, Baruch Spinoza era un «humanista revolucionario» mientras que el eximio Francisco de Vitoria un simple «medieval de abyecta obediencia». Tomás Moro, según la propaganda hereje, había muerto por su «papismo y su intransigencia oscurantista» mientras que Jan Hus era presentado como un «visionario rebelde y precursor».

Así, los grandes crímenes, filosóficos o políticos, de los protestantes son siempre mostrados como un «importante paso, un mal necesario, una acción valiente y arriesgada pero noble en el fondo», mientras que cualquier cosa similar llevada a cabo por los católicos es vista como lo contrario: «símbolo de la tiranía, abyecta obediencia enemiga de la libertad, espíritu inquisitorial y jesuítico», etcétera, etcétera. Los Antiguos Jesuitas y la Inquisición formaban parte de cuanta «teoría de la conspiración» de la época que se entretejía en las excitables y supersticiosas mentes de los protestantes en sus respectivos reinos.

Hay que reconocerlo: el «genio» del protestantismo no está simplemente en haber creado la «Leyenda Negra» para manchar la reputación del grandioso Imperio Español con mentiras dignas de escarnio eterno. Sino también en haber logrado hacerse pasar como las inocentes víctimas en la ridícula e inaceptable «Leyenda Blanca» siendo que, en crímenes de índole religiosa (aunque toda guerra en el fondo es teológica, diría San Agustín de Hipona) los protestantes tienen un historial, pero por lejos, mucho más nefasto y perverso que los católicos.

Es esa brillante capacidad de atacar a los Reyes Católicos por haber expulsado a los judíos de España en 1492 (como era costumbre, para bien o para mal, de todos los reinos de entonces), pero olvidarse de señalar que existe un antes-después en la historia de los judíos con el mismísimo Martín Lutero, el primer intelectual moderno en construir una verdadera teoría anti-semita y racista en sus infames obras «Sobre los Judíos y sus Mentiras» y «Advertencia contra los Judíos», que lograron llevar adelante políticas de expulsión, persecución e incluso la muerte de por lo menos 10.000 judíos en la Alemania dividida, empobrecida y oscurantista del siglo XVI y XVII. Se atribuye al filósofo Karl Jaspers esta frase sobre el «Profeta del Protestantismo» que fue monje agustino: «Con Martín Lutero ya se tiene al antecedente directo del Holocausto Nazi». Así de brutal.

De idéntica manera, los protestantes se encargaron de embarrar y manchar hasta el hartazgo la figura del Presbítero e Inquisidor General Don Tomás de Torquemada, hombre de gran formación cultural y reconocida prudencia en su trato hacia sus prisioneros (y tuvo decenas de miles bajo su égida) y que siempre siguió la política de moderación y compasión del Tribunal del Santo Oficio (al punto tal que, como nos cuenta el Conde Joseph de Maistre, muchas veces los criminales comunes pedían ser juzgados por la Inquisición porque así podían salvarse de sentencias severas o incluso de la muerte dictada por los mucho más sangrientos tribunales civiles). Sin embargo, en los países católicos poco o nada se habla de un personaje oscuro, sanguinario, salvaje y brutal como el tristemente célebre «Witchfinder General» de Gran Bretaña, Matthew Hopkins.

Este Matthew Hopkins, aparentemente por órdenes y financiación de Oliver Cromwell aunque esto aún no se ha comprobado (y de Cromwell ya hablaremos), trabajó en los alrededores de la villa de Huntingdon (villa natal de Cromwell, interesante casualidad) y los mismos ingleses, siempre reacios a reconocer las fechorías de sus propios personajes históricos, le atribuyen la muerte de por lo menos 300 mujeres acusadas de brujería, sin contar a los hombres y niños que se le hayan opuesto. Como estas sangrientas matanzas se dieron en plena «Revolución Inglesa» (1642-1658), en la que el ultra-protestante Oliver Cromwell tomó el poder en Inglaterra, no es demasiado aventurado afirmar que ese número quizás sea muchas veces mayor. No exageramos si decimos que el Witchfinder General habría liquidado a 500 personas, él solito. ¡Número similar al que se le atribuye al pobre Tomás de Torquemada, pero el español es mundialmente célebre mientras que al inglés solo los estudiosos lo conocen!

Y ya que estamos con el «Lord Protector» Oliver Cromwell, el «padre del republicanismo moderno», su récord de «libertad e igualdad» religiosa, su «sans-culottismo puritano» al decir del historiador escocés Thomas Carlyle, su lucha contra las «herejías papistas» especialmente en Irlanda y Escocia han dejado la friolera suma de 300.000 (algunos la elevan a nada más y nada menos que 1.000.000) de católicos muertos por las armas, las pestes y los desplazamientos forzados. ¡Y la Leyenda Blanca se encarga siempre de que nunca lo recordemos!

Wexford y Drogheda son ciudades mártires irlandesas mucho, pero mucho más olvidadas que los valientes héroes del catolicismo en La Vendée. Y eso que no estamos hablando de las tropelías y atrocidades interminables cometidas por la Dinastía Tudor contra los católicos en Inglaterra, Escocia e Irlanda o la «Gran Hambruna» (1845-1850) causada mayormente por las políticas anti-irlandesas de Su Majestad Británica y que se llevó por lo menos a 1.000.000 de católicos en Irlanda.

Al menos 1 millón de irlandeses murieron en la "Gran Hambruna" de 1845-1850, causada principalmente por las políticas imperialistas de la Gran Bretaña Victoriana. Desafortunadamente, la "Leyenda Blanca" anglosajona ha logrado eliminar este trágico evento del consciente colectivo. [Imagen: Stock/Periodismo Digital].
Al menos 1 millón de irlandeses murieron en la «Gran Hambruna» de 1845-1850, causada principalmente por las políticas imperialistas de la Gran Bretaña Victoriana. Desafortunadamente, la «Leyenda Blanca» anglosajona ha logrado eliminar este trágico evento del consciente colectivo. [Imagen: Stock/Periodismo Digital].

Pero los protestantes siempre pegan el grito al cielo cuando se habla de la Masacre de San Bartolomé en Francia el 24 de Agosto de 1572… Se carga las tintas en ese episodio, hasta el delirio y la locura. Lamentablemente, en plenas guerras religiosas, los católicos franceses habrían matado a unos 30.000 protestantes en todo el país (aunque los calvinistas hicieron lo propio y se cobraron las vidas de unos 20.000 «papistas idólatras»). En conjunto, y en un contexto de guerras incesantes, no dejó de ser un episodio de mutua agresión.

Muy diferente a lo ocurrido en las llamadas «Cacerías de Brujas», fenómeno eminentemente protestante como lo reconocen todos los autores serios sobre el tema. Las patrañas novelísticas y las películas de Hollywood se han encargado de presentar al asunto como «una más» de las atrocidades de la Inquisición Española, siendo que esta institución (y sus contrapartes francesa e italiana) no daban mucho crédito a la existencia de las llamadas «Brujas», considerando a esa historia una mera superstición de gente ignorante. Se tiene perfectamente contabilizado el número de mujeres ejecutadas por hechicería en España: 59 (cincuenta y nueve en 350 años de Inquisición). Todas ellas rechazaron varias veces la posibilidad de salvar sus vidas con un simple «auto de fe». Los demás países católicos, todos ellos sumados y con números estimados en exceso, no alcanzan 8.000 brujas ajusticiadas, la mayoría de estas murieron en Francia en medio de las «Guerras Religiosas», por lo que quizás el número sea incluso menor pues allí se incluyen a todas las muertes sin distinción.

En contrapartida, en los países protestantes la existencia de las «Brujas» era tenida por un hecho incontrovertible y con la «libre-interpretación» de las Sagradas Escrituras y utilizando el desacreditado (por la Iglesia Católica de entonces) libro «Malleus Malleficarum», dieron muerte al menos a 50.000 mujeres acusadas de brujería. Es más, según la investigadora estadonidense Anne Llewelyn Barstow en su obra «Witchcraze», sólamente en la Alemania de Lutero habrían sido ejecutadas 50.000 «brujas» y el segundo país en cantidad de muertes sería sorprendentemente Suiza, tierra del Calvinismo, que se habría tomado las vidas de 10.000 «hechiceras». El número en la «liberal y civilizada» Gran Bretaña Protestante estaría en torno a 4.000. ¿Y acaso debemos recordar el lamentable caso de las «Brujas de Salem» en los actuales Estados Unidos de Norteamérica (y que pretenden presentarlo como «la única vez» que pasó)?

En pocas palabras: si se acepta, como es costumbre entre los historiadores, que 100.000 mujeres fueron ejecutadas por brujería en Europa, alrededor del 90% de esas muertes se dieron en manos de protestantes. ¡Los católicos no creen en «brujas» (pero de que las hay, las hay)!

Podríamos extendernos muchísimo más: el exterminio de alrededor de 1.000.000 de «pieles rojas» a manos de los estadounidenses en el siglo XIX, los masivos genocidios llevados a cabo por los colonos británicos en América y Asia (sin mencionar los episodios de África y la India, que fueron más recientes). Prácticamente no hay lugar del mundo en que los «conquistadores ingleses» no hayan dejado una estela de sangre, masacres, esclavitud y destrucción en nombre de su «darwinismo social», de su supremacismo racial de cuño protestante, heredado por estadounidenses como William Taft y Theodore Roosevelt quienes no dudaron en exterminar a un millón de católicos de Filipinas en 1899-1902. ¡Sin embargo, el mundo vive discutiendo en torno a la Leyenda Negra! ¡Nada, absolutamente nada contra la Leyenda Blanca!

En este Día de la Hispanidad, es justo y necesario cambiar un poco de planes y tomar un rol distinto. Dejarnos de posturas «a la defensiva» e ir un poco más «a la ofensiva». ¡Basta ya de seguir los libretos del enemigo! ¡La Leyenda Blanca protestante y anglosajona debe ser desmantelada!

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