El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Efemérides Música

Three Of A Perfect Pair: la unión mística de King Crimson

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Three Of A Perfect Pair es sin dudas un discazo. Pero no solo por las músicas allí contenidas ni por la separación, a propósito, de dos lados, en los que se diferenciarían perfectamente lo que los fans progresivos de King Crimson buscarían y lo que los fans del sonido más pop, también reclamaban.

Muchos hablan de que este sonido manejado por estos virtuosos era más accesible a la gente común pero creo que dentro de la verdad hay una gran mentira: Imposible considerar esta joya como “asequible e inteligible”, pues, si ello es componente de la seguridad, entonces hablaríamos de un material ineludible en las radios hasta ahora, cosa que no se ha cumplido ni siquiera en el momento mismo de lanzarse dicho trabajo.

La accesibilidad del trabajo consiste en que lo simple llevado de la mano de la complejidad puede arrojar una semilla, esa semilla germina tarde o temprano pero para ello es necesaria todas las variables incluidas para que la semilla rinda un producto “consumible” por el gran público. Más que evidente, Discipline provocó un “reajuste” en lo que buscaban en sus producciones discográficas, marcando un antes y un después.

Con la agrupación más comburente de King Crimson Fripp, Levin, Bruford y el zappístico Belew, quienes dejarán en estos años que durarán su comunión musical presentaciones extraordinarias y álbumes que son producto de alienígenas y no de seres humanos.

Bueno, hablemos de algunos temas pegadizos y otros, no tanto.

«Sleeples» es pegadizo desde el primer momento, hay una cadencia simétrica orgiástica de los instrumentos, re-arreglándose a medida que la voz se esfuma por la disonancia y se nota el cariz alegre de los músicos compartiendo una escenografía plasmada a partir de las notas que se van sucediendo, la voz es simplemente un acompañante que no es otra cosa que la transgresión elemental que consuma el acto diabólico del sueño, que indistintamente, se constipa a partir del éxtasis provocado por aquella armonía primigenia desdibujada por el barandal que separa el abismo intelectual de la iluminación espiritual. Así arreglo y re-arreglo conforman la penitencia del bajo, dar exangües saltos de impoluto desparpajo técnico y contenido por la genialidad de Levin.

«Man With Open Heart». El titulo mismo nos convoca a una sospecha, ¿quién es ese hombre con el corazón abierto? En los discos de King Crimson siempre teníamos hasta ese momento extraños temas mezclados con otros más “consecuentes con los tiempos que se vivían”, porque hacer rock progresivo en plena oleada punker tardía demostraba que estos pibes no se andaban con vueltas, este disco puede denominarse “post-punk progresivo” hasta cierto punto (olvídenlo porque a falta de una buena conceptualización, excelente es la axiomatización) y con peligro de asestarnos un autogolpe, pero en el trágico deambular de las notas mezcladas con la lírica “de frescura despreocupada” se rompe con la irrupción de la tecnología hecha experiencia descomunal hacia el final, joya y corolario para algo “complejo y complicado” que no puede explicarse pero por ello, se explica.

«Model Man» es simplemente el artilugio filosófico llevado de la mano de la precisión instrumental al estilo post-pop, todo aquí, en evidencia queda al arbitrio de lo “post” y nos hace recordar a Poland de Tangerine Dream pero sin los sintetizadores ni la electrónica. Este sencillo parece la odisea de Doug Funnie en sus diarios acontecimientos, es decir, representa la posición del grupo sarcástica con respecto a todo lo Disney, pero por encima de los miramientos críticos que mantienen una argumentación filosófica, hay que ver el sustrato de espiritualidad que emerge como ese recobrarse constante que tienen muchos al ver sus ambiciones, sueños, deseos y animosas búsquedas, truncadas, antes de siquiera empezar a realizar las acciones pertinentes para que sean realidad.

«Nuages» es el recorrido ulterior en “el otro lado” desde el mismo lado que despeja y consuela. El trayecto imposible se ha convertido en el mayor de los honores para el gran hombre con el corazón abierto, pero, ¿hace falta escindirse en esta perspectiva que asciende hasta aparentemente, quedar en la inacción antes de llegar a la cima?

«Industries» da inicio a la odisea de Belew encontrándose en diferentes partes escénicas con Levin, Bruford y posteriormente en la Fripponización Crimsoniana. Es el pretérito de lo que vendrá con la tercera parte de Larks Tongues In Aspic, pero es un pretérito que existe gracias a la consumación final, pues Dig Me y No Warning son variaciones del mismo tema en el desquicio de los músicos, esta “Left Side” propone así al oyente que se olvide de la accesibilidad, que se olvide de la confusión, y que se acuerde de la exacerbación, lo recalcitrante, lo extremista, eso que Fripp llamaría “exceso”, es decir, demostración palpable y experimental de la genialidad, algo que raya lo enfermo, que se desprende de la realidad y golpea fuertemente el alma del incauto y el ingenuo, del desprevenido, del hombre con el corazón abierto que señala que aquello que necesita es justamente lo que le sobra: el efímero enfrentamiento con el consigo mismo, con la otra cara de una monstruosidad que parecía olvidada, traspasada, ahora trocado en el translúcido y embravecido asombro.

Para mí, este sindicato musical fue la mejor que dio al mundo, inteligentemente Fripp dio tanta libertad a los genios que juntos provocarían una verdadera revolución en King Crimson que solamente once años después de su décimo disco, volverían a juntarse para lanzar “THRAK”.

Una contundencia melódica nunca antes vista para el Rey Carmesí, dieron un vuelco total a su imaginario creativo, siendo más pesados, con un sonido más hard rock pero con el característico sello crimsoniano, progresivo pero frippado. Alcanzó el puesto número treinta en los charts del Reino Unido.

Y, ¿qué diablos significa “Three Of A Perfect Pair”? Son los tres lados de cualquier historia, la de él, la de ella y la verdad que subyace objetiva a partir del conflicto que se hace interminable en la duración de la existencia misma de los entredichos. Es el mismo concepto que se utilizó para “Larks Tongues In Aspic” pero claro, con excepciones.

Peter Willis diseñó la portada de manera alquimista, donde lo sagrado y lo profano se unen bajo el tutelaje de la «unio mystica», lo objetivo que subyace en el apareamiento de los opuestos para generar el Tao, el bien y el mal, el ying y el yang, lo femenino y lo masculino, la ascensión primigenia que encuadra la descendencia mística de la existencia, el sol y la luna, lo caliente y lo frío, en igualdad interdependiente pero luchando entre sí por siempre que solo puede ser resuelta a través de esa línea curva que reconcilia los lados opuestos.

Esta dicotomía es el símbolo de imaginación creadora, dadora del impulso vital, congeniadora de las fuerzas descomunales de la Naturaleza, de la percepción y lo esencial, la piedra filosofal que se desnuda en el segundo final del «Left Side», “the other side” excesivo que no puede ser asequible sin la participación de lo inaccesible del «Right Side», “this side of the history”.

En esta unión conformacional de los elementos transmutados las dos experiencias se interpretan como la epifanía, de ésta, no hay nada que pueda denominarse de alguna forma “excluido”; las deidades se fragmentan, se vuelven solitarias, egoístas, individuales, pero solo pueden ser fenómenos posibles por razón de su combinación en la hierofanía misma que traduce la soberanía universal; no es otra cosa que el darśana hinduista y budista, lo ex-tático que en el final como decíamos, ya forma la trilogía, el producto simpatético que “se dispara” a medida que oímos el comienzo, el nudo y el desenlace de álbum.

Como tal, todo el trabajo totalizado y totalizante representa la terrible resolución de “Larks Tongues In Aspic”, pues todos los caminos conducen a él, al menos hasta esta trilogía ochentera que terminaba con este extraño concepto.

El tema “pop” que da inicio al disco «Three Of A Perfect Pair» (y del que a propósito hablo en este finale) tiene sus bajos, altos y altibajos, dentro de la misma duración del tema, pero hecho singular, esto le da al arranque un sustento ulterior que hace imposible al fan, entender perfectamente de qué se trata todo esto, porque a su vez, todos esos toques de “ciencia ficción” producidos por las locuras de Belew en guitarras más su voz atípica para King Crimson, más al estilo Discipline, describe una serie de procesos evolutivos de la psique de los músicos y del propio Fripp que a estas alturas se erige en un dios del Olimpo que se coloca en cierto espacio del escenario y “observa” desde las alturas, el empeño, la conjunción de los planetas Levin, Bruford y Belew que es la sonda que gira alrededor de este universo pictórico y extravagante del Rey Carmesí; a través de este primer single, «Model Man» y «Sleeples» pueden cantar victoria y emerger a su vez, desprovistos de la perceptiva sensación de nostalgia de Discipline y Beat.

Así, un día como hoy de 1984, la década feliz y más cambiante de la historia recibía a este décimo álbum del ahora cuarteto de extraterrestres.

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