El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Música

V- The New Mythology Suite: o de la amistad imperecedera

Corría el año 2006. Estábamos pasando por un periodo de cataclismos sociales en Paraguay desde que el Marzo Paraguayo de 1999 puso en las alturas a la unidad granítica entre politiqueros para eliminar a una facción poderosa del Partido Colorado. Los oviedistas eran la escoria de la nación colorada, peores que los colorado pynandi, peores que los propios y ya extraños, “osos blancos” del stronismo.

Esta perniciosa casta maldita de políticos y adherentes al ex General Oviedo, “golpista” por el famoso festejo de cumpleaños en la Caballería, donde Papucho Laíno afirmaba que solo se vio aquella noche, camaradería de la más pura calidad, un encuentro entre hermanos como ninguno se ha visto en los tiempos democráticos, hasta que la fuerza de los intereses partidarios y personales pudieron más que la verdad.

Al fin de cuentas, la puesta en escena de Nicanor Duarte Frutos como presidente empezó por forjar un nuevo modo de ver las oscuras alianzas que gratificaron más aún a los de por sí, ya viejos exponentes de un bando y del otro, que jamás quisieron la mejora de las instituciones republicanas ni la visión democrática que los jóvenes necesitaban en aquellos momentos.

En estas circunstancias, pensaba, mientras me dirigía a la casa de mi amigo Watson Crick, en Fernando Zona Norte, no nos quedaba otra salida a los jóvenes de preparar el té de cucumelo y asfixiarnos en un mundo humeante de cannabinoles y lisérgicas excusas para olvidar nuestra patética realidad social, nuestra incomprensión de los tantos, la oscuridad y el silencio que a todos nos penetraba, nos atosigaba, nos desbordaba. El final de una época sin dudas bailando al ritmo de la culta paz interior en la ceja enarcada de psilocibística majestad.

Y el comienzo de otra que no sabíamos a dónde nos llevaría. Sin embargo, los jóvenes de la primera década del siglo XXI que dedicábamos muchas horas al ocio intelectual, intercambiando pareceres, debatiendo sobre ilusiones y excentricidades planteábamos una colaboración cercana en materia artística desde la Facultad a la Universidad y desde la Universidad al Departamento Central y más allá. En esta búsqueda artística, que todos llevamos adelante, con o sin consentimiento mental, con o sin intereses de por medio, nos decantamos por compartir nuestra cultura general en materia musical.

Así es que conocí al grupo Symphony X, un grupo llamado a renovar mi archivo progresivo, algo que yo creía que era imposible, dada la imposibilidad de encontrar otros grupos que pudieran igualar o superar a los grandes de ahora y siempre, King Crimson, Genesis, Yes, Pink Floyd, Rush y los nuevos Dream Theater, Porcupine Tree, Crimson Glory, The Peanepple Thief, Queensrÿche, Spock´s Beard, Fates Warning, Opeth, aunque, demás está decir que la nueva generación buscaba en Blink 182, System Of A Down, Korn, Limp Bizkit, Gorillaz, Control Machete, Eminem, Alient Ant Farm, The Offpring, Papa Roach o POD, el escape a la burda y patética realidad. Evidentemente, el cambio era evidentemente, una evidencia con fuertes evidencias y todo lo que querías hacer con ellas, estaba al alcance del MP3…

Así que me puse en la onda cuando llegué a su casa, me recibió primero su amigo Toko, perro noble y vivaracho, Jokar me decía desde fondo,

― Entrá pue man, peikemí na.

― ¿Se puede entrar?

―Kóre Jokor, hacé lo que querés kp, vos sos libre…(risas)

Abro el portón, Toko se yergue sobre sus dos patas traseras, me lame la cara. Como siempre soy el aguafiestas. No sé qué me pasa con los perros, quizás los respeto mucho, de tanto que los respeto, no los puedo condecender, no los puedo amar demasiado más que lo suficiente.

― ¡Token! ¡Tranquilo Token!

La voz de Watson Crick se hace escuchar…

― ¡Mirá gato, allá gato, gato…!

Toko se aleja y por fin puedo entrar, y ni corto ni perezoso, me saludé efusivamente con Chuky, Jokar, Watson Crick, Stanislaskovich, Richard Feynman y Fiera. Estaban alegres como siempre, entre Ñoños y el humo que todo el Paraguay aspira, Watson me comentó que había conocido un buen grupo de los que podrían gustarme, dada mi afición casi obsesiva por descubrir nuevas bandas y de esa forma, construir un halo de elitismo en mis gustos. Mi cara de pocos amigos, como siempre fue cambiando de a poco hasta desfallecer en alegría. Era mi escape a las realidades duras de la vida que me tocaban experimentar por esos años.

Al principio como era costumbre, mi entroncada terquedad a la hora de recibir consejos de los perros, hizo mella en que pueda disfrutar realmente de este verdadero grupazo, claro, el pendejo quería monopolizar el descubrimiento. Los perros se rieron un flash de repente por mi rostro de sorpresa. No tenía la exclusividad de compartir joyas del rock y del metal progresivo, de repente tras un breve silencio, yo también me reí a carcajadas, “me pegó la baranda” entre los cigarrillos y los “stones” que seis o siete años después se convertiría en “Sixto” no se podía pedir más, más que propiamente, disfrutar, reír, escuchar, comprender, aprehender el espíritu que hizo de esas reuniones legendarias el comienzo de un recorrido por los discos de Symphony X.

En esa ocasión habíamos debatido con los muchachos sobre la Teología de la Liberación y cómo la mecánica cuántica aportaba más conocimiento a la búsqueda espiritual del teólogo aficionado a la lectura de textos científicos, o lo que era en ese entonces, la búsqueda científica de mi amigo Richard Feynman para encontrar las respuestas a la Divina Teología.

―Tengo una nueva forma de re-interpretar las sagradas escrituras, pero necesita atención y concentración y claro, entender algunas notaciones con las que no están familiarizados los químicos, nos contó Richard Feynman.

―La gran siete, gran puta, tu teoría tiene muy buenos fundamentos, pero como decís vos, tenemos que estar familiarizados con la notación, de lo contrario nos perderemos en honduras graves…

―Jajajajajajajaja

―Vos sabés que estaba leyendo un poco a Telhard de Chardin[1] y al gran teólogo Ratzinger[2]. Demás está decir que siempre quise tener las obras completas de Rahner…*

―Mi estimadísimo Conde, usted maravilla con sus descubrimientos bibliográficos…

―Muchas gracias Archiduque Richard Feynman…en esto Jokar larga una bocanada de humo y entre tos y palabras se le oye decir: “A quién puta le importa eso Jokar, serví la birra”

Espectacular. Un super Troncho empezaba a chispear en la casi vespertina oscuridad. Seguimos escuchando.

Se fueron yendo algunos de los perros y apareció “Diego Herpes”, aquel que siempre se “te pegaba” y no te dejaba desde ahí, en paz. Venía de pasada, parecía una escena de Trainspotting , a lo paraguayo kapé, a lo arriero, pero de vez en cuando, retomábamos como podíamos las conversaciones cargadas de seriedad risible, ya que entre risas es más fácil aprehender la filosofía y la ciencia, sí, yo sé que te reís, pero en ese entonces, era así la cosa, la risa nietzscheana era abordada por todos nosotros desde las puertas de la percepción, superándola, transponiéndola, escindiéndola entre el lenguaje y lo que no se dice o lo que no se sabe decir, en una evolución constante hacia la nada cargada de otredad, afianzándola desde la perspectiva incognoscible, después de todo, el tema «Evolution (The Grand Design)» quedaba repetido en la “retina del oído”, como una especie de «March Of Mephisto» al estilo Kamelot[3], pero con una voz bien derecha que giraba de tanto en tanto hacia la apoteosis que se avecinaba desde la caída del firmamento en nuestras propias manos, sí, Fallen empezaba a destellar rompiendo con la monotonía al estilo que solo este grupo podía proporcionar a nuestro sentencioso ademán de sorpresa ante la calidad estilística y talentosa de estos músicos realmente mágicos.

Crimen y Castigo y Los demonios, se detallan a continuación, por enésima vez; la última, que oportunamente contaré, cuando tenga tiempo nos enfrentó a Stanislaskovich y el azuzado quién escribe este relato histórico, en la batalla de las legiones de palabras hirientes, solo por un malentendido entre jóvenes que no tenían nada mejor que hacer que putearse mutuamente por el nombre o la traducción mejor, a ser leída, por quién se creyese en el derecho de entender al gran profeta literario.

―La idea dostoievskiana es simple: escarbar profundamente en el miedo humano…

―No solo eso, sino también en el fracaso de la deidad, en la frustración del humano tormento para desenvolverse en un mundo carente de lógica, verdaderamente tenebroso.

―Rodion Romanovich Raskolnikov sos vos, somos todos nosotros…queremos evitar coincidir en alguna forma con la presencia escénica de este psicópata consciente porque entendemos que la propia violencia, inherente al ser humano construye un edificio de evolución nunca hacia el bien, desde el punto de vista del mal…

―Cuántas veces discutimos sobre esto che ra´a, pero, ante todo, creo que debemos fijarnos en los Demonios…

―Toda la vida, allí está el detalle de todo este circo…

―Sinceramente todos somos demonios con el poder suficiente para hacer el mal o el bien, la definición misma de demonio como espíritu natural me hace pensar en lo que el hombre y la mujer buscan afanosamente…

Watson Crick media en el intercambio:

―Ya sé a dónde querés llegar Gabriel…

―Exacto, el poder de sugestión, de manipular para lograr una meta, un objetivo y en el trascurso de todo ese laburo que hacemos sobre los demás, para bien o para mal, termina confundiéndonos, su fuerza escapa a nuestro poder, o eso creemos, para no ser tan densos nomás…

Cuando, de nuevo, empezaban a dilatarse las pupilas de todos nosotros, Richard Feynman suelta una carcajada satánica y dice: “La fiebre, los ataques, todo ello contribuye a lo extático, a una concepción del universo en el que estamos inmersos para provocar el pensar, porque nos convertimos en pensamiento y a la vez, nos ensuciamos con el pensamiento para no salir más de ese atolladero de mierda, nuestro camarada Fiódor entendió más que nadie en este mundo antes y después que él, el valor del nihilismo, de la filautía, del autoconocimiento, él era Dios porque no era Dios, por ello, sus páginas son sinceridad, experiencia, diletancia enfebrecida, más allá del bien y del mal está el hombre y cuando te ponés a pensar y querés encontrarte más allá del bien y del mal te das cuenta que ya no existís por ti mismo, te convertiste en un espíritu demoniaco, en un djinn, como decía Heidegger en el Dasein”.

―No podría tener mejor criterio que el tuyo… (risas y zapateos)

Pero esta vez el brindis y las risas dejaron atrás los contubernios del destino y las particularidades de los egos para entroncar hacia el camino de la iluminación, hacia el camino del cielo, al estilo Mayorga (dramaturgo español que escribió «Himmelweg»/Camino del Cielo»), que entreveraba dimes y diretes, posiciones críticas y criteriosas, comunicándonos directamente con el alma de Dostoievski, en la casa de Watson Crick. Y si es que un grupo como Symphony X quiere mostrarnos algo realmente digerible, debe tener esa pausa progresiva, ese parate necesario para transportarnos al poder de la poética que eclosiona en la comunión del Oráculo fernandino. Allí se nos ocurrieron locuras y a la vez, fases realizables de nuestro gusto por el arte y la cultura. Mientras los riffs guitarrísticos de Romeo y el teclado poderoso y a la vez sosegado de Pinella, «Communion And The Oracle», con un Russell Allen extraordinario, dejaba notar que el nudo aristotélico estaba por dejar en breve paso al desenlace final poderoso y simbólico…

En un abrir y cerrar de ojos, la Atlántida, Egipto y los faraones, nuestra propia cultura guaraní se dejaba arrastrar por el fondo racional que describía en los contornos de la humareda de la quemazón imágenes irracionales de un mundo diferente, de un Paraguay distinto, la euforia dejó paso a la reflexión,  «The Bird-Serpent War/Cataclysm», «On the Breath of Poseidon», «Egypt», «The Death of Balance/Lacrymosa», pasaron como si nada, el tiempo ya no era tiempo, la duración de nuestra reflexión se apoyaba en los hombros de los gigantes de la Literatura y la Filosofía, hasta Ratzinger, Bunge, Popper, Feyerabend y Kuhn tenían razón y no la tenían, ciertamente tanto De Quincey, Baudillaire y Huxley[4] habían experimentado con la loca esperanza de convertirse en efluvio y ventisca, en la voz que deambula psicóticamente, a través de la fila de zombis de la modernidad, pero ellos como nosotros, teníamos en nuestro poder, las respuestas a todos los misterios del universo pero no, a la modorra psicosocial en la que estaba nuestro pueblo, completamente ausente de las decisiones importantes.

En la tele ahora pasaba el noticiero de las 20, discursos de Nicanor Duarte Frutos, discursos de sus contreras, se olía en la prensa el posible perdón al Demonio mayor del Paraguay, el fundador del UNACE, Lino Oviedo tendría muchas posibilidades, el ex ministro de educación de la era del nefasto Wasmosy creía que su apostolado era el de la rúbrica del perdón. Sin dudas, antes de que se volcara en la loca idea de la reelección su gobierno era uno de los mejores, pero el mito del eterno retorno para nuestro país es simplemente una forma de nombrar al infierno que vivimos cada cinco años de mandato, algunos terminan y otros, con menos suerte, son chutados antes de asentar cualquier proyecto de mejora o de cambio a largo plazo. Somos un país fallido que perdió su nacionalidad en la derrota ante los Aliados en la guerra grande.

Solo pasaron 17 años desde la caída de la Dictadura, se empezaban a escuchar esas famosas frases en nuestros compatriotas que todo pasado siempre fue mejor a lo actual. En fin. No sé si por imposición de la voluntad del hombre que desea, anhela o presagia con naturalidad el trance musical, volvimos a escuchar «Egypt» dos veces más, tratábamos de entender qué era lo que hacía de ese tema en especial, la especificidad que construía a partir de ahí, el nuevo conocimiento objetivo, una racionalidad carente de racionalidad, no éramos racionalistas y jamás nos convertiríamos en ellos.

Desde luego y desde antes, «A Fool’s Paradise» coincide con lo que pensábamos en esos años, un paraíso para el contubernio, para la corrupción, la indiferencia social nos amarraba a un constante plagueo donde la luz, la iluminación se hallaba ausente y continúa, estándolo, ésa era la forma más “calidá” de definir nuestra nación hecha trizas por los politiqueros pero ello, justamente, y aunque no lo puedan creer, nos infundió el verdadero espíritu con una voluntad de hierro, para emprender nuestra experiencia artística en la Universidad Nacional de Asunción.

¿Qué más se podría decir sobre «Absence of Light» que no nos impulse hacia ese limes que representaba el desenlace de esa experiencia inolvidable que hacía presagiar el final eterno?, uno que no dejase olvidar, que se mantenga en ese instante, para siempre y por siempre, cuando la amistad reverdece y superar todas las barreras ideológicas, algo que solo la música puede lograr, que el tema final «Rediscovery, Pt. 2: The New Mythology» lograría en nuestro recuerdo, el redescubrimiento de la marcha penosa hacia el autorreconocimiento, el camino plagado de escollos insuperables, aparentemente, pero eso sí, el testimonio y la memoria del bien más grande que puede obtener un grupo de jóvenes artistas y amantes de la buena música y las películas clase B, en este redescubrimiento con que finaliza este relato de hechos que pudieron haber pasado, o no, ya depende de vos, que me estás leyendo, creerlo o no; uno aprende muchas cosas y olvida otras, tantas, demasiadas.

“V- The New Mythology Suite”, ahora resulta ser la excusa perfecta para este domingo. Una excusa que nos transporte a las edades tempranas de este siglo veintiuno, un trabajo monumental que es un himno a la necesidad humana más instintiva y a la vez, racional: la imperiosa necesidad de reír, en compañía de la gente que queremos, que representan la verdadera familia de este mundo de mierda: los amigos, a quienes elegimos y que el destino nos coloca frente a frente, los amigos, la única luz en el firmamento de muerte que nos abate, todos los días en los que no podamos vernos a la cara y sonreír con ironía, burla, sarcasmo o sin ellos, simplemente la amistad porque los verdaderos amigos, los honestos, honorables y sublimes te recomiendan, te ayudan a crecer y dejar de lado, el propio ego para convertirte en energía creadora. Pasaron veinte años de la publicación de esta obra maestra de Symphony X, en el año 2000, un diez de octubre…y de ese gran encuentro, 14 años…

Llegué mi cachanga a las 12:30, había salido a las once de la mañana. Dios mío, Satanás de mi vida, universo entero, claro que sí, olvidamos para recuperarnos del constante ajetreo de esa mente que se autodiagnostica, que se cura a sí misma, aprendemos y olvidamos porque ese es el detalle más importante, el primigenio, el último, cuando todo falle y nos haga falta, cuando por fin, volvamos a ser nosotros mismos detrás de un escritorio de una oficina, en el momento mismo en que marcamos nuestra entrada a la universidad para enseñar o nos colocamos el guardapolvos y el traje especial en el laboratorio donde nos esclavizamos conscientemente por la guita, o cuando llegamos a casa para recordar cuando nos recibían a cualquier hora en ese lugar que cariñosamente llamamos hogar, en el que crecimos y nos malcriamos, en el que echamos pestes y culebras y en cada segundo de nuestra vida, cuando todo esté completo y se establezca con el universo el equilibrio primordial, allí, en ese instante, lo repito, allí mismo, sea la amistad, el mayor bien de la humanidad, el revelador de los secretos del universo que ninguna ciencia ni filosofía podrá igualar, las almas gemelas.


[1]Había prestado un ejemplar presente en la Biblioteca Central de la UNA en el Campus Universitario, realmente buena la obra clásica pero casi olvidada en estos tiempos que se llama “El fenómeno humano”; probablemente estamos en una fase de la historia de la humanidad en que todos los textos aparecen y desaparecen por tiempos indeterminados, libros por aquí y por allá, faltarían centurias para afianzar una visión general de todos los libros que se publican sobre teología. Richard Feynman era jesuita.

[2]Joseph Ratzinger, “Introducción al cristianismo” es un gran libro, lo compré en Ediciones Técnicas Paraguayas.

*K. Rahner, y sus «Escritos de Teología», varios tomos. Estos últimos los conseguí en Ediciones Paulinas.

[3]The Black Halo del año 2005. Un año antes, de esta escena.

[4]Thomas de Quincey: “Confesiones de un opiómano inglés”. Charles Baudelaire: “Un comedor de opio – Los fantasmas de Thomas de Quincey”. Aldous Huxley: “Las puertas de la percepción”.

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