El Parlante

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Música Opinión

47 años de Larks Tongues In Aspic

King Crimson es de esos grupos legendarios que en cada lanzamiento presentaba a sus fans y a los entendidos verdaderos rompecabezas musicales y liricos propios de alienígenas ancestrales.

Este disco, “Larks Tongues In Aspic”, publicado el 23 de marzo de 1973, de sus primeros trabajos por la década del setenta del siglo pasado no pasó desapercibido para ese reducido número de seguidores y fans pero sí lo hizo, para la gran “radioplatea” que aglutinaba los charts en Reino Unido, escuchando lo mejor de lo mejor, lo que estaba de moda y los nuevos grupos que por aquella belle époque surgían a cacharratas; rompe con estereotipos, resuelve un problema irresoluble hasta el momento.

Robert Fripp, siempre fue un genio, desde antes y después, ha sabido congeniar en un núcleo de trabajo multidisciplinario a otros como él, héroes de la música en la actualidad casi rayando lo mitológico, agrupando a los mejores de entre los mejores pero por sobre todas las cosas como decía Bill Brufford, ex baterista de Yes que se había unido más temprano que tarde a este proyecto del Rey Carmesí “quería experimentar nuevas variantes, con los muchachos de Yes ya lo habíamos hecho todo, y era necesario que busque otros horizontes”, esto se puede leer en alguna publicación de aquellos años, ya olvidada seguramente, por tanto aluvión de información que recorre las redes hoy en día.

De izquierda a derecha Robert Fripp: guitarras, mellotron, piano y efectos; Jamie Muir: percusión; John Wetton: voces, bajo y piano; David Cross: violín, viola y mellotron y Bill Brufford, Batería.

Pues bien, hoy en pleno siglo veintiuno contemplamos el pasado como si fuera un abrir y cerrar de ojos, tanto lecturas como música en el internet, abundan las ventanas de los diferentes portales que tenemos a disposición para criticar, escuchar y degustar verdaderas obras maestras, lo que nos vuelve a reconocer y reflexionar sobre el alcance de estos trabajos en la historia de la música, inigualables o poco menos que insuperables.

Todo el movimiento del rock progresivo cada año que pasa va perdiendo a sus grandes iconos iniciadores, es el paso del tiempo al final el momento más impactante, imposible de evitar. King Crimson ha llevado adelante una revolución total en el siglo veinte, todos aquellos que han participado de las distintas etapas del grupo han participado con su fuerza inmaculada, el atisbo monumental de querer forjar ese “nuevo sonido” que revitalice de alguna forma la búsqueda de una generación por vivir la música y no al revés.

Pero este movimiento no podría haberse desarrollado hasta lo concreto, bajando de esa «abstracción musical cuasi divina» sin la acción poderosa de una conjunción de varios planetas músicos; si la genialidad de Fripp se ve «enfocada» en la presentación de un proyecto que vaya más allá de la propia música encuentra en John Wetton, a uno de los principales artífices para que esta gloriosa historia se haga realidad, el bajista y cantante de UK, y ASIA, demuestra su gran talento e inteligencia, naturales, y por antonomasia, Muir, Cross y Brufford, se congenian entre sí, para acompañar este viaje intergaláctico en el cual infinito, hacia la extinción del deseo de hacer música, porque allí, el «Da-Sein» fluye liberado de las limitaciones humanas y nos catapulta a la génesis…

«Larks Tongues In Aspic» desde el mismo título encandila a los subterfugios más íntimos del alma que descubre el álbum; se podría hasta decir que es la quintaescencia del sueño de Fripp, de conseguir la música total. Teletransporta cuánticamente a cualquier oyente hacia las fronteras de lo inimaginable, hacia ese profundo deambular del «Da-Sein» que se en-vuelve entre lo inactivo y en convertirse en ello, presentándose como lo esencial, en ese instante en que las neuronas son presas del contubernio del terror y la desazón ante lo que vendrá, un aluvión que aprisionará el espíritu en esa calamidad que se alza brevemente para hacernos sentir fluyentes a través de una incertidumbre que se vuelve como punto de influencia en el proceso complejo de desintegración de la conciencia.

Tapa del álbum.

En «Talking Drum» el símbolo se hace potenciante, en el desenlace, que abre las compuertas del infierno, ese infierno no es otra cosa que la metamorfosis del oyente en una especie de insecto volador que se posa sobre la indiferencia y la inseguridad, contrapone su presencia a la mediocre escaramuza de los pensamientos moribundos y el salado pero pasado de moda, imaginario colectivo que se erige en el muro de contención de nuestros más oscuros misterios, eso que escondemos en el fondo de nuestras acciones más crueles y brutales, la parte final de esta prodigiosa muestra de excelencia musical e inventiva se convierte en un Sherlock Holmes obnubilado por su afición por la cocaína, la lupa y la pipa, corriendo por el West End, tras los pasos del criminal, encontrándose con él y despertando como si nada haya pasado más que en sus pesadillas, en su piso departamento de Baker Street, sudado y conteniendo la respiración, entendiendo el caso preliminar y solucionándolo.

Cross, Muir, Wetton, Brufford y Fripp.

La segunda parte de «Larks Tongues In Aspic Part» son solo recuerdos efímeros llevados al extremo de la irracionalidad, consumados pero efímeros que se niegan a desaparecer, son el infortunio del músico que transmite su tristeza y a la vez su fuerza demoledora, los efluvios que sobran por olvidar, las segundas partes son inciertas, no siempre coinciden en su peculiaridad con las primeras, pero allí está, sonando y gritando a los cuatro vientos la contrariedad humana, pintarrajeada en aerosol como grafiti en los ojos desorbitados del presente: es un escupitajo progresivo sobre las cenizas del rock, es simplemente, el descontrol controlado, lo caótico ordenado, la complejidad hecha sencillez, síntesis de King Crimson.

Así, Robert Fripp resuelve lo irresoluble, y la solución es el sonido King Crimson, el sonido de la experimentación, puro, sinceramente genial, inigualable, impredecible, y jamás emulado.

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