El Parlante

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“A mil la chocolate” y «no baja» el pasaje

De trayecto en trayecto en buses chatarras, las situaciones por las que uno pasa varían cada día, diferentes contextos en el mismo escenario, el tráfico, el caos y la sofocante idea de estar parados media hora sin avanzar, apretados como en un transporte de ganados, y el chófer con aparente distorsión visual sugiriendo a los prestatarios a acomodarse en un sitio más amplio, diciendo, atrás hay lugar.

El ínfimo espacio que hay entre los pasajeros se convierte en un mini mercado, con una amplia variedad de productos, desde mercaderías para el hogar, hasta besos y abrazos obligados con pinchazos o “saplés” incluidos; según parece, éstos últimos son los más rentables, ya que dicho oficio supuestamente dispensa lo suficiente para comprar una 4×4.

Entre raps y polkas desafinadas con el permiso del señor conductor, se encuentra el abrumado pasajero condenado a viajar con monedas en los bolsillos para “voluntariamente” comprar las golosinas de precio: su colaboración, productos que te cargan sobre las piernas, aunque no se lo pidas, aunque uno esté dormido, inclusive.

Si bien en un kilómetro de viaje se suben más de 5 vendedores ambulantes (que tampoco tienen la culpa), estos no sólo apuestan por los buses convencionales, sino también por los diferenciales, aunque no esté permitido, se escucha algún que otro “a mil la chocolate”, lo cual significa que incluso pagando una suma mayor, de todas formas se atraviesa ese comercio andante.

Todo esto desencadena controversias entre las distintas perspectivas involucradas, pero, se encuentra o no un equilibrio entre el precio de un producto, y el precio de la calidad del viaje; el “mil’i” realmente vale poner a más de treinta personas en miserables condiciones.

Los anuncios negativos de los empresarios del transporte urbano de Asunción han de provocar el mayor de los escozores en el trabajador que por lo general, está condenado a viajar hasta cuatro veces en buses distintos, en algunos casos diferenciales, con un sueldo mínimo que no alcanza para nada más que pagar deudas y el pasaje.

Recientemente el precio del crudo a nivel mundial ha caído estrepitosamente. En Paraguay, por lo general sucede, que cuando sube el precio, Petropar, sugiere la suba de los combustibles, lo que provoca la “remarcación” de los precios al consumidor final.

Lo que no nos sorprende es, —lastimosamente para los intereses del paraguayo común que debe viajar en estas unidades maltrechas o semi nuevas—, que cuando se presenta una variación muy fuerte a nivel internacional, en nuestro país, no bajan los precios, ni el pasaje mucho menos, porque “hay que hacer muchos estudios complejos, ya que el impacto para los transportistas es muy radical porque se trabaja a pérdida”, y otras excusas desempolvadas en el momento justo de encontrarse entre la espada y la pared con los reclamos de varios sectores.

Los ciudadanos no tenemos por qué pagar el fruto de la improductividad, la nula inversión y la negligencia en el mantenimiento de las unidades de buses chatarras y nuevos, menos que menos, subsidiando la mediocre realidad del sector de los empresarios del transporte desde el Estado. No puede ser que sigamos así.

Al parecer aquellos que soportan dicha rutina, lo aceptan como parte de su realidad, entonces, esta interrogante permanece oculta, estando sumidos en la monotonía, no se considera la vida como algo más que una máquina carente de una “decente” calidad de vida.

Los transportistas no ofrecen a los pasajeros mínimas condiciones para un viaje seguro y garantizado.

Conclusión:

Lastimosamente, el pueblo sufrido, deberá de nuevo, apechugar este golpe a sus bolsillos porque hasta el precio del «chocolate de contrabando» disminuye, pero el pasaje, no.

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