Barras bravas e ideologías

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En estos días en que el coronavirus ha invadido todos los medios de comunicación y ha pasado a ser el tema de conversación de toda la gente.

Atrás quedaron los memes de Ronaldinho, Marito o Cartes. El Covid-19 pasó a ser la materia prima principal de los memes de alta calidad. Pero también he visto que esta reacción que provoca la pandemia en los medios, ha generado en mi pequeño círculo social, una especie de hinchada organizada al estilo barra brava, en especial de los «estatistas» buscando justificar la importancia del Estado ante una pandemia y queriendo con eso decretar la muerte del libertarismo, y del mismo modo veo a los libertarios buscando de donde agarrarse para tratar sostener sus ideas. Pero lamentablemente, en mi opinión, lo que se hace es caer en una disputa dialéctica innecesaria.

Ludwig Von Mises decía que la mayoría de las personas no toleran las críticas a sus principios sociales y económicos. No entienden que las objeciones planteadas se refieren solo a métodos inadecuados y no disputan los fines finales de sus esfuerzos.

Esta es la mejor imagen que describe la inoperancia estatal y su negligencia.

Toda sociedad está compuesta de individuos que al menos mientras no llega la “singularidad”, consideramos que cada uno toma sus decisiones en base a sus propios objetivos. Y como dice Noah Harari, el capitalismo no derrotó al comunismo por que el capitalismo era más etico o las libertades individuales más sagradas, sino porque el procesamiento distribuido de datos funciona mejor que el procesamiento centralizado, al menos en las dimensiones que la civilización humana ha alcanzado.

Entonces, como cada individuo guiado por vaya saber cuantas reacciones químicas en su cerebro heredado por millones de años de evolución, se fija objetivos particulares, que de alguna manera cada individuo considera ser lo mejor para él, actúa para lograrlos y recurre a los medios que tiene a su disposición. Esa infinidad de variados fines se inter-conectan en eso que denominamos mercado, ese orden espontáneo en el que cada individuo ajusta sus planes a los planes de los demás y permite una mayor profundización de la división del trabajo, gracias al manejo menos ineficiente de la información dispersa.

Así una empresa logra coordinar a innúmeros individuos con objetivos distintos para lograr un solo objetivo, dependiendo de su naturaleza, podrá ser lucro, caridad, gloria, etc. Pero los errores de coordinación o inclusive de la propia determinación del objetivo debe ser asumida por los agentes individuales en una empresa privada y por todos en una empresa pública.

Sin embargo, desde su origen, la búsqueda de seguridad ante ataques externos ha dado paso a la política, el arte de encauzar las acciones de distintos individuos hacia un objetivo común, en especial la defensa, sea por medio de la persuasión o de la violencia.

Fuente: El Español

Lo esencial para el éxito de este medio es que cada uno de los participantes tengan exactamente el mismo objetivo, y he ahí donde radica el gran problema de la política, hoy día manifestada en los estados nacionales, pues tanto los individuos que ocupan posiciones en el ámbito estatal como aquellos que ocupan el mercado, buscan sus propios objetivos. Es necesario un potente catalizador para que todos renuncien a sus objetivos particulares y se logre la cohesión social, así nacen los mitos.

Jonathan Haidt es Catedrático Thomas Cooley de Liderazgo Ético en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. Lincenciado por la Universidad de Yale en 1985 y Doctorado por la universidad de Pennsylvania en 1992. Haidt es un psicólogo social cuya investigación se centra en la moralidad – sus fundamentos emocionales, las variaciones culturales, y curso de desarrollo. Comenzó su carrera estudiando las emociones morales negativas, como el disgusto, la vergüenza y la venganza, pero luego pasó a las emociones morales positivas poco estudiadas, como la admiración, el temor y la elevación moral. Fuente: Fundación Rafael del Pino.

Jonathan Haidt dice que la razón es prisionera de nuestras intuiciones, parafraseando a Hume, pues por lo general nuestra razón no hace otra cosa que tratar de justificar nuestros juicios o acciones, por más estúpidas que fueran.

Entonces como dice Harari: Si quieres hacer que la gente crea en entidades imaginarias como dioses y naciones, debes hacer que sacrifiquen algo valioso. Cuanto más doloroso es el sacrificio, más convencidas están las personas de la existencia del receptor imaginario. Pues a mayor sacrificio más difícil es aceptar la estupidez y la razón justifica la acción mediante la fe en algo más grande.

El célebre escritor y filósofo israelí Yuval Noah Harari

Esa es la forma en que se logra identidad de grupo, formar parte de un equipo de fútbol, de un equipo de trabajo, de una comunidad religiosa, de una región, o de una nación. Todos son medios para lograr el foco de las acciones individuales hacia objetivos comunes. Pero, existen individuos con autoridad suficiente para decir a los demás que es mejor para ellos?. Pues no, por eso es tan difícil la coordinación de las acciones en grupos humanos de grandes dimensiones.

La manera más usual de lograrlos entonces es con el miedo. El miedo a un ataque externo, el miedo al hambre, el miedo a la extinción, el miedo a las enfermedades, el miedo a las pandemias, permite que los individuos renuncien temporalmente a sus fines particulares y se enfoquen a un objetivo común, como lo vemos en estos días en todo el mundo. El otro medio, como diría Maquiavelo, es el terror, pero ese medio es costoso y no logra ser tan eficiente como el miedo.

Fuente: Periodista Digital

Ya se imaginarán entonces por qué la retórica estatal siempre está ligada a la guerra, es el alimento principal del Estado, guerra contra la pobreza, guerra contra el calentamiento global, guerra contra el dengue, todo es lucha. Así hoy día todos estamos luchando contra la propagación del COVID-19, para el Estado es el momento de “lucirse”, pues es el único momento en el que todos, inclusive los políticos (permítanme dudar de esto), buscan un solo objetivo.

Con esto, quiero volver a las hinchadas. Los «estatistas» celebran que una pandemia demuestra la importancia del estado para hacer cumplir toques de queda, control de precios, subsidios, etc., celebran el uso de la fuerza en si, aunque la derrota igual es manifiesta. Los libertarios tratan de demostrar que en países más libres se logran mejores resultados en la derrota general que se está teniendo.

Sin embargo lo que yo veo es que lo que existe hoy día es la organización estatal, deficiente y deplorable que merecerá siempre las críticas de libertarios y no libertarios, pues lo que se critica no es a los individuos que la ocupan, sino a su propia naturaleza que le impide ser eficiente, pues está compuesta por individuos con objetivos dispares, además, todos los “logros” estatales que se festejan tendrán que ser cubiertos por el mercado, sea cuando fuere.

Fuente: Marca

Me encantaría seguir con un “what if”. Pues una sociedad “sin estado”, es totalmente lo opuesto a una sociedad sin control o regulaciones. En efecto, tales controles y regulaciones serían más eficientes que las actuales y las reacciones posiblemente más ágiles, pues el flujo de información entre el foco de un brote viral y el centro de toma de decisiones sería menor y el incentivo para que controles y regulaciones sean efectivos, estaría ligado directamente a tales funciones.

La sociedad ante una situación de miedo, renuncia a sus objetivos particulares y se coordinan de manera espontánea, mucho más en una sociedad donde la información dispersa y barata permite acceder a información de este tipo de manera mucho más rápida, recordando que el gobierno chino impidió que la información suministrada por Li Wenliang fuese diseminada, recordando que las medidas tomadas no impedirán el inevitable contagio de casi el 60% de la población mundial, pues lo único que se busca es que los sistemas de salud, en su mayoría estatales, no colapsen. Y hay gente que aún festeja todo esto como un logro del estatismo.

Mientras exista el Estado, deberá ser objeto de críticas constantes y permanentes, no se puede justificar su inoperancia habitual, su ineficiencia permanente, su constante explotación a los mal llamados contribuyentes, con una hasta ahora ineficiente coordinación de las acciones en tiempos de pandemia.

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