El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Opinión

Carta a un ladrón de guantes blancos

A veces pienso, hasta dónde puede llegar la ambición del ser humano. Ambición que te lleva a elegir el dinero y poder a costa de la crucifixión del hombre por el hombre, al decir de Roa Bastos.

Que se sentirá ir a dormir sabiendo todo lo que robás, no solo en cuestión de dinero, ultrajador de sueños y esperanzas.

Que se sentirá mirar a la cara a un niño que no puede ir a la escuela, y a su corta edad, debe cargar con la vida de un adulto.

O ver a un abuelo juntando botellas en la calle, porque la ayuda que vos tanto le prometiste nunca llegó.

Que se te pasa por la mente, al imaginar a alguien en un hospital, y que se le esfume la vida por no tener medicamentos porque vos te embolsaste el dinero.

Sé que no te parte el alma ver triste a un ex combatiente,  quien sacrificó la vida por su tierra, porque esa tierra la comprás y vendés a tu beneficio.

Y de soberanía ni hablemos, que solo estás pendiente de los bonos soberanos.

No te molesta ni un poquito que las vidas en el norte valgan 12 mil guaraníes, lo que cuesta un proyectil. Tenés que estar bien con dios y el diablo.

Ni mucho menos dudás en sacrificar a miles y miles de personas ante una enfermedad que no conocés, aunque tengas diez títulos. Porque si podés hurtar, por qué no saquear y desvalijar y desplumar.

Sé que nunca te importaron las vidas de los mártires de la democracia, ni de la dictadura, ni de un asalto, ni de los que defendían la libertad de prensa, ni de los campesinos, ni de los indígenas, ni de nadie. Nada te importa.

Qué triste que cada joven que conozco solo piense en irse de este país, porque las esperanzas en su nación ya no existen, vos te las robaste.

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Estudiante de Periodismo en la Universidad del Norte. Escritora y lectora, amante de la música. Colaboradora en el Periódico Académico El Parlante.