El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

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Cerro Lambaré, ese titán olvidado

Es curioso que uno de los más bellos monumentos de la Ciudad de Asunción tenga un nombre originado más de la imaginación popular que de la realidad histórica. Porque «Lambaré» es una invención decimonónica, tras la posguerra en la que todo fue arrasado, todo fue trastocado y la historia falsificada.

El «Cacique Lambaré» surge de la imaginación, quizás como mucho la tradición oral popular, basado en los antiguos relatos de la Conquista en tiempos del Imperio Español. En la zona cercana a Itá Enramada, nos cuentan cronistas como Schmidl y Ruy Díaz de Guzmán, se dio una batalla entre los súbditos de España y los indígenas de la zona.

Cerro Lambaré (Asunción). En la ciudad capital, sobresale uno de los últimos registros de actividad volcánica en el tiempo geológico del Paraguay. Del Terciario Inferior (48 millones de años), se constituye de basaltos alcalinos. Foto gentileza: Geología del Paraguay.

Aunque eran inmensa mayoría los nativos, esos eran los tiempos de los «Tercios», máquina de guerra que por 150 años fue invencible en el mundo: los soldados españoles armados con arcabuces y picas no tuvieron mucha dificultad para vencer a los guaraníes que les enfrentaron.

Sin embargo, aquí es donde los relatos se dispersan y confunden. Según Alejandro Audibert en «Los Límites de la Antigua Provincia del Paraguay», obra que redactó consultando los Archivos de Indias en Sevilla, el Cap. Juan Díaz de Solís y Castilla fue el primero en alcanzar la zona, realizando al menos tres viajes hasta su muerte, dada aproximadamente en 1515.

Esta versión se sustenta además por una Real Cédula redactada por nada más y nada menos que el Emperador Carlos V, quien el 13 de Junio de 1554 había escrito que el Pueblo de la Asunción «ha más de cuarenta años que está descubierto por los capitanes del Catholico Rey y mi agüelo quien haya Santa Gloria primeramente [sic], y después por capitanes de su magestad [sic] y extendido poblado por muchos ha puesto por ellos en la Provincia del Río de la Plata». Atilio García Mellid en el tomo I de su implacable obra «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay«, nos brinda ese dato tremendo y si confiamos en él a rajatablas, según el Sacro Emperador ya se conocía a la Asunción aproximadamente en 1514, lo que coincide con la versión de Audibert.

Esto nos hace pensar, como mínimo, que los antiguos guaraníes tenían una aldea o villa existente en la zona actual de Asunción y que luego fue conquistada por los españoles que la «refundaron» en 1537 dándole su nombre actual.

En esa confusa historia aparece el nombre de un tal «Cacique Caracará» al que muchos pretenden llamar «El Cacique de Lambaré», apelando a la toponimia. Quizás esa sea la explicación, que de cualquier manera no deja de ser especulación. En fin, por esos recovecos históricos vamos llegando a la actualidad de un gran salto, para hablar del hermoso y abandonado monumento que en el Cerro Lambaré se ha levantado.

A finales de los 1960s y principios de 1970s, poco antes de la muerte del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde en España, el entonces Presidente de la República del Paraguay, Gral. Alfredo Stroessner, hizo visitas oficiales a la «Madre Patria» y aparentemente, tuvo tiempo de visitar la monumental Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, uno de los sitios turísticos más importantes de España y que alberga a los muertos de ambos bandos en la sangrienta Guerra Española (1936-1939) que de civil nada tuvo.

La intención del Valle de los Caídos era, según palabras del mismísimo Caudillo de España, «ser un lugar de encuentro y redención nacional entre todos los españoles». Su construcción tomó largos años desde 1940 hasta 1959, causó muchas muertes laborales pero finalmente se concluyó. Es sencillamente una maravilla arquitectónica, levantada sobre un alto cerro.

Stroessner quedó impactado y quiso algo similar para Paraguay. En contacto con el Gobierno Español, accedió a uno de sus principales diseñadores y constructores, el escultor y diseñador Juan de Ávalos y Taborda, «favorito» de Francisco Franco Bahamonde. Juan de Ávalos luchó en la Guerra Civil Española para el «Bando Nacional» pero posteriormente se retiró de toda aspiración política, dedicándose exclusivamente a su arte.

Juan de Ávalos llegó a Paraguay en 1976 (poco después de la muerte del Caudillo de España) y empezó a hacer observaciones, mediciones, planos, diseños. En ese tiempo empezaba la urbanización de la zona, promovida por el Presidente Stroessner y eso le facilitó en parte la tarea. Sin embargo, la construcción del «Monumento a la Paz Victoriosa» (su verdadero nombre) inicia recién en 1979. Él mismo estuvo a cargo de los trabajos y el Gobierno Paraguayo le dio «carta blanca» (contrariamente a lo que se cree).

Aunque no sabemos a ciencia cierta si fue decisión de Juan de Ávalos incluir al Gral. Stroessner entre sus esculturas o fue una «sugerencia» del Gobierno, lo cierto es que allí estaba junto al Dr. Francia, López I, López II y el Gral. Bernardino Caballero. Además, habían otras esculturas como la Vírgen de Caacupe, San Roque González de Santa Cruz, varios indígenas y caciques…

Se fundó el 28 de Abril de 1982 con gran algarabía popular el Monumento a la Paz Victoriosa, vulgarmente conocido como Monumento del Cacique Lambaré. Es el último, sí amigos y amigas, el último «Monumento» digno de ese nombre (recalcamos: digno de ese nombre) que se construyó por emprendimiento estatal hasta la fecha.

Es más, no sólo eso sino que a partir de la caída del Gobierno de Stroessner en 1989, lejos de hacerse nuevos y mejores monumentos dignos de ese nombre, sólo se han destruido, masacrado y atacado los ya existentes, dejándolos en el triste y más absoluto abandono.

Fue el caso del mismo Monumento de la Paz Victoriosa: en fecha 7 de Octubre de 1991 una turba de delincuentes dirigida por el resentido social que entonces era Intendente de Asunción, Carlos Filizzola (que es conocido por dos cosas: destruir la Plaza de los Héroes y destruir el Monumento del Cerro Lambaré) llegaron al lugar y derrumbaron la escultura del Gral. Stroessner (entre otras tantas en el proceso).

Recorte de Diario Patria. Colección privada.

Era la forma que tenían de dejar salir su enorme resentimiento acumulado… Stroessner, el de la «Paz Victoriosa», el que supuestamente «abandonó su mortero» en la Guerra del Chaco pero que en 1947 se encargó de dar una paliza militar a los sublevados «genios militares» apoyados por comunistas, febreristas y argentinos… Stroessner no era imbatible después de todo…

Dos años después de ser derrocado le «volvieron a echar» (como se burlaba jocosamente la prensa de la época). Pero en esa ocasión no sólo caía él, sino también una verdadera joya arquitectónica del país… Se pretendía borrar las luces y sombras del pasado con la memoria resentida y chillona del presente… Se pretendía destruir y llorar en vez de construir y reír…

La triste historia del Paraguay democrático…

El Monumento desde el 7 de Octubre de 1991 hasta el día de hoy sufre de un atroz olvido. Es como si nos dijera «este Paraguay no merece a una obra de Juan de Ávalos». Languidece en la cima del Cerro Lambaré, muchas veces invisible por el descuido total, porque a nadie le importa nada, porque somos así desde hace 30 años: sin aspiraciones, sin deseos de grandeza, siempre mirándonos según los ojos extranjeros, nunca mirando al mundo con nuestros propios ojos…

Ya me tildarán de «Stronista» por este artículo y dirán que «El Parlante» es un medio filo-fascista… Yo sólo puedo decir que no soy «Stronista» (¿y si lo fuera, qué, acaso no estamos en democracia?) pero me da la lata, me da mucho en la lata todo lo relacionado a la época post 1989 (desde una perspectiva histórica, desde luego, pues yo no tuve la gracia/desgracia de pasar la dictadura). ¿Algún problema?

Creo que no. Ojalá algún día a los post 1989 les interese este país y embellezcan sus pocos monumentos dignos de ese nombre, no les pido siquiera que hagan más y mejores cosas. Simplemente que preserven y mantengan en buenas condiciones lo que ya hay.

Nada más.

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