Cigarrillos, gaseosa, irracionalidad y venganza

Cigarrillos, gaseosa, irracionalidad y venganza

Días atrás, el Senado de la Nación aprobó un proyecto de ley para establecer un impuesto selectivo al consumo al tabaco en una banda del 30–40% (superando el tope del 20% del ISC establecido), además de un impuesto de cuantía fija de 1.500 guaraníes por cada cajetilla de cigarrillos. No contentos con ello, la Comisión de Salud de la Cámara de Senadores ahora impulsa también un impuesto a las “comidas chatarra”.

Todo esto se hace con la excusa de querer financiar los gastos de salud estatales que acarrean las enfermedades respiratorias derivadas del tabaquismo y las afecciones derivadas del sobrepeso y la obesidad. También se busca con esto financiar programas educativos y de protección a la niñez. La senadora Esperanza Martínez argumentó que con esto también se desalentaría el consumo desde temprana edad de tabaco.

Mis reflexiones sobre los proyectos de ley:

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El impuesto al tabaco, cálculo irracional y vendetta política
En un conciso análisis hecho por Guillermo Cabral, el cálculo hecho por los impulsores de la ley estuvo basado en datos no concordantes con estadísticas oficiales, el costo del tratamiento de los enfermos en un hospital privado y asume que los costos de la mortalidad por causas ajenas al tabaquismo es nula.

Más allá de esto, cabe preguntarse si el impuesto no es alguna vendetta política contra el Presidente de la República, Horacio Cartes, ya que al ser empresario tabacalero, el primer afectado por la medida es él. Los que votaron a favor del proyecto de ley casualmente son la oposición, conformada por el sector disidente del partido del presidente (ANR) y por los otros partidos políticos.

Con esto, cabe destacar tres cosas acerca de los legisladores:

1-La democracia es algo muy sobrevalorado aquí y en el mundo entero. Más aún, en un país donde hubo un poco más de 70 años de dictaduras en sus 206 años de historia como nación independiente, como el caso de Paraguay, varios consideran esencial fortalecerla. Lo cierto del caso, es que Paraguay en sí es una república (sistema político fundamentado en el Imperio de la Ley), algo que muchos olvidan. Lo que se hace de forma democrática es elegir a los representantes que ejercerán la más alta magistratura del Poder Ejecutivo y curules en el Poder Legislativo, en las dos cámaras que hay en Paraguay. No es un gobierno del pueblo, ya que es un gobierno de los representantes elegidos por el pueblo. El economista Kenneth Arrow ya había demostrado en 1953 la falencia de la democracia con su Teorema de la Imposibilidad en las condiciones en las que se está casi siempre en todas partes del mundo.

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2-De esta manera, los representantes elegidos por el pueblo no necesariamente representarán los intereses del pueblo. Así, los legisladores, tan humanos como quienes lo votan, tienen su propia agenda y son quienes deciden finalmente que harán. Sus decisiones pueden hacerlas: “en nombre del pueblo” (populismo), por pragmatismo, por coyuntura política (como puede ser el caso del tabaco y la incidencia en la actividad empresaria del Presidente Cartes), por irresponsabilidad (pueden votar sobre algo que no entienden), o por una firme convicción y conocimiento (algo que es inusual).

3-En el caso específico del impuesto al tabaco, los legisladores creerían que su política tendrá el efecto esperado, lo cual pocas veces ocurre. Más allá del costo-beneficio (que puede ser negativo, ya que pueden perderse empleos o alentar la producción en negro), lo malo de emplear esta clase de políticas es que se desconoce realmente sobre quién recaerá el aumento del precio. Si afectará más al consumidor o al productor (cosa que es muy difícil saber y es muy improbable que lo sepan).

La comida chatarra, paternalismo y falacias

A mucha gente, incluso hasta los más finos paladares, osarán alguna vez de alguna “comida chatarra”. La “comida chatarra”, rica en lípidos y azúcares, consumida en regularmente y/o en exceso, sin alguna actividad física o restricción calórica que pueda compensar las altas calorías consumidas pueden causar sobrepeso u obesidad.

A lo mejor los legisladores, incluso hasta con intenciones muy buenas, podrían estar impulsando también un proyecto de ley para crear una imposición a la comida chatarra de modo a disuadir a la gente a consumirlas y a tomar hábitos más saludables a la hora de alimentarse.

Fuente de la imagen: https://plumaslibres.com.mx/wp-content/uploads/2017/11/h-mcdonalds-Quarter-Pounder-with-Cheese-Extra-Value-Meals.png?fbclid=IwAR0UKP1CsbYMbSf8Akj35yHTc-YVtnBh7uQZ2gBcsy6TINzAjNCMbzVI018

Sin embargo, este razonamiento adolece de lo siguiente:

Muy probablemente los legisladores tengan un vago concepto de lo que es la “comida chatarra”. Probablemente la comida rápida popularizada por las franquicias de cadenas americanas de restaurantes de este tipo sean el blanco más visible de lo que entra en su concepto de “comida chatarra”. Posiblemente también entrarían los lomiteros, heladerías y otros tipos de comida hallados en food trucks o en centros comerciales. Lo cierto del caso es que mucha de nuestra comida típica es altamente calórica, rica en lípidos, y constituye el pan de cada día de muchos trabajadores cuyo empleo demanda el uso de la fuerza física, y por consecuente, demanda una alta ingesta calórica para poder realizar las actividades laborales diarias. Y las comidas típicas podrían ser consideradas “chatarra”.

No siempre la “comida chatarra” tendrá más calorías que una “comida saludable”. Un ejemplo claro de esto sería la comparación que existe dos productos que ofrece la cadena americana de comida rápida McDonald’s, en donde una Ensalada de McDonald’s tiene más calorías y grasas que una Big Mac. Así, una “comida no chatarra” puede engordar más que una “comida chatarra”. Lo mismo podría darse con una Ensalada Caesar, que también puede clasificarse como “no chatarra” frente a un lomito con queso o un par de empanadas con pancito clasificados como “chatarra”.

Así, comida saludable consumida en exceso también puede contribuir a un aumento de peso.

El aumento de peso puede ser causado por factores ajenos a la alimentación, como desequilibrios hormonales (ej.: hipotiroidismo), medicamentos, entre otros.

Más allá de la incidencia sobre el productor o el consumidor del impuesto, el Estado fomentaría una actitud paternalista, ya que personas con peso normal podrían estar subsidiando los tratamientos médicos de personas con sobrepeso u obesidad con malos hábitos alimenticios que no tienen voluntad para cambiar la forma en la que comen.

Hojas de Tabaco. Fuente de la imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Nicotiana_tabacum?fbclid=IwAR02e_j1jis1fzykjLJ2VRKsSlXQs8xyt4NhdPSfq9gCS2f0PbES5CsJ7Ow#/media/File:Nicotiana_Tobacco_Plants_1909px.jpg

Así, se podría pensar de que las gaseosas son realmente un lastre y merecen un impuesto, cuando el verdadero lastre está en el consumidor que decide consumirlas en exceso. Sus malos hábitos podrían terminar pagando otras personas que sí consumen “comida chatarra” pero al mismo tiempo su estilo de vida y su condición física hace que no les afecte consumirlas de vez en cuando.

Conclusión

Los legisladores no deberían permitirse el lujo de usar los impuestos como una herramienta de extorsión política o como una herramienta para asumir un Estado mucho más paternalista, fomentando el aumento de políticas populistas.
Incluso, aunque en otros países existan imposiciones al tabaco o a la “comida chatarra”, eso no significa que necesariamente tenga que estar bien.

Al contrario, el incentivo de la responsabilidad individual sobre la vida de uno se ve socavado por iniciativas que fomentan un aumento del gasto público y de un posible mal uso del dinero del contribuyente.

Javier Alonso

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